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martes, 27 de marzo de 2012

UN CARÁCTER PERFECTO I

     
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Mateo     5:48.
Dios quiere que el perfeccionamiento constituya la obra de la vida de todos sus seguidores y que esté guiada y controlada por una experiencia correcta. El verdadero hombre es aquel que está dispuesto a sacrificar sus propios intereses por el bien de los demás y se ejercita a sí mismo en vendar a los quebrantados de corazón. El verdadero propósito de la vida ha comenzado escasamente a ser comprendido por el hombre...
De acuerdo con la norma divina, el intelecto solo no hace al hombre. El intelecto tiene poder si está santificado y controlado por el Espíritu de Dios. Se trata de algo superior a las riquezas y a la fuerza física, sin embargo debe de ser cultivado si ha de formar al hombre...
La vida espiritual es lo que constituirá una bendición para la humanidad. Si el hombre está en armonía con Dios, dependerá continuamente de él para sus fuerzas.“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. La obra de nuestra vida debe ser un esfuerzo continuo por alcanzar la perfección del carácter cristiano, esforzándonos siempre por conformarnos a la voluntad de Dios. Los esfuerzos comenzados en la tierra continuarán durante toda la eternidad. La norma divina para el hombre se eleva al significado más completo del término, y si se comporta de acuerdo con la calidad humana que Dios le ha dado promoverá una felicidad tal en esta vida que lo conducirá a la gloria y a la recompensa eterna de la vida venidera.
Los miembros de la familia humana merecen el nombre de hombres y mujeres únicamente cuando emplean sus talentos de cualquier forma posible para el bien de los demás. Delante de nosotros tenemos la vida de Cristo para que nos sirva de modelo, y los seres humanos se hallan íntimamente ligados con Dios sólo cuando ministran a las necesidades de los demás como ángeles de misericordia. La naturaleza del cristianismo consiste en promover la felicidad de las familias y de la sociedad. La discordia, el egoísmo y la rivalidad serán erradicados de cada hombre y mujer que posea el verdadero espíritu de Cristo.
Los que participan del amor de Cristo no tienen derecho a pensar que haya un límite para su influencia y la obra de esforzarse por beneficiar a la humanidad. ¿Se cansó Cristo en sus esfuerzos por salvar al ser humano caído? Nuestra obra consiste en ser constantes y perseverantes. Encontraremos trabajo que realizar hasta el día cuando el Maestro nos ordene colocar nuestra armadura a sus pies. Dios es un gobernador moral, y debemos esperar, sumisos a su voluntad, listos y dispuestos a cumplir con nuestro deber dondequiera que se necesite hacer algún  trabajo.
Nuestro Salvador, como el Hijo de Dios, llevó al cielo la verdadera relación de un ser humano. Somos hijos e hijas de Dios. Para saber cómo comportarnos debidamente, debemos seguir las pisadas de Cristo. El vivió la vida de un hombre perfecto durante treinta años, cumpliendo con la más excelsa norma de perfección.  
Extracto del libro "Exaltad a Jesús" pag. 90

