lunes, 17 de agosto de 2009

LAS DOS MARÍAS

"Estaban junto a la cruz de Jesús su madre... y María Magdalena". Juan 19:25
Al pie de la cruz se encontraron dos mujeres muy distintas, de vidas y caracteres contrastantes
¿Quiénes eran ellas?¿Qué las había reunido allí?
La primera de estas singulares mujeres era la bienaventurada virgen María, que constituye para todos los creyentes un verdadero ejemplo de santidad y pureza, la elegida de Dios para ser la madre del Salvador. La segunda era una mujer despreciada por la sociedad, caída en el pecado y vapuleada por Satanás. No obstante, a pesar de sus diferencias, ambas fueron grandemente privilegiadas por nuestro Señor Jesús.
Veamos en primer lugar el caso de la madre de Jesús:
"Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres". Lucas 1:26-28
No hubo ni habrá nadie que pueda igualarse a la jovencita de Nazaret en cuanto al singular privilegio recibido por ésta. Llegó a ser un caso único en el universo, pues siendo humana, mortal y limitada, llevó al Dios Encarnado en su vientre.
No se trata aquí de ponerla al nivel de la divinidad. Ni ella ni ninguno de los personajes de la Biblia se adjudicaron jamás el honor de ser adorados o de recibir la honra que sólo Dios merece. Pero aunque era pequeña en su propia opinión y ella misma necesitaba un Salvador,(cf. Lucas 1:47), fue elegida por el Padre y cubierta por el Espíritu Santo. No fue una elección descuidada o azarosa la que realizó la Divinidad. María fue llamada bendita, favorecida y bienaventurada, no por los hombres sino por Dios mismo.
¡Increíble amor del Señor que honra así al débil ser humano!
Tuvo que ser especial para educar a Cristo, soportar con él la carga de incomprensión, hostilidad y desprecio que éste llevaría durante toda su existencia terrenal y afrontar la terrible prueba de fe, -que como espada traspasaría su alma,- que significó su crucifixión.
La otra María, la Magdalena, entra en la historia de Jesús por vías completamente diferentes.
No fue alguien elegida por su pureza o su entrega incondicional al servicio del Señor. La suya fue una vida cuesta abajo en cualquiera de los sentidos posibles hasta que se encontró con Cristo.
"Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios". Marcos 16:9
Siempre me llamó la atención la mención de los siete demonios. ¿O sea que Jesús, en poco más de tres años de ministerio, tuvo que rescatarla siete veces de las garras de Satanás? Eso sería algo así como "endemoniarse" dos veces por año.
Cualquiera de nosotros se hubiera dado por vencido a la segunda o tercera vez que esto sucediera. No estamos dispuestos fácilmente los hombres a conceder tantas oportunidades al pecador, ni los pecadores a persistir en su búsqueda tras tantos fracasos. Escasos son, si hay algunos, que estén dispuestos a enfrentarse a la humillación, a la condena social y a las miradas reprobatorias de los "santos" que abundan en todas partes que parecen decir: "para qué molestarse contigo..."
Pero la Magdalena fue honrada precisamente por perseverar en buscar al Salvador a pesar de tantos y tan sonados fracasos a lo largo del camino. Su fe creció, no en la victoria, sino en la derrota, al ver el constante amor y la invariable aceptación que Cristo le mostraba. Su corazón se quebrantaba y se rendía ante la misericordia del Redentor, que le daba nuevas oportunidades en cada encuentro.
Elena de White identifica a esta singular dama con María de Betania, lo que agrega nuevas dimensiones a su figura.
Comenta lo siguiente: "Cuando a la vista humana su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vio los rasgos mejores de su carácter. El plan de la redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades, y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado". El Deseado de Todas las Gentes pag.568
¡Otra maravilla de la gracia divina!
María de Nazaret tuvo el privilegio de ser la madre del Señor y de verlo nacer. María Magdalena tuvo el privilegio de ungirlo para la sepultura y de ser la primera en verlo resucitado. Una calificada en las Escrituras como bienaventurada, la otra como pecadora. Ambas objeto del mismo maravilloso experimento de la gracia de Dios que se manifiesta "para salvación a todos los hombres" (Tito 2:11)
No importa entonces si nosotros nos tildamos de "santos" o de "pecadores" o si los demás lo hacen. Lo que verdaderamente importa es lo que Jesús puede hacer con quienes lo buscan.
¿Cuál es tu caso?
Ya sea que nuestra vida sea la de un cristiano "normal" o que hayamos fracasado más veces de las que triunfamos, estas mujeres ejemplares nos muestran que cuando nos sometemos al poder divino y experimentamos su gracia, llegamos a ser también enormemente privilegiados. El Salvador nos ve como podemos llegar a ser. Nota los mejores rasgos de nuestro carácter. Nos hace participantes de la naturaleza divina. Llegamos a ser hijos de Dios con pleno derecho a la redención y a la vida eterna.
¿Las posibilidades de Dios se realizarán en tu vida?

