sábado, 21 de agosto de 2010

PELIGROS QUE NOS AGUARDAN

"En caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos". 2ª Corintios 11:26
Recuerdo cuando era niño, que frente a la casa de mi tía había un terreno baldío en el cual nos gustaba jugar. Incluso desmalezamos una parte para practicar fútbol. Había también allí una ruinosa casa abandonada que tomamos empeño en derribar. Ese lugar era nuestro mayor placer, parte indispensable del cielo de nuestra infancia. 
Pero un día vinieron unos trabajadores y comenzaron a limpiar el terreno para edificar lo que luego sería la compañía telefónica. Para mi sorpresa, sacaron del lugar ¡no menos de 14 serpientes venenosas!
¡Y nosotros creíamos que el lugar era perfectamente seguro!
Del mismo modo, transitamos hoy por terreno peligroso. No me refiero a la violencia e inseguridad que abundan en nuestro mundo, el crimen, el robo o las violaciones, por decir algo; hablo de los peligros espirituales que hoy son mayores que en ninguna otra época de la historia.
Coincido con la siguiente cita:"Vivimos en el período más solemne de la historia de este mundo. La suerte de las innumerables multitudes que pueblan la tierra está por decidirse. Tanto nuestra dicha futura como la salvación de otras almas dependen de nuestra conducta actual. Necesitamos ser guiados por el Espíritu de Verdad. Todo discípulo de Cristo debe preguntar seriamente: "¿Señor, qué quieres que haga?" Necesitamos humillarnos ante el Señor, ayunar, orar y meditar mucho en su Palabra, especialmente acerca de las escenas del juicio. Debemos tratar de adquirir actualmente una experiencia profunda y viva en las cosas de Dios, sin perder un solo instante. En torno nuestro se están cumpliendo acontecimientos de vital importancia; nos encontramos en el terreno encantado de Satanás. No durmáis, centinelas de Dios, que el enemigo está emboscado, listo para lanzarse sobre vosotros y haceros su presa en cualquier momento en que caigáis en descuido y somnolencia". CS pag. 601
Tal como en el baldío de mi niñez, la Serpiente Antigua se halla agazapada por todas partes, lista para atacar, pues nos encontramos en su territorio; -la Biblia dice que "el mundo entero está bajo el maligno" 1º Juan 5:19- no hay lugar donde esconderse, ni aspecto de la vida que no esté contaminado por el pecado.
Ante esta situación, los más concienzudos buscan el mal en todas partes (y lo encuentran), haciendo mucho ruido por su descubrimiento. En un tiempo, era frecuente que algunos escucharan cintas de casette al revés para encontrar mensajes subliminales. De la lista de cantantes o grupos musicales que daban, la mayoría ¡ni necesitaba ser escuchada al revés para descartarla!
En el extremo opuesto, algunos minimizan las cosas diciendo que no hay que ser fanáticos y que solamente necesitamos criterio.
Es sumamente riesgoso ser alarmista, pero todavía es peor ser indiferentes o descuidados con los peligros que vendrán. La temeridad es mortal.
Pero como hijos de Dios, nuestra mayor necesidad no está en saber donde está el peligro, porque estamos rodeados de ellos; ni confiar en nuestro pobre criterio o nuestro sentido ¿común?; necesitamos la protección divina.
Nuestra respuesta ante el peligro determinará la salvación o la perdición de nuestra alma y de las que están bajo nuestra influencia. Nos hace falta vigilar, orar, ayunar, buscando la dirección divina.
Nos esperan horas peligrosas. Aunque no combatimos contra carne y sangre, todo mal posible, la oposición del mundo entero, se prepara para lanzarse contra los que quieren ser fieles a Dios. Son dominados por la "potestad de las tinieblas" (Colosenses 1:13), la hueste de Lucifer.
El mensaje de los tres ángeles que está siendo predicado a la humanidad tiene la contraparte de su falsificación satánica: "vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso". Apocalipsis 16:13,14
El enemigo procura que nos durmamos en la seguridad de las cosas materiales, o en el "éxito" espiritual de miles de bautismos, o en la rutina de simplemente asistir a la iglesia. Intenta seducirnos con doctrinas extrañas, nuevas y fascinantes. Quiere que nos desgastemos discutiendo por temas que no son vitales para la salvación o que discutamos por el poder y la supremacía; porque así nos tendrá justo donde él quiere: sin preparación para la vida eterna.
Al meditar en estos aspectos, entiendo que en aquel terreno de mi infancia, las serpientes no nos mordieron sólo gracias a la protección divina y que así será también hoy. Debo buscarla con fervor y sin vacilación, tengo que hacer de Dios mi fortaleza, pues Satanás no tendrá mayor poder sobre mi vida que el que yo mismo le otorgue.
Decide conmigo en este día ser vigilante, humilde y sumiso ante la voluntad divina, concluyendo con el apóstol: "Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". 2º Corintios 12:10

