jueves, 4 de febrero de 2010

¡EL BLOG CUMPLE UN AÑO!

Hace poco comentaba con un amigo que tiene excepcionales dones para la música y el canto, acerca de mi incapacidad para acertarle a dos notas musicales seguidas. Es muy frustrante para mí por lo mucho que me agrada cantar. Para mi sorpresa, me respondió que él en cambio, no tenía habilidad para escribir.
Esto me hizo ver que quizá poseía un talento en el que no había reparado. Como todos los talentos, pequeño al principio, pero susceptible de desarrollo. Si no puedo alabarle bien con el canto, me dije, intentaré hacerlo con mis palabras.
Pasó ya un año desde el día que acepté el desafío de escribir y siguiendo el consejo de mi colega Manuel me decidí a comenzar este blog.
Varios pensamientos cruzaron por mi mente: ¿No sería un acto de soberbia de mi parte creerme escritor? ¿Escribiría para agradar a Dios y para ayudar a otros o para agradarme a mí mismo? Por otro lado me planteé si sería capaz de hacerlo; si en verdad tenía algo bueno que aportar con mis escritos.
Finalmente concluí que el peor de los intentos es el que no se concreta y comencé.
"Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero". Salmos 45:1
En el texto del salmo citado, el autor desea expresar al Rey sus alabanzas musicales de la mejor manera posible y se compara con un hábil escritor.
De idéntica manera, "rebosa mi corazón palabra buena". Deseo de todo corazón adquirir la capacidad de rendir la sincera alabanza que se merece nuestro buen Dios mediante lo que escribo. Alabarle por amar tanto a pecadores inconstantes como yo, por su gracia que cubre mis pecados, por sus promesas, por la confirmación de mi débil fe, por alentarme en mis momentos más conflictivos, por las incontables muestras de que sigue obrando en mi vida y en la de tantos que buscan su salvación. Y la lista podría seguir, todavía sobran motivos de alabanza.
No creo haberlo conseguido ya ni mucho menos. Pero entiendo que el olvidarse de uno mismo y de buscar la aprobación de los demás, es la clave del verdadero éxito en esta empresa. Aunque agradezco de corazón a quienes me animan en la tarea, enfatizo que solo el Señor es quien merece alabanzas, no el indigno elemento humano.
El paso del tiempo ha definido la temática del blog como un lugar de reflexión sobre la preparación para el glorioso regreso del Señor y es mi propósito que sea también un lugar para gozarnos en su amor y en la certeza de la salvación, que hallarán feliz culminación el día de su venida.
Comparto esta cita con ustedes: "Por largo tiempo hemos aguardado el retorno de nuestro Salvador. Sin embargo, su promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido. Allí Jesús nos conducirá junto a la corriente viva que fluye del trono de Dios, y nos explicará las oscuras providencias por las cuales nos condujo en esta tierra a fin de perfeccionar nuestros caracteres. Allí contemplaremos, con clara visión, las hermosuras del Edén restaurado. Arrojando a los pies de nuestro Redentor las coronas que él habrá puesto sobre nuestras cabezas, y pulsando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con alabanzas a Aquel que se sienta en el trono". ¡Maranata: El Señor Viene! pag. 309
Hasta que llegue ese día debemos tener presente a cada paso que en nuestras vidas hay muchas deficiencias, aristas inacabadas y costados ásperos que deben ser pulidos por el Orfebre Celestial para engarzarnos como joyas de su corona.
Hay en mí (y considero que entre el pueblo de Dios también), mucho orgullo, egoísmo, suficiencia propia y amor por lo terrenal que debe ser lavado en la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Somos Laodicea, a que negarlo; pero debemos dejar de vivir en la tibieza y ser ardientes en nuestra vida y nuestro testimonio. Se lo debemos.
Pero la buena noticia es que a pesar de nuestras fallas e incredulidad, el perseverante amor del Señor conseguirá su propósito redentor en nuestras vidas. Ha empeñado el honor de su nombre en ello. Nadie que de veras lo desee dejará de alcanzar la salvación. De ello y de ninguna otra cosa quiero escribir en esta página; dudo que me alcancen ni el tiempo ni la capacidad para hacerlo.
No necesitamos sin embargo esperar a llegar al cielo para tributarle adoración. Alabemos hoy gozosamente al Creador y Redentor de nuestras vidas.
"Que se escriba esto para las generaciones futuras, y que el pueblo que será creado alabe al Señor". Salmos 102:18 NVI