miércoles, 12 de agosto de 2009

LA IMPACIENCIA

"Y los hijos de Israel oyeron decir que los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés habían edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en los límites del Jordán, del lado de los hijos de Israel. Cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos". Josué 22:11,12
En el tiempo cuando los israelitas se establecieron en Canaán, dos tribus y media quedaron al otro lado del río. Se les había dado a estas, claras instrucciones de no adorar los ídolos de esa tierra y ofrecer sus sacrificios solamente en el tabernáculo construido por Moisés que por entonces estaba en Silo.
El rumor de la construcción del altar llevó a todos a la lógica conclusión de que sus hermanos habían caído en la idolatría. Tenían aun penosamente fresco en la memoria el caso del pecado de Acán con sus terribles resultados, y las 9 tribus y media se reunieron espontáneamente para tomar medidas urgentes.
Comisionaron entonces a una delegación presidida por Finees hijo del sacerdote Eleazar para investigar en persona el asunto. En el diálogo subsiguiente (ver vss. 15-29), los rubenitas y gaditas aclararon respetuosamente que dicho altar solo tenía como fin recordar su pertenencia al pueblo de Jehová y que no harían sacrificios en el.
"Y dijo Finees... a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy hemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehová. Y el asunto pareció bien a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra... Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar Ed; porque testimonio es entre nosotros que Jehová es Dios". (vss. 31-34)
La impaciencia en actuar, el dejarse llevar por la ira, el deseo de hacer justicia por su cuenta y el escuchar rumores, pudieron en este caso haber ocasionado un desastre de proporciones inimaginables. Felizmente, este pasaje tiene una nota positiva en cuanto al pueblo de Dios:
No obraron con apresuramiento ni permitieron que las armas hablaran antes que la razón.
  • Primero se tomaron tiempo para escuchar las razones de sus hermanos y estuvieron dispuestos a aceptar sus argumentos.
  • Luego se gozaron en que la unidad se mantuviera. El Comentario Bíblico Adventista afirma: "Si los hombres de las tribus que se establecieron al oeste del Jordán hubiesen actuado impulsados por motivos egoístas, habrían sido demasiado orgullosos para regocijarse de que se habían equivocado al hacer las acusaciones, y habrían buscado otro motivo de queja. Algunas veces los hermanos cristianos se enorgullecen tanto de sus propias opiniones que desean más la victoria sobre un supuesto antagonista que la vindicación de la justicia. Los que viven cerca del Señor están dispuestos a admitir su error y se interesan más en alcanzar la verdad que en convencer a otros de que tienen razón". (Tomo 2 com. sobre Josué 22)
  • Finalmente, lo mejor de todo es que dieron por finalizado el incidente y olvidaron el asunto.
¡Qué ejemplo para nosotros!
A veces y demasiado frecuentemente, el amor propio, la pasión o la soberbia son los que dictan el tono de nuestras relaciones con nuestros hermanos. La razón, la paciencia, el amor fraternal y la tolerancia son moneda tristemente escasa.
Hablar primero y disparar después. Este sería el principio a seguir en nuestras relaciones, que nos evitaría muchos malentendidos y airadas trifulcas.
El aceite del Espíritu debe suavizar los roces entre las coyunturas del cuerpo de Cristo y fluir en abundancia de nuestros corazones.
Debemos considerarnos con humildad a nosotros mismos y considerar a los demás como superiores a nosotros en pro de la paz y la unidad de la iglesia comprada con la sangre preciosa de Jesús.
Recordemos el pasaje inspirado:
"Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas". Santiago 1:19-21

