martes, 24 de febrero de 2009

No desistas

Cuando vayan mal las cosas
como a veces suelen ir
Cuando haya en tu camino
solo cuestas que subir
Cuando haya poco haber
y haya mucho que pagar
Y precisas sonreír
aún teniendo que llorar,
Cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debas
¡pero nunca desistir!

Tras las nubes de la duda,
ya plateadas ya sombrías,
puede bien surgir el triunfo
no el fracaso que temías
Y no es dable a tu ignorancia
figurarse cuan cercano
puede estar el bien que anhela
y que juzgas tan lejano
Lucha pues, por más que tengas
en la brega que sufrir
cuando todo está peor
¡Más debemos persistir!

RUDYARD KIPLING

La bendición de las consecuencias

A pesar de las apariencias, hay una bendición en ello.
¿Que tiene de bueno sufrir por las consecuencias de nuestras propias acciones?
Desde el día en que Adán pecó, se le comunicó que "comería el pan con el sudor de su frente". De allí en más, todos los seres humanos, también por nuestra propia causa, nos sumergimos en un horrible pantano de dolor, angustia, sufrimiento y muerte.
En Gálatas 6.7 dice:
"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará".
Es una ley de la que nadie escapa. Sin olvidar que no todo sufrimiento viene por nuestra propia acción (o inacción), sino de la maldad de nuestro Enemigo; Dios la diseñó como salvaguardia contra el mal, la presunción, la insensatez, la desesperanza y la temeridad.
Las heridas sanan, pero queda la cicatriz. Los divorcios pasan pero los hijos no dejan de sufrir por ellos. Podemos sacar el clavo, pero no hay forma de sacar el agujero que dejó el clavo.
Años de intemperancia que arruinan el aparato digestivo. Cientos de mentiras que destruyen para siempre nuestro respeto y credibilidad. O tal vez un solo acto apresurado que puede terminar con una relación, una única acción impremeditada y violenta que acaba con una vida. Hay tantas cosas que no se pueden reparar.
¿Debe el Señor intervenir para evitarnos estos sufrimientos?
Para nosotros es necesaria la disciplina de enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones.
De otra manera no podríamos ver la "pecaminosidad" del pecado, nos manejaríamos con la teología de "peco y luego me confieso", y lo que es peor, distorsionaríamos la imagen de Dios al convertirlo en una especie de Papá Noel arreglalotodo.
Pero para el hombre incrédulo y egoísta que únicamente quiere librarse del dolor y los problemas, la intervención divina no le traería ningún beneficio.
Traspasando lo didáctico, es Su plan, que al enfrentar nuestros errores lleguemos a ser conscientes de nuestra incapacidad y dependencia y ello nos lleve al arrepentimiento, la confesión y a la conversión.
Había en Jerusalén un hombre en el estanque que estaba sufriendo por 38 años las consecuencias de sus pecados y estaba en una condición miserable y sin esperanza (Juan 5). Jesús se acerca y lo sana. El desdichado vuelve a caminar y a disfrutar de la salud.
¿Era eso justo? ¿Acaso al sanar a los enfermos, Cristo les permitía escapar de las consecuencias de sus malas acciones?
No, más bien es la excepción que confirma su regla al advertirle "no peques más para que no te venga otra cosa peor(vs. 14)"
Quizá el paralítico volvió a enfermarse; sin duda, murió. Lázaro resucito, tan solo para luego regresar a la tumba. Ningún milagro fue un acto definitivo, apenas un respiro, un vaso de agua fresca para el sediento. Aliviador, pero efímero y transitorio.
Aunque no se debe desmerecer el poder y el valor de las curaciones efectuadas por Jesús, no eran su propósito final. Los sanamientos eran esperanzadoras incursiones temporales de Jesús en el terreno de Satanás, advirtiéndole que un día todos sus cautivos le serían arrebatados, que todo el mal que causó y que indujo a cometer terminaría para siempre.
No tenían por objeto un bien parcial, un alivio momentáneo, sino un beneficio que alcanzaría a la eternidad. Estaban diseñados para traer fe y esperanza al sufriente y hacer que fijara sus ojos en Aquel que es su todo suficiente y compasivo salvador.
Recordemos lo que dice de los héroes de la fe en Hebreos 11: 39,40 "Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros."
En su eterna sabiduría, permite que en la mayoría de los casos, la ley de la siembra y la cosecha nos traiga el "beneficio" del pesar, el envejecimiento, la degradación y finalmente la muerte, para que los creyentes esperemos lo mejor, lo final, lo definitivo; que ocurrirá cuando Él venga.
Retorna Maestro.