martes, 2 de febrero de 2010

EL DEFECTO DE JOSÉ

"La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre... Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma". Proverbios 29:15,17
José es uno de los dos personajes sobresalientes de la Biblia a quienes no se les menciona ningún pecado o falta, (el otro es Daniel). Fue un joven  fiel, virtuoso, inteligente y capaz; a lo que hay que agregar que no mostró resentimiento hacia sus hermanos que lo habían vendido como esclavo.
¿Por qué entonces el título?
En el relato bíblico que aparece en Génesis 37 puede verse que Jacob consentía a José por sobre sus demás hijos, que llegaron a odiar a su hermanito menor.  En ese hogar no reinaba la paz. Siempre hubo competencia entre las cuatro mujeres de Jacob y esto se trasladó a la conducta de sus 10 hijos restantes que eran de genio belicoso y arrebatado; a veces hasta fueron sanguinarios y brutales.
El siguiente comentario muestra que los mimos y privilegios que le había otorgado su padre estaban arruinando su carácter y precipitando la tragedia que sufriría a manos de sus hermanos: "José y sus amos iban en camino a Egipto... Solo y sin amigos, ¿cuál sería su suerte en la extraña tierra adonde iba? Durante algún tiempo José se entregó al terror y al dolor sin poder dominarse... Pero, en la providencia de Dios, aun esto había de ser una bendición para él. Aprendió en pocas horas, lo que de otra manera le hubiera requerido muchos años. Por fuerte y tierno que hubiera sido el cariño de su padre, le había hecho daño por su parcialidad y complacencia. Aquella preferencia poco juiciosa había enfurecido a sus hermanos, y los había inducido a llevar a cabo el cruel acto que lo alejaba ahora de su hogar. Sus efectos se manifestaban también en su propio carácter. En él se habían fomentado defectos que ahora debía corregir. Estaba comenzando a confiar en sí mismo y a ser exigente. Acostumbrado al tierno cuidado de su padre, no se sintió preparado para afrontar las dificultades que surgían ante él en la amarga y desamparada vida de extranjero y esclavo". Patriarcas y Profetas Pág. 213
¿Cómo va la educación de nuestros hijos?
Debemos amar a nuestros vástagos. Pero el amor no es suficiente y a veces puede ser perjudicial.
Hay varios ejemplos en la Biblia de padres justos pero débiles, que fueron responsables del desastre espiritual de sus hijos.
  • En primer lugar está Jacob, que daba preferencia a José entre sus hijos, como se menciona en la cita anterior.
  • Luego aparece el caso del complaciente Aarón que vio perecer a sus hijos por no afirmar en ellos hábitos de reverencia y temperancia. (Ver Levítico 10:1-10)
  • Finalmente Elí el sacerdote que no intervino para disciplinar a sus profanos hijos que desprestigiaban el sacerdocio. El Señor lo reprendió diciendo: "has honrado a tus hijos más que a mí" 1º Samuel 2:29
No debe faltar en esta lista el pueblo que fue destruido por Dios a causa de su impiedad. Los padres fueron directamente responsables de la suerte de sus hijos según se desprende de este pasaje: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso". Ezequiel 16:49
Muchos son dominados por el equivocado sentimiento de que "sus hijos no deben sufrir lo que ellos sufrieron ni les debe faltar lo que ellos no obtuvieron". Otros actúan bajo el complejo de culpa y quieren inútilmente reemplazar el tiempo que no les dedican con cosas materiales. Y otros finalmente creen que sus hijos cumplirán sus fantasías sin reparar en que no son extensiones de ellos mismos.
Los hijos son hábiles para percibir nuestros defectos de carácter y se aprovechan instintivamente de ellos.
Recuerdo años atrás, a una madre que retiraba a su niño de 5 años del preescolar. El niño hizo un berrinche y arrojó su corbatita a la zanja, en tanto que la madre protestaba débilmente: -"¡Ay, no se qué hacer con mi hijo!". (Todos los allí presentes ardíamos con el deseo de darle la unánime sugerencia de una buena paliza).
Este mismo clamor lo escucho cada vez con mayor frecuencia en mi tarea escolar. Y si los padres ya se rindieron, ¿quedan dudas de quién reina en la casa?
Los que creemos en Jesús debemos vigilar especialmente el carácter de nuestros hijos, que es su posesión más preciada y es de valor supremo para el cielo. No debemos permitir que lleguen a desarrollar un carácter profano, egoísta y mezquino.
Precisan de nosotros lecciones de abnegación y dominio propio, de piedad y de laboriosidad; las necesitan más que toda lección del colegio y con más urgencia que lecciones de inglés o música o cualquier otra cosa.
Eso no significa que debemos convertirnos en tiranos demandantes. Debe tenerse en cuenta la edad, el temperamento y la capacidad de cada uno, para que lo que requiramos de ellos no los desaliente. Pero la disciplina a su tiempo, la reprensión conveniente y nuestro ejemplo constante pueden salvar sus almas. El esfuerzo, cualquiera que sea, bien vale la pena.
El oportuno consejo inspirado nos recuerda: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor". Efesios 6:4
En el caso de José, sus defectos fueron enmendados por las circunstancias dirigidas por la Providencia. Donde fallaron sus padres (¡no nos demos ese lujo!), Dios triunfó.
Recordemos que el Señor ama a nuestros hijos más que nosotros mismos y hagamos de él nuestro Poderoso y Fiel aliado en su educación para el presente y para la eternidad.

