domingo, 22 de enero de 2012

LA COMPRENSIÓN BÍBLICA DEL JUICIO

“Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia”. Isaías 26:9
¿Un juicio o muchos? Examinemos el asunto a la luz de la Biblia.
Desde el momento en que el pecado entró en el universo perfecto de Dios, la armonía reinante se quebró. A fin de restablecerla, se inició el plan divino de rescate -que incluye un continuo proceso judicial-, a fin de establecer tres cosas:
  • Si Dios era justo. El primer cuestionado en el Juicio es el Señor mismo en su trato con los transgresores.
  • Si el pecador podía ser perdonado. El siguiente acusado es el pecador individual en relación con los requerimientos de la ley divina.
  • Si es posible vivir sin pecar. Este asunto, estrictamente relacionado con los dos anteriores, es crucial para la seguridad cósmica en la eternidad futura.
La expulsión de Adán y Eva del Edén, el diluvio, la destrucción de Sodoma, la conquista de Canaán, el exilio babilónico, fueron manifestaciones parciales de los juicios divinos. Todos  tienen elementos en común:
a) Dios ejecuta la sentencia
b) un remanente es salvado.
c) todos los castigos tuvieron mezcla de misericordia.
d) tras ellos, los seres humanos volvieron a caer en el pecado.
Por lo último que expresé, queda todavía por realizar un juicio definitivo para resolver el problema del pecado y esclarecer los tres asuntos mencionados.
  • El amor de Dios en cuestión:
“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás... Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?” Job 1:6,8-9
El pecado comenzó en el cielo con Lucifer. A partir de su rebelión, todo el universo está comprometido. Abarca a los ángeles leales y a los ángeles rebeldes, a los nacidos en esta Tierra y a los habitantes de otros mundos creados que no cayeron como nosotros.
Todos los involucrados necesitan que se conteste la acusación del Diablo: ¿Es Dios un Dios de justicia? ¿Cómo puede perdonar al culpable y seguir siendo justo?
La muerte de Jesús en la cruz contestó satisfactoriamente las dos primeras cuestiones. Dios puede ser al mismo tiempo justo y justificar al transgresor en virtud de que él mismo pagó el precio de nuestra salvación (ver Romanos 3:25,26). Nuestro Salvador se convirtió en sustituto del pecador y garante de nuestra redención.
La norma del juicio es la gran ley de los diez mandamientos, la ley de libertad (Santiago 2:12), por la cual serán juzgados todos los vivientes, tanto ángeles, como hombres; ya sean leales a Dios o rebeldes a su gobierno.
Hay por lo tanto tres etapas del juicio:
  • El juicio investigador establece la justicia divina ante los seres no caídos.
“Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios”. Romanos 14:10,11
Esta instancia -en favor del pueblo de Dios-, debe realizarse antes de que Cristo venga y los santos sean trasladados al cielo. Constituye la respuesta a dos de las preguntas antes formuladas: si los salvados son aptos para la compañía de los seres celestiales, y si no volverán a caer en el pecado.
  • El juicio durante el milenio establece la justicia divina ante los redimidos.
“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”. Apocalipsis 20:4
¿A quiénes juzgarán los que se salven?
Este segundo juicio servirá para que podamos comprobar si el Señor fue justo al privar de la vida eterna a los que se pierdan, tanto ángeles como hombres. Las Escrituras afirman:
“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” 1ª Corintios 6:2,3
Por último, despejadas las dudas, solamente resta ejecutar la sentencia. Pero antes de ella, comparecerán ante Dios todos los actores del gran drama de los siglos para vindicar su justicia. Allí toda rodilla se doblará ante el Creador y reconocerá su perfecta justicia.
  • El juicio final establece la justicia divina ante los perdidos
“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él... y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras... y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. Apocalipsis 20:11-15
La lección será completa y definitiva. No habrá más dudas sobre el amoroso carácter de nuestro Padre Celestial. El pecado ya no se levantará más y habrá perfecta paz, armonía y felicidad para siempre.
Amén.

