lunes, 31 de mayo de 2010

SALIR DE BABILONIA III


El relato de la caida de Babilonia en manos de los persas tiene en el libro de Daniel un condimento muy especial; habla de copas, de vino, de un juicio irrevocable y de un reino quebrantado. Así habló el anciano profeta al impío rey: "Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón... sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste. Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó esta escritura. Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.
Esta es la interpretación del asunto:
MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.
TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas".
Daniel 5:22-28
La causa de su ruina no fue el poderío de los persas o los medos; lo que colmó la copa de iniquidad de ese poderoso reino fue haber traído los vasos sagrados del Templo para tomar vino en ellos.
Así también la Babilonia simbólica se presenta como una mujer impura, bebiendo vino en "un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación."
 
¿Qué significa el vino de Babilonia?
En el relato anterior, vimos que el vino se servía en honor de falsos dioses. En otras palabras, la idolatría y las falsas enseñanzas que conlleva, son ese vino (ver Jeremías 51:6-9).
Terrible cosa es tomar la mentira, la falsedad, el orgullo, el egoísmo y la vanidad, y colocarlas en la iglesia, que es el sagrado recipiente de la verdad. 
Después de la ascención de Cristo al cielo, la iglesia primitiva mantuvo durante algún tiempo su vigor y su pureza doctrinal. Pero pronto entraron en ella herejías y falsas enseñanzas  que desviaron a los creyentes. Entre los siglos II y VI de nuestra era, la unidad inicial, mantenida al costo de la sangre de los mártires, se vendió en el altar de la transigencia. Parecía que el mundo se estaba convirtiendo a la iglesia cuando en realidad era la iglesia la que se convertía al mundo, dándole la victoria parcial a Satanás. Únicamente unos pocos se mantuvieron fieles a Dios y a su Palabra.
Una tras otra, las verdades celestiales fueron olvidadas o mezcladas con fábulas e invenciones humanas en un terrible y sutil sincretismo. Se pasó del caballo blanco de la pureza doctrinal al rojo sangre de las contiendas entre hermanos y luego al negro azabache del error, para culminar con el anémico caballo de una experiencia religiosa pomposa y formal, pero sin Cristo y su justicia (ver Apoc. 6:1-8)
Los reformadores y otros como Wycliffe, Hus, Lutero, Calvino, Knox, Wesley, por citar algunos, ¿qué dirían si vieran la iglesia cristiana hoy?
Seguramente clamarían al ver difundidos los errores contra los que ellos lucharon, y por la verdad a la que dieron su vida. No aceptarían el vino de Babilonia.
¿Cuáles son las doctrinas que constituyen el mortal vino que ofrece esta mujer?
Aquí quiero repasar lo dicho en la primer entrada de este tema respecto a la actitud humilde y reverente que debemos tener al abordar estos pasajes:
Muchos los utilizan para confundir todavía más a los sinceros de corazón. Otros, como un mazo para aporrear a quienes creen distinto de ellos, acusándolos de ser Babilonia.
