domingo, 25 de diciembre de 2011

VER A JESÚS

“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe... y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Juan 12:20,21
Al final del ministerio del Salvador en la tierra, un grupo de prosélitos griegos se acercó a los discípulos con este pedido. Ver a Jesús debería también ser nuestra primera petición y nuestro mayor anhelo. No necesitamos llegar al cielo para esto; mirar a Cristo es nuestro privilegio aquí mismo en este mundo corrompido por el pecado.
Su rostro debería ser el primero que busquemos cada mañana, su voz la primera que oigamos y su compañía la primera que disfrutemos.
Pero durante el resto de la jornada también necesitamos contemplar a nuestro Señor. Los ojos de la fe necesitan fijarse en su rostro bondadoso y amable a cada instante. Nuestra mente debe espaciarse en su amor, sus enseñanzas y sus acciones; perseverando en mantener el pensamiento cautivo de su maravillosa Persona. Nuestro corazón debe latir de acuerdo al corazón divino, recibiendo oleada tras oleada de su misericordia que transforma el carácter.
Todo el secreto de la vida cristiana victoriosa consiste precisamente en mirar a Jesús y solamente a él.
En las Escrituras podemos encontrar frecuentes y fervientes invitaciones a mirar a Cristo:
  • “Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.Mateo 17:8
  • “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:2.
  • “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá”. Miqueas 7:7
¿Cómo hacer para mantener fijos los ojos en Él constantemente?
La mayoría de los cristianos se enfrenta a este problema. No resulta sencillo mantener nuestros pensamientos en Cristo todo el día. Las cargas y las dificultades de la vida diaria distraen nuestra atención constantemente; por más que lo intentemos, en algún momento apartamos nuestra vista de él. Necesitamos de su gracia y de su Espíritu para lograrlo.
Se requiere de nuestra parte que ejerzamos fe, dominio propio, perseverancia y una actitud vigilante para no caer. Y es precisamente el ejercicio de contemplarlo y quedar absortos en Cristo lo que nos ayuda a colocar nuestros afectos en él.
Alguien lo expresó mejor que yo, cuando dijo: “Cuanto más hablemos de Jesús, tanto más reflejaremos su divina imagen. Mediante la contemplación somos transformados. Necesitamos que Cristo forme parte de nuestra experiencia religiosa. Cuando os reunís, sea Cristo y su salvación el motivo de vuestra conversación...Mientras más hablemos de Jesús, más de sus incomparables encantos lograremos contemplar”. ¡Maranata: El Señor Viene! página 329  
¿Qué sucede cuando fijamos nuestros ojos en Jesús?
  • Se llena nuestra vida de un gozo imposible de expresar. La presencia de Dios elimina la aridez espiritual y la  espantosa insatisfacción producida por el pecado, infundiendo calma y paz.
“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario”. Salmos 63:1,2
  • Se alcanza la salvación mediante la fe en su poderosa gracia.
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. Isaías 45:22
  • El carácter es moldeado a la semejanza divina.
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2ª Corintios 3:18
  • Recibimos luz, vida y poder de lo alto para cada paso de nuestra experiencia.
“Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.” Salmo 34:5
Ninguno que acude a contemplar el rostro de Jesucristo será defraudado jamás; pero dejar de hacerlo puede causar una pérdida incomparable.
“Los que no hallan placer en pensar y hablar de Dios en esta vida, no gozarán de la vida venidera, donde Dios estará siempre presente, habitando con su pueblo. Pero los que se deleitan en pensar en Dios, estarán en su elemento respirando la atmósfera del cielo. Los que en esta tierra amen los pensamientos relacionados con el cielo, se sentirán felices con las compañías y los placeres santos”. (Ibid)
Respira la atmósfera del cielo ahora mismo para tu felicidad eterna.
Mira a Jesús.

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