Nota:
Entradas anteriores relacionadas con el tema:

miércoles, 18 de enero de 2012

Divino Amor, la demora del advenimiento y la Misión de la Iglesia.




Un caluroso día de verano, un niño de trece años estaba sentado en un barril de madera en los frescos pasillos de una vieja tienda de Vermont. A las dos en punto, el viejo reloj del abuelo colgado en la pared, empezó a repicar. Pero el mecanismo se apiñó y el reloj continuó golpeando. En su decimonoveno golpe el joven se levantó de repente y corriendo hacia la calle empezó a gritar, "¡Nunca había sido tan tarde!" "¡Nunca había sido tan tarde ni para los estudiantes de las profecía bíblica!"
En su segunda epístola, el apóstol Pedro insta a la preparación del corazón para la venida de Cristo (2Ped. 3:11-3). El apóstol hace énfasis en tres puntos significativos: (1) como vives afecta lo que crees y lo que crees afecta como vives, (2) la demora del advenimiento no ha ocurrido debido alguna falla por parte de Dios y (3) es posible apresurar el Advenimiento.
El estilo de vida determina la teología
Pedro hace referencia a su primer punto significativo en los versículos 3-4, "Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias. Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?" En efecto, ellos están diciendo, "No va ha venir". Esto se revela en la ultima parte de su pregunta: "Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación."
La pregunta, en sus mentes, ya ha sido contestada. No están esperando una respuesta. Son burladores y así la pregunta no está fuera de la deshonestidad, de la genuina sinceridad.
Pero note que estos "burladores" caminan "según sus propias concupiscencias." Los hombres y mujeres persiguiendo sus propios deseos, hacen la pregunta, "¿Dónde está la promesa de su advenimiento?". Su estilo de vida determina su teología. Su moralidad (o falta de ella) dicta lo que creen y niegan la inminencia del Advenimiento.
Este pasaje introduce el hecho de que nuestra forma de actuar comúnmente determina lo que creemos, mientras es verdad que lo que nosotros creemos sinceramente determina como actuamos. De esta forma si yo estoy fascinado por las concupiscencias que me cautivan en televisión, si los deportes dominan mi pensar, si el materialismo me agarra, o si mi principal objetivo en la vida es hacer dinero, estos intereses afectaran mi actitud hacia la pronta venida de Cristo.
Además de esto, claro, lo que creo acerca de la segunda venida debe tener un impacto en mi estilo de vida. Hay una sutil forma de pensar acerca del Advenimiento que también puede despertar nuestro ardor y entusiasmo en el regreso de Jesús tanto como en un estilo de vida mundanal. El razonamiento viene así: No hace ninguna diferencia si Cristo viene en 25, 50, 100 o 1000 años. ESA NO ES TU PREOCUPACIÓN. TU PREOCUPACIÓN ES SIMPLEMENTE ESTAR LISTO.
Puede sonar bien en la superficie, pero sus efectos pueden despertar la moral de la iglesia. Es como decirle a un estudiante de medicina, "Sus tablas de estado llegaran este año o el próximo o hasta el otro. Tal vez puedan llegar en cinco años; sólo alístate". ¡Hay algo acerca del reordenamiento de prioridades cuando ves la inminencia de un evento! El hecho del evento condiciona tu comportamiento.
Un sentido del Advenimiento cercano siempre ha espoleado a la iglesia. Un sentido de que Cristo viene pronto siempre ha guiado a la oración, al compromiso y al reavivamiento. La iglesia siente una urgencia y canaliza su tiempo, energía y fondos a la actividad evangelística y misionera. Hay algo acerca de la inminencia. Hay algo acerca de la pronta venida del Salvador.
Note quien dice, "¿Dónde esta la promesa de su advenimiento?", burladores. Note quien dice, "Mi Señor se tarda en venir" (Mat. 24:48); El siervo malvado, no el siervo inteligente. Así que aquellos entre nosotros quienes dicen ese tiempo no hace diferencia, y el Señor esta demorando su venida, y el no vendrá en 50 o 100 años, no están clasificados con el siervo inteligente en las Escrituras.
¿Por qué demora?