miércoles, 5 de agosto de 2009

Bienaventuranzas de la muerte

Ayer me tocó oficiar en el sepelio de un familiar. Los más de los presentes no eran creyentes, y me preguntaba qué decir con sinceridad que fuera alentador para sus corazones angustiados y que a la vez despertara sus conciencias. ¿Cómo se puede presentar la muerte como una buena noticia si la muerte es sin dudas la peor de las malas noticias por su carácter definitivo?
Por eso se me ocurrió este título que puede parecer contradictorio.
Comencemos por el principio; la muerte es un enemigo, algo rechazado por malo y tenebroso, ¿cómo puede tener alguna bendición?
Sin embargo, la hay. "Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor"... Apocalipsis 14:13
¿Qué puede tener de bueno la muerte?
Para muchos, es un misterio insondable, fuente de curiosidad y de innumerables teorías y especulaciones sin fundamento.
Aunque el enemigo de las almas tuvo gran éxito en hacerle creer a la mayoría de la humanidad que cuando uno muere en realidad no está muerto (recuerden su primer mentira expresada en el jardín del Edén: "no moriréis"), sino que pasa a un plano superior de existencia, a otra vida mejor que la actual; el hecho asombrosamente simple, de acuerdo a las Escrituras, es que al morir, sencillamente estamos muertos; dejamos de existir en cuerpo, alma y espíritu.
La Biblia lo expresa así:"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol". Eclesiastés 9:5,6
Jesús la comparó con un sueño. Los que "duermen" en sus tumbas ya no participan ni son afectados por lo bueno o malo que sucede en este triste planeta. Cesa al cerrar sus ojos, su posibilidad ulterior de perderse o de salvarse. La inconsciencia del sueño de la muerte pone al fallecido fuera del alcance de toda intervención propia y ajena en los asuntos de este mundo y del venidero, hasta el momento de la gloriosa venida de Cristo.
Este definitivo y fatal acontecimiento afecta a cada uno de manera diferente según su situación.
  • Para el ateo e incrédulo, la muerte es algo horrible, la penosa e inevitable certeza de la cesación de la existencia.
  • Para el apóstata, es el espanto del juicio y de la terrible retribución de sus descarriados actos.
  • Para el enemigo de la causa de Dios es el temido freno a su loca carrera.
Para el cristiano, en cambio, la muerte puede ser vista con varias connotaciones positivas:
Para el hijo de Dios sufriente, es la anticipación de la segunda venida de Cristo, el descanso de todas sus luchas: "Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo". Isaías 57:1
Para el creyente temeroso y perplejo, es momento de reflexión: "Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón". Eclesiastés 7:2
Para el perseguido injustamente por amor su causa, es el momento de encontrarse con Aquel que es la justicia: "Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida". 2 Timoteo 4:8
Para el que ha perdido un ser querido, es el preludio del reencuentro, que le hace desear con impaciencia la venida del Señor: "Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. !Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos". Isaías 26:19
Para todo fiel, si bien es cierto que no es ni puede ser algo grato, finalmente, es el momento en que nuestra lucha termina, un breve lapso hasta que al abrir nuestros ojos podamos contemplar a Aquel que es nuestra esperanza. Le sigue felizmente la gloriosa resurrección y la vida eterna.
La muerte será el último vestigio del pecado en ser eliminado, pero entre tanto que esto suceda, nos recuerda que debemos estar siempre preparados para encontrarnos con nuestro Dios, porque nuestra existencia es efímera y el momento en que se acaba es impredecible.
El apóstol Juan nos invita a permanecer en unión con Jesús, a estar listos y a cuentas con nuestro Salvador, para que ya sea que vivamos o que muramos antes de que regrese, ese encuentro sea un momento de gozo y no de angustiosa separación: "Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados". 1º Juan 2:28

