sábado, 19 de junio de 2010

GRATITUD

Este viernes por la mañana recibí una gratísima sorpresa: un regalo inesperado y caro que me hizo llorar (lo que no es frecuente en mí).
Me provocó además sentimientos encontrados al descubrir algunas facetas negativas de mi carácter.
Llevaba ya varios días bastante abatido por distintas circunstancias, luchando con las sombras que intentaban cubrir mi vida y creo que este regalo fue la manera en que el Señor me dijo cuánto me ama, de una manera que yo le prestara atención.
Este domingo en Argentina se celebra el día del padre. Les había pedido a mis alumnos de segundo grado una pequeña cantidad de dinero, para que llevaran un regalito a sus progenitores. Me sorprendí cuando algunos me trajeron una suma mayor y al averiguar de que se trataba, los pequeños solamente me pudieron decir que una mamá lo estaba pidiendo para otro regalo.
Pensé: -¡que desconsideración! alguien está juntando dinero sin consultarme.
Para mi vergüenza, descubrí entonces que los padres de mis alumnos se habían puesto de acuerdo para obsequiarme un costoso calzado deportivo.
Cuando me entregaron el regalo sentí tristeza por los pensamientos negativos que cruzaron por mi mente, entremezclados con sorpresa, admiración y una creciente gratitud por el esfuerzo realizado y la bondad que me habían manifestado sin yo merecerlo.
Me dolió descubrirme tan insensato. Fue un reproche directo del cielo hacia mí.
¡Cuántas veces juzgamos equivocadamente y actuamos mal en consecuencia! Y lo hacemos con nuestro prójimo y con nuestro Redentor. Vemos faltas imaginarias en los demás y los censuramos en nuestra mente sin verificar si los hechos corresponden con nuestra impresión.
¡Qué decir de nuestra actitud para con Dios! Tontamente y con excesiva frecuencia nos quejamos, desconfiamos y renegamos de la conducción de nuestro amoroso Padre Celestial. Pero a pesar de nuestra falta de gratitud él sigue brindándonos constantemente su generoso e ilimitado amor.
Pero mi mayor descubrimiento fue que, de este modo tan maravilloso, mi buen Dios me habló.
Me hizo ver que no tenía razón para entregarme al descontento, al desaliento y a rumiar desgracias imaginarias.
Comparto esta cita que me hizo pensar: "El lado brillante y feliz de nuestra religión será representado por todos los que se consagran diariamente a Dios. Ellos le expresarán su gratitud trayendo sus ofrendas de agradecimiento. No queremos deshonrar a Dios relatando lúgubremente las pruebas que nos parecen penosas. Todas las pruebas que se reciben como educativas producirán gozo. Toda la vida religiosa será elevadora, ennoblecedora, fragante de buenas palabras y acciones. El enemigo está contento de que las almas se quejen y tropiecen en el camino, que estén deprimidas, apesadumbradas, gimiendo; porque Satanás quiere que tales impresiones parezcan ser los efectos de nuestra fe". (Manuscrito 70, del 6 de noviembre de 1897, "Diario").
La lección que saco es que debo hablar más del amor, la misericordia, la compasión de Dios. 
Nada de sombras y abatimiento porque le dan la victoria al Diablo y nos quitan la paz, la esperanza y el gozo de la salvación. Tengo que hacer memoria de sus bondades, de su intervención poderosa en mi vida, de su perdón, de la luz que hallé en su presencia, del gozoso privilegio de trabajar para Él, del valor inmenso de las almas que me permitió traer a sus pies, de la comunión con mis hermanos y de los momentos de felicidad que me brindó.
Motivos de gratitud sobran...
Me uno para decir con el salmista:
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;
De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
Pero de día mandará Jehová su misericordia,
Y de noche su cántico estará conmigo,
Y mi oración al Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?
¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,
Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Salmos 42