jueves, 19 de agosto de 2010

ORDENA TU CASA

"En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás". 2º Reyes 20:1
Cuando uno es niño, cree que todo el mundo es inmortal. Cuando se llega a ser joven, le parece que los viejos mueren pero uno es inmortal. Al llegar a la edad adulta, se descubre que nadie es inmortal. Avanzando en edad, se es penosamente consciente de que uno es mortal.
Al rey Ezequías, que había sido un buen rey de Judá, el Señor le mandó este triste mensaje por medio del profeta Isaías.
En primer lugar vale preguntarse; ¿por qué le avisó de su muerte?
Dios no avisa regularmente a nadie que va a morir. La muerte nos sorprende a casi todos sin aviso formal y preciso del día y la hora de nuestro deceso. Pero en el caso del rey, el motivo estaba dado por las palabras : "ordena tu casa".
¿Qué asuntos debía ordenar el rey?
Veamos el resto del relato para intentar comprenderlo: "Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre la llaga, y sanó. Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados. Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás". 2º Reyes 20:2-11
Surgen aquí tres asuntos que preocupaban al rey:
  • Su enfermedad
  • Tiempo adicional
  • La invasión asiria
Antes de avanzar, es bueno notar la reacción del soberano: lo primero que hizo fue volverse a Dios en oración. Después, el texto menciona que subiría al Templo; lo siguiente que haría sería agradecer a Jehová. Finalmente, escribió un canto de gratitud por testimonio del milagro obrado en su vida (ver Isa. 38: 9-20).
Su enfermedad, entonces, lo perturbaba. No era simplemente por miedo a la muerte. Moriría, según él, "en la mitad de mis días" y su obra quedaría sin terminar. Como hombre de fe, Ezequías estaba empeñado en el restablecimiento de su reino, tanto en lo administrativo como en lo religioso. Después de años de decadencia espiritual, quería conducir al pueblo a una mejor relación con Dios.
Era lógico entonces que deseara más tiempo, pues no tenía en ese momento un hijo que le sucediera. Seguramente, entremezclando su fe con la duda, habrá pensado que si moría no podría cumplirse la promesa hecha por el Señor a David, de que siempre habría un descendiente suyo en el trono.
El tercer punto que lo inquietaba era que al haberse rebelado contra el rey de Asiria le esperaba una difícil campaña contra sus poderosos vecinos.
La respuesta del Señor resuelve todos estos puntos y excede además cualquier expectativa.
No solamente le ofrece promesas de sanidad y liberación; también actúa por medio de dos milagros para confirmar la fe del rey. El primero de ellos fue hacer retroceder la sombra del reloj de sol y luego obró por medio de un sencillo remedio natural una curación asombrosa.
¡Imagínense! Para contestar la oración de una sola persona, Dios trastocó el orden del universo.
No importa realmente si el sol marchó hacia atrás, o si la tierra giró al revés; las consecuencias de cualquiera que haya sido el fenómeno ocurrido son asombrosísimas y superan nuestra comprensión de las leyes físicas.
¿No tenemos un Dios maravilloso?
Pero nada de lo que preocupaba al rey le preocupaba al Señor. Su interés principal era que Ezequías "ordenara su casa".
En nuestro caso, ¿qué cosas tenemos que ordenar en nuestra casa?
¿Nuestra vida espiritual? ¿El altar de familia? ¿La relación con los hijos? ¿La asistencia o la participación en la iglesia?
Para Él ordenar nuestra vidas es un asunto sencillo, ya sea que se trate del alimento, el vestido, las cuentas por pagar, la educación de los hijos o cualquier otra cosa que nos cause preocupación o temor.
Pero no hará lo que nos corresponde hacer a nosotros. Nos toca revisar con cuidado cada aspecto de nuestra existencia para ver si está de acuerdo con los propósitos del Señor.
Lo dice mejor que yo la siguiente cita: "Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez mas semejante a la de Cristo". El camino a Cristo pag. 70
Ordenar nuestra casa implica caminar con fidelidad, confiar en sus promesas, ocuparnos de lo verdaderamente importante, vivir como si ya estuviéramos en el cielo, esconder continuamente nuestra vida en él.
Ordenar nuestra casa, por último, es dar testimonio a los ángeles y a los hombres de que somos felices al caminar en obediencia a su voluntad ahora mismo, y que también lo seremos por la eternidad.
Jesús mismo lo expresó con estas inmortales palabras: "busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas". Mateo 6:33 NVI

