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viernes, 13 de abril de 2012

NUESTRO PODEROSO DIOS


“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”. Isaías 9:6,7
Este texto tiene una riqueza infinita. Presenta a Jesús, seis siglos antes de su encarnación, en tres aspectos diferentes pero complementarios: como hombre, como Dios y como parte de la Divinidad.
Ese niñito que nacería en Belén no sería como el resto de los nacidos en este mundo. Habría de nacer en un mundo pecador, pero se mantendría libre de toda contaminación de pecado. Compartiría nuestra herencia, pero no sería dominado por ella. Sufriría las limitaciones de la humanidad, aún disponiendo de los recursos de la Omnipotencia. Velaría su divinidad con un cuerpo de carne, pero en cada acto suyo resplandecerían el poder y el amor de Dios. Por su vida inmaculada, su victoria en la cruz, su resurrección y su ascensión a los cielos, es digno de ostentar “el principado sobre su hombro”.
Los títulos que se le asignan son especialmente significativos:
  • El es Hijo y es Padre a la vez.
Se lo llama Padre Eterno, pero ¿cómo puede un hijo recién nacido ser al mismo tiempo padre?
Jesucristo, engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de María, era un bebé de carne y hueso, no obstante, en el residiría toda la plenitud de la Deidad. Era en todo sentido Dios hecho hombre. Y fue así “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió”.  Juan 5:22,23
  • Es el Dios fuerte y al mismo tiempo Príncipe de Paz.
“No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno”. Isaías 44:8
Aquí se elimina toda posibilidad de que alguien rivalice con el poder divino ¿no es cierto? Nuestro poderoso Dios es el rey de los ejércitos celestiales. Sin embargo, Cristo aparece en el Antiguo Testamento bajo la figura del Príncipe de sus huestes. Antes de la toma de Jericó se presentó con una espada en su mano y dijo: “Como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo”. Josué 5:14,15
Si éste hubiera sido un ángel, no podría recibir adoración, ni usar las mismas palabras que Dios le dirigió a Moisés en la zarza de fuego. La presencia de Jesús es la única que reúne las condiciones para una petición tan asombrosa. El es el único que, siendo Dios, puede comandar a todos los ángeles y ser adorado por ellos (ver Hebreos 1:6).
  • Su nombre es Admirable pero también Consejero:
“Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?” Jueces 13:17-19
Aquí el “ángel de Jehová” es nuevamente Jesús, que resalta ante el padre de Sansón la majestad y la santidad de su nombre.
Pero también se lo llama Consejero. Cuando Cristo iba a ascender a los cielos, dejó a cargo de los asuntos de la iglesia a Aquel que no era un simple ser humano. El otro Consolador que vendría en su lugar -el gran Auxiliador de su iglesia-, era un ser divino igual a él. 
Sin la obra convincente y transformadora de la tercera persona de la Divinidad, el sacrificio de Cristo en el calvario perdería su eficacia. Sobresaldría además entre sus características una función didáctica, tal como lo expresa el siguiente versículo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:26
Aquí el Espíritu es presentado como vicario y continuador de la obra del Salvador. Por lo tanto, tan ciertamente como Jesús es igual al Padre, el Espíritu Santo es igual al Padre y al Hijo.
  • Reinaría sobre el trono de David, pero lo haría eternamente.
“Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Lucas 1:31-33
“Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. Daniel 2:44
El Padre que nos envió tan maravilloso Redentor es nuestro poderoso Dios. 
El hijo que vino con toda la autoridad del Padre, es nuestro poderoso Dios. 
El Espíritu Santo, quien transforma nuestras vidas a su imagen, es nuestro poderoso Dios.
En la persona de Cristo, estos tres seres celestiales se han enlazado para siempre con la caída descendencia de Adán. En él, Dios se hizo más cercano a nosotros que a cualquier otra criatura del universo. 
Me asombran y emocionan a la vez estas palabras: "un niño nos es nacido, un hijo nos es dado", porque implican que Jesús pertenece a la humanidad. Nos nació; nos fue dado ¿Quién sería capaz de explicar tal prodigio?
¡Qué gran misterio, qué maravillosa realidad! 
Comparto este hermoso pensamiento como síntesis de lo expuesto:
“Se me han dado estas palabras para expresarlas al pueblo de Dios: “Exaltad al Hombre del Calvario. Échese a un lado la humanidad, para que todos contemplen a Aquel que es el centro de sus esperanzas de vida eterna. Dice el profeta Isaías: ‘Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz’. Isaías 9:6. Que la iglesia y el mundo contemplen al Redentor. Que toda voz proclame con Juan: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’. Juan 1:29”. Testimonios para la Iglesia - Tomo 5 pag. 681