lunes, 14 de junio de 2010

REPRENDER EL PECADO

"Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado". Isaías 58:1
Recuerdo una ocasión de mi niñez en la que estabamos jugando en la cama de nuestros padres con mi hermano mayor. De pronto nos empeñamos en una encarnizada guerra de almohadas. Al escuchar los gritos y el ruido, una de mis hermanas mayores acudió para poner orden; pero en lugar de traer calma, ocupó mi lugar en la contienda tomándose a almohadazos con mi adversario, mientras yo me divertía con la ridícula escena.
Entre el pueblo de Dios sucede a veces algo similar, aunque no tiene nada de divertido.
Muchos hay que ven las faltas en los demás y se escandalizan, y se ocupan en denunciar el pecado ajeno; pero al intentar corregir el mal, con demasiada frecuencia se enredan en discusiones, provocando un perjuicio más grave que el que dicen combatir. Su ardor procede más bien del orgullo que de una santa indignación hacia el mal, y en seguida manifiestan un espíritu de crítica, condenación y enojo hacia sus propios hermanos, hiriendo a quienes debieran sanar.
La vocación "profética" de denunciar lo malo no es algo que uno deba asumir por cuenta propia.
Es cierto que los cristianos son llamados a denunciar la iniquidad con una voz clara y firme. No debe haber transigencia con Babilonia. Si callamos ante el pecado abierto, la injusticia y el error, nos hacemos cómplices de estos males como si los hicieramos nosotros mismos. Hay un refrán que dice sabiamente: "es tan ladrón el que espera en la puerta como el que roba en la huerta".
Esta obra triste, pero necesaria, fue la de los profetas de la antigüedad. Es también la tarea de los profetas modernos, y será la obra final del remanente que denunciará los pecados de Babilonia. El Señor comisionó a Isaías, a Jeremías, a Juan el Bautista entre otros para denunciar los males de quienes se llamaban a sí mismos el pueblo de Dios. Cristo mismo, con lágrimas en sus ojos, clamó contra la hipocresía de los dirigentes religiosos de su tiempo.
Pero es cierto también que la obra de corregir lo deficiente no debe estar en manos del criterio siempre falible de un solo hombre o de algunos pocos.
En las relaciones entre los hijos de Dios, Jesús dejó un modelo supremo en Mateo 18:15-17: "Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano".
Es aquí la iglesia quien debe administrar la disciplina, luego de que se hubo tratado el asunto con la mejor de las cortesías y con el mayor tacto posible.
En el caso particular de que la iglesia se halle en decadencia o que ya esté en abierta apostasía, el asunto se encuentra todavía en las manos divinas.
Nadie debe pensar que ha sido comisionado para una obra de esa naturaleza en virtud de que no cayó en las faltas de sus hermanos. Emprender una reforma sin haber sido especialmente llamado por el Señor induce a la exaltación propia y producirá únicamente frutos amargos de disensión, contienda y división.
Cuidémonos de ser mensajeros sin mensaje. La Biblia advierte acerca de aquellos que proclaman: "Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú; éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día". Isaías 65:5
El mensaje divino procura remediar el mal, corregir el error e inducir al arrepentimiento. Sus resultados, cuando la advertencia es obedecida, serán firmes conversiones, seguidas de una reforma y un reavivamiento genuinos.
Cuando los resultados no son estos, sinó que se manifiestan disensiónes, dura crítica, agrias denuncias y airadas descalificaciones, tengamos por seguro que el espíritu que dirige esa obra no es del cielo, sinó terrenal, animal, diabólica.
La cita siguiente dice con mucha sabiduría que: "Los hombres duros y criticones con frecuencia se disculpan o tratan de justificar su falta de cortesía cristiana porque algunos de los reformadores obraron con un espíritu tal, y sostienen que la obra que debe hacerse en este tiempo requiere el mismo espíritu; pero tal no es el caso. Un espíritu sereno y perfectamente controlado es el que más conviene en cualquier lugar, aun en la compañía de los más toscos. Un celo furioso no hace bien a nadie.... Aunque los ministros de Cristo deben denunciar el pecado y la impiedad, la impureza y la mentira, aunque son llamados a veces a reprender la iniquidad, tanto entre los encumbrados como entre los humildes, y a mostrarles que la indignación de Dios caerá sobre los transgresores de su ley, no deben ser intolerantes ni tiránicos; deben manifestar bondad y amor, y un espíritu deseoso de salvar más bien que de destruir".  Joyas de los Testimonios Tomo 1 Página 566
La iglesia de Cristo, su remanente del tiempo del fin, está todavía más necesitada de reprensión que el antiguo Israel o que la iglesia apostólica. Por algo se la identifica en la profecía de las 7 iglesias de Apocalipsis 2 y 3 con la tibia Laodicea, a quien Dios amenaza con vomitar de su boca (¡le da náuseas!).
Sin embargo no necesita ser reprendida por aquellos que todavía tienen que aprender de la mansedurmbre del Cordero de Dios, de la tierna simpatía del Buen Pastor hacia sus ovejas descarriadas, del amoroso trato del Padre, que castiga y reprende porque ama.
Clamemos al Señor por el poder de su Espíritu en nuestras vidas, oremos para que su iglesia sea purificada, pero no por mano humana, sinó por Aquel de quién se dijo: "Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará". Mateo 3:12