Pedro discute en términos claros la demora del Advenimiento. El dice, "Mas, oh amados, no ignoréis esto: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día." La evaluación del tiempo para Dios es diferente a la mía.
Pedro esta diciendo que Dios tiene una tabla del tiempo divina. Si usted estudia las profecías relacionadas con la primera venida del Señor, verán que Jesús vino a tiempo. "Venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo" (Gal. 4:4); "a su tiempo murió por los impíos" (Rom. 5:6)
Cuando Jesús es bautizado en cumplimiento de Daniel 9, Él dice "El tiempo es cumplido" (Mar. 1:14-15). Cuando el reloj profético marcó la hora, el Mesías vino la primera vez. Pedro dice en efecto, que Dios tiene una tabla de tiempo profética, y cuando el reloj marque la hora profética, Cristo vendrá.
Ahora Pedro explica la aparente demora del Advenimiento, "El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; si no que es paciente con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos precedan al arrepentimiento" (ver. 9). Pedro explica que para Dios, una demora, es una naturaleza de largo sufrimiento.
Me gustaría que usted considerara la demora del advenimiento a la luz de un Dios sufriendo y a la luz de un amor sufriendo. Cuando Jesús estaba colgado en el Calvario, reveló que Dios prefería sufrir que dejar que tu y yo nos perdiéramos. La cruz es una revelación a nuestros apagados sentidos, de tal forma que Dios preferiría sufrir la agonía del pecado y sufrir la segunda muerte que dejar que nos perdiéramos. La demora del Advenimiento revela un Dios que sufre en amor.
Seguido pensamos en la demora del Advenimiento en términos de nuestro sufrimiento en un mundo de perversos, un mundo donde hay Bosnios y Gerzegovinos y Somalíes; en un mundo donde hay hambruna, angustia y niños explotados. Pero la demora del Advenimiento revela que Dios prefiere sufrir que permitir que una persona se pierda.
Piense en ello de esta forma: Nos vemos unos a otros y seguido decimos, "¿Cómo va tu día?" "Mi día esta bien". ¿Cómo estuvo el día de Dios hoy? Dios fue a 10,000 funerales hoy y aun más, irá a otros 10,000 mañana. Y él ama a cada uno de aquella gente más que de lo que tú puedas posiblemente amar a tu hijo o hija. El corazón de amor de Dios sufre con cada persona postrada en un hospital muriendo de cáncer. En una forma que nunca podré entender, Jesús en su ministerio del Santuario, carga con nuestras aflicciones.
Dios lleva la pena de cada mujer cuyo esposo se ha ido con otra. Dios lleva la agonía de cada mujer quien ha sido golpeada hasta que sus ojos se amorataron y su nariz sangró, porque su marido es un alcohólico y la golpea. Dios lleva el dolor de cada pareja cuyo hijo nació muerto. Dios lleva el dolor, en una forma que yo no puedo entender, de cada joven que choca violentamente con el vidrio de su auto destrozado. Y el Advenimiento se demora, porque Él prefiere seguir sufriendo que cortar la salvación de alguno que pudiera ser salvo. La demora del Advenimiento nos afecta, pero piense como afecta a Dios.
En el gran Día de Gracias cuando Dios venga, se sentará a la mesa, y verá tu lugar y mi lugar. Y si esa silla está vacía, habrá un vacío en su corazón que es siempre indescriptible. La demora del Advenimiento no es porque Dios aumentó el tiempo, es porque está alcanzando a la gente. La demora del Advenimiento es porque Jesús en su amor prefiere sufrir como el intercesor de la humanidad y experimentar el dolor corporal que el pecado cósmico y universal trae; que tener que perder gente que pudo haber sido salvada.
Cuando el periodo de prueba termine, no terminará porque la misericordia de Dios haya finalizado. El fin del periodo de prueba es más bien la declaración por parte de Dios que si la puerta del Santuario permaneciera abierta, no habría ninguna diferencia porque cada persona esta completamente lista para la cosecha. El que es justo, sea justo todavía; el que es injusto, sea injusto todavía (Apoc. 22:11). La puerta del periodo de prueba no se cerrará hasta que todos hayan hecho su última, irrevocable y completa decisión. El advenimiento se demora no porque las promesas de Dios hayan fallado, sino porque su amor es implacable, su misericordia alcanza para salvar a los hombres y mujeres.
