jueves, 20 de mayo de 2010

UN PUEBLO ESPECIAL

"Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra". Deuteronomio 7:6
El texto de arriba ha sido usado innumerables veces, tanto por judíos como por cristianos, como motivador para una vida santa.
Lamentablemente también ha servido para justificar toda clase de enseñanzas erróneas y dañinas entre los que a lo largo de la historia presumieron ser los "elegidos" de Dios. Los que creyeron ser "especiales" levantaron murallas de exclusivismo, fanatismo y fariseísmo. Muchos incluso lo utilizan también hoy como fuente de ganancias, apelando al orgullo personal de los incautos y desprevenidos para sacar ventajas materiales.
Pero lo cierto es que Dios tuvo y aún tiene en la tierra un pueblo peculiar que mantiene en alto la verdad en medio de las tinieblas espirituales. Ese pueblo, que es identificado en Apocalipsis como el "remanente", los 144.000 de la profecía, es el heredero de una larga cadena de creyentes que a lo largo de los siglos, desde la entrada del pecado, se mantuvo fiel a las enseñanzas divinas.
La Biblia registra una línea ininterrumpida de fieles desde Adán hasta Abraham que se distinguieron por ser luz en las tinieblas, voceros del verdadero Dios, poseedores del don de profecía y custodios de su verdad.
No hay dudas tampoco en cuanto al llamamiento del pueblo de Israel, que fue hecho por el Señor mismo y confirmado con señales poderosas. Su misma existencia en la actualidad, a pesar de la persecusión y de la oposición que ha sido objeto desde su misma creación, es un verdadero milagro.
Pero Israel como nación ya no es el pueblo elegido. Aunque como individuos son el tronco en el cual se injertó la iglesia cristiana, su rechazo del Mesías les valió ser también desechados por Dios. Su lugar fue ocupado por la iglesia cristiana, establecida por Cristo mismo.
Si esto no fuera así, como algunos pretenden, e Israel sigue siendo hoy el pueblo elegido, ¿qué papel cumpliría entonces la iglesia? Ninguno.
Las promesas de Dios son condicionales, dependiendo del elemento humano para su realización final. El remanente es elegido por gracia, pero debe sujetarse a ella. Recibe de Cristo su justicia, pero debe permanecer unido a la vid para dar fruto verdadero. Está asido de la mano poderosa del Señor de los Ejércitos, pero puede soltarse de ella por voluntad propia y caer.
Así como eligió a Saúl y luego lo desechó (ver entrada anterior), la permanencia de los judíos como remanente dependía de su sumisión a la voluntad divina. Al llorar Jesús sobre Jerusalén, anunció su rechazo diciendo "he aquí vuestra casa os es dejada desierta" (Lucas 13:35).
Al matar posteriormente a Esteban, sus tiempos como remanente (profetizados en las 70 semanas de Daniel 9) encontraron su fin.
Esto no significa en modo alguno que Él llama y luego descarta alegremente a sus hijos, o que pueda fallar en sus propósitos.
Es verdad también, que la iglesia cristiana perdió el rumbo (por ser suaves) varias veces a lo largo de la historia.
Pero su Protector, el Testigo fiel, camina entre los siete candeleros que representan las siete iglesias para protegerlas y purificarlas. Las profecías de Apocalipsis 2 y 3 mencionan que su remanente, simbolizado en los últimos tiempos por la iglesia de Laodicea, resultará vencedor.
Durante la rebelión en Cades, en la puerta misma de la tierra prometida, se registra este maravilloso diálogo entre el Señor y Moisés, ejemplo de intercesor, que ilustra tanto el trato de Dios con su pueblo, como la actitud que debemos guardar hacia su remanente como individuos.
"Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos. Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí". Números 14:11-19
Se presenta aquí al Señor con una actitud extraña, como si estuviera a punto de acabar con el remanente, para provocar la respuesta de Moisés.
Aquel que nos llamó nos ama con un amor eterno, derramando todos los recursos del cielo en nuestro favor. No nos abandonará ni desistirá mientras exista un rayo de esperanza, por tenue que sea. Gloria a Dios por esto. Pero su bondad demanda una respuesta, y nuestros actos deben al final corresponder a nuestra profesión de fe.
El siervo de Dios intercede con fervor por su pueblo renegado con un argumento sorprendente, que capta la escencia del gran conflicto entre la luz y las tinieblas: tu honor está en juego.
La respuesta de Moisés demostró maravillosamente de que lado estaba, manifestando un amor semejante al divino hacia el rebelde pueblo israelita. Llegó al punto de ofrecer su vida a cambio en varias ocasiones, con tal de que no fuesen eliminados sus hermanos ni deshonrado el nombre de Dios. Demostró por su vida y ejemplo como debe ser el pueblo remanente.
Los que vivimos en los últimos días debemos manifestar un espíritu similar, de absoluta entrega y amor incondicional hacia los perdidos. La gloria y el honor del Padre deben ser nuestro primer y más sagrado interés. Su misión debe ser la nuestra. No podemos descansar hasta que la Tierra entera sea iluminada con la luz de su verdad redentora.

