miércoles, 1 de febrero de 2012

CRISTO, NUESTRO AUXILIADOR Y REDENTOR

"Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos" (Romanos 5: 19).
Adán y Eva fueron colocados en el Edén en circunstancias extremadamente favorables... Estaban sin la condenación del pecado. La luz de Dios y de los ángeles estaba con ellos y los rodeaba. El Autor de su existencia era su maestro. Pero cayeron bajo el poder y las tentaciones del artero enemigo. Durante cuatro mil años Satanás estuvo obrando contra el gobierno de Dios y obtuvo fortaleza y experiencia gracias a su constante actividad en este sentido. Los hombres caídos no tenían las ventajas de Adán en el Edén. Habían estado separados de Dios durante cuatro mil años. La sabiduría para comprender y el poder para resistir las tentaciones de Satanás habían disminuido más y más, al punto que éste parecía reinar triunfante sobre la tierra. El apetito y la pasión, el amor del mundo y pecados temerarios eran las grandes ramas del mal, de las cuales crecían toda suerte de crímenes, violencias y corrupción.
Puesto que el hombre caído no podía vencer a Satanás con su fortaleza humana, vino Cristo de las reales cortes del cielo para ayudarlo con su fortaleza humana y divina combinadas. Cristo sabía que Adán en el Edén, con sus excelentes ventajas, podía haber resistido la tentación de Satanás y podía haber vencido. Sabía también que no era posible que el hombre, fuera del Edén, separado de la luz y del amor de Dios, desde la caída, resistiera con su propia fuerza las tentaciones de Satanás. A fin de proporcionar esperanza al hombre y salvarlo de su completa ruina, se humilló a sí mismo al tomar la naturaleza humana, para que, con su poder divino combinado con el humano, pudiera alcanzar al hombre donde éste está. Obtuvo para los caídos hijos e hijas de Adán aquella fortaleza que, es imposible que logren por sí mismos, para que en el nombre de Cristo puedan vencer las tentaciones de Satanás. 
Nuestra vida puede parecer enredada, pero al confiarnos al... Maestro, él desentrañará el modelo de vida y carácter que sea para su propia gloria. Y ese carácter que expresa la gloria -o carácter- de Cristo, será recibido en el Paraíso de Dios...
Todo el que cumpla por fe los mandamientos de Dios, alcanzará el estado de impecabilidad en que vivía Adán antes de la caída.
Tomado del libro "¡Maranata: El Señor Viene!" Página 222

martes, 31 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA II

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Mateo 16:16-19
La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo dio paso a una contundente declaración del Señor sobre la iglesia 
¿Qué significan estos dichos de Jesús?
Buscando reafirmar la fe de los discípulos, Jesús les pregunta la opinión de los demás sobre él, pasando luego a inquirir lo que ellos mismos pensaban de su Maestro. Entonces Pedro -bajo inspiración divina-, confiesa su convicción de que él es el Mesías prometido. Cristo, ante tal respuesta, hace cinco afirmaciones:
  • Tú eres Pedro. Su nuevo nombre representa una nueva experiencia, un nuevo comienzo y una nueva posición. Para ser parte de la iglesia, todo creyente necesita nacer de nuevo por obra del Espíritu, dejando de ser un pecador condenado para ser un hijo de Dios con pleno derecho al cielo.
  • Sobre esta roca edificaré mi iglesia ¿Cuál es la roca? Si la roca fuera Pedro, la iglesia estaría fundamentada sobre un hombre, pero la Biblia dice que “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” 1ª Corintios 3:11. El cimiento de la iglesia es Cristo mismo y los hombres entran a ella cuando ejercen fe en su Maestro, Pastor y Salvador.
  • Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Nos proporciona la dulce seguridad de que la iglesia triunfaría al fin en su conflicto secular contra el mal.
  • A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Esta declaración se complementa con Mateo 18:18-20, en la que Jesús les concede idénticos privilegios a todos los demás discípulos y a todos los creyentes. Su iglesia reunida es la que ostenta ese poder que le ha sido delegado por Dios mismo. Este es un asunto que no debe desdeñarse.
  • Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielo. Los creyentes son representantes del que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra; por lo tanto corresponde a la iglesia amar, adoctrinar, cuidar, apoyar, adiestrar, recibir y/o desfraternizar a sus miembros.
Vimos en la entrada anterior que nunca fue el propósito de Dios que hubiera tantas denominaciones religiosas. Existe un único Pastor, un rebaño y un redil tal como se ve en el cuadro:
Cristo el 
fundamento
La iglesia en los cielos y la tierra existe por Cristo, está asentada en Cristo y depende de Cristo.
1ª Corintios 3:11
Efesios 2:19,20
2ª Timoteo 2:19
El redil  de las ovejas
Representa la iglesia a nivel mundial, organizada para su misión.
Mateo 16:18,19; 18:18-20
El rebaño
Representa al pueblo de Dios tanto
dentro como fuera de la iglesia
Apocalipsis 14:6-12
Mateo 24:14
Efesios 3:10,11