miércoles, 7 de marzo de 2012

VENCER LA TENTACIÓN

“Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. Mateo 4:7.
En el desierto de la tentación Cristo se vio frente a las grandes y principales tentaciones que asaltan a los seres humanos. Allí se encontró, a solas, con el enemigo artero y sutil, y lo venció. La primera gran tentación tenía que ver con el apetito; la segunda, con la presunción; la tercera, con el amor al mundo. Satanás ha vencido a millones tentándolos a complacer el apetito. Mediante la gratificación del gusto, el sistema nervioso se altera y se debilita la fuerza del cerebro, haciendo imposible el pensamiento tranquilo y racional. La mente se desequilibra. Sus facultades más elevadas y nobles se pervierten para servir a la pasión animal, y no se toman en cuenta los intereses sagrados y eternos. Cuando Satanás ha logrado este objetivo, entonces puede acercarse con sus otras dos tentaciones principales y hallar cabida fácil. Sus múltiples tentaciones se derivan de estos tres grandes puntos principales. La presunción es una tentación común, y cuando Satanás asalta a los seres humanos con ella obtiene la victoria nueve veces de cada diez. Los que profesanser seguidores de Cristo y por su fe aseguran estar enrolados en la guerra contra todo lo que es de naturaleza pecaminosa, frecuentemente se sumergen sin pensarlo en tentaciones de las cuales se requeriría un milagro para sacarlos sin mancha. La meditación y la oración los habría preservado e inducido a evitar la posición crítica y peligrosa en la cual se colocaron al concederle a Satanás una ventaja sobre ellos. Las promesas de Dios no son para que las reclamemos irreflexivamente mientras nos apresuramos temerariamente a entrar en el peligro, violando las leyes de la naturaleza y descuidando la prudencia y el juicio con que Dios nos ha dotado. Esta clase de presunción es la más flagrante de todas.        
A Cristo le fueron ofrecidos los tronos y los reinos del mundo y la gloria de ellos, si tan sólo se postraba para adorar a Satanás. Los seres humanos nunca serán probados con tentaciones tan poderosas como las que asediaron a Cristo. Satanás se acercó con honores mundanales, riquezas y los placeres de esta vida, y se los presentó bajo la luz más atractiva con el fin de atraerlo y engañarlo. “Todo esto te daré—le dijo a Cristo—, si postrado me adorares”. Mateo 4:9. Cristo rechazó a su artero enemigo y salió victorioso... El ejemplo de Cristo se halla delante de nosotros. El venció a Satanás, y nos mostró cómo nosotros también podemos vencerlo. Cristo resistió a Satanás con las Escrituras. Podría haber echado mano de su propio poder divino, y hacer uso de sus propias palabras; pero dijo: “Escrito está”... Si las Sagradas Escrituras fueran estudiadas y obedecidas, los cristianos serían fortalecidos para enfrentar a su astuto enemigo...
Cuando la religión de Cristo gobierna el corazón, la conciencia la aprueba, y la paz y la felicidad reinan; se puede estar rodeado de perplejidades y problemas, pero hay luz en el alma. La sumisión, el amor y la gratitud hacia Dios mantienen la luz del sol en el corazón, aunque el día pueda verse completamente nublado.
Extraído del libro Exaltad a Jesús pag. 74

lunes, 13 de febrero de 2012

CREADOS DE NUEVO

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". Romanos 12:2.
Cristo murió en la cruz para librar al mundo de perecer en el pecado, y en esta obra les solicita su colaboración. Ustedes deben ser sus manos ayudadoras. Con esfuerzos fervorosos e infatigables han de trabajar por la salvación de los perdidos. Recuerden que fueron sus pecados los que hicieron necesaria la cruz. Cuando aceptaron a Cristo como su Salvador ustedes prometieron unirse a él en llevar la cruz. Han echado su suerte con él para vida o muerte, y son parte integrante del gran plan de redención.
El poder transformador de la gracia de Cristo moldea a quien se entrega al servicio de Dios. Cuando se halla imbuido del Espíritu del Redentor, está dispuesto a negarse a sí mismo, listo para tomar su cruz y presto a realizar cualquier sacrificio por el Maestro. Ya no puede ser indiferente a las almas que perecen alrededor suyo. Se eleva por encima del autoservicio. Cristo lo ha transformado en una nueva criatura y el egoísmo no halla lugar en su vida. Comprende que cada aspecto de su existencia pertenece a Cristo, quien lo ha redimido de la esclavitud del pecado; que cada momento de su vida futura ha sido comprado con la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
¿Comprende usted tan cabalmente el sacrificio hecho en el Calvario, como para estar dispuesto a subordinar todo otro interés a la obra de salvar almas? La misma intensidad que caracterizaba el deseo de salvar a los pecadores en la vida del Salvador, se revelará también en la de sus verdaderos seguidores. Al cristiano no le interesa vivir para sí. Se deleita en consagrar todo lo que tiene y todo lo que es al servicio del Maestro. Lo motiva un deseo inexpresable de ganar almas para Cristo...
¿Cómo puedo glorificar mejor a Aquel a quien pertenezco por creación y redención? Esta es la pregunta que deberíamos hacernos. La persona verdaderamente convertida tratará de rescatar con ansiosa solicitud a los que se hallan todavía bajo el poder de Satanás; rehusará hacer nada que pudiera estorbarlo en su tarea. Si tiene hijos, se dará cuenta de que su obra debe comenzar en su propia familia. Para él, sus hijos son preciosos en gran manera. Al recordar que son los miembros más jóvenes de la familia del Señor, luchará denodadamente por colocarlos donde se hallen al lado del Señor. Se ha dedicado a servir, honrar y obedecer a Cristo; por lo tanto realizará esfuerzos pacientes e incansables con el fin de educar a sus hijos para que nunca sean hostiles hacia el Salvador.
Dios ha colocado sobre los padres y madres la tarea de salvar a sus hijos del poder del enemigo. Esa es su obra, y no debieran descuidarla por ninguna razón. Los padres que mantienen una conexión viviente con Cristo no descansarán hasta no ver a sus hijos a salvo en el redil. Considerarán que ésta es la responsabilidad de su vida.
Extraído del libro "Exaltad a Jesús", meditación para el 13 de Febrero

