sábado, 13 de noviembre de 2010

EL TRATO DE DIOS CON ISRAEL III

Cuando no podemos ver la mano de Dios en medio de las desgracias y males de este mundo, cuando la violencia y la maldad alcanzan nuevos límites, cuando parece que el Señor abandonó la escena en manos de los demonios y todo está mal; es entonces cuando conviene repasar la manera en que él guia a su pueblo. Porque su trato con sus hijos es siempre el mismo y las lecciones de ayer son válidas también para hoy.
En las entradas anteriores consideramos la fidelidad divina y la infidelidad de sus hijos repasadas en el canto de Deuteronomio 32 y los interrogantes que surgen del mismo. Ahora veamos el resto del poema:
"De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador.
Y lo vio Jehová, y se encendió en ira por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.
Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin;
porque son una generación perversa, hijos infieles.
Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos;
Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo,
los provocaré a ira con una nación insensata.
Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol...
Yo había dicho que los esparciría lejos, que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,
De no haber temido la provocación del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios,
No sea que digan: Nuestra mano poderosa ha hecho todo esto, y no Jehová.
Porque son nación privada de consejos, y no hay en ellos entendimiento.
¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera!
¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil,
Si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado?
Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello jueces...
Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá,
Cuando viere que la fuerza pereció, y que no queda ni siervo ni libre. Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano...
Alabad, naciones, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y tomará venganza de sus enemigos, y hará expiación por la tierra de su pueblo".
Deuteronomio 31:18-43
Nos quedan aún dos preguntas sin responder:
  • ¿Dios procede con ánimo vengativo?
  • ¿Qué significa que "esconde su rostro" de nosotros?
El Señor es diferente del ser humano pecador. A nosotros nos encanta decir frases como: -"te lo dije"- ; o -"tu te la buscaste, ahora aguanta las consecuencias"-.
Pero Dios, que nos ama con un amor imposible de expresar con palabras, no quiere la ruina y la destrucción de aquellos por los que pagó tan alto precio en la sangre de Cristo Jesús. Anhela que nos volvamos de nuestros malos caminos; diciendo: "¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera!"
No obstante, no permanece impasible ante el mal. Tomará venganza contra él. Solamente que en esas ocasiones vela su presencia para que las tinieblas contrasten claramente con su luz. Con infinita paciencia se "demora" en la retribución para dar lugar al arrepentimiento (ver 2º Pedro 3:9), pareciendo que no actúa, pero vigilando el progreso del mal para ponerle coto. Esto se ve en el clamor de las almas simbólicas bajo el altar en el quinto sello de la profecía del Apocalipsis que "clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos". Apocalipsis 6:10,11
El canto finaliza con la promesa de la intervención sagrada para rescatar a su pueblo y otorgarle nuevamente su gracia. El pecador será redimido pero el pecado no quedará impune.
Alabemos al Señor por su carácter misericordioso y paciente, que no tiene en cuenta nuestras infidelidades, que se halla listo para perdonar, rescatar y otorgar su favor a sus hijos desleales cuando se arrepienten. Ninguna otra cosa puede proporcionar mayor esperanza que tal disposición de nuestro amoroso Padre Celestial.
Prestemos atención a las lecciones de la historia sagrada, los que queremos pasar el Jordán para entrar en la Canaán Celestial: "Vino Moisés y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él y Josué hijo de Nun. Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel; y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley. Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella". Deuteronomio 32:44-47

