miércoles, 9 de febrero de 2011

SEGUNDO ANIVERSARIO

Hace ya dos años que comencé esta actividad literaria, nueva e impensada para mí en sus comienzos.
En mi corazón solo cabe gratitud a nuestro buen Señor por todo lo realizado. 
He procurado colocar en el pobre vehículo de mis propias palabras lo que siento y lo que pienso acerca de la esperanza que llena mi corazón, de poder encontrarme con mi querido Señor Jesucristo. 
Si lo hecho ha resultado útil o no, prefiero dejarlo al juicio de la eternidad, cuando el fruto de todas las obras se revele en su verdadera magnitud..
Gracias también a cada amable lector que recorrió esta página; la que a partir de mi propia experiencia y pensamiento, desea ayudar a quienes esperan la Segunda Venida de Cristo a prepararse para ese glorioso evento, la suma de la esperanza cristiana. 
Gracias a todos los que comentaron mis artículos. He cumplido en publicar cada uno de ellos, tanto los elogiosos como los adversos, en el entendimiento de que la palabra final debe ser dicha por la autorizada voz del Espíritu Santo.
Con el deseo de que el amoroso Jesús siga siendo el verdadero Protagonista de esta página, me gozo en  desearles las bendiciones de lo alto a todos los que entran en este sitio..
Siempre es bueno recordar lo que Dios ha hecho en nuestro favor, y en cuanto nos sea posible, deberíamos ser agradecidos por todo aquello que nos permite vivir, hacer y compartir.
Me gustaría poner como broche final las palabras de mi salmo favorito, lleno del reconocimiento de sus bendiciones:
"Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca.
En Jehová se gloriará mi alma;
Lo oirán los mansos, y se alegrarán.
Engrandeced a Jehová conmigo,
Y exaltemos a una su nombre.
Busqué a Jehová, y él me oyó,
Y me libró de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó Jehová,
Y lo libró de todas sus angustias.
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen,
Y los defiende.
Gustad, y ved que es bueno Jehová;
Dichoso el hombre que confía en él.
Temed a Jehová, vosotros sus santos,
Pues nada falta a los que le temen.
Los leoncillos necesitan, y tienen hambre;
Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.
Venid, hijos, oídme;
El temor de Jehová os enseñaré.
¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.
Los ojos de Jehová están sobre los justos,
Y atentos sus oídos al clamor de ellos.
La ira de Jehová contra los que hacen mal,
Para cortar de la tierra la memoria de ellos.
Claman los justos, y Jehová oye,
Y los libra de todas sus angustias.
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
Y salva a los contritos de espíritu.
Muchas son las aflicciones del justo,
Pero de todas ellas le librará Jehová.
El guarda todos sus huesos;
Ni uno de ellos será quebrantado.
Matará al malo la maldad,
Y los que aborrecen al justo serán condenados.
 Jehová redime el alma de sus siervos,
Y no serán condenados cuantos en él confían".
Salmos 34

¿Te unes conmigo en la alabanza a nuestro buen Dios?
Como expresión final de gratitud quisiera yo también decir, al llegar a este segundo aniversario: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Salmos 103:1,2