jueves, 5 de enero de 2012

LA LEY DE LA ADICIÓN

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Proverbios 4:18
Recuerdo perfectamente la primera vez que me senté frente a una computadora. Era una Commodore 64, toda una maravilla de aquellos tiempos; me parecía que no había límites a lo que podía hacer.
Pero luego vinieron las PC. Trabajé con la XT, la 286, la 386, hasta que compré una 486 ¡Lo máximo! 
Al menos eso creía yo...
Después llegaron las Pentium, y luego otras y otras, más y más potentes. Cada vez mayor poder de procesamiento, mayor capacidad y mayores posibildades.
¿Dónde quedó aquel ingenuo comienzo? 
Ya no me conformaría con volver a la Commodore 64, sabiendo que hay mucho más a mi alcance.
La vida cristiana es también una vida que debe crecer en poder, en virtud y en capacidad.
Cuando nos alumbró la luz por primera vez, comprendimos nuestra pecaminosidad. Si hubieramos quedado allí, solo seríamos pecadores con un tremendo sentido de culpa. La convicción necesito ser seguida por el deseo de reconciliación con el amoroso Dios a quien habían ofendido nuestros pecados. Y no podíamos quedarnos allí.
Entonces buscamos más: sincero arrepentimiento, perdón, gracia... Y luego más: justicia, santidad, virtud...
A medida que nos concedía lo que necesitábamos, el amor de Jesús nos empujaba a buscar todavía más. No nos resultaba suficiente el gozo de haber sido perdonados de nuestros pecados y hechos hijos de Dios con pleno derecho al cielo. Queríamos más.
Cuando comprendemos la experiencia cristiana como lo que realmente es, entendemos que es una vida de continuo crecimiento en la gracia, añadiendo a cada paso algo nuevo, tal como dijo el apóstol Pedro: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. 2ª Pedro 1:5-8
¿Qué más añadir?
A medida que agregamos virtudes cristianas, se despertará en nosotros el deseo de servicio. No estaremos ociosos y sin fruto. Arderá en nuestro corazón la simpatía hacia los que perecen en sus pecados. Comprenderemos nuestro deber de alcanzarles los rayos de luz que brillan sobre nuestros pasos. Desearemos comunicar a todos las alegres nuevas de la salvación.
Cuando actuamos así, estamos bebiendo de los manantiales de la salvación, que resultan en bendición para nosotros y para otros; se convierten en una fuente de refrescante agua que salta para vida eterna. Reflejamos así cada vez mejor el carácter de Cristo.
Y mientras nosotros sumamos, Dios multiplica. Él siempre concede mayores y mejores bendiciones a los que aspiran alcanzar una norma más elevada.
“He aquí una conducta en virtud de la cual se nos asegura que nunca caeremos. Los que están así trabajando según el plan de la adición para obtener las gracias de Cristo, tienen la seguridad de que Dios obrará según el plan de la multiplicación al concederles los dones de su Espíritu. . . Por la gracia divina, todos los que quieren pueden ascender los brillantes escalones que unen la tierra con el cielo, y por fin con alegría y gozo perpetuo entrarán por las puertas en la ciudad de Dios”. La edificación del carácter, págs. 122-125.
Cuando recorremos por la fe esa senda brillante, nos hacemos acreedores a la bendición que se halla en sus promesas: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2ª Pedro 1:10,11
¿Como van tus cuentas? ¿Estás sumando?