lunes, 1 de febrero de 2010

UN DÍA SANTO

Recuerdo la tremenda impresión recibida en mi niñez, de mi visita a la catedral de Colonia en Alemania. Nos mostraron en ese imponente lugar unas urnas que según nos dijeron, contenían "los huesos de los tres reyes magos".
Sea cierto o no, acudían allí miles de personas para venerar esas reliquias. Lo mismo hacen otras personas en otros tantos lugares que consideran santos; no solamente entre los cristianos sino prácticamente en todas las religiones.
Le resulta facil al ser humano rendirle culto a las cosas visibles, no importa cuales sean.
Un caso mencionado en la Biblia confirma lo antes dicho. Dios le había dicho a Moisés que hiciera una serpiente de bronce para que todos los que la miraran con fe en el poder divino pudieran ser curados de las serpientes ardientes que los acosaban (ver Números 21:4-9).
Pero este símbolo físico que señalaba hacia la muerte de Cristo en la cruz fue tergiversado y se convirtió en objeto de culto en época del rey Ezequías, que: "hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán (cosa de bronce)". 2 Reyes 18:4
Por esta razón Dios levantó un santuario fuera de lo físico y lo ancló en el tiempo. Eligió un día, el sábado, para evitar en parte las confusiones que inevitablemente suceden cuando el hombre irregenerado entra en contacto con la Divinidad.
En las dos entradas anteriores comentamos el conflicto entre Jesús y los rabinos por la observancia del sábado, cuando sus discípulos arrancaron espigas de trigo y las comieron.
Él asumió su defensa con estas palabras: "Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí". Mateo 12:3-6
El pasaje plantea al menos dos puntos conflictivos y un tercero de sumo interés.
1- Cosas santas: Los panes que cada semana se colocaban dentro del Santuario eran una ofrenda especial que debía ser comida solo por los sacerdotes. Dios mismo lo había indicado. Su propósito inmediato era que Israel recordara a quién debían su sustento y apuntaba en definitiva a Cristo como el "pan de vida"
Pero estos panes consagrados no tenían santidad inherente. No eran santos per se. Únicamente eran santos por su función, como sucede también con nuestros templos, sus muebles y dependencias y con cualesquiera otros objetos o lugares de culto. Dios es santo y su presencia es la que santifica. El encuentro con el Señor es lo que hace santo al sábado. Sin él es un día cualquiera de la semana.
2- Actividades santas: Los sacerdotes tenían un ritual más recargado los sábados que los otros días. No se les imputaba pecado por ello. Igualmente los que trabajan en el servicio del Señor pueden en ese día hacer lo necesario para cumplir el servicio de culto o para ayudar al doliente, al necesitado, al enfermo, o cualquier otro caso grave. No son esclavos del día que el Creador diseñó para la felicidad de sus criaturas. El principio es muy claro: "Es lícito hacer bien en sábado".
3- Mayor que el Templo: Algunos concluyen apresuradamente que al defender a sus discípulos, el Señor le restaba importancia al mandamiento del día de reposo. Lejos de hacer esto, estableció un orden de prioridades para acabar con la controversia. La justicia de Cristo por la fe es lo único que nos habilita para vida eterna. Esa justicia que obra por la fe lleva invariablemente a la obediencia a sus mandamientos, de otra manera es puro palabrerío. Pero las cosas en orden: primero Jesús y luego el templo. El Señor es mayor que sus requerimientos y nadie tiene derecho a oprimir a otro con ellos. La obediencia a la ley debe ser el resultado gozoso y lógico de haber probado la benignidad del Señor.
Digamos hoy con el salmista: "!Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación!" Salmos 119:97