Apresurando el Advenimiento
El tercer punto de Pedro es la posibilidad de apresura el día del Advenimiento de nuestro Señor. Note lo que dice, desde que vivimos en el borde del Advenimiento, y viene rápidamente, como un ladrón, viendo que toda la naturaleza será disuelta, ¿Qué tipo de personas debemos ser? Pedro dice: "Lo que crees impacta tu vida. Esperando y apresurandoos".
¿Es posible apresurar el advenimiento? Es posible, pero viene un punto en la historia cuando los eventos cataclísmicos se despliegan. Así que, cada semilla llega a la cosecha y el carácter se desarrolla rápidamente en una hora de crisis. Por tanto, aunque la iglesia pueda apresurar el advenimiento, la iglesia no puede demorarlo. Dios es soberano. Y últimamente Dios toma el control. Hay un punto en los días de Noé cuando el carácter fue completamente desarrollado. Aquellos quienes estuvieron del lado de Dios permanecieron así; y quienes no lo estuvieron, permanecieron en la oposición. Y la puerta del arca que había estado abierta fue cerrada. Esa acción no indicó un cese de la misericordia de Dios sino que cada semilla había sido cosechada. Cada ser humano ha hecho su decisión irrevocable y final.
¿Qué puede hacer la iglesia para apresura la venida de Dios? Las Escrituras muestran tres cosas.
Oración
En la oración del Señor somos instruidos para orar "Venga tu reino" (Luc. 11:2). ¿Estas orando de rodillas todos los días para que venga el reino de Jesús? El libro de Apocalipsis termina con la oración de Juan "Ven (rápidamente), Señor Jesús" (Apoc. 22:20). ¿Por qué orar por un rápido regreso de nuestro Señor? Eso por lo cual oras, más deseas. Eso por lo cual oras, (bajo el Espíritu Santo) crea en ti un deseo de cumplimiento. Mientras estamos de rodillas abriendo nuestros corazones ante Dios , se desarrolla una reorientación de nuestras prioridades, y somos alzados de la niebla de este mundo.
Arrepentimiento
Ahora, encontramos el llamado de arrepentimiento en los versículos 9,11. El Señor desea que "todos procedan al arrepentimiento" y vivan vidas devotas. El arrepentimiento es un cambio de actitud acerca de mi condición personal ante Dios. El llamado del fin del tiempo a la santidad en un llamado del final del tiempo para el arrepentimiento que me trae ante el Señor y dice "Dios, sin ti no soy nada". "Dios, sin ti voy a ser llenado de egoísmo. Sin ti seré llenado de crítica, chisme, enojo, amargura y placer. Dentro de mi hay semillas que están retrasando el advenimiento. Busco tu perdón y un cambio de vida porque yo he, tal vez inadvertidamente, perpetuando tu sufrimiento".
Prioridades re ordenadas
Pedro dice, reordena tus prioridades para que puedas salir de un mundo perdido e ir con Jesucristo, ("apresurandoos para la venida de Dios"). El mismo Maestro dice, "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los gentiles: entonces vendrá el fin." (Mat. 24:14)
Los eventos en tiempos recientes de Europa del Este no son meramente eventos fortuitos en la historia secular, sino son parte de un plan divino que indica que este es el tiempo de la iglesia para establecerse en la complacencia de Laodicea.
En una forma maravillosa Dios ha abierto puertas en el mundo. Y el abrirá puertas en tu vida. ¿Hay alguien por quien estés orando? ¿Hay alguien en tu comunidad que te preocupa su alma? Necesito estar relacionado con ganar almas, no sólo por el alma de otras personas, sino por la mía.
Sin un involucramiento, el crecimiento de mi propio espíritu está atrofiado. Sin esto, mi propia vida espiritual esta desbaratada. Sin eso, la vida se vuelve egoísta.
Dios te esta guiando a tí y a mí a una santidad del fin del tiempo. Nos está guiando a una profunda oración, a un profundo arrepentimiento y profunda preocupación por las almas y a reordenar nuestras prioridades.