domingo, 11 de marzo de 2012

MAESTROS CIRUELA


 

“Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos... Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”. Mateo 23:8 y 10
Un antiguo dicho español reza: “El maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela”.
Se refiere a quien, no teniendo conocimientos suficientes -o quizá ninguno-, de una materia, se arroga la potestad de impartir enseñanzas sobre ella.
Y si esa actitud es dañina en el área educativa, en los dominios de la salud o en los medios de difusión, es tanto más catastrófica en el ámbito espiritual.
Hoy en día hay muchos “Maestros Ciruela” dando vueltas por la iglesia. De ellos puede decirse con propiedad que “tocan de oído”.
Presentan como importantes asuntos secundarios, pero que resultan atrayentes por oscuros y misteriosos. Se especializan en hablar de sociedades secretas y movimientos ocultos, que solo ellos advierten y los demás no. Denuncian el pecado, sin amar al pecador; exponen la apostasía, pero no el remedio para ella; condenan el mal, pero no dirigen las mentes hacia Aquel que puede librarnos, sino hacia ellos mismos.
Es que esa es su característica primordial; buscan provecho personal, llamando la atención hacia sí mismos y no hacia el Salvador.
Ya en los tiempos apostólicos, se hablaba de que “hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores... que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene”. Tito 1:10,11
Y también Pablo profetiza diciendo que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. 2 Timoteo 4:3
Es que la gente busca oír lo que quiere oír; se halla dispuesta a escuchar cualquier mentira con tal que sea agradable. Esto también es válido para muchos cristianos.
Sucede con los que quieren escuchar todo el tiempo algo novedoso y espectacular, que no se desarrollan adecuadamente. La Biblia afirma con tristeza de ellos: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. Hebreos 5:12
Este tipo de cuestiones sensacionalistas detiene el crecimiento espiritual, pues la mente se espacia en temas pequeños y pierde la capacidad de sondear los temas infinitos del amor de Cristo, la misericordia de Dios, su gracia redentora, la operación del Espíritu Santo en la restauración del alma, Su abarcante plan para salvarnos y restituirnos a la comunión de los seres celestiales; verdades que son pilares de nuestra fe. Estos  temas constituirán el estudio de los redimidos por la eternidad.  
Sin embargo, a muchos que no están verdaderamente preparados les encanta enseñar. Sin entender las cuestiones básicas de la fe, se lanzan a esparcir lo que consideran maravillosos conocimientos, que no son sino elementos de distracción proporcionados por el enemigo de las almas.
Se nos advierte acerca de esta actitud de “Maestros Ciruela” como de algo muy peligroso para nuestra vida espiritual: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. Santiago 3:1