VERDADERO REPOSO

Continuando la entrada anterior, permítanme relatar una anécdota personal que me perturbó por mucho tiempo.
Tuve en la época en que hacía mis prácticas docentes, una maestra que no aceptaba mis planes de clase; a todos les encontraba defectos, que resultaban ser generalmente pequeños detalles. No había manera de complacerla porque simplemente no deseaba tener practicantes en su aula y me consideraba un estorbo. No le importaba cómo diera mis clases sino como las formulaba (¡y a ella le aprobaban los suyos con errores de ortografía!).
A la distancia y con algo más de experiencia, puedo notar que aquellas "faltas" no eran algo que tuviera que ver en realidad con el proceso de enseñanza, sino puras formalidades.
Por causa del pecado, el ser humano se ha vuelto experto en encontrar faltas en los demás (sin advertir las propias), en tergiversar lo bueno y en glorificar los detalles por encima de los principios.
En cuanto la observancia del sábado en los días de Cristo sucedía exactamente lo mismo. 
Los dirigentes israelitas vigilaban los pasos de Jesús para encontrarle algún error para poder condenarle. En su manera de observar el sábado creyeron encontrar una fisura por donde arremeter con sus acusaciones.
El texto bíblico dice:
"Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban;  cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?"  Marcos 2:23-26
Y agregó "¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo". mateo 12:2-8
Una de las cosas que más réditos le ha dado a Satanás ha sido enredar a los cristianos en discusiones y controversias bizantinas sobre puntos de doctrina, para destrucción de las almas y vergüenza de la iglesia.
Generalmente, las contiendas de este tipo se eternizan, porque el orgullo levanta su fea cabeza y entonces lo único que al final importa es ganar la discusión, caiga quien caiga, sin reparar en las heridas que causamos.
El Salvador concluyó su defensa de los criticados discípulos con el reproche hacia la falta de misericordia de los fariseos.
El apóstol Pablo da un consejo acerca otra controversia de sus días, que puede ser aplicado al tema que nos ocupa:
"Porque si por causa de la comida (o cualquier otro punto en disputa) tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió". Romanos 14:15 BLA
Repito: nada hay más ajeno a la ley ni más revelador del espíritu del Adversario de las almas, que condenar al prójimo con dureza, apartándose del principio del amor y del propósito de restaurar al descarriado.
Eviten los cristianos entrar en disputas acerca del día de reposo con ese espíritu. No necesitamos probar nuestro punto. Jesús nunca argumentaba y no debemos hacerlo nosotros; simplemente debemos dejar, como él lo hacía, que la Escritura revele la verdad.
El amor y la unidad de los hijos de Dios son más importantes que nuestro punto de vista particular. El amor no promueve contiendas ni se goza en humillar a los adversarios. El mal genio y la intolerancia no hacen otra cosa que traer oprobio a la causa de Dios.
El resultado de estas actitudes farisaicas es evidente en la historia. Del extremo del celo exagerado y formal en guardar el sábado, se pasó al extremo contrario para considerar este día como algo legalista y viciado, que debía ser abolido.
Queda claro, no obstante, que al dar el mandamiento del día sábado (o cualquier otro) Dios no se proponía convertirlo en una carga pesada para los seres humanos. Eso no forma parte de su carácter o de sus propósitos. Él "no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres." Lamentaciones 3:33
Fue obra del hombre pecador, dirigido por el enemigo, tergiversar los fines de un claro mandamiento que era para bendición y convertirlo en una maldición, una observancia gravosa y sin sentido.
El verdadero reposo se encuentra al descansar de nuestros pecados y nuestras inútiles obras sin fe solo en Cristo y nunca fuera de él.  El sábado es un medio para lograr esto y no un fin en si mismo.
Su propósito inicial fue construir un puente de relación continua con el Infinito. Su propósito en los días de Israel incluía también recordarles la liberación de Egipto y a mirar por fe la liberación futura y final. A los que vivimos en el tiempo del fin se nos llama por tanto a adorar en su día "a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas". Apocalipsis 14:7
Nos toca a nosotros restaurar lo caído y recuperar sus propósitos, como afirma Isaías:
"Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado". Isaías 58:12-14
Concluiremos con el tema en otra entrada.