viernes, 11 de junio de 2010

BIEN HECHO

"Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho". Isaías 53:11 .
La fidelidad en la obra del Santuario es un paréntesis agradable en la conflictiva y espasmódica historia del pueblo de Israel. Con frecuencia se habían quejado de sus aparentes dificultades, habían dudado de la conducción divina y se habían rebelado; incluso habían caído en la apostasía. Pero cuando Dios los perdonó después del incidente del becerro de oro, sacaron a relucir un espíritu de alegre consagración, de una generosidad y un entusiasmo que antes no habían manifestado.
"Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral... De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová".  Exodo 35:4-9, 29
Se ilustra aquí el papel de la mente y el alma en el servicio a Dios. Lo que hicieron, lo hicieron voluntariamente y de corazón.
En primer lugar, la voluntad es clave en la salvación; no porque tenga virtud salvadora sino porque mediante ella tomamos decisiones que son la única vía para apropiarse de la bendición prometida.
La voluntad santificada por el Espírtitu Santo es una poderosa herramienta contra el pecado. Necesitamos decidir rendirle nuestra voluntad a Dios, decidir servirle, decidir ponernos de parte del Señor en sus batallas, decidir ser fieles en cada situación.
Pero no es un simple asunto intelectual. La entrega debe ser completa. Para ello debemos rendir también nuestro corazón, es decir nuestros sentimientos, afectos y deseos más profundos. Al rendir nuestra voluntad y nuestros afectos a Dios lo hacemos con la convicción de que dependemos absolutamente de Él. Nada de lo que tenemos o hacemos alcanza, nada es demasiado como para retenerse.
La pregunta del creyente no es: ¿cuánto es lo mínimo que puedo dar?, sinó: ¿qué más me falta?
Cuando ellos lo hicieron así, lo que siguió fue consecuencia natural de su completa consagración; la bendición del Señor
"Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana. Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba". Exodo 36:4-7
Ofrecer lo mejor para la causa de Dios es el fruto lógico de una vida que ya se ha rendido totalmente a Él.
Los resultados de la entrega completa de sus vidas y sus bienes al Señor no se hicieron esperar: la obra se había terminado, el blanco se había alcanzado y sobrepasado. Ya no se necesitaba que hicieran nada más.
"Cada mañana y cada tarde se ofrecía en holocausto sobre el altar un cordero de un año...  para simbolizar la consagración diaria a Dios de toda la nación y su constante dependencia de la sangre expiatoria de Cristo.   Hemos de entregarnos al servicio de Dios, y debiéramos tratar de hacer esta ofrenda tan perfecta como sea posible. Dios no quedará satisfecho sino con lo mejor que podamos ofrecerle. Los que lo aman de todo corazón, desearán darle el mejor servicio de su vida, y constantemente tratarán de poner todas las facultades de su ser en perfecta armonía con las leyes que los habilitan para hacer la voluntad de Dios". Cristo en su Santuario pag. 37
De la misma forma, en el tiempo final, Cristo está empeñado en finalizar con su obra expiatoria en el santuario del cielo, que hará evidente quién es suyo y quién no.
Cuando los hijos de Dios manifiesten el mismo espíritu que tuvo en esa ocasión el pueblo de Israel, la predicación del evangelio terminará y el plan de salvación verá su culminación. No habrá más nada que hacer en favor de la salvación de ningún ser humano.
Entonces, para recoger el fruto de la aflicción de su alma... Él vendrá.
"Los israelitas hicieron toda la obra tal y como el Señor se lo había ordenado a Moisés. Moisés, por su parte, inspeccionó la obra y, al ver que la habían hecho tal y como el Señor se lo había ordenado, los bendijo". Exodo 39:42,43 NVI
Si Dios inspeccionara la obra de nuestras vidas... ¿Saldríamos aprobados?...

sábado, 5 de junio de 2010

GETSEMANÍ


LA NOCHE

En la noche de tragedia
con mi Maestro salí.
Por la llaga de mi espíritu
se acercó Getsemaní.
Sobre la roca de mi alma
cayó el divino Rabí:
"Pasa, Señor, este cáliz,
pasa este cáliz de Mí".

En la noche de tragedia
me pidió: "Ruega hasta el fin".
En el flanco de la roca
con los demás me dormí.
La mirada del Maestro
sobre la frente sentí:
"Ni una hora de tinieblas
pudiste velar por Mí".
Cuando vi sangre y anhelos
en su frente de marfil;
cuando la copa de ajenjo
vi en la roca del jardín,
de redención traspasada
contra la noche caí:
"La copa de Tu amargura
déjame beber a mi".

El cáliz quedó en mis manos;
un sorbo apenas bebí:
la acritud de largos siglos
en un segundo sentí.
Como una daga de amores
la voz llegó del Rabí:
"La copa henchida de hieles
apuré, hombre, por ti".