Autor: Mark Finley. Pastor, evangelista, escritor, Director Mundial de Evangelismo y Vicepresidente de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del 7mo. Día.
Reproducido de:
ojo adventista / artículos y libros: Divino Amor, la demora del advenimiento y la Misión de la Iglesia. Por Mark A. Finley

sábado, 14 de enero de 2012

EL DON DE PROFECÍA

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá”.Deuteronomio 18:18-20
¿Deberíamos creer en los profetas en la actualidad?
Muchos no creen que los profetas sean hoy un medio válido de transmitir la voluntad de Dios. Afirman que nos basta con la Biblia; que si la obedecemos no necesitamos profetas ni profecía.
Pero allí está precisamente la raíz del problema. No todos aceptan las Sagradas Escrituras como lo que realmente son: la Palabra de Dios. En consecuencia, no la obedecen.
Por otra parte, han surgido vez tras vez muchas personas que se han autodesignado profetas; pero al ser probados de acuerdo a “la ley y el testimonio” (Isaías 8:20), resultaron ser falsos.
Ahora, la presencia de una falsificación no nos autoriza a rechazar el don verdadero, antes bien constituye una prueba de su existencia.
La creencia en el don profético ha sido una constante  a lo largo de la historia del pueblo de Dios. Ese maravilloso medio de comunicación entre el Señor y sus hijos ha sido de gran bendición; guiando, aconsejando, amonestando e instruyendo al antiguo Israel y luego a la iglesia.
Siempre hubo profetas que transmitieran los oráculos divinos, hombres que “hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2ª Pedro 1:21). El producto supremo de tal Inspiración lo tenemos registrado en las páginas de la Sagrada Biblia.
Pero las Escrituras no son la voz final de Dios. Desde que se cerró el canon a fines del siglo I hemos recorrido un largo camino, durante el cual la voz del Espíritu por medio de sus profetas no se ha silenciado. Muchos profetas no nos dejaron nada escrito, como Juan el Bautista o Agabo, por ejemplo, sin que eso desmereciera su llamado profético.
Vale preguntarse ¿En el tiempo del fin ya no se oirá la voz de los santos hombres (o mujeres) de Dios para guiar a su pueblo?
Consideremos la siguiente historia:
"Suponga que estamos a punto de iniciar un viaje en barco. El propietario nos coloca en las manos el manual de instrucciones, diciéndonos que contiene instrucciones suficientes para todo el viaje, y que, si atendemos a aquello que está escrito en el manual, alcanzaremos con seguridad nuestro destino.
Iniciando el viaje, abrimos el manual a fin de aprender lo que en el está escrito. Constatamos que el autor registró allí principios de aplicación general para nuestra orientación, y nos instruye tanto como es posible, analizando las varias contingencias que se podrán  presentar  hasta el fin. Pero también nos advierte de que la última parte del viaje será particularmente peligrosa porque el trazado de la costa está siempre modificándose en virtud de bancos de arena y tempestades.  