Sólo trataré con el mayor de los respetos de exponer lo que creo que es el vino de Babilonia:
  • La primera mentira del Edén: no moriréis; que ha abierto la puerta al espiritismo y a la creencia en la inmortalidad del alma
  • Desde los días de Caín se comenzó a reemplazar la justicia de Cristo por un sistema de obras meritorias de cualquier clase. 
  • El rechazo del Dios Creador por teorías humanas de perfeccionismo, dejando además de lado el día que lo recuerda como Hacedor (sábado).
  • Falsas teorías acerca de la naturaleza de Cristo, que convierten este misterio en objeto de controversia en vez de ser un motivo de adoración.
  • La idolatría en todas sus formas, desde la más burda del animismo primitivo, pasando por la veneración de imágenes, hasta la sofisticada adoración de los dioses modernos como el dinero, el poder, la fama, el sexo, etc.  
  • El poder santificador de la verdad es oscurecido con ceremonias y cultos ostentosos que apelan a los sentidos más que a la conciencia.
  • El nombre de los predicadores y sus logros son más importantes que su mensaje.
  • Las opiniones de los hombres y las enseñanzas espiritualistas pesan más que la sencilla declaración de las Escrituras.
  • Dar al César lo que es de Dios, permitiendo que las leyes del estado puedan tomar el lugar de la conciencia individual.
  • La inmoralidad es tolerable, la fidelidad es intolerable y se la tacha de intolerancia.
  • El amor es solamente un sentimiento vago, en lugar de ser un principio que transforma la conducta.
Podría seguir, pero creo que es suficiente.
Comparto además esta cita con mis lectores: "Es nuestro deber individual andar humildemente con Dios. No debemos buscar mensajes nuevos y extraños. No tenemos que pensar que los escogidos de Dios, que están tratando de andar en la luz, constituyen Babilonia... Esta ha fomentado doctrinas venenosas, el vino del error. Este se compone de falsas doctrinas, como la inmortalidad natural del alma, el tormento eterno de los impíos, la negación de la preexistencia de Cristo antes de su nacimiento en Belén, y la defensa y la exaltación del primer día de la semana sobre el día santificado por Dios". La Iglesia Remanente pag. 93
El maléfico vino del error ha sido dado a beber "a todas las naciones". Intenta infiltrarse en cada iglesia que se dice cristiana y en cada creyente individual.
A nosotros también se nos advierte hoy como en los días de Daniel: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.
Seremos medidos por la ley de Dios, seremos pesados por nuestra adhesión a la verdad y seremos finalmente juzgados por nuestras obras para ver si corresponden a nuestra profesión de fe ¿Se nos hallará faltos como a Belsasar?
¿Cómo podemos evitar beber el vino de Babilonia?
El Señor tiene un remanente que lo hará, venciendo los poderes de las tinieblas con la luz del evangelio eterno.
¿Cómo?
Con la misma resolución que tuvo Daniel cuando "propuso en su corazón no contaminarse... con el vino que él [rey] bebía." Daniel 1:8

