miércoles, 21 de septiembre de 2011

CANSANCIO ESPIRITUAL

“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado”. Hebreos 12:3,4
¿A qué se debe que haya tantos cristianos cansados? 
¿Te incluyes en esa categoría?
Quiero aquí cerrar la serie de meditaciones sobre el cansancio. 
Una cosa es el cansancio físico o mental, y otra muy diferente es el cansancio espiritual que afecta nuestra vida de comunión con Dios.
  • -”No me den ningún cargo en la iglesia, me tomo un año sabático porque estoy muy cansado/a” 
  • -“No voy al templo por ahora, necesito tomar unas vacaciones de iglesia”.
Estas frases -o algunas parecidas- las escuché varias veces, y de labios de quienes, en su momento, fueron eficientes y activos miembros de iglesia, pero luego abandonaron el frente de batalla para colocarse en retaguardia.
En el agitado mundo en que vivimos es facil cansarse. Las exigencias y los conflictos cada vez son mayores en todos los rubros de labor. Es casi inevitable para la mayoría llegar al fin de semana con las fuerzas agotadas.
¿Cómo evitarlo?
Según los especialistas, hay varios tipos de fatiga que van desde la simple necesidad de descansar, hasta llegar al desinterés por la vida, a la depresión, o a tener ideas suicidas.
  • Fatiga Pasajera o general:    Aparece al final del día cediendo después de una noche de sueño.
  • Fatiga Aguda: Es consecuencia de un largo periodo de esfuerzo y necesita de una reducción del horario de trabajo, es decir unos días de reposo o de vacaciones.
  • Agotamiento: Es el estadio extremo de la fatiga. Aparece cuando las reservas personales, se agotan tras periodos de trabajo físico o intelectual muy intenso, o bien debido a un accidente.
  • Fatiga crónica: Se relaciona con una situación estresante. No cede al reposo y exige un retorno a un ritmo de vida más equilibrado. En caso de hiperactividad suele existir un problema subyacente del que se huye a través del trabajo.
  • Fatiga Psicológica: Esta unida a problemas afectivos, provenientes de la dificultad para comunicarse o adaptarse al entorno. La ayuda médica y un adecuado apoyo psicológico son necesarios. (Adaptado de: http://www.cuidadodelasalud.com/)
Especialmente cuando llegamos a estos últimos escalones, es cuando estamos en riesgo de sufrir del mayor de los peligros; la “fatiga espiritual”. Su consecuencia más visible es el desánimo y su costo suele ser la pérdida de la vida eterna.
Cuando el desaliento nos invade  y parece que el Señor se olvidó de nosotros; cuando todo se ve negro por delante y ya no nos quedan fuerzas para seguir; es fácil ceder a la idea de arrojar todo por la borda y darnos por vencidos. Muchos son los que dicen: “Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo”. Salmos 61:2
Las citas siguientes también son muy animadoras:
“A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios. . . Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida “ (Profetas y Reyes, págs. 117-119).
¿Notaste que necesitamos ser salvados de nosotros mismos?
No son los problemas que nos abruman, sino nuestra propia actitud -nuestras malas decisiones, la autocomplacencia, aquellos hábitos acariciados a los que no queremos renunciar-, la que nos lleva a este lastimoso estado de completo abatimiento espiritual.
A continuación les presento el medicamento divino para esa triste enfermedad: “Para los desalentados hay un remedio seguro en la fe, la oración y el trabajo. La fe y la actividad impartirán una seguridad y una satisfacción que aumentarán de día en día. . . En los días más sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. El conoce vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables. . . Y otorgará a sus fieles siervos la medida de eficiencia que su necesidad exige” (Profetas y Reyes, págs. 117-119).
Hasta que nuestro amado Señor venga a buscarnos, mi deber y el tuyo será trabajar por su causa, orar y confiar en su providencia.
Cuando piensas que ya luchaste bastante, recuerda el ejemplo de Caleb. Este admirable siervo de Dios había sido de los primeros que pisó la tierra de Canaán; a pesar de su fidelidad le tocaron 40 años en el desierto como a los demás israelitas que no creyeron. Luego de entrar en la tierra prometida, se presenta ante Josué y le dice: “Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años... y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”. Josué 14:10,11
¡Qué admirable entrega! Con sus 85 años a cuestas todavía estaba con ganas de luchar, y pedía conquistar la parte más difícil.
Su constancia en obedecer la voluntad de Dios y cumplir con las leyes de la salud habían conservado su cuerpo y mente sanos y fuertes, pero solamente porque estaba dispuesto a usarlos para servir a la causa que amaba.
Pero hay un ejemplo superlativamente mayor al de Caleb.
Contémplalo subiendo la cuesta del Calvario; tan agotado que ya no era capaz de cargar su cruz, pero todavía con ánimo para orar por aquellos que lo crucificaban, y para bendecir con la salvación a un arrepentido ladrón. 
Mira a Jesús en su agonía cuando encomendaba su madre a Juan y persistía en confiar en su Padre aun cuando las tinieblas lo envolvían. Considera “a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que... [tu] ánimo no se canse hasta desmayar.”. Hebreos 12:3
Recuerda además el consejo inspirado: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Gálatas 6:9
  • Si tus fuerzas se acabaron, considera a Jesús. Siéntate tranquilo a sus pies y encontrarás allí pleno reposo y nuevas fuerzas para hacer el bien.
  • Si te sientes agotado, confía en el Dios que no se cansa y que conoce la salida de cada problema en que estás metido.
  • Si estás muy cansado, combate tu agotamiento sirviendo a Aquel que no se cansó de trabajar por nosotros, sino que se esforzó al límite de sus fuerzas y sufrió hasta la más horrible muerte a fin de salvarnos.
Que tengas un descansado día en el Señor.