Para esta parte final del viaje -prosigue el autor- hice provisión de un piloto, el cual vendrá a su encuentro y lo orientará completamente en todas las circunstancias y peligros de esa porción final del viaje. Atienda sus orientaciones.
Con base en las instrucciones que están en nuestro poder, conseguimos llegar a la parte final del viaje; y el piloto, de acuerdo con la promesa, aparece. Pero algunos miembros de la  tripulación se rebelan contra él cuando nos ofrece sus servicios.
Poseemos el manual original -dicen ellos-, y eso es suficiente para nosotros. Nos orientaremos de acuerdo con el, y solo de acuerdo con el. No queremos saber nada de usted. A partir de ese momento, ¿quien está realmente siguiendo el manual original de instrucciones? ¿Aquellos que rechazan al piloto, o los que lo aceptan, siguiendo la orden del manual?”
No es racional descartar la posibilidad de que hayan nuevos profetas.
Los adventistas creemos en que hace algo más de un siglo y medio, Dios habló por medio de una mujer llamada Elena White. En cuanto mi experiencia respecto a ella, ya escribí una entrada anterior:(ver por qué creo en el don de profecía).
No obstante, hay muchos al presente, adventistas o no, que rechazan la postura de la iglesia, acusándola de ser una falsa profetisa. Con un empeño digno de mejor causa, han disecado sus escritos y examinado su vida pública, tratando de encontrar algo que criticar. Con un nivel de agresión verbal que no es digno de cristianos descalifican su obra y sus escritos. Estos -según veo-, son los que rechazan al piloto.
Los que son sinceros, primero considerarán por sí mismos y con oración toda la evidencia, la juzgarán a la luz de la Palabra de Dios y la probarán por sus frutos (Mateo 7:20). Entonces podrán aceptar la luz o rechazarla, con toda honestidad y sin culpa.
La cuestión última que surge de esto es la siguiente; si no estamos dispuestos a aceptar un profeta moderno tampoco aceptaremos ningún otro en el futuro.
¿Dejará olvidados Jesús a sus fieles de los últimos días? No me parece lógico. Creo firmemente que muy pronto hemos de ver en forma superlativa la operación del don profético, (ver Joel 2:28-32 y Apocalipsis 18:4).
¿Le haremos caso? Está en riesgo nuestra vida eterna, pues el Señor nos pedirá cuentas de la revelación profética que hayamos recibido. 
Es mi más sincero anhelo que no seamos arrastrados por los engaños finales, al no haber apreciado la luz que brilló en nuestra senda.
Que de tí y de mí pueda decirse: “damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes”. 1ª Tesalonicenses 2:13