lunes, 23 de febrero de 2009

Retorna

Retorna Maestro, te necesitamos,
esta vida nuestra , no es vida sin tí,
pon fin a este loco y audaz frenesí,
que humilla y agota lo que más amamos

¿Qué vale la vida si no la vivimos,
desde que la matan pecado y dolor?
¿Qué vale la tierra desde que el horror
de todos los males en ella sufrimos?

Señor Jesucristo, tú lo has prometido
y no has fracasado en ninguna ocasión
Vuelve por aquellos a los que has querido

Y de quienes eres única ilusión
¡Vuelve ya Maestro! Te espera rendido,
del amor más tierno nuestro corazón

Anónimo

No me mueve Señor

No me mueve mi Dios, para quererte,
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por esto de ofenderte.

Tú me mueves Señor, muéveme el verte,
Clavado en esa cruz y escarnecido,
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
Muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin tu amor y en tal manera
Que aunque no hubiera cielo yo te amara
Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
Pues aunque lo que espero no esperara,
Lo mismo que te quiero, te quisiera.


Anónimo

Gigantes...¿Deberíamos temerles?

Los gigantes asustaron a los israelitas al borde mismo de la Tierra Prometida. Los negativos informes de los 10 espías enviados hicieron desanimar al pueblo y los llevaron a vagar 40 años por el desierto, con la única y lóbrega expectativa para sus hombres de guerra, de caer muertos en él.
En los temas anteriores sobre Deuteronomio 2 vimos que a Israel no se le permitió posteriormente adueñarse de los territorios de Moab, Amon y Edom. Lo paradójico es que estas naciones también tuvieron que enfrentarse con gigantes. Notemos los siguientes pasajes:
" 9-11 Y Jehová me dijo: No molestes a Moab... porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot. (Los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac. Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas)".
Todavía hay más:
"
19-22 Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no los molestes, ni contiendas con ellos; pues a los hijos de Lot la he dado por heredad. (Por tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos; pueblo grande y numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a los cuales Jehová destruyó delante de los amonitas. Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar, como hizo Jehová con los hijos de Esaú que habitaban en Seir, delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar hasta hoy. "
Bastante reproche para ellos y para el pueblo remanente actual ya sería que los paganos e idólatras parientes del pueblo de Dios vencieron a los amedrentadores gigantes .
¡Cuántas veces los no creyentes avanzan y conquistan aquello que los hijos del Señor no se atreven a alcanzar, desconfiando de las promesas de victoria que nos han sido dadas!
Jesús dijo que "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él". (Mateo 11:12)
y agregó algo que debiéramos notar: "los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz" (Lucas 16:8).
Pero lo sorprendente del relato que consideramos es que el que destruyó a los gigantescos emitas, zomzomeos e incluso a los horeos, fue el Señor mismo - así o dice la Biblia-
"Jehová destruyó. " Él es poderoso.
Se involucró con la suerte de estos pueblos que no lo amaban ni lo reconocían como su Dios, para cumplir sus promesas dadas a Abraham. Él es fiel.
Esto nos debe enseñar lecciones de humildad, sumisión y fe; pero recordar además, que estas virtudes no están divorciadas de la valentía y la santa osadía.
Avancemos a la conquista de este mundo pecador, no hay gigantes que valgan, porque si "Dios es por nosotros... ¿quién contra nosotros?"
Recordemos nuestra comisión de Mateo 28:18,20 "y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id ...y haced discípulos... (es el mandato de Dios) y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."
Gigantes... (pruebas, tentaciones, persecuciones, incomprensión, sufrimiento...) ¿deberíamos temerles?