domingo, 24 de mayo de 2009

Señor, Señor, Tú antes, Tú después; Tú en la inmensa
hondura del vacío y en la hondura interior:
Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa;
Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor.

Tú en el cenit a un tiempo y en el nadir; Tú en todas
las transfiguraciones y en todo el padecer;
Tú en la capilla fúnebre y en la noche de bodas;
Tú en el beso primero y en el beso postrer.

Tú en los ojos azules y en los ojos obscuros;
Tú en la frivolidad quinceañera, y también
en las graves ternezas de los años maduros;
Tú en la más negra sima, Tú en el más alto edén.

Si la ciencia engreida no te ve, yo te veo;
si sus labios te niegan, yo te proclamaré.
Por cada hombre que duda, mi alma grita: «Yo creo.»
¡Y con cada fe muerta se agiganta mi fe!

Amado Nervo

CULTIVO UNA ROSA BLANCA

Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

José Martí

Un niño escondido en el templo

Cuenta la BIblia en 2º de Reyes capítulo 11, la historia de una terrible mujer que accedió al trono de Judá. Era hija de Jezabel (reina de Israel y sacerdotisa pagana) y se apoderó del trono luego de haber mandado a asesinar a ¡todos sus nietos!, con terribles consecuencias para el pueblo y especialmente para la familia real. Al igual que su madre, Atalía favoreció el culto a Baal entre el pueblo haciendo que olvidaran a Dios.
En este incidente encontramos preciosas lecciones para los padres, los maestros y la iglesia.
"Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real. Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron. Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país".(vs. 1-3)
¡Un niño escondido en el templo! ¡Qué figura poderosa!
En una simple aplicación del texto, somos llamados a "esconder" nuestros niños de la contaminación mortal de las modernas Atalías que los inducen al mal ¿Cuáles serían?
La Biblia dice que "el mundo entero está bajo el maligno" 1º Juan 5:19 !Qué pavoroso! O sea que ¡Atalía reina incluso entre nosotros!
Algunos cristianos comprometidos emprenden la fatigosa tarea de combatir el mal tratando inútilmente de frenar su avance; (no digo que no hagamos nada) pero recordemos que nuestra preocupación primaria no debería ser si van a mirar este o aquel programa de Tv o ir a tal o cual lugar sino que aprendan a amar a Dios y la verdad y jugar su suerte con Cristo y su iglesia en sus primeros años.
Así como Joiada organizó a los soldados en tres compañías para defender la vida del pequeño Joás -único sobreviviente de los hijos del rey- existen en la sociedad tres grupos clave que deberían hacerse cargo de su responsabilidad de defender a nuestros niños.
Ciertamente la familia debe ser la primera línea de defensa de nuestros hijos contra el mal, pero también la iglesia debe ocupar un lugar relevante en esta tarea, finalmente, las escuelas de iglesia deben constituirse en cuidad de refugio de nuestros niños y adolescentes.
Necesitamos ser más firmes en esto. Afuera hay peligro de muerte.
Yo he visto con tristeza a varias generaciones de niños que asistían a nuestras iglesias y escuelas abandonar la fe y entregarse al mundo y a la carne ¿Esto es acaso inevitable?
Padres, maestros, líderes; ¿estamos haciendo todo lo necesario?
"Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey".(vs. 4)
¿Quién es hoy el hijo del rey ?
Cualquier niño que nace en nuestro pecaminoso mundo es un hijo del Rey Celestial, y así debería ser tratado. Con mayor razón los hijos de la iglesia.
No alcanza con hacer el culto de familia, instituir un Ministerio más en la iglesia o realizar semanas de oración en la escuela. Hay algo más que debemos hacer.
Los niños deberían ver en nosotros un vivo interés por ellos y un sincero y total compromiso con la verdad. Somos llamados a estrechar filas a su alrededor, siendo sus amigos, sus guías y sus modelos de conducta cristiana. No tenemos que tolerar el avance del mal.
"Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre. Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová. Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey. Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: !!Viva el rey!" (vs.8-12)
Tengamos presente que las armas con que los soldados iban a defender al niño no eran las suyas propias, sino las que recibirían en el Templo. De idéntica forma, en la guerra contra el mal no valen nuestras propias armas, tenemos que usar las que Dios provee.
En nuestra lucha espiritual, tal como en el capítulo que estamos considerando, se destacan el pacto, la reforma y la eliminación de los ídolos como pasos previos necesarios para que el niño pudiera acceder al trono.
"Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo. Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes... Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová. Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo".(vs.17-20)
Para que nuestra tarea sea eficaz, primeramente debemos decidir ser pueblo de Jehová, realizando los cambios que sean precisos en nuestras vidas y en la vida de la iglesia y expulsar todo ídolo reverenciado en el corazón.
Jesús mandó a Pedro como prueba de su amor: "apacienta mis corderos" (Juan 21:15)
Sólo habrá regocijo y reposo cuando hayamos cumplido nuestra tarea y nuestros niños y niñas estén a salvo entronizados con Cristo en la patria celestial.
¡Qué desafío!

viernes, 22 de mayo de 2009

EL CUIDADO DE DIOS POR SU IGLESIA


Publico esto sin comentarios de mi parte

CADA DÍA CON DIOS pag. 172


Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Rom. 16: 17.

