miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿RECIBIMOS LO QUE SEMBRAMOS?

"Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Lucas 23:39-42
En la crucifixión, uno de los ladrones expresó la aguda contradicción que había entre su suerte y la de Jesús. En los dos homicidas se cumplía la justicia; pero en relación al nazareno que ocupaba la cruz del medio, ¿qué sucedía?
Es que el plan de Dios contempla a la vez justicia e injusticia (¿incomprensible, verdad?) ...
Una de las inalterables leyes del universo físico es que cosechamos lo que sembramos. Esto es cierto en el terreno físico y debería serlo también en el terreno espiritual. "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Gálatas 6:7
Como las consecuencias de nuestros actos generalmente regidos por el pecado no suelen ser agradables, la réplica humana a dichos efectos suele ser la desesperación, la ira, la rebelión o cualquier combinación de estas.
Esto se hizo patente en cómo lo manifestó con amargura el primer asesino, al ser confrontado por Dios: "Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado". Génesis 4:13
Admitimos que la mala cosecha debe recibir castigo y la buena debe ser premiada. Eso lo sabe cualquiera. Es lo esperado; lo justo y necesario. Sin embargo, no siempre sucede así...
¿Qué pues si recibimos algo distinto de lo que plantamos? ¿No es injusto?
Consideremos la experiencia del Señor para con su pueblo Israel a fin de comprender un poco mejor este asunto.
Dios había intervenido poderosamente a lo largo de la historia para conducir a la nación israelita a una relación favorable de pacto con él, para que fueran sus testigos; la "luz para los gentiles".
Pero ellos respondieron vez tras vez con rebeldía, obstinación e idolatría.  Abundan los ejemplos de la obstinación de Israel y de la infinita paciencia y misericordia de Dios para con su necio rebaño.
Su dolor por la miserable cosecha recibida del abundante despliegue de su gracia, se refleja en el triste reclamo del profeta evangélico:
"Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?" Isaías 5:1-5
La respuesta inicial de Dios para con su pueblo rebelde, fue permitirle cosechar las consecuencias de sus propios actos; pero si prestamos atención, no terminaría allí. En los capítulos siguientes (6 y 7), le fue dado al profeta tener una visión de su gloria y se le manifiestó la intención divina de intervenir drásticamente en la historia de este mundo.
"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel". Isaías 7:14
¡Darlo todo para recibir tan poco! Es tan triste. Puede decirse con propiedad que eso no es justo.
Sin embargo, la injusticia del hombre no hace más que resaltar la justicia y misericordia empleadas por la Divinidad para nuestra salvación. Él no se resigna a abandonarnos a nuestra suerte, pues nos ama con un amor que está más allá de todo entendimiento humano.
Como ya dije, el plan de Dios contempla a la vez justicia e injusticia. Por eso se lo llama el "misterio" de la redención.
Su carácter inmaculado ocupó el lugar del deforme caracter del pecador; se ofrecieron su justicia por nuestra inmundicia, su pureza por nuestras impurezas, su amor por nuestra ingratitud. Fue un pésimo trueque; el intercambio más desigual que se haya realizado en toda la historia del universo.
El Señor fue injusto con su inocente Hijo, para poder ser justo con sus hijos caídos de este mundo. El peso de la ley cayó sobre el inocente y el culpable salió libre.
Y todo fue por su amor hacia nosotros...
"Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación... Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él". 2º Corintios 5:19,21
La paradoja de la cruz, es que para ser justo y a la vez justificar a la raza caída, Jesús tuvo que pagar el horrible precio de la transgresión sufriendo la muerte por todos nosotros.
A manera de himno glorioso, el apóstol Pablo afirma sobre este hecho:
"Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús". Romanos 3:21-26
¡Maravilloso e incomprensible amor redentor!
E.G. White dice también: "Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. "Por su llaga fuimos nosotros curados." (Isaías 53:5)". El Deseado de todas las gentes pag. 25
¡Gracias Señor por haber sido injusto con tu amado Hijo, para que un rebelde como yo pueda ser salvo!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

