viernes, 3 de febrero de 2012

COMO RESOLVÍA JESÚS SUS CONFLICTOS I

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia”. Isaías 42:1-3
¿Alguien en tu iglesia intentó matarte alguna vez? Espero que no.
Pero vivimos en un mundo conflictivo. En algún momento, y por causa de nuestra fe, nos tocará ser perseguidos, enfrentar oposición, recibir críticas y soportar cuestionamientos de personas con muy malas intenciones.
¿Cómo tratar con ellas?
Jesucristo es nuestro modelo en todo, y muy especialmente en cómo trataba  con las personas. En esta serie, quisiera examinar la manera en que el Señor enfrentaba y resolvía sus conflictos.
Él tuvo que enfrentarse a distintas clases de personas: gente tosca y de pocas luces interesadas sólo en lo material, fariseos legalistas, escribas tramposos, saduceos escépticos, funcionarios corruptos, compoblanos incrédulos, discípulos inseguros, ¡Incluso a los mismos demonios!
En todos los casos salió siempre vencedor de la contienda; siendo firme pero cortés, directo sin dejar de ser prudente y veraz sin dejar de ser amable. No pronunció jamás una sola palabra que pudiera herir, confundir o desanimar a las almas sinceras que le rodeaban.
Fue cuestionado por sus oponentes en cinco aspectos principales:
  • En su mismo origen
  • Por el uso de su autoridad
  • Por su trato y costumbres sin prejuicios
  • Por lo singular de su mensaje
  • Por sus milagros
Veamos el primero de ellos:
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”. Lucas 4:16-19.
Notemos su mensaje; altamente positivo, lleno de esperanza y de bendición. Sus interlocutores, sin embargo, pasada la primera buena impresión se llenaron de celos y de incredulidad. No era acaso éste su vecino, su conocido, el hijo de un humilde trabajador ¿Cómo podría ser el Mesías?
Y esa misma actitud la tuvieron los demás judíos con él. Se burlaron de su nacimiento milagroso llamándolo indirectamente "hijo de fornicación". 
Ellos que vivían de la apariencia, no podían entender que la esperanza de su pueblo tuviera una apariencia tan humilde. Cegados por el propio orgullo, no concebían que alguien estuviera desprovisto de ese diabólico sentimiento.
“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra”. Lucas 4:20-23.
Aunque no podían negar su testimonio, resistieron la profunda convicción proveniente del Espíritu Santo y se enojaron todavía más cuando él añadió: "De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio”. Lucas 4:24-27.
-¿Pero, quién se creía este?- Ofendía su orgullo nacional al recordar la incredulidad de Israel y el favorecimiento de paganos. Les mostraba además que leía sus corazones. Esto fue demasiado para los habitantes de Nazaret y entonces “al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue”. Lucas 4:28-30.
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Cómo reaccionarías si alguno de tus amigos y vecinos, miembros de tu iglesia de  toda la vida intentara matarte?
Por mucho menos que eso, incontable cantidad de personas ha abandonado su fe y tomado la decisión de jamás pisar una iglesia.
Recuerdo el caso de un hermano, recién nombrado diácono, que dejó la congregación a la que asistía porque le habían sugerido “que asistiera con corbata”. Se ofendió tanto que abandonó la iglesia sólo para regresar al mundo de pecado del que había salido.
Manchan el registro de los elegidos de Dios las contiendas entre sus servidores, en las que el orgullo prevalece sobre el amor fraternal. MUY DOLOROSO.
Sin embargo con Cristo no fue así. No sería él quien quebraría la caña cascada de un corazón quebrantado, ni apagaría la vacilante llamita de esperanza aún del más malvado de los pecadores.
Aunque su mensaje estaba destinado a despertar sus conciencias, ellos se endurecieron más y más, resistiendo al Espíritu Santo. Habían sido testigos de su vida sin mancha y de su conducta siempre bondadosa y fiel; su misma pureza era un reproche para ellos. Pero estos testimonios de nada sirvieron y buscaron acabar con su vida.
Lo lógico es que Jesús se defendiera ante la agresión. Sin embargo, no lo hizo; solo se retiró de allí por un tiempo.
Lo lógico también es que los abandonara a su suerte, pero lo más extraordinario es que el Señor volvió otra vez a aquel lugar en donde lo habían maltratado, para tratar de salvar aunque sea unos pocos.
Que nuestra vida sea un reflejo de la misericordiosa actitud del Señor, que con su ejemplo mostró cómo revelar el amor del Padre a un mundo egoísta y malvado.