En consecuencia, también hay una única verdad, basada en las Escrituras. Todo lo demás es falsificación.
La incredulidad, la tibieza, la división, las falsas enseñanzas, la enemistad y la apostasía dentro de la iglesia son obra del enemigo, que como ladrón, ha entrado por otro lugar que no es la puerta. Triste es decir que a lo largo de la historia muchos, mal llamados cristanos, han colaborado con Satanás en esa terrible obra, ayudando a que millones se extraviaran y se perdieran. Otros, abandonado su puesto de combate y amando más el mundo, han cedido a sus presiones y perdido su fe en la verdad.
Estos son los asalariados de la alegoría de Juan 10: “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (vers. 12,13).
Jesús se presenta a sí mismo como el buen Pastor. En el contexto actual de adormecimiento, apostasia e incredulidad en que se encuentra su rebaño, es bueno repasar cual es el significado de la iglesia.
No fue llamada para juntarse alguna vez cada tanto en un buen templo, escuchar un buen sermón y cantar, para luego irse a sus casas a seguir sus vidas tal como los demás. Existe para representar el carácter de Dios, para demostrar el poder de Cristo para salvar y para evidenciar en sus vidas la operación del Espíritu Santo al renovar el alma. Tiene que vindicar la justicia divina ante todo el universo creado; ángeles y hombres, santos y pecadores.
Además es su colaboradora en la gran misión de redención. Le corresponde a la iglesia ser la voz divina que llama al arrepentimiento, el subpastor que busca la oveja extraviada y la trae de vuelta al verdadero rebaño, como está escrito: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (vers. 16).
Ante estas afirmaciones de Jesús, “le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho” (vers. 24-26).
Los que rechazan el mensaje de la verdad por incredulidad no son de sus ovejas. Pero para los que escuchan su voz, se dejó registrada esta maravillosa promesa: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (vers. 27-29).
Cristiano: nadie puede arrebatarte de las manos del único, verdadero y buen Pastor.
Gózate en esa maravillosa certeza.

