miércoles, 6 de octubre de 2010

EL CARÁCTER DE CRISTO

 "Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos". (Heb. 7: 26.)

El carácter de Cristo tuvo una excelencia sin parangón, conteniendo todo lo que fuera puro, verdadero, amable y deseable. 
En ninguna parte encontramos que haya visitado una reunión de placer o un salón de baile, y sin embargo era el ejemplo perfecto de una conducta amable y cortés. Cristo…se distinguía por las elevadas facultades intelectuales que poseía, aun desde el comienzo de su vida. Su juventud no fue desperdiciada en la indolencia, y tampoco fue desperdiciada en placeres sensuales, indulgencia propia, o malgastada en cosas sin provecho. Ninguna de sus horas de la niñez a la virilidad fue malgastada, ninguna fue malversada...
Jesús no tenía pecado, y no temía las consecuencias del pecado. Con esta excepción, su condición era como la vuestra. Vosotros no tenéis una dificultad, que no haya gravitado con el mismo peso sobre él, no tenéis una tristeza que su corazón no haya experimentado. Sus sentimientos podían ser heridos, por el descuido y la indiferencia de sus amigos profesos, tan fácilmente como los vuestros. ¿Es espinoso vuestro camino? El de Cristo lo fue diez veces más. ¿Estáis angustiados? También él lo estuvo. ¡Con cuánta propiedad Cristo puede ser nuestro ejemplo!...
El registro inspirado dice de él: "Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres" (Luc. 2: 52). A medida que aumentaba en años, también crecía en conocimiento. Vivía temperantemente. Sus horas preciosas no fueron malgastadas en placeres disipadores. Tenía un cuerpo verdaderamente saludable y verdaderos poderes mentales. Las facultades físicas y mentales podían expandirse y desarrollarse como las vuestras, o como las de cualquier otro joven. Su estudio era la Palabra de Dios, como debiera ser el vuestro.
Tomad a Jesús como vuestra norma, imitad su vida. Enamoraos de su carácter. Andad como Cristo anduvo. Vuestras facultades intelectuales recibirán un refuerzo, vuestros pensamientos se ampliarán cuando pongáis vuestras facultades en vigoroso contacto con las cosas eternas, que son intrínsecamente grandiosas. 
Dios nos Cuida -  Página 104  (Reproducido sin comentarios de mi parte)