miércoles, 1 de febrero de 2012

CRISTO, NUESTRO AUXILIADOR Y REDENTOR

"Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos" (Romanos 5: 19).
Adán y Eva fueron colocados en el Edén en circunstancias extremadamente favorables... Estaban sin la condenación del pecado. La luz de Dios y de los ángeles estaba con ellos y los rodeaba. El Autor de su existencia era su maestro. Pero cayeron bajo el poder y las tentaciones del artero enemigo. Durante cuatro mil años Satanás estuvo obrando contra el gobierno de Dios y obtuvo fortaleza y experiencia gracias a su constante actividad en este sentido. Los hombres caídos no tenían las ventajas de Adán en el Edén. Habían estado separados de Dios durante cuatro mil años. La sabiduría para comprender y el poder para resistir las tentaciones de Satanás habían disminuido más y más, al punto que éste parecía reinar triunfante sobre la tierra. El apetito y la pasión, el amor del mundo y pecados temerarios eran las grandes ramas del mal, de las cuales crecían toda suerte de crímenes, violencias y corrupción.
Puesto que el hombre caído no podía vencer a Satanás con su fortaleza humana, vino Cristo de las reales cortes del cielo para ayudarlo con su fortaleza humana y divina combinadas. Cristo sabía que Adán en el Edén, con sus excelentes ventajas, podía haber resistido la tentación de Satanás y podía haber vencido. Sabía también que no era posible que el hombre, fuera del Edén, separado de la luz y del amor de Dios, desde la caída, resistiera con su propia fuerza las tentaciones de Satanás. A fin de proporcionar esperanza al hombre y salvarlo de su completa ruina, se humilló a sí mismo al tomar la naturaleza humana, para que, con su poder divino combinado con el humano, pudiera alcanzar al hombre donde éste está. Obtuvo para los caídos hijos e hijas de Adán aquella fortaleza que, es imposible que logren por sí mismos, para que en el nombre de Cristo puedan vencer las tentaciones de Satanás. 
Nuestra vida puede parecer enredada, pero al confiarnos al... Maestro, él desentrañará el modelo de vida y carácter que sea para su propia gloria. Y ese carácter que expresa la gloria -o carácter- de Cristo, será recibido en el Paraíso de Dios...
Todo el que cumpla por fe los mandamientos de Dios, alcanzará el estado de impecabilidad en que vivía Adán antes de la caída.
Tomado del libro "¡Maranata: El Señor Viene!" Página 222

martes, 31 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA II

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Mateo 16:16-19
La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo dio paso a una contundente declaración del Señor sobre la iglesia 
¿Qué significan estos dichos de Jesús?
Buscando reafirmar la fe de los discípulos, Jesús les pregunta la opinión de los demás sobre él, pasando luego a inquirir lo que ellos mismos pensaban de su Maestro. Entonces Pedro -bajo inspiración divina-, confiesa su convicción de que él es el Mesías prometido. Cristo, ante tal respuesta, hace cinco afirmaciones:
  • Tú eres Pedro. Su nuevo nombre representa una nueva experiencia, un nuevo comienzo y una nueva posición. Para ser parte de la iglesia, todo creyente necesita nacer de nuevo por obra del Espíritu, dejando de ser un pecador condenado para ser un hijo de Dios con pleno derecho al cielo.
  • Sobre esta roca edificaré mi iglesia ¿Cuál es la roca? Si la roca fuera Pedro, la iglesia estaría fundamentada sobre un hombre, pero la Biblia dice que “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” 1ª Corintios 3:11. El cimiento de la iglesia es Cristo mismo y los hombres entran a ella cuando ejercen fe en su Maestro, Pastor y Salvador.
  • Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Nos proporciona la dulce seguridad de que la iglesia triunfaría al fin en su conflicto secular contra el mal.
  • A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Esta declaración se complementa con Mateo 18:18-20, en la que Jesús les concede idénticos privilegios a todos los demás discípulos y a todos los creyentes. Su iglesia reunida es la que ostenta ese poder que le ha sido delegado por Dios mismo. Este es un asunto que no debe desdeñarse.
  • Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielo. Los creyentes son representantes del que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra; por lo tanto corresponde a la iglesia amar, adoctrinar, cuidar, apoyar, adiestrar, recibir y/o desfraternizar a sus miembros.
Vimos en la entrada anterior que nunca fue el propósito de Dios que hubiera tantas denominaciones religiosas. Existe un único Pastor, un rebaño y un redil tal como se ve en el cuadro:
Cristo el 
fundamento
La iglesia en los cielos y la tierra existe por Cristo, está asentada en Cristo y depende de Cristo.
1ª Corintios 3:11
Efesios 2:19,20
2ª Timoteo 2:19
El redil  de las ovejas
Representa la iglesia a nivel mundial, organizada para su misión.
Mateo 16:18,19; 18:18-20
El rebaño
Representa al pueblo de Dios tanto
dentro como fuera de la iglesia
Apocalipsis 14:6-12
Mateo 24:14
Efesios 3:10,11