EL TRATO DE DIOS CON ISRAEL II

No hay en ningún himnario cristiano un himno de esta clase...
Tampoco tendría éxito, no estaría primero en ventas, ni se incluiría jamás alguno que tuviera como tema las flaquezas humanas, la apostasía y la ingratitud de las criaturas con su Creador.
¿Quién cantaría algo así como: "¿Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante?", no les parece?
En un extenso poema que Moisés debía enseñar a los hijos de Israel se revela la manera en que Dios procede con su pueblo. Se evidencian en él, tanto su justicia como su misericordia en la forma en que condujo a su pueblo a través de los tiempos.
"Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca.
Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento;
Como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba;
Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios.
El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud;
Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.
La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, Generación torcida y perversa.
¿Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? El te hizo y te estableció.
Acuérdate de los tiempos antiguos, considera los años de muchas generaciones;
Pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán.
Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres,
Estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.
Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó.
Le halló en tierra de desierto, y en yermo de horrible soledad;
Lo trajo alrededor, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo.
Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos,
Extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas,
Jehová solo le guió, y con él no hubo dios extraño.
Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo,
E hizo que chupase miel de la peña, y aceite del duro pedernal;
Mantequilla de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán;
también machos cabríos, con lo mejor del trigo; y de la sangre de la uva bebiste vino.
Pero engordó Jesurún, y tiró coces (engordaste, te cubriste de grasa);
Entonces abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación.
Le despertaron a celos con los dioses ajenos; lo provocaron a ira con abominaciones.
Sacrificaron a los demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido,
A nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres.
De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador".
  Deuteronomio 32:1-18
Semejante proceder de parte de quienes fueron rescatados de la opresión nos llena de asombro. Pero los cristianos no lo hemos hecho mejor, por lo tanto este cántico es también para nosotros.
En la entrada anterior proponía algunos interrogantes que se levantan al respecto. Veamos los dos primeros.
1- Si Dios sabía que esto iba a suceder, ¿porqué lo permitió?
Con toda claridad se afirma que la obra de Dios es perfecta, y que si algo salió mal "la corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha".
Al ennumerar las acciones divinas y las bendiciones que proporcionó a Israel, el canto deja en claro por medio de vigorosas figuras del lenguaje, el amoroso trato que brinda a los suyos. Nada que pudiese haber hecho en su favor dejó de hacerse.
Pero al mismo tiempo que este canto exculpa al Señor, enfatiza la responsabilidad humana. Aunque Dios es todopoderoso, no anula la libre elección del ser humano.
Permite que sus criaturas reciban las consecuencias de sus propias acciones para que puedan ver por sí mismas los efectos terribles del pecado; aunque siempre se halla cerca para consolarnos y sanar nuestras heridas.
Los israelitas, sin embargo, al verse en prosperidad lo abandonaron, lo menospreciaron y lo reemplazaron por otros dioses. Esto solo puede calificarse como la más negra ingratitud. No, él no es responsable de las elecciones del hombre ni de las consecuencias de éstas.
2- ¿No tiene él suficiente poder para evitar la apostasía de sus hijos?
La respuesta más sencilla es un enfático sí. Pero en los propósitos divinos no está simplemente evitar el mal (podría haberlo hecho eliminando al Diablo), sino dejarlo sin justificación.
Y esto requiere de un aprendizaje. Al igual que una madre que quiere enseñar a su hijo a comer por su cuenta, que permite que se ensucie, tire y desperdicie la comida (cuando le sería más fácil dársela ella misma), Dios permite el avance del mal pero vigila atentamente el proceso.
Satanás acusó a Dios de injusticia (ver Job 1), y este respondió permitiendo al maligno causar dolor a su siervo; no obstante, siempre le puso límites a su accionar. La Biblia nos da la seguridad de que "no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar". 1º Corintios 10:13
Recordemos: "la corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha".

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL TRATO DE DIOS CON ISRAEL I