No hallaremos provecho en sondear incesantemente las noticias en busca de sucesos extraordinarios que prueben esas minucias; tampoco nos aprovechará sentir temor o aprensión por causa de las diabólicas organizaciones que nos rodean.
La realidad, aunque invisible a los ojos, bien puede ser captada por nuestra razón. Tenemos un enemigo formidable que ha arrastrado a casi toda la humanidad por el camino de la perdición. La mayor parte de los que pueblan este planeta se halla bajo su dominio y son títeres de sus sofismas. Satanás es sumamente astuto para desviar nuestras mentes, haciendo que perdamos de vista lo esencial. Otra realidad -mucho mejor y más gloriosa-, es que el Diablo es un enemigo vencido. Jesús lo derrotó por completo en la cruz y aún vive para interceder por nosotros.
¿Cómo debemos hacer para evitar caer en el engaño de ser falsos maestros?
Necesitamos humillarnos ante Dios; colocarnos como alumnos en su escuela. Debemos sentarnos, como María de Betania, a los pies de Jesús con ánimo de ser enseñados; así escogeremos la mejor parte, que no nos será quitada.
Muchos corren de aquí para allá tratando de enseñar cosas que no comprenden en profundidad. A todos ellos les vendría mejor callarse y aprender de Uno que es nuestro Maestro; los demás somos todos hermanos y alumnos de una escuela que nunca cerrará.
Pero, no olvidemos que la gran comisión de Jesús nos llama a enseñar las verdades para este tiempo. Tenemos que ser maestros. Solo que la habilitación que el cielo da es del todo diferente. No depende de tener un conjunto de conocimientos, sino de tener algo que contar.
Las Escrituras cuentan de dos endemoniados que el Señor sanó en la región de Gadara. Estos hombres habían estado bajo el poder de Satanás por mucho tiempo, y su liberación fue milagrosa. Ellos quisieron quedarse con Cristo para aprender de él, pero ese privilegio les fue negado. Ya estaban listos para ser maestros ¿Qué enseñarían?
“Tan pronto como Jesús les señaló su deber, estuvieron listos para obedecer. No sólo hablaron de Jesús a sus familias y vecinos, sino que fueron por toda Decápolis, declarando por doquiera su poder salvador... Al hacer esta obra, podían recibir una bendición mayor que si, con el único fin de beneficiarse a sí mismos, hubieran permanecido en su presencia. Es trabajando en la difusión de las buenas nuevas de la salvación, como somos acercados al Salvador... No podían instruir a la gente como los discípulos que habían estado diariamente con Jesús. Pero llevaban en su persona la evidencia de que Jesús era el Mesías. Podían contar lo que sabían; lo que ellos mismos habían visto y oído y sentido del poder de Cristo”. El Deseado de Todas las Gentes, 304-307
Si en tu vida son patentes las evidencias de su gracia, del poder y la influencia santificadora del Espíritu, de gozo y paz rebosantes, que llevan a testificar con alegría, entonces estás listo para ser maestro.
¿Tienes hoy algo para enseñar al mundo?