En todas las épocas del mundo ha habido hombres que han creído que tenían una obra que hacer para el Señor sin tomar en cuenta para nada a los que el Señor ya estaba usando. Su aplicación de las Escrituras no es correcta pues las tuercen para que apoyen sus propias ideas. Cualesquiera sean las pretensiones de los que se apartan del cuerpo de la iglesia para proclamar teorías de su propia invención, están al servicio de Satanás para poner en marcha un nuevo procedimiento con el fin de desviar a las almas de la verdad para este tiempo.
Tengan cuidado de los que se levantan con la gran responsabilidad de denunciar a la iglesia. Los elegidos que están de pie para hacer frente a las tormentas de la oposición del mundo, y están levantando los pisoteados mandamientos de Dios para exaltarlos como santos y honorables, son ciertamente la luz del mundo. ¿Cómo se permiten juzgarlos estos mortales y llamar ramera a la iglesia, Babilonia, cueva de ladrones, habitación de toda ave sucia y aborrecible, morada de demonios, que da de beber a las naciones el vino de su fornicación, que se confedera con los reyes y grandes de la tierra, que se enriquece gracias a la abundancia de sus delicias, para proclamar que sus pecados han llegado hasta el cielo y que sus iniquidades han venido en memoria delante de Dios? ¿Es este el mensaje que le tenemos que dar a los adventistas del séptimo día? ¡Les digo que no! Dios no le ha confiado a nadie tal mensaje. Humillen esos hombres sus corazones delante de Dios, y con verdadera contrición arrepiéntanse por haberse puesto siquiera por un instante al lado del acusador de los hermanos que los acusa delante de Dios de día y de noche. . .
Les digo, mis hermanos, que el Señor tiene un cuerpo organizado por medio del cual obra. Puede haber más de media docena de Judas entre ellos; puede haber algún Pedro apresurado que al ser sometido a prueba sea capaz de negar a su Señor; puede haber personas como Juan, a quien Jesús amaba, pero con tal celo que pueden estar dispuestos a destruir vidas humanas clamando que descienda fuego del cielo para vengar un insulto dirigido a Cristo y a la verdad. Pero el gran Maestro trata de dar lecciones y de instruir para corregir estos males (Manuscrito 21, del 12 de junio de 1893).

miércoles, 20 de mayo de 2009

EL MÁS GRANDE DE TODOS LOS PECADOS II

Mi infancia y mi juventud transcurrieron entre motores. Primero en la vieja central eléctrica donde trabajaba mi padre y luego en el taller de rectificación de motores que estableció.
De todas las actividades del taller, siempre cautivó mi atención la soldadura.
Veía con frecuencia a los operarios usar con destreza los diferentes tipos de soldadura para unir partes metálicas que se habían roto o para cubrir agujeros y rajaduras. Parecía que todo tenía arreglo con un poco de soldadura.
Pero en el terreno espiritual, ¿hay alguna clase de soldadura? La respuesta no se halla en un simple sí o no.
Comencemos primero considerando el carácter de Dios y su relación con el mal.
"Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró". Éxodo 34:6-8
Él es un Padre amoroso, perdonador y misericordioso, pero también es un Dios que no pasa por alto nuestras faltas ni evita sus consecuencias. (ver las entradas: El problema del pecado I y II)
No deberíamos entonces minimizar el pecado ni ignorarlo, pues Dios no lo hace.
Cuando éste halla cabida en el corazón, produce efectos visibles e invisibles. Los visibles son los que generalmente ponderamos, juzgamos y condenamos, como el adulterio, la mentira, el homicidio, la intemperancia, etc.
Los invisibles (el orgullo, el egoísmo, la vanidad, los malos pensamientos, etc.), por su misma naturaleza, son mucho más peligrosos y más difíciles de desarraigar.
David comprendiendo esto, exclamó: "¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión". Salmos 19:12,13
El problema de Laodicea, no consiste en la tibieza, sino en que cree no necesitar nada y no se da cuenta de su real situación. El Testigo Fiel le dice:"y no sabes que eres desventurado, pobre, miserable, ciego y desnudo" - Apocalipsis 3:17
Como el arrogante fariseo de la parábola contada por Jesús, el laodicense da gracias por ser mejor que los demás, sin ver que está condenándose en su misma oración.
Esta condición de ignorancia voluntaria, lleva inevitablemente a la auto justificación.
Pero, ¿cómo cambiar sin sentir necesidad de cambio? (pues la iglesia necesita cambiar con urgencia, y mucho). Los remedios que se proporcionan a la iglesia de Laodicea son la clave:
"Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas." Apocalipsis 3:18
Todos estos bienes se compran de Dios "sin dinero y sin precio" (Isaías 55:1), las gracias celestiales no se consiguen por nuestros propios esfuerzos, sino de pura gracia.
Oro refinado en fuego: el amor y la fe son la áurea soldadura que el cielo utiliza. Pero lo que es de mayor valor no se alcanza en la comodidad o en la complacencia. Es en el fuego de las pruebas donde conseguiremos los dones que nos habilitarán para vencer en el tiempo final.
Vestiduras blancas: la justicia perfecta de Cristo es lo único que nos justificará en el juicio.
Colirio: la iluminación del Espíritu Santo nos permitirá ir a Dios buscando justicia y perdón.
Los laodicenses no están sin esperanza ni fuera del alcance de la gracia, pues recordemos que el Señor disciplina y reprende "a los que ama"
Laodicea es sin duda la iglesia del tiempo final, (pues no hay una octava iglesia en el Apocalipsis) y espera ansiosamente recibir sanidad. Tú y yo, los que decimos formar parte de ella debemos clamar por estos bienes prometidos por nuestro amoroso Testigo Celestial.
Cuando lo hagamos, el Rey de reyes vendrá a buscarnos.