martes, 28 de julio de 2009

Negligencia

Siempre fui algo indolente en algunos aspectos de mi vida.
-"Mañana cortaré el pasto, mañana arreglaré el jardín, etc."- son las promesas que me hacía a mí mismo.
Pero ese mañana no llegaba nunca...
¿Por qué será que para las cosas que no nos gustan existe siempre un mañana?
Veamos con relación a esto, el siguiente incidente registrado en la Biblia:
"Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida. Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión. Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?" Josué 18:1-3
La conquista de Canaán había comenzado, y con el poder de Dios, las victorias se habían sucedido unas a otras; pero no todos emprendieron la tarea de buen ánimo. Las conquistas iniciales fueron seguidas por un período de estancamiento.
El libro de Jueces en su primer capítulo registra que tribu tras tribu fueron infieles a su cometido de arrojar a los cananeos de la tierra que les fue asignada. Las comodidades que encontraron en las ciudades cananeas abandonadas por sus temerosos moradores o conquistadas por Israel, tentaron a un gran número de tribus a dejar de avanzar tierra adentro y a no seguir el plan de Dios para ellos.
Josué los llamó negligentes a causa de su demora. ¿Qué es ser negligente? En el ámbito espiritual, es postergar una tarea que no nos agrada. Es también posponer un deber conocido. Es, por sobre todo, consecuencia de no estar conscientes de la hora en que estamos viviendo.
Según la Escritura, tal es la condición del pueblo de Dios justo antes de Su venida.
Jesús contó varias historias referidas a la preparación para ese momento. Tienen como común denominador el elemento de "dejar para mañana lo que debemos hacer hoy". Las diez vírgenes de la parábola de Mateo 25 se durmieron antes que llegara el esposo. El siervo inútil escondió su talento en tierra. Los cabritos simplemente dejaron de ocuparse de los demás. El siervo infiel del capítulo anterior pensaba "mi señor se tarda en venir".
¿Qué en cuanto a la Laodicea escatológica del Apocalipsis, la iglesia del tiempo final? Su mayor tragedia no consiste en su tibieza, sino en ignorar la verdadera condición en la que se encuentra: desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda.
Pero Laodicea no es pobre porque Dios le escatime recursos. Nada de ello. Posee todos los dones que el Señor le prometió. Tiene sobradas muestras de su favor. El mensaje del segundo advenimiento se esparce con rapidez por toda la tierra.
Lamentablemente, como Israel en tiempos de Josué, su mayor bendición es también su perdición.
Por gozar de tantas ventajas terrenales y grandes beneficios espirituales, la mayor parte de los miembros de la iglesia ignora hoy lo que significan el sacrificio, el renunciamiento y la abnegación.
El amor a la comodidad y la falta de oposición (¿será que a Satanás ya no le molestamos?), hacen que muchos duerman el sueño de la indolencia y posterguen lo que debe hacerse con sentido de urgencia.
Es necesario que despertemos. Recordemos que el Diablo trabaja con todo empeño "sabiendo que tiene poco tiempo".
¿Y nosotros? ¿Acaso lo ignoramos?
Tú y yo necesitamos despertar. Lo necesitamos desesperadamente.
Lo que dejemos de hacer hoy, lo tendremos que hacer penosamente en tiempos de gran desaliento y oposición. Como lo dice la poesía de la entrada anterior, tal vez con dolor nos tengamos que preguntar: "¿qué será del trigo que no se segó?"
No seamos hallados negligentes. Tal vez ya no haya un mañana que cubra nuestra demora...
El sabio Salomón afirmó: "El que recoge en el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza". Proverbios 10:5.


martes, 21 de julio de 2009

¡Vuelve el Señor! Lo afirman los albores

¡Vuelve el Señor! Lo afirman los albores
del triunfo de la luz sobre el pecado
la claridad del día prefijado
que se anuncia con vivos resplandores

Lo proclaman los andantes rumores,
el torbellino de odios desatado,
lo dice el terremoto y el tornado,
de la angustia en los pueblos los dolores.

¡Viene el Señor! Promesa no ilusoria
indicios mil confírmala a porfía
señales que son cortas de victoria
a todo aquel que guarda en su memoria
la fiel palabra que dijera un día
¡Vendré otra vez en majestad y gloria!

Autor desconocido