martes, 17 de agosto de 2010

GLORIA Y ALABANZA

"Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá".  Levítico 9:6
En el antiguo relato de la consagración de Aarón y sus hijos, tal como aparece en Levítico capítulos 8 y 9,  podemos encontrar preciosas lecciones para los cristianos de la actualidad.
En la construcción del tabernáculo en el desierto hay un sinnúmero de detalles sobre ceremonias, materiales y procedimientos, que a primera vista resultan fatigosos. Algunos concluyen que no tienen el menor sentido o que, cuando mucho, son partes anecdóticas de la Biblia.
Pero nuestro Dios es detallista. Si se toma el trabajo de hacer una simple flor o una hojita de pasto con infinito cuidado y perfección, ¿con cuánto más detalle no revelaría lo concerniente a nuestra salvación?
Por eso, creo que hallaremos campo fértil para la meditación en esos "detalles sin importancia"
Cuando se acabó de construir el tabernáculo, todavía quedaba un asunto pendiente de resolución. En un edificio santo, ¿podrían oficiar seres pecadores? ¿Era Aarón o cualquier otro digno de hacerlo?
El Señor mismo proporcionaría la respuesta: "Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim. Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés. Después Moisés hizo acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras, como Jehová lo había mandado a Moisés.
Hizo acercarse luego los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor".
Levítico 8:6-9, 13, 24
Lo notable del rito es que Aarón y sus hijos no hicieron nada por sí mismos. Incluso lavarse y vestirse fueron tareas que les fueron negadas, debiendo permitir que lo haga Moisés. Es un símbolo adecuado de la obra de la gracia, en la cual nuestra parte consiste en dejar que Dios haga todo el trabajo.
Fueron lavados, vestidos, y finalmente se les colocó sangre en varias partes del cuerpo. Sin la sangre de Cristo "no hay remisión de pecados", seguiríamos siendo pecadores condenados a muerte. Necesitamos ser lavados en ella, vestidos con su justicia y coronados con la tiara de la "santidad a Jehová" (Exodo 39:30).
Siete días después de esta ceremonia, Aarón y sus hijos oficiaron por primera vez los ritos del santuario. Delante de todo el pueblo debían realizar las ceremonias exactamente como el Señor les había mandado. No debían apartarse en nada de su mandato. No había lugar para la improvisación o el exhibicionismo.
"Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.
Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y lo bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de paz, descendió. Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros".
Levítico 9:6, 22-24
Cuando el Señor nos manda a hacer algo, nos capacita para hacerlo. Dudar en obedecer sus mandatos es dudar de su poder para salvar.
Aunque la obediencia no salva, siempre es el fruto de la salvación. Si bien esta no tiene méritos en sí misma, nuestro pasaje nos revela una progresión: la obediencia es el camino que lleva a contemplar la gloria de Dios. Contemplar su gloria da paso a la alabanza.
¿Por qué suele ser tan pobre a veces nuestra alabanza? Porque no hemos contemplado suficientemente su gloria. Y no contemplaremos su gloria a menos que obedezcamos en plenitud su voluntad en nuestras vidas.
¿Obediencia? ¡Alerta! ¡Tengan cuidado!, eso es cosa de fanáticos...
Hemos escuchado tanto y tan seguido de los males y peligros del legalismo, que la obediencia hasta parece pecado, siendo en realidad una cuestión de fe. Dios es el autor de la fe y la obediencia y requiere de ambas. Cuando simplemente obedezcamos por fe toda la luz que brilla en nuestro camino, entonces tendremos algo que decir al mundo, y en consecuencia la tierra sera iluminada con su gloria (ver Apocalipsis 18:1).
Recordemos siempre que Él nos llamó para que revelemos su gloria y le demos alabanza, como está escrito: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". 1ª Pedro 2:9