EL DÍA

"Basta, divino Maestro,
no puedo esta hiel sufrir".
Y la noche se hizo día:
Jesús la bebió por mi

Leonilda A. Peverini

LA NIÑA DE SUS OJOS

"Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo". Zacarías 2:7,8
En los días de Zacarías, el pueblo de Israel estaba pasando por un momento de gran incertidumbre, que se traducía en debilidad y derrotismo. Tras el entusiasmo inicial de volver a su patria, encontraron grandes dificultades para proseguir. Habían abandonado entonces la obra de reedificación del santuario y se habían dedicado cada uno a sus propios asuntos, con el triste convencimiento de que sus propias fuerzas no alcanzaban a cambiar el rumbo de las cosas.
Cuando todo sale mal y fracasan las mejores expectativas es cuando se hace evidente lo que hay en el corazón.
Es fácil en la bonanza ser amigable; pero cuando las cosas no marchan bien, el inconverso espíritu humano se irrita con sus hermanos, busca culpables, critica, acusa y se olvida de la misericordia.
El pueblo de Israel era consciente de que sus pecados habían causado el cautiverio, que incluso ahora mismo no estaban en la correcta relación con Dios. Les parecía que ya no podrían ser bendecidos por el favor divino. Fue allí cuando entró en acción el espíritu de profecía, por medio del sacerdote Esdras y los profetas Hageo y Zacarías; dándoles mensajes animadores y proveyendo los medios para continuar la obra de reconstrucción.  
Se presenta entonces la significativa visión del sumo sacerdote Josué intercediendo por su pueblo: "Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar. Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo. Porque he aquí... quitaré el pecado de la tierra en un día.". Zacarías 3:1-9
Al atribulado pueblo que había salido de Babilonia se le dirigieron estas palabras llenas de consuelo:
  • Dios estaba decididamente a su lado para echar por tierra las acusaciones de Satanás.
  • En virtud de que los salvó, arrebatándolos del fuego, son suyos, le pertenecen.
  • Él reviste al pueblo de su propia justicia, quitando las viles vestiduras de los méritos humanos.
  • Pone además en su cabeza una mitra limpia, que en los sacerdotes llevaba la inscripción: "Santidad a Jehová".
  • Les invita a la obediencia por la fe.
  • Por medio del prometido Renuevo (Cristo), ofrece quitar sus pecados en "un día".
Esta visión es un símbolo de la obra de gracia que Jesús realiza ahora mismo desde el santuario celestial.
Intercede por su pueblo indigno, revistiendo a los que creen del albo manto de su propia justicia. Se goza en arrebatar sus víctimas al reino infernal de Satanás, para convertirlos en fieles testigos suyos ante el mundo. Los presenta ante el universo como su preciosa adquisición, la "niña de sus ojos".
Me encantó la cita siguiente: "El Señor Jesús está realizando experimentos en los corazones humanos, por medio de la manifestación de su misericordia y abundante gracia. Está realizando transformaciones tan sorprendentes que Satanás, con toda su triunfante jactancia, con toda su confederación del mal unida contra Dios y las leyes de su gobierno, se detiene para mirarla como una fortaleza inexpugnable ante sus sofismas y engaños. Son para él un misterio incomprensible. Los ángeles de Dios... contemplan con asombro y gozo cómo hombres caídos, una vez hijos de la ira, están desarrollando, por la enseñanza de Cristo, caracteres a la semejanza divina, para ser hijos e hijas de Dios, para desempeñar una parte importante en las ocupaciones y los deleites del cielo". La Iglesia Remanente Páginas 15,16
¡Ojalá los cristianos pudieran ver a la iglesia como la ve el Señor!
Aunque es cierto que necesitan correción, Dios no mira a sus hijos con frialdad y reprobación. Aunque conoce su debilidad, no les reprocha su condición caída. Por el contrario, les recuerda sus promesas y les extiende su gracia.
Son sus "experimentos de gracia", que dejan a los ángeles y a los demonios con la boca abierta y al mal sin excusa. Son el muro defensivo de la verdad, cotra el cual se estrella el mundo en rebeldía sin hacerle mella.
¡Ojalá los que rechazan a la iglesia por defectuosa pudieran contemplar esta visión!
Cesarían entonces las quejas, los reclamos, los reproches, las invectivas, las acusaciones y el espíritu de controversia.
Acabarían las demoras y todos nuestros recursos, nuestro tiempo y talentos se volcarían hacia los perdidos.
No tendríamos que preocuparnos por el rumbo de la iglesia ni pensar en crisis.
Jesús nos reconocería como suyos y vendría a buscarnos. 
¡Ojalá! Fea palabra por señalar algo que no se concreta. 
¡Cuánto me gustaría ya no tener que decir ojalá, sinó gozarme en verlo con mis ojos!
Bendiciones en Cristo.
Willy