sábado, 27 de marzo de 2010

PERSONAJES DE LA CRUZ

Continuando con los temas de Semana Santa, quisiera aportar algo más a los conceptos anteriores.
En el camino al calvario, nuestro Salvador se encontró con un significativo número de personas, buenas y malas, alcanzables y empedernidas; todas  ellas necesitadas de su gracia. En esos encuentros manifestó un derroche de abnegación, bondad, misericordia y amor, tanto más sorprendentes considerando la agonía y el sufrimiento por los que estaba pasando.
En en jardín del Getsemaní había bebido hasta el fondo la copa de la ira divina, sin embargo su corazón rebosaba de compasión por sus hijos caídos. Su preocupación no era su propia situación sino la de aquellos a quienes había venido a salvar. ¡Qué maravilloso Señor tenemos!
A continuación, una lista de algunos de ellos:
  • Pedro: le advirtió de su negación y le dijo que oraba por él. Lucas 22:31
  • Sus discípulos: Al ser arrestado pidió a sus captores "si me buscáis dejad ir a estos" Juan 18:8
  • Malco: Sanó la oreja del siervo del Sumo Sacerdote que Pedro había cortado. Lucas 22:51
  • Pilatos: Dios le advirtió por medio de un sueño dado a su mujer que no condenara a Jesús. Mateo 27:19
  • Barrabás: ocupó su lugar y éste salió libre. Verdadero microcosmos de la redención. Mateo 27:21
  • Simón de Cirene: Fue obligado a llevar la cruz literal de Jesús para que llevase la cruz el resto de su vida. Marcos 15:21
  • Las mujeres que lloraban por él: Dirigió su vista proféticamente a los juicios que vendrían a Jerusalén. Lucas 23:28
  • Los que le crucificaban: le oyeron orar pidiendo perdón por ellos "porque no saben lo que hacen". Lucas 23:34
  • Su madre: En la cúspide del dolor, hizo provisión para su cuidado encargándola a su discípulo amado. Juan 19:25-27
  • El ladrón en la cruz: Fue salvado en la hora undécima y murió con la seguridad del perdón divino. Lucas 23:42
  • El centurión: Viendo la actitud de Cristo durante su tortura, se vio impulsado a exclamar "¡Verdaderamente este era hijo de Dios!". Marcos 15:39
Presento con más detalle tres de dichos personajes que me llamaron especialmente la atención.
I- SIMÓN PEDRO
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces". Lucas 22:31-34
Cuando se le advirtió sobre su fracaso, el orgulloso corazón de Pedro rechazó la amonestación pues pensaba que su amor por Cristo era tan firme que nada lo movería. Pero se engañaba a sí mismo y pagaría un alto precio por su descuido en velar.
Tuvo que ser confrontado con su derrota y llorar amargamente; pero no fue empujado a la desesperación debido a lo que sucedió en el momento en que negaba a su Maestro:"Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces". Lucas 22:61
¿Qué había en la mirada de Jesús que produjo en Pedro un sincero y cabal arrepentimiento?
Sin dudas fue una mirada de amor, la misma que dirige a cada uno de sus hijos. La misma mirada de misericordia se extiende hoy sobre mí y sobre tí y demanda de nosotros una mirada de fe.
¿Cómo respondemos?
II- SIMÓN DE CIRENE
"Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo (ver Romanos 16:13), que venía del campo, a que le llevase la cruz". Marcos 15:21
La mención de sus hijos en estas referencias, demuestra que la desagradable tarea que le impusieron se convirtió en una bendición para él y toda su familia. 
Elena de White comenta: "En ese momento, un forastero, Simón cireneo, que volvía del campo, se encontró con la muchedumbre. Oyó las burlas y palabras soeces de la turba; oyó las palabras repetidas con desprecio: Abrid paso para el Rey de los judíos. Se detuvo asombrado ante la escena; y como expresara su compasión, se apoderaron de él y colocaron la cruz sobre sus hombros. Simón había oído hablar de Jesús. Sus hijos creían en el Salvador, pero él no era discípulo. Resultó una bendición para él llevar la cruz al Calvario y desde entonces estuvo siempre agradecido por esta providencia. Ella le indujo a tomar sobre sí la cruz de Cristo por su propia voluntad y a estar siempre alegremente bajo su carga". DTG pag. 742
Las pruebas, la adversidad y el dolor pueden ser los medios por los cuales nos obliga a echar mano de su gracia y rendirnos a su amor. Nunca te quejes de cargar la cruz, es tu mayor privilegio y gozo llevarla.
III- EL LADRÓN EN LA CRUZ
"Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,  y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". Lucas 23:33-43
Nadie hizo menos que este ladrón para alcanzar el cielo (si se alcanzara por méritos) pero nadie creyó más que él. Demostró una fe de calidad tal como la que debemos poseer si queremos ser salvos al final.
Jesús pensó en los demás en su hora más negra porque, después de todo, este es el espíritu que impera en el cielo. En su reino no hay egoísmo sinó abnegación y servicio gozosos y amantes.
También pensó en tí y en mí y es su supremo deseo vernos allí.

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