sábado, 5 de febrero de 2011

ME ROBARON


Ayer fui robado. Fui víctima de un crimen MUY raro, aunque muy frecuente. Lo que más me duele de esto es que los que me robaron seguramente sean amigos y familiares; lo hicieron sin sentir remordimiento ni compasión ¡quizás crean que hacen bien en participar!
Y ni siquiera puedo dar aviso a la policía ni hacerles juicio, al no poder identificar a los culpables pues no estuve cuando el hecho se produjo.
El crimen sucedió de una manera singular: no me atacaron físicamente a mí ni a mis familiares (pero me sentí muy amenazado); no utilizaron armas ni me golpearon (aunque salí muy herido);tampoco tuve oportunidad de defenderme, porque esto se inició en mi ausencia.
Nadie salió tampoco a defenderme. Al contrario de lo que sucede en otros robos, en los que la gente simpatiza con la víctima, los que presenciaron mi desgracia parecieron solidarizarse con mis agresores, uniéndose a ellos en la vil tarea de dejarme vacío.
Fue un robo catastrófico por la magnitud de la pérdida que sufrí. Y no es que me hayan robado dinero ni objetos materiales.
No, no fue ninguna de las cosas que la gente considera "de valor".
Sin embargo me despojaron de cosas mucho más valiosas que no se hallaban en mi billetera: ensuciaron mi nombre, me robaron mi reputación, me dejaron sin la estima de los demás, me quitaron la tranquilidad, se llevaron la paz que tenía, me vaciaron de seguridad y rompieron la confianza que depositaba en los que me rodean.
Los efectos de esa felonía durarán por siempre, porque cuando uno es robado, y peor aún, robado por quienes ama, se instala en el alma una sensación de desconfianza e inseguridad que no se irá jamás.
Después de haber sido asaltado de esa manera, la relación con los demás ya no vuelve a ser la misma.
Les bastó para consumar este terrible delito, utilizar unas pocas palabras susurradas por lo bajo (¡sí, palabras!), infundadas habladurías, para dejarme sin lo más precioso que tenía. Un "chismecito" dicho al oído bastó para perpetrar el saqueo de mi honor y de mi prestigio en forma  irremediable.
Es que mi buen nombre es el único capital que puedo atesorar con seguridad para los años por delante ¡Ni eso me han dejado!
Al hablar mal de mí se llevaron todo y me dejaron en cambio una sensación de impotencia y de ira que no deseo tener.
Para colmo de horrores, los ladrones ni siquiera necesitan volver a asaltarme. Otros recogerán sus palabras para continuar lastimándome, sin que haya un momento en que el ataque pueda detenerse, porque mientras encuentren un oído que las oiga y un corazón que las acepte, las palabras seguirán de boca en boca renovando sus asaltos.
¿Qué dice la Biblia de esta clase de delitos?
En el Antiguo Testamento figura un mandato tan positivo como los Diez mandamientos acerca de esto, pues coloca el chisme al nivel del asesinato: "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová". Levítico 19:16
Acerca de los chismosos dice:
  • "El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos".
  • "Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas".
  • "Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda".
        (Proverbios 16:28; 18:8; 26:20 y 22)
Un chismoso quebranta la paz social, ofende y enturbia las relaciones entre hermanos y apaga la voz del Espíritu. Quienes lo escuchan, además, son atraídos en forma irresistible a reproducir su conducta atrayendo culpabilidad sobre sí. Porque el que oye las palabras del chismoso y las repite se convierte también en un delincuente.
Tal como lo dice un conocido refrán "es tan ladrón el que roba en la huerta como el que espera en la puerta".
Jesús enseñó acerca de esto en términos todavía más drásticos: "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda". Mateo 5:22-24
Por mi parte he decidido hacer lo único seguro y liberador en estos casos: esconderme.
Para evitar ceder al deseo de vengarme, al enojo o al resentimiento, para no reaccionar mal y pecar contra Dios y mi prójimo, para estar definitivamente a salvo de estos ataques, nada mejor que acudir al amparo que brinda el Señor: "En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas". Salmos 31:20
¡Qué bendición poder contar con su protección! ¡Qué seguridad se halla en su amorosa y plena aceptación!
No me convertiré yo mismo en delincuente por aceptar o repetir un comentario malicioso acerca de nadie. No lo permitiré.
Entiendo que la única conducta segura consiste en dejar el asunto en manos de Dios y seguir adelante sin decir nada, siguiendo el ejemplo de Jesús, "el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente". 1º Pedro 2:22,23
Si fuiste robado de esta manera (y casi seguro que es así), te invito hoy a hacer lo mismo.