"El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto. La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, generación torcida y perversa". Deuteronomio 32:4,5
El libro de Deuteronomio me fascina. No es una simple repetición de cosas que están en los libros de Éxodo y Números, sino una recapitulación vibrante de los hechos poderosos de Dios en favor de su pueblo.
Reivindica por un lado la acción del Señor en la historia, su justicia, bondad y perfección, y por el otro pone al descubierto la ingratitud de quienes había rescatado de Egipto. Muestra al mismo tiempo luz y sombra; luz procedente de Dios y sombras de quienes en vez de servirle se apartan de él.
Aparece en este libro en estrecho contacto con su pueblo elegido; dándole a Israel un trato familiar, digno del padre que con amor aconseja y reprende a sus hijos. Quiere que recuerden de dónde salieron y cómo fueron rescatados, pero por sobre todo, sabiendo que se desviarían, les amonesta con firmeza. Recurre a un método muy eficaz para que estas instrucciones permanezcan entre ellos por generaciones, les manda componer un canto con sus advertencias finales:
"Y se apareció Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él; y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí? Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel. Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto. Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que juré darles".
Deuteronomio 31:15-21
El texto citado levanta varias preguntas:
Si Dios sabía... ¿porqué lo permitió?
¿No tiene él suficiente poder para evitar la apostasía de sus hijos?
¿Dios procede con ánimo vengativo?
¿Qué significa que "esconde su rostro" de nosotros?
Abordaremos estas preguntas en las siguientes entradas; pero ahora, un pequeño resumen:
En la presciencia de Dios se anticipa el fracaso de Israel en seguirle luego de su entrada en Canaán. Les llama "generación torcida y perversa" con toda razón. No se trata de que su caída fuera un hecho inevitable, sino de que el Divino Lector del Futuro les presentaba de antemano lo sucedido para que, al hallarse en desgracia, pudieran recapacitar y arrepentirse.
Sus advertencias, aunque duras, tenían una función didáctica y restauradora. Recordar el pasado puede servirnos para alegrarnos, entristecernos o reflexionar. El propósito de Dios era que la lectura de estos pasajes de advertencia volviera sus corazones en sincero arrepentimiento y reforma.
Esto se observa luego en lo hecho por los líderes posteriores como Ezequías, Josías, Daniel o Nehemías, que al ponerse en contacto con las reprensiones de su Palabra guiaron al pueblo a revalidar su pacto con Dios.
El proceder básico del Señor con su pueblo fue (y sigue siendo) el siguiente:
  • Anticipar sus acciones
  • Anticipar la consecuencia de sus acciones
  • Permitir que sufran la consecuencia de sus acciones
  • Intervenir poderosamente para salvarlos
  • Renovar su pacto de gracia con ellos
Como ya expresé, anticipar la conducta de alguien no es determinismo. Que yo sepa de antemano lo que alguien va a hacer y los resultados evidentes de su acción no obliga a la otra persona a realizar buenas o malas acciones.
Muestra solamente que él conoce nuestra naturaleza y las tendencias del corazón. Aunque espera que procedamos bien, sabe que somos inclinados al mal.
Como los faros en la costa del mar iluminan las sombras y ponen al descubierto los obstáculos mortales para los barcos, sus mensajes son mensajes de gracia, no de condenación. La luz de la revelación que muestra las aristas desagradables de nuestro carácter no busca herir sino sanar. Es que por el empecinamiento propio del pecado no recapacitamos hasta que los hechos nos golpean en el rostro.
Al mismo tiempo, el hecho de que permita el sufrimiento no revela un aspecto cruel del Señor. Muy por el contrario, al mostrar los efectos de nuestras elecciones y dejarnos sufrir sus consecuencias, nos dice que está vigilando el proceso para que no seamos destruidos ni caigamos en la desesperación. Por mucho que nos hayamos alejado, se resiste a abandonarnos a nuestra suerte.
Por último, su actitud hacia el pecador es la misma a lo largo de todos los siglos desde que el mal irrumpió en nuestro mundo: "Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos". Oseas 14:4

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿RECIBIMOS LO QUE SEMBRAMOS?

"Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Lucas 23:39-42
En la crucifixión, uno de los ladrones expresó la aguda contradicción que había entre su suerte y la de Jesús. En los dos homicidas se cumplía la justicia; pero en relación al nazareno que ocupaba la cruz del medio, ¿qué sucedía?
Es que el plan de Dios contempla a la vez justicia e injusticia (¿incomprensible, verdad?) ...
Una de las inalterables leyes del universo físico es que cosechamos lo que sembramos. Esto es cierto en el terreno físico y debería serlo también en el terreno espiritual. "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Gálatas 6:7
Como las consecuencias de nuestros actos generalmente regidos por el pecado no suelen ser agradables, la réplica humana a dichos efectos suele ser la desesperación, la ira, la rebelión o cualquier combinación de estas.
Esto se hizo patente en cómo lo manifestó con amargura el primer asesino, al ser confrontado por Dios: "Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado". Génesis 4:13
Admitimos que la mala cosecha debe recibir castigo y la buena debe ser premiada. Eso lo sabe cualquiera. Es lo esperado; lo justo y necesario. Sin embargo, no siempre sucede así...
¿Qué pues si recibimos algo distinto de lo que plantamos? ¿No es injusto?
Consideremos la experiencia del Señor para con su pueblo Israel a fin de comprender un poco mejor este asunto.
Dios había intervenido poderosamente a lo largo de la historia para conducir a la nación israelita a una relación favorable de pacto con él, para que fueran sus testigos; la "luz para los gentiles".
Pero ellos respondieron vez tras vez con rebeldía, obstinación e idolatría.  Abundan los ejemplos de la obstinación de Israel y de la infinita paciencia y misericordia de Dios para con su necio rebaño.
Su dolor por la miserable cosecha recibida del abundante despliegue de su gracia, se refleja en el triste reclamo del profeta evangélico:
"Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?" Isaías 5:1-5
La respuesta inicial de Dios para con su pueblo rebelde, fue permitirle cosechar las consecuencias de sus propios actos; pero si prestamos atención, no terminaría allí. En los capítulos siguientes (6 y 7), le fue dado al profeta tener una visión de su gloria y se le manifiestó la intención divina de intervenir drásticamente en la historia de este mundo.
"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel". Isaías 7:14
¡Darlo todo para recibir tan poco! Es tan triste. Puede decirse con propiedad que eso no es justo.
Sin embargo, la injusticia del hombre no hace más que resaltar la justicia y misericordia empleadas por la Divinidad para nuestra salvación. Él no se resigna a abandonarnos a nuestra suerte, pues nos ama con un amor que está más allá de todo entendimiento humano.
Como ya dije, el plan de Dios contempla a la vez justicia e injusticia. Por eso se lo llama el "misterio" de la redención.
Su carácter inmaculado ocupó el lugar del deforme caracter del pecador; se ofrecieron su justicia por nuestra inmundicia, su pureza por nuestras impurezas, su amor por nuestra ingratitud. Fue un pésimo trueque; el intercambio más desigual que se haya realizado en toda la historia del universo.
El Señor fue injusto con su inocente Hijo, para poder ser justo con sus hijos caídos de este mundo. El peso de la ley cayó sobre el inocente y el culpable salió libre.
Y todo fue por su amor hacia nosotros...
"Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación... Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él". 2º Corintios 5:19,21
La paradoja de la cruz, es que para ser justo y a la vez justificar a la raza caída, Jesús tuvo que pagar el horrible precio de la transgresión sufriendo la muerte por todos nosotros.
A manera de himno glorioso, el apóstol Pablo afirma sobre este hecho:
"Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús". Romanos 3:21-26
¡Maravilloso e incomprensible amor redentor!
E.G. White dice también: "Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. "Por su llaga fuimos nosotros curados." (Isaías 53:5)". El Deseado de todas las gentes pag. 25
¡Gracias Señor por haber sido injusto con tu amado Hijo, para que un rebelde como yo pueda ser salvo!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