martes, 26 de enero de 2010

SEÑOR DEL SÁBADO

Tenía alrededor de quince años cuando comencé a ayudar a mi padre en la sección de venta de repuestos para automotor. Me indicaba el nombre de alguno, su marca y medida y yo debía buscarlo entre desordenadas y confusas pilas en los estantes.
Para mi desgracia, tardaba siglos en encontrar lo que me pedía (si es que lo hallaba), en tanto él iba directamente a un lugar y con un triunfal movimiento del brazo lo exhibía ante mis narices.
Tiempo después de su muerte, llegó Osvaldo a poner fin a mis penas. Con mucha prolijidad y paciencia de monje, nuestro nuevo dependiente ordenó por clases, marcas, medidas y modelos todo lo que había en ese maremágnum de metal y plástico y puso un rótulo debajo de cada uno.
En medio de la confusión y los engaños orquestados por Satanás en los últimos días, el Señor también puso rótulos que permiten identificar la verdad sin error ni pérdida de tiempo.
Esto es cierto especialmente respecto del sábado. Es una clara enseñanza divina que se encuentra en el corazón de los Diez Mandamientos y sin embargo no existe otra doctrina de la Palabra de Dios tan resistida, que sea objeto de mayores controversias, argumentaciones, acusaciones y aun de odio violento.
Se tacha a los guardadores del sábado de engañados, de ser engañadores, de ser literalistas, de fundamentalismo, de legalismo, de fariseísmo o fanatismo, de estrechez de mente, de haraganería, etc.
Casi cada persona que se opone a la vigencia del cuarto mandamiento tiene razones "definitivas" para rechazarlo aunque muy pocas de estas razones concuerdan entre sí. ¿A qué se debe esto?
Ya en los tiempos del ministerio público de Jesús, éste tuvo que enfrentar el mismo espíritu de oposición, aunque por motivos diferentes a los invocados en la actualidad. No se hallaba en cuestión su observancia sino la forma de hacerlo.
"Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos". Lucas 6:1
Era legal en aquellos tiempos que los pobres y hambrientos pudieran tomar algo de los sembrados para su sustento. No había nada de malo en su conducta, pero el problema surgió por que lo hacían en sábado. En la estrecha mente de los que se decían defensores de la ley, el arrancar y restregar eran sinónimo de segar y trillar. Lo que hacían los discípulos era "trabajo".
Su interpretación de la ley se volvió superior a la ley misma y a su espíritu. Convirtieron un día de descanso en un espacio de 24 horas plagados de restricciones de su propia invención.
La intervención de Cristo en favor de sus discípulos es reveladora en cuanto a cómo considera Dios ese día: "Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo". mateo 12:2-8
"También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo". Marcos 2:27
Extraigo del texto cinco principios respecto del sábado:
  1. Los panes de la proposición - Nada es santo por si mismo y en si mismo; solo Dios es santo y santificador de lo que se halla en su presencia. No debemos caer en el error de que por el mero hecho de guardar el sábado tenemos algún mérito o bendición especial. No se trata del día sino del objeto del día.
  2. Los sacerdotes trabajaban el sábado - Hay excepciones al descanso sabático delimitados ya sea por una apremiante necesidad humana o por el servicio debido al Señor. Es lícito, dijo él, hacer el bien el sábado.
  3. No condenar a los inocentes - Principio de misericordia escaso en los tiempos de Cristo y en los nuestros. Nada hay más ajeno a la ley ni más revelador del espíritu del Adversario de las almas, que condenar al prójimo con dureza, apartándose del amor y del propósito de restaurar al descarriado.