En consecuencia, también hay una única verdad, basada en las Escrituras. Todo lo demás es falsificación.
La incredulidad, la tibieza, la división, las falsas enseñanzas, la enemistad y la apostasía dentro de la iglesia son obra del enemigo, que como ladrón, ha entrado por otro lugar que no es la puerta. Triste es decir que a lo largo de la historia muchos, mal llamados cristanos, han colaborado con Satanás en esa terrible obra, ayudando a que millones se extraviaran y se perdieran. Otros, abandonado su puesto de combate y amando más el mundo, han cedido a sus presiones y perdido su fe en la verdad.
Estos son los asalariados de la alegoría de Juan 10: “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (vers. 12,13).
Jesús se presenta a sí mismo como el buen Pastor. En el contexto actual de adormecimiento, apostasia e incredulidad en que se encuentra su rebaño, es bueno repasar cual es el significado de la iglesia.
No fue llamada para juntarse alguna vez cada tanto en un buen templo, escuchar un buen sermón y cantar, para luego irse a sus casas a seguir sus vidas tal como los demás. Existe para representar el carácter de Dios, para demostrar el poder de Cristo para salvar y para evidenciar en sus vidas la operación del Espíritu Santo al renovar el alma. Tiene que vindicar la justicia divina ante todo el universo creado; ángeles y hombres, santos y pecadores.
Además es su colaboradora en la gran misión de redención. Le corresponde a la iglesia ser la voz divina que llama al arrepentimiento, el subpastor que busca la oveja extraviada y la trae de vuelta al verdadero rebaño, como está escrito: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (vers. 16).
Ante estas afirmaciones de Jesús, “le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho” (vers. 24-26).
Los que rechazan el mensaje de la verdad por incredulidad no son de sus ovejas. Pero para los que escuchan su voz, se dejó registrada esta maravillosa promesa: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (vers. 27-29).
Cristiano: nadie puede arrebatarte de las manos del único, verdadero y buen Pastor.
Gózate en esa maravillosa certeza.