DOBLE MICROCOSMOS

Les propongo un estudio comparativo de dos parábolas enseñadas por Jesús que aparentemente no tienen relación entre sí; pero que vistas en conjunto, nos enseñan valiosas lecciones espirituales.
La primera de ellas es la parábola del buen samaritano; la otra la parábola del redil. 
"Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás". Lucas 10:25-28
El énfasis de la pregunta, típica en un legalista, era: "qué debo hacer yo" para obtener la salvación.
El egoísta y autosuficiente corazón humano es incapaz de percibir que no hay absolutamente nada que podamos hacer por nuestra cuenta y mérito para alcanzarla.
La repregunta del Salvador y el relato siguiente, tenían como objetivo guiarlo de su errada confianza basada en la letra de la ley, a la nobleza del espíritu de la ley. Del error de la autojustificación, deseaba llevarlo a una correcta comprensión de lo que significa amar y obedecer a Dios. 
La respuesta del hombre fue defensiva: "Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo". Lucas 10:29-37
De los tres viajeros, solo uno tuvo la actitud requerida por el Señor: la misericordia. 
"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios". Miqueas 6:8
Eso fue lo que lo convirtió en un PRÓJIMO. 
No era pues cuestión de HACER sino de SER.
El relato siguiente era familiar para los judíos porque presenta escenas de la vida pastoril. Un redil, un rebaño, un pastor, acompañados de otros personajes, buenos y malos, todos comunes al contexto de la historia.
"Ciertamente les aseguro que el que no entra por la puerta al redil de las ovejas, sino que trepa y se mete por otro lado, es un ladrón y un bandido. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta, y las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil... Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas...  El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas... Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor". Juan 10:1-16
En este relato hay una aparente confusión de roles: el asalariado y el verdadero pastor, el ladrón y el pastor, las ovejas de dentro y fuera del redil. Al final, queda claro el lugar de cada uno.
En el cuadro que sigue, una relación de los personajes de ambos relatos nos proporciona una visión comparativa del "quién es quién" en este microcosmos de la redención.

EL BUEN SAMARITANOPARÁBOLA DEL REDIL
HOMBREOVEJAS
LADRONESLADRON
SACERDOTEASALARIADO
LEVITAASALARIADO
BUEN SAMARITANOBUEN PASTOR
MESONEROPORTERO

Tanto el viajero moribundo como las ovejas (tu y yo), son presentados como indefensos, incapaces de hacer algo por sí mismos para cambiar su suerte. Son nuestro fiel reflejo, pues sin el auxilio de la gracia divina seríamos fácil presa de Satanás. Pero aunque necesitados y débiles, somos llamados a la salvación.
Las ovejas, además, ya sea las que están en el redil, como las que se hallan fuera, son objeto del más alto interés del pastor, que está dispuesto a dar su vida por ellas. 
La Biblia es meridianamente clara al afirmar que ninguna otra cosa que la misericordia del Salvador obra nuestra salvación; que nuestra obediencia, aunque necesaria, es posterior y derivada de este soberano acto de redención.  La observancia de la ley es consecuencia de la morada del Espíritu en el corazón del creyente.
 El mesonero y el portero representan a los que, con fidelidad, aunque sin brillar, colaboran activamente en el adelanto de la causa del Señor: Podemos encontrarlos en la puerta de cada iglesia con una sonrisa de cálida aceptación. Son los que dan la bienvenida, cobijan y sostienen a los nuevos creyentes.
 En contraste, tanto el levita, como el sacerdote y el asalariado se ocupan nada más que de sus propios asuntos. Son representativos de aquellos que aman más a los bancos del templo que a quienes se sientan en ellos. Éstos sienten pasión por los programas de la iglesia, pero desprecian a sus beneficiarios. Hablan de la responsabilidad pero huyen de ella.
El elemento negativo lo aportan el y los ladrones de sendas historias. No traen más que problemas, robo, muerte y destrucción. Reflejan la triste categoría de muchos que pueblan nuestras congregaciones, no siendo trigo sinó cizaña.
Felizmente, en ambas aparecen con el calificativo de bueno, un samaritano y un pastor. Los dos son despreciados; el primero por su nacimiento, el segundo por su profesión. No son religiosos profesionales sino humildes trabajadores. No obstante, traen salvación, cuidado y seguridad a quienes se encuentran bajo su responsabilidad. Representan sin duda a Jesús, nuestro maravilloso pastor y auxiliador.
Cada uno de nosotros es inevitablemente uno de los personajes de estas parábolas, con excepción de los últimos dos nombrados. 
¿Con cuál de estos personajes te identificas?