domingo, 15 de agosto de 2010

OBRA MAESTRA DEL ENGAÑO

"Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos".  2ª Tesalonicenses 2:8-10
El coronel alemán Otto Skorzeny se hizo famoso durante la II Guerra Mundial por organizar el rescate de Benito Mussolini. Pero también pasó a la historia por organizar la mayor campaña de comandos de esa guerra. Esta operación secreta recibió el nombre de "Operación Greif".. Esta tenía como finalidad preparar un cuerpo de soldados disfrazados como aliados, con jeeps americanos para infiltrarse en las líneas aliadas y desarticular las comunicaciones telefónicas, confundir a las unidades mediante informaciones erróneas, cambiar señales viarias, propagar informaciones que llevaran a la confusión, volar puentes, polvorines, robar combustible y en resumidas cuentas, sembrar el caos. Su propósito no tuvo éxito a largo plazo, pero de todos modos lograron confundir a muchas unidades militares. Se presentaban como aliados pero eran en realidad enemigos. Esta estrategia militar fue utilizada con frecuencia en las guerras, pues como dijo Nicolás Maquiavelo, "Aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo en la guerra es laudable y glorioso, y el que vence a un enemigo por medio del engaño merece tantas alabanzas como el que lo logra por la fuerza."
Nuestro enemigo el diablo está también empeñado en una guerra a muerte contra Cristo y su iglesia en la tierra. El engaño es su arma preferida, pues le otorga con frecuencia la victoria. "Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él". Apocalipsis 12:9
Hace pasar a lo malo por bueno, a la oscuridad por luz y a la mentira por verdad. Sus ángeles suelen disfrazarse como "ministros de justicia" (2º Corintios 11:15) para engañar a los que no tienen las Sagradas Escrituras como referente. Jesús advirtió que en los últimos tiempos abundaría el engaño: "mirad que nadie os engañe";  "Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mateo 24:4,24), de tal manera que debemos estar preparados para enfrentarlo conociendo bien la verdad.
De la forma que engañó a nuestros primeros padres, engaña a millones hoy con la idea de que los muertos en realidad no están muertos. Se encuentran en otro plano de existencia, más elevado y mejor, independientemente de lo que hayan hecho en esta vida. Esta terrible mentira tiene múltiples manifestaciones, pero un solo padre, el diablo.
Lo peor del caso es que su obra de engaño ha encontrado terreno fértil dentro de la iglesia. Las filosofías orientales, la meditación trascendental, la muy "científica" parapsicología, el control mental; son algunas de sus civilizadas formas actuales. Otros más son dominados por las sugestiones de los movimientos llamados "del Espíritu", en los cuales el espíritu que se manifiesta produce rechazo a la Palabra de Dios y frutos de exaltación y fanatismo. Por el otro lado las sofisticaciones de la Nueva Era entrampan al resto.
Elena de White afirma: "El espiritismo es la obra maestra del engaño. Es la mentira más fascinante y de más éxito de Satanás, calculada para lograr la simpatía de los que han depositado a sus amados en la tumba. Ángeles impíos vienen asumiendo la forma de esos amados, y relatan incidentes relacionados con sus vidas, y llevan a cabo actos que ellos realizaron mientras estaban vivos. De ese modo inducen a las personas a creer que sus amigos fallecidos son ángeles que están volando por encima de ellos y que se pueden comunicar con ellos. Estos ángeles impíos, que pretenden ser los amigos desaparecidos, reciben un cierto grado de idolatría, y para muchos sus palabras tienen más peso que la Palabra de Dios. De ese modo se induce a hombres y mujeres a rechazar la verdad, y a escuchar "a espíritus engañadores". Cada día con Dios pag. 247
Recuerda que no todo lo que parece es. El demonio actua con gran prisa y pone en juego todos los elementos posibles para engañar al mundo entero. Si no sabemos lo que creemos seremos engañados. Esta no es una invitación a desconfiar de todo y de todos, sinó a ejercer completa fe en el Señor y en su palabra para estar seguros.
¿Has recibido el amor de la verdad para ser salvo?