sábado, 18 de febrero de 2012

¿ENTIENDES LO QUE LEES?

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él” Hechos 8:30,31.
Recuerdo a dos hermanos que asistían a la misma iglesia que yo. Se sentaban al frente en la hora del sermón para reírse de cierto predicador que hablaba un mal castellano mezclado con guaraní. Estos amigos míos tenían predilección por burlarse de él y solían contar las veces que se equivocaba al decir algo. Demás está decir que no prestaban la más mínima atención al mensaje del predicador.
No los puedo culpar, porque todos tenemos esa tendencia negativa a prestar atención a los detalles dejando de lado el mensaje central.
Es un error muy extendido, entre quienes nos llamamos cristianos, desmenuzar textos bíblicos para enfatizar una pequeña parte, y despreciando al mismo tiempo la enseñanza central de ese pasaje.
¿Cómo saldrías tú, si se te preguntara “entiendes lo que lees”?
La parábola del rico y Lázaro es un claro ejemplo del mal uso de las Escrituras. Se la ha utilizado hasta el cansancio para sostener cosas que el resto de la Biblia niega en forma rotunda y se ha comprendido mal su texto.
Veamos primero que dice: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”. Lucas 16:19-31
Las parábolas son narraciones que contienen elementos simbólicos, en ellas lo importante no son los detalles sino la enseñanza central, por lo cual no sirven para sentar doctrina.
Un principio muy importante de interpretación bíblica al respecto, es que cada parábola fue narrada para enseñar una verdad fundamental, y sus pormenores están allí para darle forma al relato. Es decir, que los detalles de una parábola no necesariamente tienen un significado literal, a menos que el contexto deje en claro que ese significado es parte integral de la intención original.
1- Lo que no intenta enseñar esta parábola:
  • No es su intención explicar el estado de los muertos.
  • No es una descripción del cielo y el infierno.
  • Tampoco intenta presentar un sistema de justificación.
El error de centrarse en los detalles nos llevaría a conclusiones disparatadas.
Por ejemplo, ¿todos los salvados estarán sentados en el regazo de Abraham? Sería un poco incómodo ¿verdad?
O la idea de que el cielo y el infierno están separados por algo así como una calle de distancia ¿Cómo podrían los redimidos gozar de las bienaventuranzas del cielo teniendo a la vista semejante tormento?
Pero lo peor de todo es que la idea de recompensa y castigo que aquí se presenta, no tiene relación con la justificación por la fe o con la gracia, para centrarse en la condición social de cada quién ¿Los pobres van al cielo y los ricos al infierno?
Con toda seguridad Jesús no enseñaba herejías. Este relato será más bien aprovechado si captamos su mensaje central.
2- Lo que sí enseña:
Consideremos el contexto y los destinatarios de esta parábola. Aunque la contó ante una audiencia variada, estaba destinada a los fariseos que confiaban en su condición de hijos de Abrahám más que en la justicia de Dios por la fe. Toda la esperanza de salvación que tenían se basaba en sus buenas obras y en el cumplimiento exterior de la ley. Ellos se burlaban del mensaje de Cristo y rechazaban los valores del reino de Dios.  
La parábola consiste de dos escenas: una representa esta vida (vers. 19-22); la otra, la vida futura (vers. 23-31). Como vemos, se ocupa mucho más en lo celestial que en lo terrenal. Y es así puesto que nuestra vida aquí es apenas una preparación para la vida futura e inmortal.
La parábola del mayordomo infiel (narrada en el mismo capítulo), presentaba el problema en forma positiva, es decir, desde el punto de vista de uno que había hecho los preparativos para el futuro. La parábola del rico y Lázaro presenta el mismo problema, pero desde el punto de vista negativo, es decir, destacando la actitud del que no hizo la preparación necesaria. El rico se equivocó al pensar que la salvación se basaba en ser descendiente de Abrahám y no en la preparación individual. Tal era el dilema de los fariseos.
El versículo 31 es la clave del relato, su moraleja. Afirma que si no prestamos atención al mensaje de las Escrituras, ninguna otra cosa podrá convencernos.
El asunto central es que la manera en que aprovechamos las oportunidades de esta vida determinará nuestra salvación y nuestro destino futuro.
Los fariseos eran muy celosos en cumplir todo tipo de leyes minuciosas, inventadas por ellos mismos, pero dejaban de lado lo más importante, al rechazar al Autor de la ley.
Es también notable que esta es la única parábola que presenta un personaje con nombre. Y no es casual. El pedido del rico era que alguien de entre los muertos le testificara a sus parientes para que no se perdieran, pero cuando se le remitió al testimonio de las Escrituras, su respuesta fue un enfático no.
Fue justamente Lázaro, un resucitado de entre los muertos quien les testificaría de la divinidad de Cristo, “pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús”. Juan 12:10,11
¡Qué tremenda obstinación! Al rechazar el mensaje, decidieron también acabar con el mensajero. Y así sucederá con todos los que prefieran sus opiniones acariciadas antes que un positivo “así dice el Señor”.
Es necesario que al leer la Biblia no nos espaciemos en los detalles sino en el propósito por el cual Dios nos la entregó: hallar salvación y consejo, consuelo y fe, esperanza y valor. No para tener un mero conocimiento intelectual, o para que tengamos una lista de deberes que cumplir. El intelectualismo, el formalismo y el legalismo jamás salvarán a nadie.
¿Entiendes lo que lees?