DOBLE MICROCOSMOS

Les propongo un estudio comparativo de dos parábolas enseñadas por Jesús que aparentemente no tienen relación entre sí; pero que vistas en conjunto, nos enseñan valiosas lecciones espirituales.
La primera de ellas es la parábola del buen samaritano; la otra la parábola del redil. 
"Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás". Lucas 10:25-28
El énfasis de la pregunta, típica en un legalista, era: "qué debo hacer yo" para obtener la salvación.
El egoísta y autosuficiente corazón humano es incapaz de percibir que no hay absolutamente nada que podamos hacer por nuestra cuenta y mérito para alcanzarla.
La repregunta del Salvador y el relato siguiente, tenían como objetivo guiarlo de su errada confianza basada en la letra de la ley, a la nobleza del espíritu de la ley. Del error de la autojustificación, deseaba llevarlo a una correcta comprensión de lo que significa amar y obedecer a Dios. 
La respuesta del hombre fue defensiva: "Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo". Lucas 10:29-37
De los tres viajeros, solo uno tuvo la actitud requerida por el Señor: la misericordia. 
"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios". Miqueas 6:8
Eso fue lo que lo convirtió en un PRÓJIMO. 
No era pues cuestión de HACER sino de SER.
El relato siguiente era familiar para los judíos porque presenta escenas de la vida pastoril. Un redil, un rebaño, un pastor, acompañados de otros personajes, buenos y malos, todos comunes al contexto de la historia.
"Ciertamente les aseguro que el que no entra por la puerta al redil de las ovejas, sino que trepa y se mete por otro lado, es un ladrón y un bandido. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta, y las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil... Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas...  El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas... Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor". Juan 10:1-16
En este relato hay una aparente confusión de roles: el asalariado y el verdadero pastor, el ladrón y el pastor, las ovejas de dentro y fuera del redil. Al final, queda claro el lugar de cada uno.
En el cuadro que sigue, una relación de los personajes de ambos relatos nos proporciona una visión comparativa del "quién es quién" en este microcosmos de la redención.

EL BUEN SAMARITANOPARÁBOLA DEL REDIL
HOMBREOVEJAS
LADRONESLADRON
SACERDOTEASALARIADO
LEVITAASALARIADO
BUEN SAMARITANOBUEN PASTOR
MESONEROPORTERO

Tanto el viajero moribundo como las ovejas (tu y yo), son presentados como indefensos, incapaces de hacer algo por sí mismos para cambiar su suerte. Son nuestro fiel reflejo, pues sin el auxilio de la gracia divina seríamos fácil presa de Satanás. Pero aunque necesitados y débiles, somos llamados a la salvación.
Las ovejas, además, ya sea las que están en el redil, como las que se hallan fuera, son objeto del más alto interés del pastor, que está dispuesto a dar su vida por ellas. 
La Biblia es meridianamente clara al afirmar que ninguna otra cosa que la misericordia del Salvador obra nuestra salvación; que nuestra obediencia, aunque necesaria, es posterior y derivada de este soberano acto de redención.  La observancia de la ley es consecuencia de la morada del Espíritu en el corazón del creyente.
 El mesonero y el portero representan a los que, con fidelidad, aunque sin brillar, colaboran activamente en el adelanto de la causa del Señor: Podemos encontrarlos en la puerta de cada iglesia con una sonrisa de cálida aceptación. Son los que dan la bienvenida, cobijan y sostienen a los nuevos creyentes.
 En contraste, tanto el levita, como el sacerdote y el asalariado se ocupan nada más que de sus propios asuntos. Son representativos de aquellos que aman más a los bancos del templo que a quienes se sientan en ellos. Éstos sienten pasión por los programas de la iglesia, pero desprecian a sus beneficiarios. Hablan de la responsabilidad pero huyen de ella.
El elemento negativo lo aportan el y los ladrones de sendas historias. No traen más que problemas, robo, muerte y destrucción. Reflejan la triste categoría de muchos que pueblan nuestras congregaciones, no siendo trigo sinó cizaña.
Felizmente, en ambas aparecen con el calificativo de bueno, un samaritano y un pastor. Los dos son despreciados; el primero por su nacimiento, el segundo por su profesión. No son religiosos profesionales sino humildes trabajadores. No obstante, traen salvación, cuidado y seguridad a quienes se encuentran bajo su responsabilidad. Representan sin duda a Jesús, nuestro maravilloso pastor y auxiliador.
Cada uno de nosotros es inevitablemente uno de los personajes de estas parábolas, con excepción de los últimos dos nombrados. 
¿Con cuál de estos personajes te identificas?

domingo, 31 de octubre de 2010

CONTROVERSIA, ¿BUENA O MALA?