sábado, 15 de mayo de 2010

CUANDO DIOS NO PERDONA

Una de las más bellas características de Dios, quizás la más atrayente de todas, es el perdón. ¡Cuánto lo necesitamos!
Es agradable y liberador perdonar y ser perdonado. Pero cuando nuestros semejantes nos perdonan las relaciones ya no son las mismas, pues casi nunca se olvida la ofensa.
Al contrario del perdón humano, el perdón divino no conoce de reproches ni trata al pecador de acuerdo a sus hechos, pues es una expresión de su amor misericordioso. Jesús enseñó a Pedro (y en él a todos nosotros) a perdonar "70 veces 7", o sea, sin medida.
Sin embargo, incluso para nuestro paciente Dios, este perdón tiene un límite. No porque se canse de perdonar, (nunca lo hace) sinó porque su ofrecimiento ya no resulta deseado ni eficaz para salvar.
Veamos algunas lecciones que podemos extraer de casos bíblicos en que Dios no perdonó, tanto a personas como a naciones enteras:
  • El mundo antediluviano: 
    • "Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años". Génesis 6:3
Durante 120 años la voz divina llamó a través de Noé, pregonero de justicia. Pero los hombres de aquel tiempo rechazaron su mensaje hasta el punto sin retorno, de tal modo que el Señor tuvo que poner coto a su maldad enviando el diluvio. La justicia lo imponía para que la maldad no resultara triunfante. Si al mal no se le pusiera freno, el resultado inevitable sería nuestra completa destrucción.
  • Esaú: 
    • "Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí". Romanos 9:13.
    • "No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas". Hebreos 12:16,17
El primero de estos textos parece indicar cierto capricho de Dios en elegir a algunos y desechar a otros; pero fue la actitud de Esaú la que determinó su propia condenación. Así mismo es hoy cuando la profana persistencia en el pecado silencia la convincente voz del Espíritu.
  • Saúl: 
    • "Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel?" 1ª Samuel 16:1
No importa cuanto amemos a alguien tal como Samuel amaba a Saúl. Cuando el pecador decide obstinadamente vivir al margen de Dios, llega a un punto en que no hay ya más nada que hacer por él. De nuevo, no se trata de arbitrariedad divina, sinó de vivir con las consecuencias de nuestras propias decisiones.
  • La familia de Elí: 
    • "Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: ...  Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco". 1º Samuel 2:28-30. 
    • "Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo". 1º Reyes 2:27
Lo tremendo del relato de Elí es que a veces las consecuencias de nuestras acciones o decisiones se proyectan en nuestra descendencia. No es poca cosa despreciar los claros mandatos de Jehová, dando honra a las personas en vez de glorificar a nuestro Hacedor. La misericordia y las promesas del Señor son grandes, pero nuestra actitud hacia ellas puede invalidarlas.
  • El reino de Judá: 
    • "Ciertamente vino esto contra Judá por mandato de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, y por todo lo que él hizo; asimismo por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar". 2º Reyes 24:3,4.
    • "He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores". Isaías 13:9.
    • "Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré". Ezequiel 8:18
Grandes privilegios le fueron dados al antiguo Israel. Fue favorecido con revelaciones grandiosas de su plan de salvación. El fuerte lenguaje de estos textos, que habla de ira, furor, indignación y que ya no perdonaría ni tendría misiericordia de su pueblo, estaba en directa relación con los grandes dones que ellos habían recibido. Dios no se cansa de nosotros, pero los frutos deben corresponder a la semila plantada. Nuestras obras deben estar a la altura de la fe que nos ha sido dada.
  • Israel en días de Cristo: 
    • "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor". Mateo 23:37-39
¡Qué cargadas de tristeza estaban estas palabras del amante Salvador! Pocas veces nos detenemos a pensar en cuánto dolor causan al corazón de Dios nuestros pecados, nuestra impenitencia y nuestra obstinación. Su compasión se desangra por sus hijos y desea traerlos de vuelta al hogar.
Ya ha pagado el precio; el más alto que se podría haber pagado. Realiza intento tras intento de redimirnos con amor y paciencia infinita. Pero finalmente la gracia desechada por su rebelde criatura debe encontrar su justa retribución. Quien es hoy nuestro Salvador se convertirá en Juez con pleno derecho, pues el mismo "no escatimó a su propio hijo sinó que lo entregó por todos nosotros" para que fuera "despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto". (Romanos 8:32; Isaías 53:3). 
Felizmente Cristo sigue hoy intercediendo por nosotros, su perdón aún es accesible, el tiempo de gracia no acabó.
Sigamos pues el consejo que Salomón recibió de su padre antes de ser rey: "Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre". 1 Crónicas 28:9
La inagotable paciencia divina halla su límite en el empedernido corazón humano. Pronto la gracia cesará y los juicios de Dios, las copas de su ira (ver Apoc. 15 y 16), se derramarán desde su santuario en el cielo sobre nuestro mundo, esta vez sin mezcla de misericordia.
Cosa terrible es ser desechado por el Señor. Pronto se dictará la irremediable sentencia: "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía". Apocalipsis 22:11
El te llama, ¿escuchas hoy Su voz?