sábado, 2 de octubre de 2010

GÉNESIS, TODO O NADA

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día". Génesis 1:1-5
En una entrada anterior (ver la creación y yo) expuse mis convicciones sobre el tema. Quiero volver sobre un aspecto muy cuestionado del informe de la creación y la entrada del pecado que presenta el Génesis en sus primeros capítulos.
Desde diversos círculos, ya sea escépticos, científicos, seculares e incluso religiosos se afirma que esta parte de la Biblia no tiene que ser tomada al pie de la letra. Que son (según quien lo diga) alegorías, mitos, leyendas o folclore recopilado por diversos autores. Lo triste no está en los tres primeros círculos mencionados, sino que esta idea es muy aceptada entre los religiosos que dicen creer en la Biblia.
La pregunta que hago es: el relato de la creación, ¿es literal o no?
Cuando digo literal, quiero decir que el texto debe leerse como está escrito. Sin dejar de lado una sana exégesis bíblica (géneros literarios utilizados, figuras del lenguaje, contextos históricos, culturales y sociales, etc.); debemos asumir que Dios dijo lo que dijo.
Aunque no desaliento la investigación -necesaria como es-, no abandono el concepto del origen divino-humano de la Biblia, siendo esta la Palabra de Dios en lenguaje humano. El método histórico-gramatical de interpretación de la Biblia que utilizamos (y el que me parece más lógico) tiene sus raíces en el principio protestante de sola scriptura, y acepta que el mensaje bíblico se originó por inspiración divina y que sus autores lo comunicaron por medio del limitado lenguaje humano.
Solamente me planteo que pasaría si tomamos la narración de nuestros orígenes como pura alegoría o folclorismo judío.
  • Si los días no fueron días de 24 horas, rebajamos el poder del Creador reduciéndolo a un simple "Originador", todo con el fin de salvar la dificultad de explicar como apareció la materia primigenia.
  • Si hubo una larga y dolorosa evolución, con millones de seres "inadaptados" que perecieron, la muerte no es la consecuencia final del pecado, sino que pasa a ser algo sumamente necesario y positivo.
  • Si el ser humano no fue creado a imagen de Dios, siendo el producto de una larga evolución, no es responsable ante su Creador ni ante las demandas de su ley.
  • Si Adán y Eva no existieron realmente, cualquier explicación de nuestros orígenes es posible.
  • Si no podemos tomar en serio esta parte de la Biblia, ninguna otra parte debería correr una suerte distinta.
Por lo tanto:
  • Moisés fue nada más que un hábil folclorista que narró coloridos relatos para niños.
  • Isaías no debería, como lo hace, apoyar en este relato su defensa del Dios verdadero en contraste con los falsos dioses.
  • Los Salmos que alaban la maravilla de la creación divina son nada más que bellas y elocuentes poesías dedicadas a algo que no sucedió.
  • Jesús fabuló (mintió) al utilizar relatos puramente alegóricos como hechos históricos y al nombrar a Adán, Noé y otros personajes bíblicos como personas reales.
  • Los argumentos de Pablo y Pedro en sus epístolas, las referencias de los evangelios, y las figuras del Apocalipsis que refieren a Satanás como "la serpiente antigua" no tienen ningún sentido.
Podría seguir, pero creo que es bastante. Los pensamientos aquí expuestos, por otra parte, no prueban nada más que mis propias convicciones. Bastan, sin embargo, para demostrar que tener fe en la Palabra de Dios no lo hace a uno ignorante ni oscurantista.
Todo esto forma parte de una trampa antigua, como lo afirma esta cita: "El dominio en el que Satanás condujo a nuestros primeros padres es el mismo en el cual conduce a los hombres hoy día. El inunda al mundo con fábulas agradables. Por todos los medios de que dispone trata de impedir que los hombres obtengan el conocimiento de Dios que lleva a la salvación.
Vivimos en un siglo de grandes luces; pero mucho de aquello que es llamado luz es sólo una puerta abierta a la sabiduría y a los artificios de Satanás. Muchas cosas son presentadas bajo la apariencia de la verdad; sin embargo hay que considerarlas cuidadosamente y con mucha oración, porque pueden ser astucias del enemigo. El camino del error a menudo puede parecer paralelo al sendero de la verdad. Difícilmente se le distingue del camino que conduce a la santidad y al cielo; pero la mente alumbrada por el Espíritu Santo puede ver que se aparta del buen camino. Después de cierto tiempo, los dos caminos van netamente separados". Joyas de los Testimonios Tomo 3 pag. 268
Creo personalmente que si alguien nos ha estado contando cuentitos, no ha sido precisamente la Biblia. Para mí ella merece muchísima más confianza que los dichos de los hombres, no importa lo eruditos que parezcan.
Confirma mi pensamiento la triste evidencia de las consecuencias que trajo esa manera de pensar. Vale preguntarse:
¿Ha mejorado el mundo por una "ilustración" que se burla de Dios?
¿Nos hará mejores creer que venimos al mundo por casualidad y que vamos hacia la nada?
¿Hay esperanza, paz o felicidad en una vida independiente de nuestro Creador?
¿Qué camino elegiremos?
"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Gálatas 6:7