martes, 31 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA II

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Mateo 16:16-19
La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo dio paso a una contundente declaración del Señor sobre la iglesia 
¿Qué significan estos dichos de Jesús?
Buscando reafirmar la fe de los discípulos, Jesús les pregunta la opinión de los demás sobre él, pasando luego a inquirir lo que ellos mismos pensaban de su Maestro. Entonces Pedro -bajo inspiración divina-, confiesa su convicción de que él es el Mesías prometido. Cristo, ante tal respuesta, hace cinco afirmaciones:
  • Tú eres Pedro. Su nuevo nombre representa una nueva experiencia, un nuevo comienzo y una nueva posición. Para ser parte de la iglesia, todo creyente necesita nacer de nuevo por obra del Espíritu, dejando de ser un pecador condenado para ser un hijo de Dios con pleno derecho al cielo.
  • Sobre esta roca edificaré mi iglesia ¿Cuál es la roca? Si la roca fuera Pedro, la iglesia estaría fundamentada sobre un hombre, pero la Biblia dice que “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” 1ª Corintios 3:11. El cimiento de la iglesia es Cristo mismo y los hombres entran a ella cuando ejercen fe en su Maestro, Pastor y Salvador.
  • Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Nos proporciona la dulce seguridad de que la iglesia triunfaría al fin en su conflicto secular contra el mal.
  • A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Esta declaración se complementa con Mateo 18:18-20, en la que Jesús les concede idénticos privilegios a todos los demás discípulos y a todos los creyentes. Su iglesia reunida es la que ostenta ese poder que le ha sido delegado por Dios mismo. Este es un asunto que no debe desdeñarse.
  • Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielo. Los creyentes son representantes del que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra; por lo tanto corresponde a la iglesia amar, adoctrinar, cuidar, apoyar, adiestrar, recibir y/o desfraternizar a sus miembros.
Vimos en la entrada anterior que nunca fue el propósito de Dios que hubiera tantas denominaciones religiosas. Existe un único Pastor, un rebaño y un redil tal como se ve en el cuadro:
Cristo el 
fundamento
La iglesia en los cielos y la tierra existe por Cristo, está asentada en Cristo y depende de Cristo.
1ª Corintios 3:11
Efesios 2:19,20
2ª Timoteo 2:19
El redil  de las ovejas
Representa la iglesia a nivel mundial, organizada para su misión.
Mateo 16:18,19; 18:18-20
El rebaño
Representa al pueblo de Dios tanto
dentro como fuera de la iglesia
Apocalipsis 14:6-12
Mateo 24:14
Efesios 3:10,11

En consecuencia, también hay una única verdad, basada en las Escrituras. Todo lo demás es falsificación.
La incredulidad, la tibieza, la división, las falsas enseñanzas, la enemistad y la apostasía dentro de la iglesia son obra del enemigo, que como ladrón, ha entrado por otro lugar que no es la puerta. Triste es decir que a lo largo de la historia muchos, mal llamados cristanos, han colaborado con Satanás en esa terrible obra, ayudando a que millones se extraviaran y se perdieran. Otros, abandonado su puesto de combate y amando más el mundo, han cedido a sus presiones y perdido su fe en la verdad.
Estos son los asalariados de la alegoría de Juan 10: “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (vers. 12,13).
Jesús se presenta a sí mismo como el buen Pastor. En el contexto actual de adormecimiento, apostasia e incredulidad en que se encuentra su rebaño, es bueno repasar cual es el significado de la iglesia.
No fue llamada para juntarse alguna vez cada tanto en un buen templo, escuchar un buen sermón y cantar, para luego irse a sus casas a seguir sus vidas tal como los demás. Existe para representar el carácter de Dios, para demostrar el poder de Cristo para salvar y para evidenciar en sus vidas la operación del Espíritu Santo al renovar el alma. Tiene que vindicar la justicia divina ante todo el universo creado; ángeles y hombres, santos y pecadores.
Además es su colaboradora en la gran misión de redención. Le corresponde a la iglesia ser la voz divina que llama al arrepentimiento, el subpastor que busca la oveja extraviada y la trae de vuelta al verdadero rebaño, como está escrito: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (vers. 16).
Ante estas afirmaciones de Jesús, “le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho” (vers. 24-26).
Los que rechazan el mensaje de la verdad por incredulidad no son de sus ovejas. Pero para los que escuchan su voz, se dejó registrada esta maravillosa promesa: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (vers. 27-29).
Cristiano: nadie puede arrebatarte de las manos del único, verdadero y buen Pastor.
Gózate en esa maravillosa certeza.