martes, 20 de septiembre de 2011

CRISTO NOS PROMETE REPOSO


"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Mateo 11: 28.
Jesús invita a los cansados y abatidos hijos e hijas de Adán para que vengan a él y coloquen sobre él sus pesadas cargas. Pero muchos que oyen esta invitación, si bien suspiran por hallar descanso, insisten en seguir por senderos escabrosos, estrechando sus cargas junto a su corazón. Jesús los ama, y anhela llevar sus cargas, así como a ellos mismos, en sus fuertes brazos. Desea quitar los temores e incertidumbres que les roban la paz y el reposo; pero antes, ellos deben ir a él, y contarle los dolorosos secretos de su corazón. Cristo invita a su pueblo a que le tengan confianza, como prueba de su amor por él. La entrega del corazón humilde y confiado es más preciosa para él que toda la riqueza que el mundo puede dar. Si tan sólo quisieran allegarse a él con la sencillez y confianza que un niño siente al acercarse a sus padres, el divino toque de sus manos los aliviaría de sus cargas.
Jesús, nuestro compasivo Salvador, es el camino, la verdad y la vida. ¿Por qué no habríamos de aceptar su graciosa misericordia, creer sus palabras y promesas, facilitando de este modo nuestra vida?. . . Los caminos de Cristo son placenteros, y todos sus senderos son paz. Si hemos encaminado nuestros pies por senderos escabrosos, y si en nuestro empeño de hacernos tesoros en este mundo nos hemos recargado de pesadas responsabilidades, cambiemos ahora mismo, y sigamos el camino que Jesús ha preparado para nosotros.
No siempre estamos listos para venir a Jesús con nuestras pruebas y dificultades. A veces relatamos libremente nuestros problemas, confiándolos a oídos humanos, y compartimos nuestras aflicciones con los que no pueden ayudarnos, mientras que descuidamos el confiarle todo a Jesús, quien puede cambiar la tristeza en gozo y paz. . . Oh, si todos, pastores y el pueblo, llevaran sus cargas y perplejidades a Jesús, el cual espera para recibirlos, y darles paz y descanso.- Signs of the Times, 17 de marzo, 1887.
La lucha para renunciar a vuestra propia voluntad y a vuestros propios caminos, es terriblemente difícil. Pero una vez que se ha aprendido esa lección, encontraréis descanso y paz. El orgullo, el egoísmo y la ambición deben ser vencidos; vuestra voluntad debe ser absorbida por la voluntad de Cristo. Toda la vida puede llegar a convertirse en un constante sacrificio de amor, cada acción en una manifestación de amor y cada palabra en una expresión de amor. Así como la vida de la vid circula por el tallo y los racimos, desciende hasta las fibras más bajas y llega hasta las hojas más altas, así también la gracia y el amor de Cristo arderán y abundarán en el alma, enviando sus virtudes a cada parte del ser, e impregnarán cada acción del cuerpo y de la mente.- CBA Tomo 5, pág. 1067. 
Meditación del libro "Exaltad a Jesús" Página 271