sábado, 14 de agosto de 2010

LO QUE APRENDÍ DE UNA LESIÓN

"Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
Dios mío, no te tardes".
Salmos 40:17
El miércoles fui a jugar al básquetbol con algunos alumnos y profesores y me lesioné el pie izquierdo de una forma algo extraña. El especialista que me revisó me dio para 3 semanas de reposo. Aunque lo sucedido fue motivo de simpatía para algunos que me llamaron para averiguar como estaba, también motivó las burlas de mis amigos y familia diciendo que a mi edad "ya no estoy para esos trotes".
Pero mi limitación física y la forzosa inactividad resultante me han recordado siete claras lecciones espirituales que quisiera compartir.
  1. Me recordaron mi fragilidad: Yo bien sabía que me exponía a lesiones por mi estilo de vida sedentario y el poco ejercicio; pero con algo de soberbia, confié en mis fuerzas más allá de lo razonable. Mi cuerpo se deteriora y no importa cuanto lo cuide, un día fallará por completo. Por eso, cada día debo recordar consagrarme al Señor como si fuera el último de mi existencia. (ver entrada "Efímeros")
  2. La sumisión: cuando el médico me indicó que debía pedir licencia, no consultó mis planes o las responsabilidades que debía cumplir. Tampoco si me agradaban o no las medicinas. Simple y llanamente debí obedecer y olvidarme de lo que deseaba hacer. Necesito reconocer que no soy dueño de mi vida y que "en tu mano están mis tiempos". Salmos 31:15
  3. El dolor: cuando al pisar sentí una terrible punzada en la planta del pie, afronté la realidad del desagradable "efecto colateral" que el pecado trae consigo. Sufrir es por demás desagradable, pero en ciertos casos es un "último recurso" divino sumamente aleccionador. Su presencia me debería conducir a cambiar las cosas que ofendan a nuestro Señor.
  4. La dependencia es quizá el elemento más irritante. Nos gusta valernos por nosotros mismos y no queremos aceptar las limitaciones. Pero con el tiempo (o los contratiempos), nos vamos dando cuenta de que dependemos de la ayuda de los demás. Pablo, ya anciano suspiraba por la compañía y ayuda de su camarada Timoteo: "procura venir pronto a verme... trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos". 2ª Timoteo 4:9 y 13
  5. La humildad: es un subproducto de la dependencia. Cuando estamos desvalidos y nuestra pretendida omnipotencia queda por el piso, el yo es puesto a a un lado. Buscamos entonces la ayuda de los demás y suplicamos el favor divino (que siempre hemos necesitado). Bueno sería que esta fuera mi actitud en todo momento.
  6. La paciencia: Una larga afección nos enseña a ser pacientes y esperar. Esperar el fin del dolor, esperar la recuperación física, esperar encontrarnos otra vez en plenitud. Esperar con paciencia en Dios...En medio de las prisas y el afán de la vida diaria debo evitar que me pase como decía una canción; "me olvidé de vivir" para esta vida y para la venidera.
  7. La devoción: en el dolor, la necesidad y el alejamiento de las responsabilidades, se me da un precioso tiempo para reflexionar, orar, leer la santa Palabra de Dios y para el culto de familia. Necesito apartar más tiempo para estas cosas también cuando esté sano.
Finalmente, este incidente me ayuda a enfocarme en Jesús y en el cielo, cuando todas nuestras penas, limitaciones, dolores y tristezas se habrán ido para siempre. La esperanza de ese día es mi mayor gozo. Alégrense conmigo en la anticipación del día en que "los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido." Isaías 35:10