domingo, 30 de enero de 2011

DE TEÓLOGOS Y TEOLOGÍA III

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Juan 8:12
Teólogos que no creen en la Biblia como inspirada o que no creen en la creación tal como la relata el génesis; pastores que son o se declaran ¡ateos!; teologías de corte "liberal", "fundamental", "feminista" o "de la liberación"...
Por ellas el mundo cristiano se halla fragmentado en mil ramas y con creencias que suelen diferir tanto entre sí que la unidad de los creyentes en un solo cuerpo parece una utopía. Si se levantaran hoy los reformadores o los grandes predicadores evangélicos, se sentirían como extraños en muchas de las iglesias que orgullosamente llevan sus nombres.
En la primer entrada de la serie recordaba que la teología y los teólogos deberían tener como objetivo magnificar la gloria de Dios. El consejo de Pablo a Timoteo sigue siendo pertinente: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”. 2ª Timoteo 2:15,16
En nuestra época actual, caracterizada por la desorientación, todo parece valer; todo está bien, nada es incorrecto, y marcar un rumbo a las cosas es pura "discriminación", estrechez de mente y oscurantismo. 
Los frutos de ese pensamiento, no obstante, están a la vista en la marcada decadencia de la religión y los religiosos que hoy se observa en todas partes. Por ello es necesario retornar a las fuentes, volver al orígen.
Nada mejor pues, que recurrir a las Sagradas Escrituras.
En el texto inicial, Jesús mantenía un debate con los dirigentes religiosos de su tiempo, relacionado con su autoridad y su misión. Con amorosa paciencia les había mostrado en palabras y en hechos las claras señales de su procedencia divina y sin embargo se mantenían en la incredulidad.
"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". Juan 8:31-36
La verdad de su Palabra fue dada para liberar, pero estos hombres la usaban para mantenerse en la oscuridad del pecado. Ignorando que estaban bajo el dominio romano y que eran esclavos de una potencia extranjera, afirmaron que no eran esclavos de nadie, pero el Señor les mostró cual era su verdadero amo y cual era su verdadera filiación. A renglón seguido les presentó los resultados de su conducta:
"Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió". (vers. 37-42)
En la vanidad de sus mentes, se creían muy por encima de los demás, estaban convencidos de que su conocimiento intelectual los hacía superiores al vulgo. y se jactaban de sus teorías religiosas y de su apego a la ley. Sin embargo estaban obrando contra sus principios y procuraban matar a Aquel que era el Camino, la Verdad y la Vida.
Es que la verdad siempre está y estará en combate con la mentira. La presunción de piedad queda desenmascarada por las obras de quienes la pretenden estando en la oscuridad. El odio de los que se dicen religiosos contra la simple exposición de la verdad tiene un Originador:
"¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios". (vers. 43-47)
Debemos tener cuidado de las ideas que aceptamos. Debemos sospechar por sobre todo de las ideas teológicas "populares", que se espacian en detalles complicados o que viven de la novedad. Lo nuevo, intrigante o maravilloso produce excitación, entusiasmo pasajero y llama la atención, pero termina por dejar vacíos a quienes lo buscan. O aún peor; provocan controversia, agrias disputas y división entre los creyentes, exponiendo a la vergüenza al evangelio ante el mundo incrédulo que se goza en vernos pelear.
Las simples y llanas declaraciones de la Biblia provienen de Jesús quién se declaró "la luz del mundo"; seguirlas no extraviará a nadie. Apegarse a lo que está escrito es la conducta más segura. A quienes lo buscan de corazón se les promete la iluminación del Espíritu Santo para conducirlos a toda la verdad.
Los teólogos o la teología que provengan de lo alto no promoverán el debate, no descalificarán al otro como medio de afirmarse a sí mismos, no estarán en la búsqueda de "nuevos significados" ajenos al texto sagrado, que concuerden con las pasiones humanas en vez de reprenderlas. No llevarán tampoco a la polarización de los creyentes a favor o en contra de uno u otro teólogo, como si se tratase de las disputas de los "fans" de clubes deportivos.
El teólogo que de veras ama a Dios - un "teófilo"- buscará promover el crecimiento en la fe y la armonía entre la grey a su cargo. Una adecuada teologia -o mejor una "teofilia"- no desacreditará claros conceptos bíblicos ni debatirá sobre detalles, sino que sacará lustre a las antiguas y nobles verdades que llevan a la santidad. Enfatizará el papel y el poder del Espíritu, que es la persona de la Deidad que nos convence de pecado, nos guía al arrepentimiento y revela toda la verdad al alma sedienta de algo más que las rancias corrientes de este mundo.
El consejo bíblico nos dice que debemos guardar la unidad en el Espíritu "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo". Efesios 4:13-15
El triste caso de los líderes religiosos de los tiempos bíblicos nos es dado como ejemplo. Creían ser expositores de la palabra de Dios y eran causa de perdición para el pueblo; creían ser libres y eran esclavos del pecado; creían ser hijos de Abrahán  y eran hijos del Diablo.
No nos dejemos extraviar por todo viento doctrinal; sigamos más bien "la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones". 2º Pedro 1:19