viernes, 16 de septiembre de 2011

MENTES LLENAS DE LAS PROMESAS DE DIOS

“Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Romanos 10:10.
Según este pasaje, hay algo que creer y también algo que confesar. El corazón debe aceptar primero la verdad como es en Jesús. Este es el fundamento de la verdadera religión. La convicción de pecado comienza entonces a hacerse sentir; el alma enferma de pecado, siente su necesidad de un médico y viene a Jesús de Nazaret en busca de perdón. Alistándose en la guerra contra el enemigo, mira a Jesús en busca de fortaleza para resistir la tentación. persevera velando en oración y escudriña las Escrituras. Las verdades de la Biblia se ven iluminadas por una luz nueva e intensamente interesante, y el Espíritu de Dios le revela su solemne importancia. Estudia la vida de Cristo, y mientras más claramente discierne la pureza inmaculada del carácter del Salvador, menos confianza tiene en su propia justicia; mientras más de cerca y con mayor perseverancia fija su atención en Jesús, menos perfección descubre en sí mismo. Su justicia propia desaparece, y cae, impotente y quebrantado, sobre la roca que es Cristo Jesús. El tentador podrá acosarlo, y ocasionalmente puede sentir desánimo y ser tentado a pensar que Dios no lo aceptará; pero, aceptando implícitamente la Palabra de Dios, y rogando que se cumplan sus seguras promesas, se abre paso a través de las tinieblas hasta salir a la clara luz del amor de Cristo. 
“Con la boca se confiesa para salvación”. Si en verdad el corazón es el depósito de la gracia y el amor de Cristo, estos atributos serán expresados en las palabras y la conducta. El individuo se sentirá constantemente atraído a Cristo. Todos seremos probados; por esto necesitamos la gracia divina, una sólida fe y principios religiosos. Los labios deben ser santificados, para que las palabras pronunciadas sean pocas y bien escogidas.
A menudo, los cristianos profesos hacen recaer sobre sí mismos profunda debilidad espiritual, al concentrar su atención en sus pruebas y quejas. No sólo sus pruebas se magnifican con cada repetición, sino que al permitirse transgredir en este punto particular, se separan inevitablemente de Jesús. Satanás procura atraer su atención hacia ellos mismos, y hacerlos aceptar la idea de que no son apreciados. Comienzan a autocompadecerse y simpatizar consigo mismos, y a perder su confianza en Jesús. Como resultado, caminan separados de Aquel que los invita a echar sus cargas sobre él.   
A los tales deseamos decir: repase lo que Dios ha hecho por usted. Dígale a Satanás que usted no confía en su propia justicia, sino en la de Cristo. Mantenga su mente llena de las preciosas promesas que se hallan en la Biblia, y cuando Satanás venga contra usted con sus numerosos ataques, esgrima contra él el arma que ha provisto la palabra de Dios: “Así esta escrito”. Esto quebrantará su poder y le concederá a usted la victoria.       
Extraído de  www.TheLordLovesYou.com