jueves, 12 de enero de 2012

LA VIDA CRISTIANA; ¿ES FÁCIL O DIFÍCIL?

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30
La Biblia dice que el yugo de Cristo es fácil; sin embargo, cuando comenzamos a caminar la vida cristiana, descubrimos que está tan llena de dificultades como la de los incrédulos (Y a veces, resulta mucho más difícil).
Entonces; ¿es fácil o difícil vivir la vida cristiana?
En primer lugar quiero decir que Jesús no miente al decir que su carga es ligera.
El gozo y la paz que se obtienen al encontrarse con el Salvador hacen que obedecer sus mandamientos sea una delicia, que cada labor que hagamos para él sea un placer. Tener su aprobación, gozar de su amor y de la seguridad de su protección, alegran el camino del cristiano.
Pero también es cierto que nos esperan graves dificultades. Se nos dice que: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Hechos 14:22
¿De dónde vienen estas tribulaciones? De dos fuentes principales:
  1. De nuestro propio corazón pecaminoso, que se resiste a cambiar; de nuestras tendencias heredadas y adquiridas hacia el mal; de nuestros malos deseos que se niegan a morir.
  2. De los ataques de Satanás y sus aliados, que conociendo nuestras debilidades, se aprovechan de ellas para hacernos caer en el pecado. Utiliza también como instrumentos suyos a otras personas, para tentarnos, lastimarnos y desanimarnos.
Tampoco estamos exentos de los problemas y de las cargas de la vida. Nos toca como a los demás sufrir, llorar, tener pérdidas, enfrentar desastres, y ser afligidos por todo mal que abunda en este mundo. Además de eso tendremos que enfrentar oposición, ser perseguidos, maltratados y despreciados por causa de nuestra fe.
Si acaso llegamos a pensar que los que no conocen a Dios la pasan mejor, las Escrituras nos advierten: “el camino de los transgresores es duro”. Proverbios 13:15
Los pecadores deben enfrentarse a una vida sin propósito, a la ausencia de paz en el alma, a la incertidumbre del mañana, a desconfiar de todo y de todos. El desamor, el egoísmo, el orgullo, la falta de esperanza, convierten su existencia en un continuo e inacabable dolor. Se hallan también indefensos contra el mal, porque han elegido servir a un amo que se deleita en hacer sufrir a sus súbditos.
La vida sin Cristo definitivamente es más difícil.
Pero aún sigue en pie la pregunta: ¿es fácil o difícil vivir la vida cristiana?
Para zanjar la cuestión quisiera remitirme a la historia de aquel joven que se acercó al Señor preguntándole que debía hacer para heredar la vida eterna.
Cuando el Salvador le contestó que debía guardar los mandamientos, el pensó: “entonces es pan comido”; y “le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reio de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. Mateo 19:20-26
El problema es que había planteado la cuestión desde una óptica equivocada. Creía -al igual que los demás judíos, apóstoles incluídos- que debía alcanzar la vida eterna por medio de sus propios esfuerzos.
El joven se alejó triste, porque no estaba dispuesto a rendirle todo a Jesús. Los discípulos también se espantaron, porque vieron que la vida eterna requería un gran desprendimiento.
Si se les hubiera dicho que todo se basaba en la obediencia y en sus propios méritos, se hubieran quedado más tranquilos, ya estaban haciendo enormes esfuerzos para guardar la ley; pero la cuestión era enteramente diferente.
La vida cristiana es el comienzo de la vida eterna. Como vivamos aquí, viviremos allí.
Todos los seres celestiales están desprovistos de egoísmo y se deleitan en hacer la voluntad de Dios antes que la suya propia. Vivir así les resulta feliz, natural y apropiado. Lo mismo se aplica a quienes deseamos compartir la eternidad con los ángeles y con los habitantes de los otros mundos que no cayeron en el pecado.
Si ser cristianos nos resulta difícil, es porque no nos hemos rendido por entero; porque aún tenemos algún ídolo al que no hemos renunciado.
Para el que de veras ama a Dios, encuentra que hacer su voluntad es muy sencillo y agradable.
El que ha puesto su vida en manos del Altísimo, no tiene problemas en dejar que su Buen Pastor lo conduzca hasta verdes pastos y manantiales de aguas, o por en medio del valle de tinieblas y sombra de muerte. Su yugo resulta fácil y ligera su carga.
Les invito a leer con detenimiento y oración la siguiente cita y a ponerla en práctica:
“Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez mas semejante a la de Cristo... La vida en Cristo es una vida de reposo. Puede no haber éxtasis de la sensibilidad, pero debe haber una confianza continua y apacible. Vuestra esperanza no está en vosotros; está en Cristo. Vuestra debilidad está unida a su fuerza, vuestra ignorancia a su sabiduría, vuestra fragilidad a su eterno poder. Así que no debéis miraros a vosotros, ni depender de vosotros, mas mirad a Cristo. Pensad en su amor, en su belleza y en la perfección de su carácter. Cristo en su abnegación, Cristo en su humillación, Cristo en su pureza y santidad, Cristo en su incomparable amor: esto es lo que debe contemplar el alma. Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de él, es como seréis transformados a su semejanza” (El Camino a Cristo página 70).
Si la vivimos de esta manera, la vida cristiana resultará muy fácil.