ALISTÉMONOS

Para los acelerados y estresantes tiempos que corren, la siguiente meditación, escrita hace más de un siglo, me parece más que apropiada. Coincido en cada palabra con lo que afirma.
Les invito a leerla en oración y con detenimiento y a poner sus palabras en práctica, como un santo privilegio que el Señor nos concede.
"Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón". (Salmos 69: 32)

"Tenéis el privilegio de estar gozosos en el Señor y de regocijaros en el conocimiento de su gracia sustentadora. Que su amor se posesione de la mente y el corazón. Cuidad de no fatigaros en exceso, de no agobiaros por la inquietud, de no estar deprimidos. Dad un testimonio elevador. Apartad vuestros ojos de lo que es oscuro y de lo que produce desánimo y contemplad a Jesús, nuestro gran Dirigente, bajo cuya supervisión vigilante la causa de la verdad presente, a la cual estamos dando nuestras vidas y todo lo que somos, está destinada a un triunfo glorioso. . .
Dejad que se vea que Jesús mora en el corazón, que sustenta, fortalece y reconforta. Tenéis el privilegio de recibir cada día una abundante medida de su Espíritu Santo, y de tener una visión más amplia de la importancia y el alcance del mensaje que estamos proclamando al mundo. El señor está dispuesto a revelaros cosas maravillosas de su ley. Esperad delante él con humildad de corazón. Orad fervorosamente pidiendo una comprensión de los tiempos en que vivimos, solicitando una concepción más plena de sus propósitos y rogando por una mayor eficacia en la tarea de salvar a las almas. . .
Este no es un tiempo para dedicarlo a las cosas frívolas o a las satisfacciones egoístas. Si los tiempos en que vivimos no logran impresionar de veras nuestras mentes, ¿qué otra cosa podría realizar un impacto en nosotros?. . .
Ahora se necesitan hombres de claro entendimiento. Dios pide que los que están dispuestos a dejarse dirigir por el Espíritu Santo señalen el camino hacia una obra de reforma cabal. . . Cada alma debería encontrarse ahora en una posición donde manifieste una consagración a Dios más profunda y verdadera que en los años pasados. . .
He quedado profundamente impresionada por ciertas escenas que contemplé durante la noche. Parecía efectuarse un gran movimiento, una obra de reavivamiento, en muchos lugares. Nuestro pueblo se alistaba y respondía al llamamiento de Dios. . . ¿No escucharemos su voz? ¿No aprestaremos nuestras lámparas y obraremos como hombres que esperan la venida del Señor? El tiempo en que vivimos exige que se haga brillar la luz y que se pongan las manos a la obra". 
¡Maranata: El Señor Viene! Página 157 