lunes, 24 de enero de 2011

DE TEÓLOGOS Y TEOLOGÍA II

"Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad..." Hechos 20:28-31
La teología es el conocimiento de Dios, que se adquiere por medio de la fe y la razón.
No es una ciencia en sentido estricto, pues trata de cosas que no son comprobables experimentalmente; pero tampoco se aparta del mundo natural en tanto es creación y revelación suya. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente (1º Corintios 2:14), pero también lo son a través de la razón. Ambas deben combinarse para comprender a la Divinidad, pero por sobre todo, ella debe responder a la revelación, hallándose por esto por encima de la filosofía o el raciocinio humanos.
El problema surge cuando se dejan de lado una u otra. La teología sin razón es puro dogmatismo. La teología sin fe es puro desvarío.
El conocimiento, cualquiera sea, tiene su origen en un proceso de la mente. El saber teológico también tiene lugar en la mente, pero en una mente iluminada por el Espíritu de Dios, independientemente de cual sea su grado de formación académica. 
Este asunto requiere atención, porque de acuerdo a las ideas que aceptamos como válidas será nuestro pensamiento (o sea nuestra doctrina). Y según nuestro pensamiento, serán nuestras acciones. Lo que creemos se traduce en cómo vivimos. 
Cuando el campo teológico es invadido por el pensamiento secular, la política o la conveniencia, sucede una deformación - o un apartamiento- de la verdad que llamamos herejía.
Veamos un caso concreto de ella en este incidente que puso fin al reino unificado de Israel:
"Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso". 1º Reyes 12:26-33
Para evitar que el pueblo le abandonara por su lealtad al santuario de Jerusalén, Jeroboam decidió inventar un sustituto de la verdadera religión, basado en un sistema de culto diferente. Reemplazó al Dios verdadero por dos becerros, al sistema sacrificial por otro idolátrico y al sacerdocio aarónico por uno afín a sus deseos; los días de santa convocación además se convirtieron en fiestas paganas maquilladas. Todo "inventado de su propio corazón", es decir a su conveniencia.
Ya en las épocas apostólicas se podía apreciar el germen de ideas que llevarían a la iglesia a la apostasía casi generalizada. El apóstol Pablo en su discurso de despedida amonestó a los ancianos de la iglesia a ser firmes en apacentar a quienes "Él (Jesús) ganó por su propia sangre." Esperaba que resistieran los cambios que surgirían con fuerza incontenible en los siglos venideros y que trajeron tanto dolor al corazón de Dios. Aunque prevista en la profecía, la apostasía debía ser resistida para evitar que los pocos fieles que quedaban se desanimaran. 
Las ideas del humanismo y la ilustración tuvieron un efecto similar en el pasado, cuando al ser incorporados por una teología oportunista, produjeron el cambio del teocentrismo al antropocentrismo. Es decir que el hombre y no Dios pasó a ser el centro y la medida de las cosas. El trono del corazón "cambió de manos", pasando del Dios infalible al hombre variable.
Su resultado es nuestra ambigua posmodernidad. 
En nuestros días vemos que sucede algo similar; se posesiona de los pensadores un ávido frenesí por "aggiornar" las enseñanzas del cristianismo para que cuadren con los deseos carnales; en aras supuestamente de la tolerancia, el ecumenismo, la convivencia y la no discriminación.
Pero los resultados de esta conducta han sido y seguirán siendo deplorables, borrando la línea entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo falso, entre lo revelado y lo puramente humano.
La revelación ya nos había advertido: "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas". 2º Timoteo 4:3,4
¿Estás siguiendo las enseñanzas de hombres iluminados por el Espíritu o las de "lobos rapaces" que enseñan fábulas agradables?
¿Cómo podemos distinguirlas?
Continuaremos en la entrada siguiente