jueves, 30 de septiembre de 2010

MARCA REGISTRADA

"Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; poned gloria en su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre. Venid, y ved las obras de Dios, temible en hechos sobre los hijos de los hombres". Salmos 66:1-5
A comienzos del siglo XX, el pastor O.E. Davis viajó al interior de las selvas de Guyana en respuesta al ruego de un jefe indígena que había soñado con un hombre blanco que llegaba con un libro negro. El pastor Davis deseaba alcanzar a este pueblo a quienes Dios había hablado por medio de una visión, pero el viaje era difícil y peligroso. Llegó cerca del monte Roraima, donde enfermó de malaria y luego murió. Sus esfuerzos no fueron en vano porque muchos en la tribu aceptaron el evangelio y adoptaron para sí el nombre del abnegado misionero. Son conocidos como los "indios Davis".
Historias como esta pueblan nuestros relatos misioneros. A lo largo de los siglos muchos hombres y mujeres, a veces familias enteras dejaron sus comodidades para llevar el mensaje del evangelio "a todo el mundo", como lo reclama la gran comisión.
Se cumplen ya 150 años de que un grupo insignificante de creyentes, remanente del movimiento millerita, adoptara como propio el nombre de Adventistas del 7º Día, pasando a convertirse hoy en una iglesia de alcance e influencia mundial.
¿Qué significa nuestro nombre?
Como en el relato inicial, adoptamos un nombre para honrar lo que creemos, como señal de las doctrinas que consideramos más relevantes y apropiadas para definirnos, y para definir nuestra misión como cristianos.
Ser "adventistas" es desear con todo el corazón la venida de Cristo, para acabar con el largo reinado del pecado sobre la raza humana. La añadidura "del 7º día" coloca en lugar relevante los mandamientos de Dios, sobre todo el sábado como memorial de la creación.
Ninguna de estas doctrinas tendría sentido si se las colocara fuera del contexto de nuestra necesidad de la gracia divina, de la justificación por la fe y del sacrificio expiatorio de Jesús. Pero en su debido marco, el sábado y el advenimiento magnifican las grandes doctrinas anteriores, revelan el amor de Dios y nos libran tanto de la gracia barata como del legalismo.
Estas dos características no solo nos diferencian de otros grupos religiosos, nos remiten al gran tema de la adoración. A quién, cómo y por qué adoramos.
¿Qué importancia tiene este aniversario?
Para mí significa tres cosas:
  • Alabanza al Señor
  • Cuidadosa reflexión
  • Necesidad de reforma y reavivamiento
Al mirar hacia atrás en la historia, los adventistas podemos gozarnos en lo que ha hecho Dios por nosotros.
De un pequeño y desanimado grupo que creía en la venida de Cristo para 1844, nos convertimos en una iglesia de relevancia mundial.
Bajo la influencia del poder divino, se levantaron hombres de fe y valor para avanzar hasta los más apartados confines del planeta llevando el mensaje del advenimiento; se estableció un pequeño periódico que creció hasta convertirse literalmente en raudales de luz que circundan el globo; progresó de una pequeña escuelita local a cientos de colegios y universidades en todas partes. Nuestro nombre y nuestro mensaje, antes desconocido e impopular, es hoy conocido y respetado.
Y así podríamos hablar de nuestra obra médica, de la asistencia a los necesitados, de vidas transformadas...
En mi corta experiencia de algo más de tres décadas al servicio de su causa, pude ver cumplirse las profecías que había estudiado. En el desarrollo de la historia y en la evolución de la sociedad observé también que hito tras hito de las señales han ido quedando atrás.  Estamos hoy más cerca de Su Venida. Con cada día que pasa, mi esperanza crece más y más, anhelando que sea hoy mismo ese magnífico día.
Si somos creyentes de verdad, los acontecimientos actuales nos gritan con fuerza:
¡DESPIERTEN!
Aunque la noche del mal para nosotros se hace desesperadamente larga, no obstante, podemos confiar que Dios no nos olvido ni se le han ido las cosas de las manos.
Todavía veremos actuar al Señor poderosamente en nuestro favor completando su tarea y viniendo a buscarnos. Si bien muchos de entre los nuestros abandonarán la fe para seguir "doctrinas de demonios" (1ª Timoteo 4:1), la lluvia final del Espíritu moverá los corazones y millones se convertirán en un día. Él evangelio triunfará al final.
Alabemos a Dios por esto.
Pero debemos precavernos del triunfalismo y del orgullo espiritual. No nos gloriemos como Nabucodonosor de la "Babilonia que hemos edificado".
El primer hecho doloroso e incontrastable para nosotros, que decimos ser su pueblo verdadero, la iglesia visible, el remanente final, es que todavía estamos de este lado de la eternidad.
No llegamos a nuestro hogar. No alcanzamos la meta. Cristo todavía no vino.
Segundo hecho innegable: ¿Ha mantenido el grueso de la iglesia el espíritu fervoroso y fiel de sus pioneros? Lamentablemente no.
Como en la fábula de Samaniego, muchos discuten si son galgos o lebreles los perros que amenazan comerlos. No debemos desperdiciar nuestro tiempo en debates, en herirnos mutuamente, o en intentar demostrar que tenemos razón, cuando miles necesitan oír que Cristo viene antes de que su tiempo de gracia termine. La apostasía y la rebelión, la mundanalidad y la indiferencia, por otra parte, están siempre presentes amenazándonos.
El anciano Juan recuerda a las iglesias dos consejos muy pertinentes:
"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". Apocalipsis 2:5
"Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios". Apocalipsis 3:2
Necesitamos recordar que si somos algo, lo somos por la gracia de Dios. Nada debemos al hombre, que es apenas un instrumento. La Biblia advierte en forma contundente: "Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová". Jeremías 17:5
Recordemos y apreciemos a nuestros pioneros. Pero tengamos la honestidad de ser como ellos. Honremos su memoria con hechos y no con palabras.
Valoricemos los logros, pero no nos equivoquemos al atribuírlos a otro que no sea nuestro maravilloso Dios.
Busquemos con humildad la gracia divina para estos peligrosos días que tenemos por delante. Nos esperan grandes conflictos por delante, pero también el glorioso triunfo final.
Aferrémonos a la promesa: "Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona". Apocalipsis 3:10,11
MARANATHA