lunes, 30 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” Apocalipsis 14:12.
Después de haber sanado a un ciego de nacimiento, Jesús presenta su alegoría del buen pastor. En el capítulo 10 de Juan, se desarrolla una sólida teología de la iglesia que haríamos bien en considerar.
Habiendo centenares de grupos religiosos cristianos, algunos dudan acerca de cual es la iglesia verdadera. Otros más sostienen que no importa pertenecer a una iglesia en particular, pues “todas llevan a Dios”. Un creciente número duda incluso de la necesidad de que exista una iglesia, y afirman que las denominaciones cristianas están solo para sacar dinero y dominar a la gente.
¿Qué dice la Biblia? y aún más importante ¿que afirmó Jesús mismo? Comenzó su discurso diciendo que hay un solo redil, un solo rebaño verdadero y un solo pastor. También hay una sola puerta de entrada, y quien no entre por ella es un “delincuente espiritual”.
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (vers.1-4 ).
Veamos ahora quienes son y que significan los personajes de esta alegoría:
Personajes
Características
Significado y función
El pastor
Cristo (vers. 11)
Es el fundamento de la iglesia,
su puerta de entrada y su pastor.
El portero
Los líderes de la iglesia
Conducen a la puerta (Cristo)
Las ovejas
Los creyentes
Obedecen y siguen al pastor,
conocen su voz.
El ladrón
Falsos pastores
Viene para hurtar, matar y destruir
El asalariado
Falsos creyentes
No le importan las ovejas,
huye del peligro.
El lobo
Satanás
Arrebata las ovejas.
Así puestos todos ellos, vemos que dentro de la iglesia coexisten buenos y malos, verdaderos y falsos juntamente. Hay trigo y cizaña, peces buenos y peces malos, ovejas y cabritos; todos mezclados hasta el fin del tiempo.
El Señor proclamó “Yo soy la puerta de las ovejas” (vers. 7). Únicamente Jesús es camino y la entrada al reino de los cielos. No hay lugar aquí para el relativismo, el universalismo o el ecumenismo. Es una verdad meridianamente presentada en las Escrituras que solamente hay salvación en Cristo. No hay otro medio (ver Hechos 4:12); no hay otra forma de alcanzar la vida eterna sino por fe en los méritos de su gracia.
¿Y quienes son las ovejas? Las que conocen al pastor y le siguen (obedecen).
El hecho de que exista un pastor y un rebaño implica que hay una iglesia verdadera que sigue al verdadero Pastor.
Además, el mensaje confirma que hay otros que están interesados en las ovejas pero con malos propósitos: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (vers. 8-10). Tengamos cuidado de no caer en las manos de ladrones, porque su fruto, en vez de vida abundante, es desolación y muerte.
Así como las ovejas no andan dispersas sino en rebaño, no hay cristianos que anden aparte de su iglesia. Unirse a Cristo es unirse a su iglesia: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. ” (Hechos 2:47).
La iglesia no puede salvar a nadie, pero nadie será salvo si no está dentro del redil que es su verdadera iglesia en la tierra. Vale aquí puntualizar que no todos los que se sientan en los bancos de la iglesia son ovejas, ni todas las ovejas están ya dentro del redil.
Porque no todos los que están son, ni todos los que son están.
Esto lo veremos más adelante, al considerar el significado y la misión de la iglesia.
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas... Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (vers. 11,14).
Por ahora nos toca asegurarnos de ser ovejas y de estar siguiendo al verdadero pastor. El que oye la voz del buen Pastor le obedecerá. Esta es la primera y fundamental condición. “Si me amáis, guardad mis mandamientos” Juan 14:15
La consecuencia de haber sido rescatado del pecado -no el método de salvación-, es la obediencia a los mandamientos. Obediencia que es fruto del Espíritu morando en el creyente. Obediencia voluntaria, gozosa y llena de amor hacia Aquel que dio su vida por nosotros. Quien de veras cree y sigue a Jesús, guardará por la fe todos sus mandamientos.
¿Estás oyendo la voz del verdadero Pastor o estás siguiendo otras voces? Este es un asunto muy serio que afectará nuestra salvación y vida eterna.
Continuaremos en la siguiente entrada.

sábado, 28 de enero de 2012

CONTAGIA

Donde haya dudas, contagia tu fe
Donde haya fracaso, ¡redobla tu fe!
Donde haya flaqueza, contagia energía.
Donde haya tristeza, regala alegría.

Donde haya apostasía, muestra tu fervor.
Donde haya cobardía, siembra tu valor.
Donde haya enojo, contagia el perdón.
Donde haya gran pena, da tu corazón.

Traza bien la línea entre el bien y el mal,
apártate del mundo y de lo terrenal.
Contagia a los hombres de tu decisión,
Muéstrate constante en tu vocación.

Contagia la dulzura del amor de Jesús.
No temas para nada el llevar su cruz.
Exhala cual perfume tu consagración.
Que puedan ver todos tu fiel devoción.

