viernes, 4 de diciembre de 2009

PADECIMIENTOS

"Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción". Job 5:6
Estas son las sombrías palabras de un hombre golpeado contundentemente por el dolor y la desgracia. Desde su punto de vista el sufrimiento es una constante en la vida; un destino compartido de la humanidad caída.
Podríamos pensar que eso no es así; que Job expresaba estos sentimientos negativos solo porque estaba deprimido por causa de su desgracia.
Debemos reconocer que en la vida también hay momentos luminosos y que hay muchas personas que al parecer no sufren como los demás.
Lo cierto es que en la Biblia se presentan ambos cuadros: el de los justos que prosperan "como árbol plantado junto a corrientes de aguas" (Salmos 1:3) y de los santos que padecen y son despojados de todo, incluso de su vida, por causa de su fe.
(Dejo de lado intencionalmente los sufrimientos que vienen por nuestras decisiones y nuestra conducta equivocadas).
¿Cómo armonizar estas dos realidades contrastantes?
Se podrían comparar estos pasajes bíblicos con fotografías. Al mirarlas solamente vemos un instante congelado en el tiempo, en que las personas o el paisaje no se mueven ni cambian, los estados de ánimo no varían. Todo está estático.
Pero la vida se parece más bien a un vídeo, donde los cuadros cambian de continuo y podemos apreciar el desarrollo de los acontecimientos.
Habrá momentos de nuestra vida en que nuestro Señor en su sabiduría nos proporcionará salud, prosperidad y paz, muy cercanos a otros (acaso más frecuentes) en los cuales las sombras cubrirán nuestra existencia al punto de parecer que El nos desamparó.
Pero Dios no es negligente ni azaroso. Todo lo hace con un propósito.
El apóstol Pedro lo expresó así: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros". 1 Pedro 4:12-14
No deben considerarse los padecimientos como rarezas o impedimentos en nuestras vidas, sino como fuente de gozo ¿Lo vemos así?
Acerca de Pablo,  Dios dijo también: "porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre". Hechos 9:15
¿Hay padecimientos "necesarios"?
Uno hasta se rebela contra pensamientos de ese tipo, no son para nada agradables; pero como cristianos debemos entender que los hay. Sin duda.
Algunos son necesarios para perfeccionar nuestro carácter, otros para dar testimonio de nuestra fe ,para la gloria del evangelio y aún otros en los cuales no alcanzaremos a percibir con claridad para qué sirven.
Pero basta recordar las experiencias de hombres como Job o Juan el bautista. Sus sufrimientos, que bien podemos calificar de inmerecidos, fueron necesarios no para ellos, sino para alentarnos a nosotros a lo largo de los siglos.
¡A cuantos hijos de Dios que pasaban por pruebas severas sostuvieron los ejemplos de aquellas santas vidas!
Hasta que el conflicto entre la verdad y el error finalice y Satanás sea definitivamente destruido, hemos de padecer, no por causa de Dios sino del enemigo. No constituye una desgracia, sino  nuestro mayor y más elevado privilegio sufrir por causa del evangelio.
Es la forma en que se muestra la justicia de Dios, también la manera en que nuestra lealtad a su gobierno se evidencia al universo para seguridad eterna.
Jesús nos prometió: "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida".Apocalipsis 2:9-11
La promesa es segura. Aferrémonos a ella.

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