martes, 13 de septiembre de 2011

CANSANCIO

“Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo”. Jueces 8:4
¿Donde encontrar refugio cuando las fuerzas se han acabado?
¿Cómo “recargar las pilas” cuando ya no quedan energías en el cuerpo ni en la mente?
Palabras como estrés, crispación, angustia, enfermedades sicosomáticas, colapso nervioso, agotamiento extremo y otras de este estilo, forman parte de nuestro vocabulario moderno. 
La gente recurre a pastillas para poder dormir y a pastillas para despertarse; a estimulantes para permanecer alerta y a técnicas para bajar la ansiedad; y a cualquier otro medio a fin de poder continuar en el vértigo de una vida que corre sin freno hacia ninguna parte.
El Señor Jesús al describir nuestros tiempos con mirada profética, anticipó que habría “en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;  desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra”. Lucas 21:25,26
A esta altura del año, yo mismo estoy MUY cansado.
Al estrés natural de la tarea docente se suma la inocultable inquietud, nerviosismo y alteración de mis alumnos; triste producto de una sociedad cada vez mas falta de rumbo. Y eso sin contar con las múltiples cargas del hogar, los problemas de salud de familiares, las pruebas y conflictos con que me enfrento a diario por el solo y gratuito hecho de vivir en este mundo de pecado. Y la lista podría ser más larga...
Se que mis cargas no son superiores a las de la mayoría. No obstante, son las mías, las que me toca cargar, y ante lo que hoy me abruma, me pregunto como seguir -aunque la respuesta ya la conozco-.
El único lugar en que podré encontrar energías para continuar es en la Fuente de Poder disponible en nuestro maravilloso Dios: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Isaías 40:28-31
¡Qué grandiosas son sus promesas!
¡Qué alivio podemos encontrar en ellas!
¡Nuevas energías, fuerzas renovadas, nuevas motivaciones! Alabado sea su Nombre.
A todos los que se encuentran agobiados por las cargas de la vida, el Señor ofrece: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28,29
El reposo ofrecido por nuestro Salvador, no consiste en tomar licencia o vacaciones, ni en “escaparse” de los problemas por un tiempo, ni en apartarse de las obligaciones; sino en llevar su yugo.
¿Descansar trabajando? Para algunos es mala noticia. Pero justamente, la manera de encontrar descanso para nuestras almas es refugiarse en Cristo, aprender de su caracter manso y humilde y trabajar arduamente por la salvación de otros.
La paz que se obtiene a su lado nos permitirá seguir luchando como los hombres de Gedeón que luego de luchar exitosamente contra un ejército muy superior a sus fuerzas, prosiguieron “cansados, mas todavía persiguiendo”. Jueces 8:4
Este texto me dio siempre mucho ánimo en momentos de dificultad. Los trescientos guerreros de Gedeón comprendieron que la victoria se les escaparía si abandonaban la lucha después de su victoria inicial y siguieron adelante a pesar del cansancio. No debemos permitir que el cansancio nos impida conseguir el triunfo total que el Señor quiere darnos si solamente podemos continuar un tanto más.
Y no hablo de luchar por lo material, sino por lo que realmente tiene valor. En la justa de la vida el secreto no es aflojar el paso sino saber hacia donde se va.
Debemos detenernos a meditar en nuestros caminos, debemos hacer cambios en nuestra agitada rutina, pero por sobre todo, necesitamos con urgencia ir a los pies de Jesús.
Podemos hacer de su poder nuestro auxilio, de su paciencia nuestra salvaguardia y recibir dominio propio, fortaleza, gozo, paz y entereza ante la adversidad.
Contra la Roca de los Siglos se han estrellado todas las fuerzas del mal sin sacarle ni siquiera un granito ¿Por qué entonces insistir en luchar sin su ayuda? ¿Para qué pelear con nuestras pobres energías si tenemos tal poder a nuestra disposición?
Él nos dice “¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo”. Isaías 27:5
Libérate hoy del cansancio tomando su yugo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

DIOS ODIA NUESTROS CULTOS...