"El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar". Proverbios 18:19
El texto de referencia nos advierte acerca de entrar en disputas entre hermanos. No solamente causan enojos y discordia, sinó la pérdida de muchas almas. 
Es cierto que entre los cristianos es necesario que haya diferencia de opiniones, porque de lo contrario seríamos sumamente manejables (no hablo aquí de la paz de los cementerios); hay controversias que son inevitables y otras evitables, las hay buenas y malas, necesarias e innecesarias....
¿Cómo establecer la diferencia?
Primero, demos un paseo por el diccionario. Una controversia viene a ser una discusión extensa entre varias personas que defienden opiniones contrarias sobre un mismo asunto. La contienda es la pelea resultante de la diferencia de opiniones.
La Biblia es clara en cuanto a su origen: "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: ... enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias... y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios".  Gálatas 5:19-21
Salomón agrega un tono personal, identificando al promotor de disputas, al decir que "el altivo de ánimo suscita contiendas". Proverbios 28:25
El orgullo no debiera dominar nuestras reacciones. En lo que dependa de nosotros, no demos dar lugar a la controversia o a la contienda entre quienes nos llamamos cristianos. Pablo amonestó a los corintios acerca de estas actitudes diciendo: "pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" 1º Corintios 3:3
Defender nuestra posición de manera airada, hacer denuncias y acusar al otro con dureza, suelen ser síntomas de falta de conversión. Enojarse por las críticas o las opiniones contrarias a las nuestras también lo es.
¿Pero qué de aquellos que no son de nuestra fe y afirman mentiras? ¿Está mal polemizar con ellos?
La siguiente cita nos puede ser de ayuda: "No debemos entrar en controversia con quienes sustentan teorías falsas. La controversia es inútil. Cristo nunca entró en discusiones. El arma empleada por el Redentor del mundo fue: "Escrito está". Adhirámonos a la Palabra. Dejemos que el Señor Jesús y sus mensajeros den testimonio. Sabemos que su testimonio es verdadero".­ NB 101 (1915).
El método de Jesús no era debatir. Los predicadores no deben hacerlo. Elena White agrega: "No tengáis un espíritu de controversia. Los discursos denunciatorios hacen muy poco bien. El método más seguro para destruir las falsas doctrinas consiste en predicar la verdad. Mantened una actitud positiva. Dejad que las preciosas verdades del Evangelio maten la fuerza del mal. Manifestad un espíritu tierno y misericordioso hacia los que yerran. Acercaos a los corazones".­ Ev 224 (1902).
El consejo final de Pablo a Timoteo como líder de la iglesia incluía estas palabras: "Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas... Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él". 2º Timoteo 2:14-16;23-26
No deberíamos ser culpables de la perdición de nadie ¿verdad?
  • Echar nafta al fuego no constituye la mejor forma de apagarlo
  • No hay sangrado más difícil de detener que una hemorragia interna
No obstante, las disputas no se apagarán por más que los cristianos logremos dejar de debatir. Como lo aprendió por experiencia propia el profeta Jeremías cuando predicaba su impopular mensaje, la controversia que levantó entre los obstinados israelitas tenía su origen, más que en las palabras pronunciadas por el profeta, en la resistencia del pueblo a obedecer la palabra de Dios, lo cual lo hizo exclamar: "¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen". Jeremías 15:10
Hay, por lo tanto, una controversia que resulta positiva.
No se trata de la que es levantada en el seno del pueblo de Dios; sino la que surge como consecuencia de la intrépida predicación de la verdad: "En todos los tiempos los mensajeros elegidos por Dios fueron víctimas de insultos y persecuciones; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían".­ DMJ 31, 32 (1896).
Este tipo de controversias es inevitable, y debe ser esperada con humildad de corazón. Nada de nuestro yo puede surgir en la defensa de la verdad, porque así estropearíamos su poder e influencia. Daremos mejor testimonio contando con mansedumbre y reverencia lo que Dios hizo en nuestras vidas, que utilizando elaborados y pulidos argumentos en nuestro favor.
La Gran Controversia que Satanás comenzó en el cielo pronto llegará a su fin. Cada uno de nosotros tendrá que dar razón de su fe, y se nos echarán en la cara las palabras apresuradas, los comentarios subidos de tono y las expresiones imprudentes vertidas en tiempos de paz.
Seremos perseguidos y calumniados utilizando falsedades, medias verdades y controversias internas. Por lo tanto, evitemos dar argumentos al enemigo.
¿Cómo estaremos tú y yo en ese día?