jueves, 13 de mayo de 2010

EFÍMEROS

"Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti". Salmos 39:4-7 
Anteayer el Señor me despertó con el texto de la entrada anterior. Me hizo mucho bien recordar que Jesús camina a mi lado y dirige mi destino. Ayer, en cambio, me despertó con un pensamiento que parecía sombrío: "y si me muero mañana"...
No intento transmitir pesimismo, sinó lo que estimo como una valoración auténtica de la vida.
Creo sinceramente que fui dirigido por Él al texto de cabecera. Creo esto porque así lo prometió en su Palabra.
Revisando varios pasajes, llegué hasta ell Salmo 39. Al compartirlo con mis alumnos y luego en el culto con mis hermanos, mi comprensión del mismo y de su mensaje fue creciendo.
Este es un salmo de David que parece escrito por Job. El autor, cansado de los sufrimientos de la vida, piensa que sus males provienen de castigos divinos y son resultado de su pecado (vs. 10-11) y termina su canto con un tono triste. Aunque refleja una comprensión parcial del accionar de Dios, marca una enorme diferencia con el pensamiento de aquellos que no conocen a Dios.
Veo contrapuestas dos ideas en el texto que cito arriba.
Primero, el salmista, al igual que Job, reflexiona sobre la brevedad de la vida utilizando términos como "palmo", "soplo" y "sombra". Somos de poca duración, pues ya empezamos a morir desde el día en que nacemos. A cada instante y en forma repetida, millones de células de nuestro cuerpo se mueren y son reemplazadas por otras; este proceso se torna cada vez más lento al llegar a la edad adulta y al fin se detiene y morimos.
Desde la perspectiva terrenal la idea es repulsiva y para sacar provecho de esta vida hay que disfrutar todo lo que se pueda. "Comamos y bebamos que mañana moriremos", dicen en sus acciones los que así piensan (ver Isaías 22:13, 1º Corintios 15:32). Otros, los menos tratan de cuidarse privándose de todo para vivir vidas largas.  Para poder gozar de una vida plena, piensan  que tienen que acumular frenéticamente experiencias, sensaciones, bienes y placeres. Los pecadores se afanan tanto en ello, que olvidan que lo que juntaron será para otros después de su muerte.
No hay en este mundo satisfacción permanente ni tal cosa como vivieron felices para siempre como en los cuentos. Siempre nos tocará nuestra cuota de dolor y sufrimiento, que sea cual sea, nos parecerá insoportable. Unos como otros terminan cayendo en cuenta de lo cierto de aquel verso popular que aprendí: "La vida corta o larga no importa, el que sufre la halla larga y el que goza la halla corta".
Somos frágiles y quebradizos. Si solamente tenemos esta vida, podemos decir como el poeta:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...   
LO FATAL  de Rubén Darío
La segunda idea aparece justo en el medio del salmo, no al final. En un tono luminoso que se opone al sentimiento general del mismo, presenta la conclusión del escritor bíblico.  "Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti". Salmos 39:7
El cristiano no mide su vida por el tiempo que dura, ni por el placer obtenido, ni por las experiencias que haya vivido.
Tampoco la mide por sus riquezas, por la sabiduría, la fama o el poder que consiguió acumular.
Ni siquiera por lo meritorias y buenas para otros que hayan sido sus obras.
Tal como en el caso de Job, la agonía se transforma luego en un canto de victoria. Así como él, que en medio de sus sufrimientos exclamó: "He aquí, aunque él me matare, en él esperaré" (Job 13:15), los que esperan en Dios descubren que la vida puede medirse solamente a la luz de la eternidad. Hallan su auténtica realización y su más profunda satisfacción sólo cuando ponen su esperanza en el Señor.
Únicamente la esperanza que trasciende los portales de la muerte le da sentido a nuestra existencia y se convierte en motor de nuestra fe.
Nada menos que la verdadera esperanza puede ayudarnos a sortear las múltiples tragedias que enfrentaremos a lo largo de la vida.
Al convertirnos en prisioneros de esta nuestra bendita esperanza demostramos al mundo, al cielo y al infierno, que Dios vale la pena.
Una vida vivida de esta manera, casi heroica, es la que el cielo espera de cada uno de aquellos que ha de habitar las mansiones celestiales.