sábado, 22 de enero de 2011

DE TEÓLOGOS Y TEOLOGIA I

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”. 2ª Timoteo 2:15,16
En la entrada anterior me expresé acerca de los teólogos de una manera que podría llamar a confusión. No estoy en contra de los teólogos ni de la teología. Creo que estos y aquella tienen su lugar indelegable y necesario en la vida de la iglesia.
La Biblia contiene enormes tesoros que deben ser buscados bajo la superficie de declaraciones difíciles de entender, o incluso en la más sencilla de sus afirmaciones.
Es necesario un grupo de personas que puedan entender lo que la inmensa mayoría de creyentes no podemos, por no estar familiarizados con las lenguas originales de la Escritura, o con la historia, vida y costumbres de las sociedades antiguas.
Es igualmente necesario un cuerpo de procedimientos y reglas de interpretación que surjan naturalmente de la lectura de los escritos sagrados, para evitar interpretaciones caprichosas.
Jesús mismo les concedió un gran valor al decir: “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”. Mateo 13:52
Sí, definitivamente necesitamos de la teología y de los teólogos.
Pero necesitamos más que eso. Más que de teología necesitamos de doxología; más que teólogos necesitamos teófilos.
Para ello, un poquitito de etimología:
  • “Doxología" se usa para indicar la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico (ver en http://es.wikipedia.org/wiki/Doxología).
  • Teófilo actualmente es un nombre, pero originalmente significa “el que ama a Dios”
Porque los instrumentos humanos, sus convenciones y tradiciones pueden ser positivos únicamente cuando tienen en vista la gloria y el honor de Dios.
Hay todo tipo de temas en los que ha incurrido la teología; aquellos que son relevantes, como por ejemplo, de que manera se alcanza la salvación; otros intrascendentes, como averiguar si las alas de los ángeles tienen plumas; y otros finalmente que son controversiales por hallarse al borde de lo revelado, como es el caso de la naturaleza divino-humana de Cristo.
Algunos de estos temas originaron debates que llevan siglos sin ser resueltos, otros resucitan cada tanto y son caballito de batalla de acaloradas discusiones de las que nada bueno sale, y también hay mucha controversia que debería ser cambiada por el silencio.
Muy temprano en la historia de la iglesia cristiana abundaron las controversias, lógicas por cierto, centradas en la naturaleza y misión de Cristo.
Las posiciones encontradas entre los primeros cristianos se resolvían generalmente de común acuerdo; pero cuando la iglesia pudo apelar al poder civil, político, e incluso al brazo armado para resolver sus desacuerdos, se iniciaron los cismas, las excomuniones y los llamados a concilios, que solamente tenían por objeto condenar tal o cual posición.
Muchos de los antiguos teólogos fueron hombres de Dios -evangelistas en el verdadero sentido de la palabra- que hicieron teología casi "por necesidad", como el caso de Pablo, el apóstol Juan, o los nombres de Lutero y Wesley, para citar nombres más modernos. Algunos por vocación como Calvino, autor de la magistral obra “Institución de la Religión Cristiana”. Otros, lamentablemente, fueron teólogos “de escritorio” divorciados de la realidad y la práctica, cuyo único deporte conocido fue defenestrar al adversario de turno.
Aclaro que un teólogo no es necesariamente una persona con formación profesional estricta, pues hubo siempre sencillos hombres de Dios con un amplio discernimiento nacido de la comunión con el Espíritu Santo.
Ya bastan estas declaraciones para mis propósitos, porque el tema es amplio; quisiera más bien centrarme en el papel de la teología y de los teólogos de hoy.
Tengo mis serias preocupaciones sobre el papel que cumplen en la actualidad.
Como afirmé al comienzo, necesitamos más que teólogos que se ocupen de debatir cosas que no tienen que ver con la esencia del cristianismo práctico, más preocupados por su reputación que por la gloria de Dios. Hacen falta teólogos y teología que abandonen las disputas sobre opiniones ajenas y busquen solo el parecer divino. 
Necesitamos unos teólogos y una teología que tengan como base la Biblia y la Biblia sola, dejando el primer lugar para la necesidad humana de encontrarse con Dios y para la misión evangelizadora que el Señor nos encomendó. Su función debe ser esclarecedora, no controversial.
Entre los que quieren penetrar muy profundo en los misterios divinos no debería tener cabida el orgullo, ni la agria defensa de posiciones personales; mucho menos el interés por rebajar a los que piensan distinto. El fruto de estas cosas ha sido y siempre será muy amargo.
El propósito de sus estudios no debería centrarse en crear debates, alentar la división o anatematizar a los “herejes” de signo contrario, sino en sacar la luz debajo de la mesa y colocarla sobre un lugar prominente para que alumbre a los demás. 
En la próxima entrada continuaré con este tema.
Valen entre tanto, los consejos de Pablo a Timoteo acerca de las controversias teológicas:
“Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería”. 1ª Timoteo 1:3-6