sábado, 30 de octubre de 2010

NECESITAMOS DESPERTAR

"Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
y levántate de los muertos,
y te alumbrará Cristo.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos".
Efesios 5:14-16

Quiero compartir con mis lectores estas citas estremecedoras, junto a lo que dice la Palabra de Dios. Vivimos tiempo prestado y necesitamos desesperadamente despertar.

Entender los tiempos:
"Apreciados hermanos y hermanas: Mientras el error progresa rápidamente, debemos procurar estar despiertos en la causa de Dios, y darnos cuenta del tiempo en el cual vivimos. Las tinieblas van a cubrir la tierra, y la obscuridad los pueblos. Y mientras casi todos los que nos rodean están envueltos en densas tinieblas de error y engaño, nos incumbe sacudir el estupor y vivir cerca de Dios, donde podemos recibir divinos rayos de luz y gloria del rostro de Jesús. A medida que las tinieblas se intensifican y el error aumenta, debemos obtener un conocimiento más cabal de la verdad y estar preparados para sostener nuestra posición mediante las Escrituras". Primeros Escritos pág. 104
"Satanás procura mantener al pueblo de Dios en un estado de inactividad, e impedirle que desempeñe su parte en la difusión de la verdad, para que al fin sea pesado en la balanza y hallado falto." (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 88.)

Falta de fervor misionero:

"La falta de actividad y fervor en la causa de Dios es espantosa. Este estupor mortal proviene de Satanás. El domina la mente de los observadores del sábado no consagrados, y los induce a sentir celos unos de otros, a criticarse y censurarse. Es su obra especial dividir los corazones, para que la influencia, la fuerza y la labor de los siervos de Dios sean consumidas por el trabajo entre los observadores del sábado no consagrados, y les toque dedicar de continuo su tiempo precioso al arreglo de pequeñas divergencias, cuando debieran consagrarlo a proclamar la verdad a los incrédulos". Joyas de los Testimonios Tomo 1 pág. 89
"Hermanos y hermanas, ¿Queréis despertar de esta pereza que se asemeja al torpor de la muerte? Id a trabajar, sintáis el deseo o no. Esforzaos personalmente por traer almas a Jesús y al conocimiento de la verdad. Esta labor será para vosotros un estímulo y un tónico; os despertará y fortalecerá. Por el ejercicio vuestras facultades espirituales se vigorizarán, de manera que tendréis más éxito para labrar vuestra propia salvación. El estupor de muerte pesa sobre muchos de los que profesan a Cristo. Haced cuanto podáis para despertarlos. Amonestadlos, suplicadles, argüid con ellos. Rogad que el Espíritu enternecedor de Dios derrita y ablande sus naturalezas glaciales. Aunque se nieguen a escuchar, vuestro trabajo no estará perdido. Mediante el esfuerzo hecho para bendecir a otros, vuestras propias almas serán bendecidas" (Joyas de los Testimonios Tomo 2, págs. 128, 129).

La obra de preparación:

"Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos nombres están registrados en los libros de la iglesia se halla preparado para terminar su historia terrenal, y que estaría tan ciertamente sin Dios y sin esperanza en el mundo como el pecador común. Profesan servir a Dios, pero están sirviendo fervientemente a Mammón. Esta obra que se hace a medias es una negación constante de Cristo, más bien que una confesión de Jesús. Muchos han traído a la iglesia su propio espíritu insubordinado, carente de refinamiento. Su gusto espiritual está pervertido por sus propias corrupciones inmorales y degradantes, y simbolizan al mundo en espíritu, en corazón y en propósito, confirmándose a sí mismos en prácticas lujuriosas, completamente llenos de engaño en su profesa vida cristiana. ¡Viven como pecadores, y pretenden ser cristianos! Los que pretenden ser cristianos y confesar a Cristo deben salir de entre ellos, y no tocar cosa inmunda, y separarse. . . .
Dejo mi pluma y elevo mi alma en oración, para que el Señor sople su aliento vivificante sobre sus hijos desviados, que son huesos secos, para que vivan. El fin está cerca, se insinúa sobre nosotros tan imperceptible y silenciosamente, como las furtivas pisadas del ladrón en la noche, para sorprender a los que duermen, estando desprevenidos y sin preparación. Conceda el Señor que su Espíritu Santo descienda sobre los corazones dominados hoy por la comodidad, para que no sigan durmiendo como los demás, sino que velen y sean sobrios." (Boletín de la Asociación General, 1893, pág. 132, 133.)
"Ha llegado la hora de hacer una reforma completa. Cuando ella principie, el espíritu de oración animará a cada creyente, y el espíritu de discordia y de revolución será desterrado de la iglesia". (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 254.)
"Un reavivamiento de la verdadera piedad entre nosotros es la mayor y más urgente de todas nuestras necesidades. El buscar esto debe ser nuestro primer trabajo". (Review and Herald, 22 de marzo de 1887.)

viernes, 29 de octubre de 2010

LIDERAZGO

¿Qué hace que algunas personas sean simples seguidores y otras sean líderes?
En la experiencia del rey Ezequías cuando los asirios sitiaban Jerusalén hay un verdadero modelo de liderazgo cristiano, que haríamos bien en imitar.
A todas luces la situación era desesperada. Los poderosos ejércitos asirios, famosos por su fiereza y crueldad para con los vencidos, estaban a las puertas de la ciudad, habiendo arrasado con todo a su paso.
El método guerrero de aquellas épocas estaba basado en los combates a campo abierto y el sitio de las ciudades amuralladas. El objetivo del sitio era agotar por medio del hambre, la sed y las epidemias a la población encerrada, para que se rindieran sin luchar o con pérdidas mínimas para los invasores.
A diferencia de otros reyes que prefirieron ser tributarios, Ezequías eligió luchar contra un adversario que le superaba largamente en número y recursos. Desde la óptica humana, parecía una empresa perdida desde el inicio.
Notemos lo que dice el texto sagrado para luego sacar algunas conclusiones:
"Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su intención de combatir a Jerusalén, tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan? Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos. Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos, diciendo: Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá". 2 Crónicas 32:2-8
Siete características se destacan en la intrépida acción del rey, como ejemplo para los líderes de hoy:
  • Buscó el consejo de sus subalternos. No tuvo la presunción de comenzar a dar órdenes sin antes hablar con quienes estaban capacitados, con los que estarían en el frente de batalla, para ver qué hacer y cómo proceder. 
  • Enfrentó la situación con ánimo resuelto. El entusiasmo o la falta de éste son igualmente contagiosos; por ello era imperioso que mostrara determinación para hacer lo que fuera necesario sin importar los riesgos que pudieran correrse.
  • Hizo provisión para la emergencia. Ningún plan marcha si primero no se tienen los recursos necesarios. El largo sitio requería de provisiones y fortificaciones adecuadas para enfrentarlo.
  • Delegó funciones. Sabía que el éxito a escala global depende de la suma de los pequeños éxitos alcanzados en cada nivel. Los que dirigen deben recordar siempre que su bienestar futuro está ligado al triunfo de sus colaboradores.
  • Infundió animo. La palabra oportuna puede encender la esperanza y el ánimo incluso en el corazón más apocado. El líder debe transmitir su visión positiva de la situación a quienes le siguen.
  • Fue creíble. Todos podían ver en sus actitudes, palabras y acciones a un hombre comprometido con el éxito de su empresa.
  • Se apoyó en Dios y no en el hombre. A pesar de sus previsiones y enérgica acción, sabía que la victoria dependía de la ayuda divina. Un dirigente realista ve los peligros y calcula las posibilidades. Los líderes de fe, ven más allá de las apariencias, tomándose del brazo poderoso del Dios Omnipotente.
Este piadoso rey bien pudo haber cantado las palabras del salmo 33:
"El rey no se salva por la multitud del ejército,
ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
Vano para salvarse es el caballo;
la grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
sobre los que esperan en su misericordia,
Para librar sus almas de la muerte,
y para darles vida en tiempo de hambre.
Nuestra alma espera a Jehová;
nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
porque en su santo nombre hemos confiado.
Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
según esperamos en ti".
Salmos 33:16-22