Contagia la esperanza de verle volver,
anuncia por doquiera que le has de ver.
Contagia a tus hermanos de tu lealtad.
¡Que pueda ver el cielo tu fidelidad!

Willy Grossklaus

jueves, 26 de enero de 2012

DESVALORIZACIÓN DE LA PALABRA

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino... El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia”. Salmos 15:1-4
Cuando vivían mis abuelos, la palabra empeñada era de más valor que un documento firmado. En la época de mis padres, la palabra era garantía de buenas intenciones. Hoy en día, cuando alguien dice o promete algo, casi con seguridad es señal de que piensa hacer todo lo contrario.
Asistimos a una verdadera desvalorización de la palabra. Las promesas, los compromisos, los pactos, los acuerdos y los juramentos están para romperse. Se hacen o se dicen para escapar de alguna situación incómoda o para “quedar bien” ante los demás, pero sin la intención de cumplirlos a rajatabla.
Los testigos ante el jurado, los novios ante el altar, los socios comerciales; todos juran decir la verdad y cumplir o mantener su palabra, pero... ¡con cuanta frecuencia estos vínculos sellados verbalmente se hacen añicos sin el menor remordimiento!
Se miente, se falsea y se incumple deliberadamente. Incluso el aviso previo de que alguien no podrá cumplir con su palabra es algo que va quedando en el pasado.
Felizmente, hay excepciones. Grandes, sorprendentes y maravillosas excepciones. Conozco personas que son incapaces de mentir o de prometer algo que no puedan cumplir. Todavía hay algunos de entre mis amistades que no desvalorizan lo que sale de sus labios. Son pocos, pero buenos.
Quisiera decir que todos ellos son cristianos; pero faltaría a la verdad. Muchos que no comparten mi fe son más veraces que aquellos que han tomado el nombre de Jesús para sí. 
Esto es verdaderamente trágico. Los cristianos deberíamos ser conocidos por nuestra sinceridad, porque el Señor enseñó: “sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37).
Agrego a lo dicho algunos consejos bíblicos:
  • “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. Mateo 12:36,37
  • “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. Eclesiastés 5:4,5
  • “Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, si has empeñado tu palabra a un extraño, te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios”. Proverbios 6:1,2
Y no escribí todo lo anterior porque sea un viejo anticuado, de aquellos que piensan que “todo tiempo pasado fue mejor”.
No, creo que la desvalorización de la palabra responde a algo más amplio que a la descomposición y el rebajamiento de la sociedad (que se evidencian por si mismos). Entiendo que este mal es parte del plan satánico destinado a oscurecer la verdad, socavar la fe y la confianza, y extinguir el amor fraternal.
Si, como afirman algunos, cada uno tiene “su verdad”, ¿dónde queda la mentira?
Si todo es relativo, y mentir es una costumbre aceptada en la sociedad, ¿en qué lugar colocaremos las verdades del evangelio? ¿Y las de la Biblia?
Si no podemos confiar en la palabra de los ministros religiosos, o en la de nuestros hermanos, ¿en quién confiaremos? ¿Son todos unos falsarios?
Cuando Jesús se presenta a sí mismo en el Apocalipsis se lo llama “el testigo fiel y verdadero” (Apocalipsis 1:5 ; 3:14). Él es la palabra encarnada, el LOGOS viviente, que no puede mentir, porque en su boca no hay engaño (Isaías 53:9).
Sus fieles también deberían ser conocidos por esta característica. La iglesia del Dios viviente no puede tener ninguna comunión con lo que procede de Satanás, el padre de la mentira. Debemos ser totalmente veraces, sinceros y fieles, al igual que los discípulos, que cuando hablaban, la gente reconocía que habían estado con Jesús (ver Hechos 4:13). 
El que tiene la verdad en el corazón la tiene también en su boca.
La completa integridad del creyente tiene que alcanzar también a sus palabras si quiere ser contado entre los 144.000, el remanente final; de los cuales se dice: “en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios”. Apocalipsis 14:5
¿Hay verdad en tu boca?