lunes, 30 de enero de 2012

LA IGLESIA VERDADERA

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” Apocalipsis 14:12.
Después de haber sanado a un ciego de nacimiento, Jesús presenta su alegoría del buen pastor. En el capítulo 10 de Juan, se desarrolla una sólida teología de la iglesia que haríamos bien en considerar.
Habiendo centenares de grupos religiosos cristianos, algunos dudan acerca de cual es la iglesia verdadera. Otros más sostienen que no importa pertenecer a una iglesia en particular, pues “todas llevan a Dios”. Un creciente número duda incluso de la necesidad de que exista una iglesia, y afirman que las denominaciones cristianas están solo para sacar dinero y dominar a la gente.
¿Qué dice la Biblia? y aún más importante ¿que afirmó Jesús mismo? Comenzó su discurso diciendo que hay un solo redil, un solo rebaño verdadero y un solo pastor. También hay una sola puerta de entrada, y quien no entre por ella es un “delincuente espiritual”.
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (vers.1-4 ).
Veamos ahora quienes son y que significan los personajes de esta alegoría:
Personajes
Características
Significado y función
El pastor
Cristo (vers. 11)
Es el fundamento de la iglesia,
su puerta de entrada y su pastor.
El portero
Los líderes de la iglesia
Conducen a la puerta (Cristo)
Las ovejas
Los creyentes
Obedecen y siguen al pastor,
conocen su voz.
El ladrón
Falsos pastores
Viene para hurtar, matar y destruir
El asalariado
Falsos creyentes
No le importan las ovejas,
huye del peligro.
El lobo
Satanás
Arrebata las ovejas.
Así puestos todos ellos, vemos que dentro de la iglesia coexisten buenos y malos, verdaderos y falsos juntamente. Hay trigo y cizaña, peces buenos y peces malos, ovejas y cabritos; todos mezclados hasta el fin del tiempo.
El Señor proclamó “Yo soy la puerta de las ovejas” (vers. 7). Únicamente Jesús es camino y la entrada al reino de los cielos. No hay lugar aquí para el relativismo, el universalismo o el ecumenismo. Es una verdad meridianamente presentada en las Escrituras que solamente hay salvación en Cristo. No hay otro medio (ver Hechos 4:12); no hay otra forma de alcanzar la vida eterna sino por fe en los méritos de su gracia.
¿Y quienes son las ovejas? Las que conocen al pastor y le siguen (obedecen).
El hecho de que exista un pastor y un rebaño implica que hay una iglesia verdadera que sigue al verdadero Pastor.
Además, el mensaje confirma que hay otros que están interesados en las ovejas pero con malos propósitos: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (vers. 8-10). Tengamos cuidado de no caer en las manos de ladrones, porque su fruto, en vez de vida abundante, es desolación y muerte.
Así como las ovejas no andan dispersas sino en rebaño, no hay cristianos que anden aparte de su iglesia. Unirse a Cristo es unirse a su iglesia: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. ” (Hechos 2:47).
La iglesia no puede salvar a nadie, pero nadie será salvo si no está dentro del redil que es su verdadera iglesia en la tierra. Vale aquí puntualizar que no todos los que se sientan en los bancos de la iglesia son ovejas, ni todas las ovejas están ya dentro del redil.
Porque no todos los que están son, ni todos los que son están.
Esto lo veremos más adelante, al considerar el significado y la misión de la iglesia.
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas... Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (vers. 11,14).
Por ahora nos toca asegurarnos de ser ovejas y de estar siguiendo al verdadero pastor. El que oye la voz del buen Pastor le obedecerá. Esta es la primera y fundamental condición. “Si me amáis, guardad mis mandamientos” Juan 14:15
La consecuencia de haber sido rescatado del pecado -no el método de salvación-, es la obediencia a los mandamientos. Obediencia que es fruto del Espíritu morando en el creyente. Obediencia voluntaria, gozosa y llena de amor hacia Aquel que dio su vida por nosotros. Quien de veras cree y sigue a Jesús, guardará por la fe todos sus mandamientos.
¿Estás oyendo la voz del verdadero Pastor o estás siguiendo otras voces? Este es un asunto muy serio que afectará nuestra salvación y vida eterna.
Continuaremos en la siguiente entrada.

sábado, 28 de enero de 2012

CONTAGIA

Donde haya dudas, contagia tu fe
Donde haya fracaso, ¡redobla tu fe!
Donde haya flaqueza, contagia energía.
Donde haya tristeza, regala alegría.

Donde haya apostasía, muestra tu fervor.
Donde haya cobardía, siembra tu valor.
Donde haya enojo, contagia el perdón.
Donde haya gran pena, da tu corazón.

Traza bien la línea entre el bien y el mal,
apártate del mundo y de lo terrenal.
Contagia a los hombres de tu decisión,
Muéstrate constante en tu vocación.

Contagia la dulzura del amor de Jesús.
No temas para nada el llevar su cruz.
Exhala cual perfume tu consagración.
Que puedan ver todos tu fiel devoción.

Contagia la esperanza de verle volver,
anuncia por doquiera que le has de ver.
Contagia a tus hermanos de tu lealtad.
¡Que pueda ver el cielo tu fidelidad!

Willy Grossklaus