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17
¿Puede Dios odiar el culto a su nombre...?
¿Odiará tal vez lo que el mismo ordenó? ¿Cómo puede ser posible?
Una de las cosas que la Biblia menciona como aborrecidas por Dios, es la falsa piedad. 
La devoción de aquellos que no son íntegros ante su presencia es una ofensa para él. 
Los cultos elaborados, las grandes ofrendas, la labor misionera que exalta al predicador antes que a Cristo, las largas oraciones; todo esto, desprovisto del espíritu correcto, es algo que Dios repudia con firmeza.
El mensaje de Isaías al Israel de sus días era tremendamente fuerte. Pero con toda seguridad podría aplicarse también al Israel de hoy: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré”. Isaías 1:11-15
Todos estamos de acuerdo en que los sacrificios de animales, las reuniones en sábados semanales o ceremoniales, las ofrendas y las grandes convocaciones fueron ordenadas por Dios mismo. Pero cuando el objetivo de estas se pervierte y se transforman en simple apariencia para ocultar el pecado consentido en el corazón, resultan odiosas a nuestro Dios.
Él se complace de cultos sinceros, de adoradores consagrados y humildes, de ofrendas voluntarias -cualquiera sea su valor monetario-. Todo esto él mismo lo estableció, pues espera que sus hijos le tributen alabanzas de amor.
Pero él odia la hipocresía, la fingida solemnidad de quienes en verdad están adorándose a sí mismos, los esfuerzos para impresionar los sentidos más que el corazón, odia lo absurdo de tales demostraciones faltas de verdadero amor.
Así como Dios no aprobó la ofrenda de Caín, desaprueba todo intento religioso que tenga por objetivo calmar la conciencia para perseverar en el pecado. 
La religión no debe ser un modo de olvidar a Dios que parezca recordarlo.
Dondequiera que haya cultos sin fe, ceremonias sin humildad del alma, ofrendas sin sacrificio, convocaciones sin amor por los perdidos, podemos tener la seguridad de que el Señor estará ausente.
Por el contrario, se nos dice que “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17
Es un error pensar que, ya que los seres humanos fallamos al adorar de acuerdo a determinadas ceremonias, ritos y prácticas, las mismas ya no tienen ningún valor.
Dios mismo sentó las bases de la adoración en el antiguo Israel; y fue por inspiración divina que Moisés reveló la forma de rendir culto que era aprobada por el Señor. 
En el Nuevo Testamento, los apóstoles fijaron un sistema de culto diferente,  que excluía el sistema sacrificial pero tenía en cuenta muchas prácticas religiosas anteriores. Sirvan éstas como ejemplo:
  • Asistencia al templo: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:25
  • La comunión: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:46,47
  • La organización de la iglesia: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:11-13
  • Los diezmos y las contribuciones sistemáticas: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” 1ª Corintios 16:2
  • La disciplina eclesiástica: “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros”. 1ª Corintios 5: 11-13
La verdadera adoración comienza en el interior de cada persona, pero trasciende nuestro ser, para enfocarse en el Único que es digno de alabanza y adoración. No se trata de formalidades, sino de alcanzar una auténtica comunión con el Soberano del Universo.
Jesús le reveló a la samaritana esta maravillosa verdad: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4:22-24
Adorar “en espíritu” es adorar con un espíritu humilde y contrito como la forma necesaria de acercarse a un Dios que nos ama, cuida y bendice; a pesar de nuestras flaquezas, de nuestras rebeliones y nuesta infidelidad.
Cuando reconocemos que somos pecadores necesitados de su gracia; cuando nos aproximamos con la convicción de que nada nuestro es suficientemente bueno para él; cuando, en fin, nos colocamos en situación de criaturas ante su Creador, nuestra adoración será aceptada y bendecida.
Gózate hoy en adorar al Gran Rey, en espíritu y en verdad.
“¡Canten al Señor con alegría, habitantes de toda la tierra! Con alegría adoren al Señor; ¡con gritos de alegría vengan a su presencia! Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo y somos suyos; ¡somos pueblo suyo y ovejas de su prado! Vengan a las puertas y a los atrios de su templo con himnos de alabanza y gratitud. ¡Denle gracias, bendigan su nombre! Porque el Señor es bueno; su amor es eterno y su fidelidad no tiene fin”. Salmos 100 versión Dios Habla Hoy