domingo, 30 de mayo de 2010

SALIR DE BABILONIA II

Desde el punto de vista histórico, Babilonia fue una nación de extraordinaria influencia en la antigüedad. La Biblia registra que el pueblo judío fue llevado cautivo allí por causa de su maldad, y su magnífico templo fue saqueado y destruido junto con la ciudad.
Esta antigua nación tuvo su origen en Babel, de la cual deriva su nombre. Bajo Nabucodonosor alcanzó un poder y un prestigio que la elevaron sobre los demás pueblos de su entorno, venciendo a los milenarios egipcios y al poderoso imperio asirio.
En tres ocasiones los caldeos invadieron Jerusalén, llevando cautivo al pueblo, imponiendo reyes vasallos y finalmente, al rebelarse estos, destruyó la ciudad. Durante un período de 70 años, los israelitas vivieron en Babilonia y fueron prosperados en cuanto obedecieron el consejo divino.
Pero llegó el momento de salir de esta gran ciudad cuando los medos y persas bajo el mando de Ciro la tomaron por asalto. Profetas anteriores y contemporáneos al cautiviero ya habían anticipado la orden de Dios : "Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos; dad nuevas de esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra; decid: Redimió Jehová a Jacob su siervo". Isaías 48:20. "Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los caldeos". Jeremías 50:8
Algunos incluso con un lenguaje que se repite en el Apocalipsis: "Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su vida, para que no perezcáis a causa de su maldad; porque el tiempo es de venganza de Jehová; le dará su pago. Copa de oro fue Babilonia en la mano de Jehová, que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron los pueblos; se aturdieron, por tanto, las naciones. En un momento cayó Babilonia, y se despedazó; gemid sobre ella; tomad bálsamo para su dolor, quizá sane. Curamos a Babilonia, y no ha sanado; dejadla, y vámonos cada uno a su tierra; porque ha llegado hasta el cielo su juicio, y se ha alzado hasta las nubes. Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su vida del ardor de la ira de Jehová". Jeremías 51:6-9,45
En este reino, el Señor había tratado de infundir su conocimiento por medio de grandes testigos suyos como Daniel; pero a pesar de los intentos divinos, la conclusión fue: "curamos a Babilonia y no ha sanado", por lo cual su pueblo debía salir de ella.
Cuando Dios por medio de Ciro permitió el regreso de los judíos a su tierra, sin embargo, apenas unos pocos volvieron. La mayoría estaba muy cómoda en Babilonia y no se unió al remanente en su peregrinaje (¿no estará pasando lo mismo hoy?). 
Por otra parte, las quejas y las críticas internas y la oposición externa detuvieron la obra de reconstrucción por años, hasta que Esdras y Nehemías aparecieron en escena junto a los profetas Hageo y Zacarías para impulsar una reforma y un reavivamiento entre el pueblo de Dios.
Las similitudes con el pueblo remanente de hoy no son casuales. Por esto, Babilonia aparece en el postrer libro de la Biblia para dejarnos un claro mensaje que trasciende el elemento profético.
Como en el antiguo Israel, algunos de su pueblo todavía no han salido de Babilonia, otros ya lo han hecho y publican las buenas nuevas hasta lo último de la tierra; finalmente, un grupo mayoritario ha salido de la ciudad impía pero sigue bebiendo de su vino porque su corazón todavía está en Babilonia. Este vino y la identidad de Babilonia serán el tema de las siguientes entradas.
Las quejas, las críticas y el espíritu condenatorio y formalista de estos últimos, ha significado años de debilidad espiritual y de atraso en la predicación del mensaje del tercer ángel.
No obstante, la condenación de Babilonia no se postergará para siempre.
En Apocalipsis 17 y 18 se acusa a Babilonia por estos delitos:
  1. Apostasía (nombres blasfemos)
  2. Orgullo y arrogancia (quiere ocupar el lugar de Dios)
  3. Corrupción moral (fornicación, avaricia, etc.)
  4. Materialismo y amor al lujo (la potencia de sus deleites)
  5.  Adulterio espiritual (se la llama la gran ramera)
  6.  Engaños (hechicerías, doctrinas falsas y asociación con el poder civil)
  7.  Persecución a los santos (ebria de la sangre de los santos)
El poder de la Babilonia de los últimos tiempos es universal (abarca todas las naciones), es seductor (embriaga), es hipnótico (engaña) y por ello es casi irresistible. 
Sin embargo, Dios ama a los que permanecen todavía en la ciudad simbólica y les extiende su misericordia (¿los amo yo también?), mientras resuenan los mensajes de los tres ángeles del capítulo 14. Exhorta a los de dentro y fuera a dejar de beber su vino y a salir de ella para no perecer en el día de su juicio, anticipado en las plagas que serán derramadas sobre la tierra (ver Apoc. 15 y 16).
Esta poderosa entidad está bajo el mando de Satanás y hace exitosamente guerra contra los santos. La buena noticia es que no vencerán por siempre porque: "Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles". Apocalipsis 17:14