lunes, 30 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” Apocalipsis 14:12.
Después de haber sanado a un ciego de nacimiento, Jesús presenta su alegoría del buen pastor. En el capítulo 10 de Juan, se desarrolla una sólida teología de la iglesia que haríamos bien en considerar.
Habiendo centenares de grupos religiosos cristianos, algunos dudan acerca de cual es la iglesia verdadera. Otros más sostienen que no importa pertenecer a una iglesia en particular, pues “todas llevan a Dios”. Un creciente número duda incluso de la necesidad de que exista una iglesia, y afirman que las denominaciones cristianas están solo para sacar dinero y dominar a la gente.
¿Qué dice la Biblia? y aún más importante ¿que afirmó Jesús mismo? Comenzó su discurso diciendo que hay un solo redil, un solo rebaño verdadero y un solo pastor. También hay una sola puerta de entrada, y quien no entre por ella es un “delincuente espiritual”.
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (vers.1-4 ).
Veamos ahora quienes son y que significan los personajes de esta alegoría:
Personajes
Características
Significado y función
El pastor
Cristo (vers. 11)
Es el fundamento de la iglesia,
su puerta de entrada y su pastor.
El portero
Los líderes de la iglesia
Conducen a la puerta (Cristo)
Las ovejas
Los creyentes
Obedecen y siguen al pastor,
conocen su voz.
El ladrón
Falsos pastores
Viene para hurtar, matar y destruir
El asalariado
Falsos creyentes
No le importan las ovejas,
huye del peligro.
El lobo
Satanás
Arrebata las ovejas.
Así puestos todos ellos, vemos que dentro de la iglesia coexisten buenos y malos, verdaderos y falsos juntamente. Hay trigo y cizaña, peces buenos y peces malos, ovejas y cabritos; todos mezclados hasta el fin del tiempo.
El Señor proclamó “Yo soy la puerta de las ovejas” (vers. 7). Únicamente Jesús es camino y la entrada al reino de los cielos. No hay lugar aquí para el relativismo, el universalismo o el ecumenismo. Es una verdad meridianamente presentada en las Escrituras que solamente hay salvación en Cristo. No hay otro medio (ver Hechos 4:12); no hay otra forma de alcanzar la vida eterna sino por fe en los méritos de su gracia.
¿Y quienes son las ovejas? Las que conocen al pastor y le siguen (obedecen).
El hecho de que exista un pastor y un rebaño implica que hay una iglesia verdadera que sigue al verdadero Pastor.
Además, el mensaje confirma que hay otros que están interesados en las ovejas pero con malos propósitos: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (vers. 8-10). Tengamos cuidado de no caer en las manos de ladrones, porque su fruto, en vez de vida abundante, es desolación y muerte.
Así como las ovejas no andan dispersas sino en rebaño, no hay cristianos que anden aparte de su iglesia. Unirse a Cristo es unirse a su iglesia: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. ” (Hechos 2:47).
La iglesia no puede salvar a nadie, pero nadie será salvo si no está dentro del redil que es su verdadera iglesia en la tierra. Vale aquí puntualizar que no todos los que se sientan en los bancos de la iglesia son ovejas, ni todas las ovejas están ya dentro del redil.
Porque no todos los que están son, ni todos los que son están.
Esto lo veremos más adelante, al considerar el significado y la misión de la iglesia.
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas... Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (vers. 11,14).
Por ahora nos toca asegurarnos de ser ovejas y de estar siguiendo al verdadero pastor. El que oye la voz del buen Pastor le obedecerá. Esta es la primera y fundamental condición. “Si me amáis, guardad mis mandamientos” Juan 14:15
La consecuencia de haber sido rescatado del pecado -no el método de salvación-, es la obediencia a los mandamientos. Obediencia que es fruto del Espíritu morando en el creyente. Obediencia voluntaria, gozosa y llena de amor hacia Aquel que dio su vida por nosotros. Quien de veras cree y sigue a Jesús, guardará por la fe todos sus mandamientos.
¿Estás oyendo la voz del verdadero Pastor o estás siguiendo otras voces? Este es un asunto muy serio que afectará nuestra salvación y vida eterna.
Continuaremos en la siguiente entrada.