miércoles, 11 de enero de 2012

LOS EX

“Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado”. 2ª Pedro 2:20,21
¿Qué es ser un ex?
Según el diccionario:
  1. “Prefijo que entra en la formación de palabras con el significado de 'fuera, más allá': excomunión, excéntrico, extraer.
  2. Prefijo procedente de la preposición latina ex, fuera o más allá: extender, excéntrico, y también negación o privación: exheredar; encarecimiento: exclamar.
  3. Antepuesto a nombres de dignidades o cargos y a nombres o adjetivos de persona, indica que este ha dejado de ser lo que aquellos significan: ex ministro, etc.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
De todos los ”ex” que puedan catalogarse, para mí el más doloroso es que alguien diga de sí mismo que es un “ex-adventista”. Equivale, según pienso, a dejar de ser cristiano.
Ser un ex-adventista es algo trágico, como ser un ex esposo, o un ex empleado. Habla de la pérdida de una condición que antes lo hizo sentirse feliz y realizado.
Significa que alguien ha negado su fe y se ha privado de los beneficios de ella, volviendo a su anterior práctica religiosa, o convirtiéndose en un escéptico o un ateo. Dejó de ser lo que antes fuera, pero sin conseguir ninguna mejora.
Es un título penoso, porque señala que fracasó en comprender la maravillosa gracia que se encuentra en Cristo y la brillante luz de la verdad, colocándose voluntariamente fuera de su alcance. Como el joven rico, que se fue triste porque tenía muchas posesiones que no quería abandonar; o como el hijo pródigo, que dejó la casa del Padre porque quería gozar la vida; su partida deja un profundo vacío y ha producido gran sufrimiento en quienes lo amaban.  
Implica también una gran tristeza, porque significa que nosotros, sus hermanos, tuvimos “éxito” en lanzarlo fuera o más allá de la gracia. Esto es algo que no debemos tomar a la ligera. Como hijos de Dios debemos reconocer que en muchas ocasiones hemos representado mal a nuestro Señor y causado que muchos se desanimaran y abandonaran la fe.
Pero ser “ex” es además una condición desconcertante y peligrosa, porque coloca a este en una especie de limbo espiritual.
Desconcertante pues nadie debería andar proclamando su perdida filiación religiosa; es como ser un “ex-hijo”, por ejemplo (¿suena raro, verdad?).
Peligrosa porque queda expuesto a toda insinuación del enemigo de las almas y corre gran riesgo de tranformarse en su instrumento. Jesús afirmó: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.” Mateo 12:30
Circulan en la web una cantidad de escritos críticos de la iglesia suscritos por personas que dicen serlo. La mayoría de ellos denota un gran resentimiento y un espíritu duro e implacable. Atacan nuestras doctrinas, nuestra organización y de manera especial su encono se enfoca hacia los dirigentes.
Muchas de las cosas que afirman son producto de una pobre comprensión de lo que la vida espiritual significa; otros reclamos son muy ciertos, pues los hombres somos falibles, podemos caer, obrar mal y decepcionar a otros; y otros todavía, son terribles sofismas sugeridos por Satanás mismo para minar la fe del pueblo de Dios.
Son, en todo sentido, opositores más temibles que los incrédulos o los que nunca compartieron nuestra fe. De ellos puede decirse con propiedad que hubiera sido mejor que no conocieran “el camino de la justicia”.
Pero a todos ellos -los enemistados, los decepcionados, los amargados y los desanimados-, el mensaje que debemos darles es el mismo: 
¡¡¡LOS AMAMOS, VUELVAN A CASA.!!!
Nos hace falta, no lamentar su pérdida, sino salir a buscarlos para pedirles perdón por el descuido o por los pecados propios o ajenos que los alejaron. No podemos estar satisfechos hasta que vuelvan al redil.
Necesitamos compartir el vivo y tierno interés por las almas que llevó al profeta Jeremías a llorar por la desolación de su pueblo -bien que su perdición no había sido por su causa-.
Deberíamos tratar de conmovernos por su desgraciada suerte, con ese amor que solo nace en el seno de Dios:
“¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová”. Jeremías 31:20