viernes, 28 de mayo de 2010

SALIR DE BABILONIA I

"Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. ". Apocalipsis 18:1-5
Dios me ha otorgado el gran privilegio de ser docente y poder enseñar la Biblia a niños y jóvenes en nuestra escuela de iglesia, ¡y encima me pagan por ello!
Al tratar con adolescentes que provienen de distintas extracciones religiosas, tengo la enorme tarea de presentarles el evangelio eterno de Dios. Esto demanda de mi parte que conozca bien y por experiencia propia el mensaje que voy a dar. Por otro lado, debo hacerlo tan claro y simple como sea posible.
Es cierto que muchos de ellos no se interesan, e incluso se oponen a todo lo que sea religioso, no obstante, hay en sus corazones un anhelo por las cosas espirituales que no puede ser refrenado pues Dios lo puso allí. Estimo como precioso cada momento en que su conciencia se despierta y oro por sabiduría para aprovechar esos dorados instantes, en los cuales la humana sabiduría no sólo es insuficiente sinó más bien perjudicial.
Hay en la manera de Cristo de tratar a los interesados un ejemplo de maravillosa sencillez, una astucia santificada y un poder de convicción que yo ansío tener. Nunca entró por propia voluntad en controversias (aunque sus enemigos intentaran hacerlo caer de todos los modos posibles), nunca ofendió a un alma que buscaba la verdad y jamás alguien salió de su presencia chasqueado .
Con ese ánimo escribo esta, la primera de una serie sobre el Apocalipsis, con la perspectiva del que quiere ser enseñado por Cristo.
Como consideración previa en cuanto a la caída de Babilonia, creo que mucho de lo que se escribe y circula hoy en la web está desprovisto de ese espíritu.
Al estudiar las profecías, deberíamos imitar la actitud humilde y reverente del profeta Daniel, quien escribió: "En el año primero de Darío... yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza". Daniel 9:1-3
Su primer interés, al hallarse en perplejidad, fue buscar al Señor, haciéndose cargo de los pecados de su pueblo. (ver entrada Daniel 9)
 En el Apocalipsis, Babilonia simboliza la confusión religiosa que se opone a la verdad. Es la obra del anticristo para echar por tierra el mensaje de salvación. En el capítulo 17 se la presenta como una mujer impía, ebria de la sangre de los santos, montada sobre una bestia que a su vez recibe su poder del Dragón (Satanás), quién es el verdadero enemigo del pueblo de Dios.
La mención de su caída, presentada con vivas imágenes y un fuerte lenguaje, aparece dos veces en los capítulos 14 y 18 del último libro de la Biblia. La siguiente cita traza un paralelo interesante con el ministerio de Cristo y la conecta con la purificación del santuario del cielo: Cuando Jesús comenzó su ministerio público, limpió el templo de su profanación sacrílega. Entre los últimos actos de su ministerio figura la segunda purificación del templo. Así también en la obra final de amonestación al mundo, se hacen dos llamados a las iglesias. El mensaje del segundo ángel es: "Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación" (Apoc. 14: 8). Y en la proclamación en alta voz del mensaje del tercer ángel, se oye una voz que dice desde el cielo: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades" (Apoc. 18: 4, 5) (The Review and Herald, 6 de diciembre de 1892).
El mensaje de los 3 ángeles de Apocalipsis 14 contiene tanto el anuncio de la caída de Babilonia como los castigos de quienes adhieran a los poderes de la apostasía y reciban su marca. Este mensaje comenzó a ser predicado en la primera mitad del siglo XIX y continúa hasta hoy. Al presente, el misterio de iniquidad no alcanzó su culminación, por eso es necesario un segundo mensaje. 
Pero quiero sugerir dos aspectos presentes en estos llamados:
  • Todavía hay pueblo de Dios en Babilonia y debe ser llamado a salir de ella.
  • Hay quienes, aunque aparentemente están afuera, están bebiendo su vino.
El mensaje del segundo ángel del capítulo 14 habla de su caída, que no es un hecho, sino un proceso. 
La apostasía, que comenzó en el Edén, fue creciendo a lo largo de los siglos, para hallar su culminación en el sistema del hombre de pecado de 2º Tesalonicenses 2, que encarna a la simbólica Babilonia espiritual y será destruida en la venida de Cristo. El ángel de Apocalipsis 18 anuncia el fin de dicho proceso, en que ésta se ha vuelto habitación de demonios y su condenación está por llegar.
Nuestro interés con este asunto, entonces, es doble. 
Por un lado, ¿estoy en Babilonia? y por el otro, ¿estaré bebiendo su vino?
Esto lo analizaremos en las entradas siguientes con mayor detalle; en tanto, recuerdo como ya lo he expresado antes, que este es un asunto individual: "Prepárate para venir al encuentro de tu Dios" (Amós 4: 12) es la advertencia que ha de darse al mundo. Es una advertencia para cada uno de nosotros individualmente...  La gran preocupación de cada alma debería ser: ¿Ha sido renovado mi corazón ? ¿ Ha sido transformada mi alma ? ¿Han sido perdonados mis pecados mediante la fe en Cristo? ¿He renacido? ¿Estoy cumpliendo con esta invitación: "Venid a mí todos los que estéis trabajados y cargados, que yo os haré descansar" (Mat. 11: 28)?. . . ¿Considera Ud. todas las cosas como pérdida en comparación con la excelencia del conocimiento de Jesucristo? ¿Y considera Ud. que es su deber creer cada palabra que procede de la boca de Dios? (Manuscrito 32, 1896). En Mensajes Selectos Tomo 2 Página 133
Son mensajes dignos de análisis, solemnes y cargados de eternas consecuencias,  requieren toda nuestra atención y deberían llevarnos a la acción.
¡Maranatha!