  4. Señor del día de reposo - Jesús proclamó la soberanía divina sobre este día. Le pertenece. En las formulaciones de los 10 Mandamientos dados en la Biblia se dan dos razones para su observancia:
      • Es un recordatorio de la creación (Éxodo 20)
      • Es un anticipo de la liberación del pecado (Deuteronomio 5)
  5. Hecho por causa del hombre - Como todo lo que hace el Señor, tiene un objetivo espiritual y un propósito práctico. Ni Adán y Eva ni mucho menos Dios se hallaban cansados en el sexto día de la creación, no obstante les ordenó descansar como ejemplo para las generaciones venideras.
Iré desarrollando los cinco principios mencionados en sentido inverso en esta y las siguientes entradas:
Hecho por causa del hombre: Si en el estado edénico el ser humano necesitaba reposo, ¡cuánto más se lo necesita hoy! El pecado, la culpa, la inseguridad, el miedo, el estrés y muchos otros males minan nuestras energías y nos hacen perder nuestra paz y nuestra relación con Dios.
También se constituye en reposo para nuestra natural tendencia a obrar nuestra propia salvación, para que podamos descansar con la fe puesta en la seguridad de su amor y en su perdón.
En el albor de los tiempos, cuando no existían judíos, griegos, americanos o europeos (recuerden, fue por causa del hombre), que Dios, previendo las necesidades de sus criaturas, puso sobre un día a la semana su bendición y lo santificó (Génesis 2:1-3).
Nadie sabe por qué, pero la fisiología humana funciona en ciclos de 7 días. Vanos fueron los intentos de remplazar el ciclo hebdomadario (semanal) por parte de la Francia atea de la Revolución Francesa o los bolcheviques rusos. Fuimos diseñados para seis días de trabajo y uno de descanso. Tanto es así que en las diferentes culturas existen diferentes calendarios y formas de medir el tiempo, pero en todas, incluso en las no cristianas, existe la semana de siete días.
El sábado es un día de bendición. Dios lo bendijo. Es un día de santificación. Él lo santificó. Es un día de reposo. Lo instituyó con su ejemplo.
¿Por qué un día? Porque así lo dispuso.
¿Por qué ese día? Porque él lo eligió.
No puede ser reemplazado ni menospreciado. No sin peligro de nuestras almas. Si un padre pide a su hijo que le traiga pan, ¿le dará lo mismo que le traiga jabón? De la misma forma, la obediencia a sus mandamientos se constituye en prueba de amor y lealtad al Señor (ver Juan 14:15).
Necesitamos ese día. Necesitamos Su día. Lo diseño para nosotros, para nuestro bienestar y felicidad; bueno en gran manera (Génesis 1:31), como todo lo que nuestro maravilloso Creador hace.
Pero no es un día de descanso simplemente. Su propósito último, desde  la creación hasta hoy es que entremos en intima comunión con Él durante sus horas; comunión que se interrumpió un triste día en el Edén cuando "oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día" buscando su compañía (Génesis 3:8).
Señor del día de reposo: Jesús se autoproclamó Señor del sábado como reafirmación de su divinidad, lo que ofendió terriblemente a sus opositores. No ha dejado de serlo. A él le pertenecen la lealtad y la honra y la gloria por todos los siglos. Como Dios no cambia, sus propósitos para los seres humanos tampoco han cambiado y el espera bendecirnos en ese espacio de tiempo que apartó.
Si consideramos el asunto con sinceridad de corazón, es una cuestión de pertenencia. Somos suyos por creación y por redención. Cristo pagó con su sangre el derecho de posesión que locamente vendimos a Satanás. Al apartar el sábado para la adoración al Creador y Redentor de nuestras almas, mostramos al mundo (y a nosotros mismos) a quién pertenecemos.
Recuperemos ese día. Nos hace falta.