miércoles, 22 de septiembre de 2010

BUEN ENCUENTRO

“Era Abraham ya viejo y bien avanzado en años y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que gobernaba en todo lo que tenía” (Génesis 24:1,2)
Siempre hemos oído llamar a Abraham "el padre de la fe", por la manera en que se sometió en todo a la conducción divina.  Este gran hombre no solamente creía, sino que transmitía con eficacia su convicción a quienes le rodeaban. Puede decirse con toda justicia que también fue el primer misionero posterior al diluvio. Pero en el texto aparecen no uno, sino dos hombres mayores tomando en serio las promesas de Dios; el mismo patriarca y su sirviente.
El criado era con seguridad Eliezer (Génesis 15: 2), que aunque provenía de Damasco, era creyente en el Dios de Abraham. El ejemplo piadoso de su amo sin duda había sido suficientemente poderoso como para imitarlo. Pero la fe que manifestó en esa ocasión no era una simple copia; la suya era una fe sólida y firme en un Poder que contesta las oraciones del más humilde de sus hijos.
La misión encomendada a este humilde y fiel anciano era delicada; tenía que buscar para el hijo de su señor una mujer de su misma sangre y de su misma fe. No sería lo mismo cualquier señorita pagana, por bella y talentosa que fuese.
Vemos en las instrucciones que recibió y en su respuesta una fe sin límites en la conducción divina. El convencimiento de Abraham era que el mismo Dios que lo había llevado allí, “el enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo…” (vers. 7)
Cargando diez camellos colmados de regalos, Eliezer marcho con un rumbo definido, pero al mismo tiempo fue a la ventura. No podía saber el resultado de su viaje ni tenía seguridad de encontrar a una joven que cumpliera tan altos requisitos.
La oración del sirviente fue “Y dijo: oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro y haz misericordia con mi señor Abraham”. (vers. 12)
Con fe sincera, encomendó su viaje al Altísimo y pidió tener "buen encuentro". Pidió tener éxito en su empresa y que Dios demostrara el amor que tenía hacia su amo.
En toda la oración no encontramos ninguna consideración egoísta o preocupación personal. No usó apelaciones que busquen  obligar o "sobornar" al Señor como hacen algunos predicadores modernos. Nada de promesas o votos de incierto cumplimiento.
En la infantil confianza de este hombre, todo lo que tenía que hacer era pedir y luego esperar el resultado de su petición. Sus deseos estaban tan identificados con los de Dios que no deseaba sino ver como se haría realidad su ferviente oración.
La Biblia dice: "y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho". 1º Juan 5:14,15
Eso es todo lo que hace falta. Lo pides, lo tienes. Nada más.
Entonces...¿por qué cuesta tanto creerlo?
Recordemos que "tenemos un Dios cuyo oído no está cerrado a nuestras peticiones, y si probamos su palabra, él honrará nuestra fe. El quiere que entretejamos todos nuestros intereses con los suyos, y luego podrá bendecimos sin peligro, porque entonces no nos apoderaremos de la gloria cuando seamos bendecidos, sino que le daremos toda la alabanza a Dios. Dios no siempre contesta nuestras oraciones la primera vez que acudimos a él, porque si lo hiciera así, nosotros daríamos por sentado que tenemos derecho a todas las, bendiciones y favores que él derrama sobre nosotros. En lugar de escudriñar nuestros corazones para ver si abrigábamos algún mal, si accedíamos al pecado, nos tornaríamos descuidados y dejaríamos de comprender nuestra dependencia de él... " Dios nos Cuida Página 112
La clave se halla en la dependencia. Eliezer y Abraham pusieron todo en manos de Dios. Tanto el comienzo como el final exitoso del viaje dependían por entero de la dirección divina.
Es como cuando emprendemos un viaje en avión. Nos subimos y nos relajamos confiando en la capacidad del  piloto. Ponemos todo en sus manos, confiando en que sabe lo que hace; de lo contrario no subiríamos. 
El resultado de su encuentro llevó al criado a la adoración: ”y me incliné y adoré a Jehová, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad…” (vers. 48)
¡Qué maravilloso es ver la obra de Dios y gozarnos en sus resultados!
Pedimos poco tal vez porque esperamos poco. Si tuviésemos la misma sencilla confianza en que Dios hará exactamente como dice en su Palabra, pediríamos con más cosas y con mayor frecuencia. Si lo hacemos para su gloria el resultado seguro será, tal como le pasó a Eliezer, maravillarnos de la respuesta del Señor.
¿No quieres esta mañana (o a cualquier hora del día), pedir al Señor tener un "buen encuentro"?