miércoles, 26 de mayo de 2010

DESAPRENDER

Tiempo atrás, cuando estaba cursando la secundaria tuve que aprender muchas cosas de memoria. Entre ellas recuerdo haber recitado en mis poco agradables clases de Física el siguiente concepto: "masa es la cantidad de materia que tiene un cuerpo".
Pero muchos años después compré un libro en el que decía que esta definición estaba perimida y que la masa se relacionaba con la inercia.
¿Para qué me sirvió entonces aquello que había aprendido en el colegio?
Y ésta es apenas una de las cosas que a lo largo de los años tuve que reconocer que no eran como yo pensaba.
La vida cristiana es un aprendizaje. En la Palabra de Dios encontramos a cada paso instrucciones preciosas tanto para la vida espiritual como para cada aspecto de la vida práctica. Como nuestro Señor sabe cuánto nos ha alejado el pecado del ideal que Él tiene para nosotros, consignó en la Escritura todo lo necesario "a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra". 2ª Timoteo 3:17
Sin dudas tenemos mucho que aprender, nuevos conceptos, nuevo estilo de vida, nuevo lenguaje, nuevas actividades y nuevas maneras de relacionarnos. Siempre habrá algo nuevo para aprender.
Pero la vida cristiana consiste también en desaprender. Nuestros antiguos conceptos, hábitos y modos de vida deben ser abandonados. Quizá todo lo que aprendimos y practicamos a lo largo de nuestra existencia esté viciado de nulidad y deba dejarse de lado.
Esto no es fácil, puesto que nuestros hábitos son extremadamente dificiles de desarraigar. Justamente por eso, lo aprendido aparte de la voluntad del Señor resulta un gran impedimento para avanzar en la fe.
El caso de Moisés es ilustrativo. Pasó cuarenta años aprendiendo en la corte del Faraón un estilo de vida centrado en sus propias posibilidades y llegó a ser un hombre de éxito, con más que brillantes perspectivas mundanas. Pero todo su saber y poderío adquirido en Egipto no hicieron otra cosa que aumentar su orgullo y su confianza propia.
Fue así que, al actuar por cuenta propia, recibió una dura lección. Tuvo que escapar y pasar otros cuarenta años en el desierto, ejerciendo una profesión despreciada por los egipcios, para que su yo fuera reducido a polvo.
Esteban, el mártir, lo expresó así: "Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza". Hechos 7:22-30
Desaprender es amargo y humillante porque va en contra del orgullo humano. A todos nos gusta ser maestros y nos molesta estar equivocados.
Es también muy duro pues provoca inseguridad y temor. ¿Si lo que creía no era cierto, qué cosa lo es? Es una fea sensación dudar de lo establecido y de nuestra propia capacidad.
No obstante, desaprender es parte de la experiencia cristiana. Desde que nacimos aprendimos los modos del mundo, ahora debemos desaprenderlos porque constituyen un obstáculo temible si hemos de aprender a vivir para la eternidad.
En realidad, el ego es nuestro peor enemigo, puesto que tiende a crecer indefinidamente, desplazando a Dios del trono del alma.
En muchas ocasiones he visto cómo los preconceptos impidieron en otros y en mí el progreso espiritual. Aprendí tristes lecciones de aquellos que, como Esaú, sacrificaron el cielo por algún hábito arraigado.
Pero las más amargas las aprendí en mí mismo cuando tuve que desaprender mis propios hábitos adquiridos y acariciados desde la infancia. Me costó y aún me cuesta desaprender cosas que antes de conocer al Señor me parecían deseables y legítimas, pero que en realidad quitan el gusto por Cristo y la verdad.
Esto tambíen es cierto en cuanto a la iglesia. Hay mucho que tenemos que desaprender para convivir en armonía. Me resultó particularmente atrayente esta cita: "Es necesario que nuestra unidad sea hoy de un carácter tal que soporte la prueba... Tenemos muchas lecciones que aprender, y muchísimas que desaprender. Sólo Dios y el cielo son infalibles. Se chasquearán los que creen que nunca tendrán que abandonar una opinión acariciada, que nunca se les presentará la ocasión de cambiar su punto de vista. Mientras sigamos aferrados a nuestras propias ideas y opiniones con empecinada porfía, no podemos gozar de la unidad por la cual Cristo oró". La Iglesia Remanente Página 38
Tal vez en esta vida no podamos aprender todo aquello que el Señor quiere revelarnos, pero igual se nos dará entrada en la ciudad celestial.
En cambio si no desaprendemos las lecciones que Satanás, el mundo y la carne nos enseñaron, no habrá lugar en la Nueva Jerusalén para nosotros.
Imitemos por la fe la actitud que tuvo Pablo cuando dijo: "sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado". 1 Corintios 9:26-27
Desaprendamos hoy.