martes, 11 de mayo de 2010

OTRA VEZ EN CAMINO A EMAÚS

Dios quiere que pierdas todas tus esperanzas.
No, no te equivoques, no es una blasfemia.
Porque sí desea que pierdas toda expectativa humana de gloria terrenal, que dejes de apoyarte en la vista, que creas a pesar de las apariencias.
Porque la esperanza, para que sea esperanza, va más allá de lo evidente, más allá de lo desalentadora que pueda parecer la situación presente.
Confiamos en muchas cosas porque las vemos. Nuestra fe suele ponerse con demasiada frecuencia en los hombres o en las instituciones y sus programas.
En todo el mundo cristiano abundan las campañas evangelísticas con las palabras "reuniones de poder", "reavivamiento", "impacto", etc.
Las palabras de los hombres o sus estrategias suelen estár cargadas de ambición egoísta por los números o de deseos nacidos de perspectivas terrenales y entonces los impactos, el poder y los reavivamientos no resultan tales.
Luego de que pasan las campañas misioneras, los resultados no van de acuerdo con estas palabras, y apenas si se obtienen en ellas unos pocos conversos duraderos. Aunque miles hayan hecho profesión de fe ya sea entre lágrimas o anunciando milagros espectaculares, no demora la mayoría en estar igual o peor que antes y volver a sus antiguos caminos.  En consecuencia los que quedan se desaniman, preguntándose qué  falló.
O a veces los que ingresan se chasquean del testimonio de los que están dentro, diciendo: -"pensábamos que ustedes eran diferentes..." (a lo cual tienen derecho).
El magistral relato de los dos discípulos camino a Emaús aquel domingo de la resurrección tiene todavía una lección que darnos:
"Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen... Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron". Lucas 24:13-24
El razonamiento de Cleofas y su amigo era que si las cosas no salieron como ellos esperaban, entonces ni el testimonio de sus condiscípulos, ni visiones, ni ángeles les harían cambiar de opinión. Estaban cegados por sus propias expectativas. 
¿Cuáles son las tuyas?...
El desaliento les cerró los ojos a la realidad de su Señor caminando a su lado y deseando entrar en sus vidas.
Él prometió: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Apocalipsis 3:20
Dicha promesa tiene dos lecturas opuestas:
a) La pesimista: Jesús está afuera de la iglesia llamando y todavía no le abrimos la puerta, como en la poesía de Lope de Vega Mañana le abriremos
De acuerdo a esta línea de pensamiento, si entre los creyentes o en la iglesia las cosas van mal, entonces para qué molestarse en seguir...
b) La correcta según lo entiendo: Jesús esta afuera llamando incansablemente y persistiendo en llamar, invitando a que le abramos.
El está a las puertas de su venida a este mundo, llamándonos por medio de su Espíritu y esperando con ansias que la esposa se una a su clamor (Apocalipsis 22:17).
El no conoce la derrota ni la espera en sus seguidores. No está afuera simplemente porque no tenga nada mejor que hacer. Siempre suele conseguir lo que busca, porque para eso vino a este mundo, a buscar y salvar lo que se había perdido.
Es significativo en el relato, que ni bien los discípulos reconocieron a Jesús, éste los dejó. Su misión había concluído al darles entendimiento y la de ellos acababa de comenzar cuando tuvieron una nueva visión.
El no necesita de nuestra visión, nosotros necesitamos de la suya.
Necesitamos que su presencia nos abra los ojos. Que su figura lo llene todo, alejándonos de las perspectivas humanas de solución, porque solo así encontraremos la motivación para correr al encuentro de quienes necesitan saber que Él vive.
Dejemos pues de arrastrar los pies con desaliento y vayamos corriendo, como ellos,  a proclamar al mundo que el Rey de nuestras vidas caminó a nuestro lado, se sentó a nuestra mesa, comió con nosotros y bendijo nuestro hogar. 
Anunciemos su venida HOY.