domingo, 19 de septiembre de 2010

COLUMNAS

"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo". Apocalipsis 3:12
¿Qué significa que seremos hechos columnas?
A primera vista, las columnas están inmóviles, no hacen nada, solo están allí. Esto no es muy agradable.
Pero el texto dice que no saldremos del templo y la presencia de Dios, y que tendremos escrito el nombre de la Nueva Jerusalén sobre nosotros -en sentido simbólico- lo cual da sentido de permanencia; mientras que en esta tierra todo es efímero. Eso es bueno.
En la Biblia habla mucho sobre las columnas. Pablo refiere que  "Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo". Gálatas 2:9
Ser columnas, aplicado a las personas implica que se trata de quienes pueden soportar el peso de la obra de Dios. Los líderes, los entendidos, los que saben qué hacer y cómo hacerlo. Se necesita esa clase de personas hoy, que sean firmes y constantes, honestos y confiables como las columnas; que puedan soportar el calor del día y la oposición de los incrédulos y traidores. Estos apóstoles eran los de mayor ascendencia entre sus hermanos, sus principales dirigentes.
¡Qué bueno que el Señor nos promete que en su reino vamos a tener el alto honor de ser considerados columnas de su templo!
Pero para serlo allí, debemos comenzar aquí, en el lugar que nos toca evangelizar, a desempeñar nuestra tarea de la mejor manera posible. Los verdaderos discípulos son misioneros, que cumplen el cometido celestial de predicar el evangelio a toda criatura (Mateo 24:14).
Pero de manera especial quiero referirme a las columnas que Salomón hizo construir para su magnífico templo: "Y vació dos columnas de bronce; la altura de cada una era de dieciocho codos(alrededor de 6 metros)... Hizo también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas; la altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel también de cinco codos... Estas columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzando la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz". 1º Reyes 7:15, 16, 21
Estas dos columnas eran de bronce fundido y todo indica que no sostenían la estructura, más bien tenían una función puramente ornamental.
Es un dato curioso, pero no menor, que a ambas se les colocaron nombres. A la de la derecha se la llamó Jaquín, "Él establece"; a la de la izquierda se la denominó Boaz, "fuerza o firmeza".
Los comentadores de la Biblia han tratado de desentrañar el significado literal y espiritual de estas construcciones. Hay muy buenos comentarios al respecto. Sin pretender alcanzar la altura de ninguno de ellos, me gustaría proponer algunas aplicaciónes de este tema.
Tengo algunos conocidos que le ponen nombre a sus autos o a otros objetos inanimados de su propiedad, lo cual resulta algo simpático. Pero nuestro Dios no es ni extravagante ni ocurrente; todo lo que hace -y lo que permitió que quedara registrado en su Palabra- tiene un sentido.
¿Por qué les pondría nombre a estas dos columnas?
  • En primer lugar, las columnas nos hablan de la increíble gracia de Dios. Estaremos en el cielo porque Él lo quiso. Así como ellas fueron colocadas en el templo sin ser necesarias para sostenerlo; del mismo modo somos incorporados como "templo de Dios" (1º Corintios 3:16) sin mérito o capacidad por nuestra parte.
  • Jaquín nos dice que Dios es el que nos establece en su reino. Él llama, convence, convierte, perdona y justifica al pecador, adoptándolo como hijo suyo amado. "Nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:6). Nos ve ya como triunfadores. Alabemos al Señor por la inagotable y amorosa provisión hecha para nuestra redención, que brota de la cruz de Cristo.
  • Boaz testifica que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Nos justifica, si, pero también nos santifica, otorgándonos el poder del Espíritu Santo para hacer su voluntad y obedecer sus mandamientos. La gracia divina sería insuficiente si no tuvieramos la fuerza y la firmeza necesarias para abandonar el pecado y vencer, luego de haber sido perdonados. Por su poderosa intervención "somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen como por el Espíritu del Señor" (2º Corintios 3:18).
  • Finalmente, el propósito principal de las columnas era contribuir a la belleza del edificio. Somos los experimentos de su gracia, que dejarán satisfechos al resto de la creación, con el justo trato que el Señor dio al pecado y a los pecadores. Cada redimido adornará el templo celestial con la pureza de un carácter transformado por la gracia divina; testificando por los siglos al resto del universo el amor, la bondad y la justicia de Dios
Es muy pertinente para los cristianos de hoy la exhortación del apóstol:  
"Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca". 1 Pedro 5:10
Seamos columnas.