martes, 25 de mayo de 2010

JAMÁS HE VISTO A DIOS








Jamás he visto a Dios, pero presiento
su mano bienhechora en mi existencia.
Cuando en la noche de mi vida siento
su clara luz brillar en mi conciencia.

Jamás he visto a Dios, pero en los astros
que resplandecen en la noche oscura,
contemplo absorto sus divinos rastros
y su estela inefable que fulgura.

¿Quién es ese que dice que no existe?
¿Quién es aquel que niega su evidencia?
¿Dudas acaso porque no le viste…?
¿O porque el necio niega su existencia…?

Me habla de Dios la brisa mañanera;
me habla de Dios el sol con sus fulgures;
me habla de Dios la dulce primavera;
me habla de Dios el valle con sus flores.

Me hablan de Dios el átomo y la célula;
me hablan de Dios el mar y la tormenta;
me hablan de Dios la hormiga y la libélula
y el pétalo de lirio que revienta.

Me hablan de Dios los gélidos rocíos;
las selvas, los volcanes, los nevados,
el grito atormentado de los ríos,
y todos los peñascos y collados.

Los valles, los desiertos y tibundos,
las bestias de los montes y los mares
me cuentan de que Dios hizo los mundos
y todas las regiones estelares.

Cuando en las tardes de ópalo y topacio
contemplo yo los vastos horizontes,
hallo su nombre escrito en el espacio
Y en la frente rugosa de los montes.

La alondra con su canto melodioso
y el ruiseñor con su inefable trino,
me hablan del Santo, Eterno, Poderoso,
del que al relámpago trazó camino.

Su luz brilla en los soles del vacío.
las pléyades se visten con su gloria;
y en la corriente límpida del río
las linfas cantan su inmortal victoria.

Todo enmudece y calla en la presencia
de Aquel que todo lo hizo de la nada,
y que muestra su gran omnipotencia
en el trueno, en el mar, y en la cascada.

No se ve a Dios, pero su luz fulgura
en la noche abismal de la conciencia;
y desde allá nos habla con dulzura,
nos da su amor y su inefable ciencia.

Autor desconocido