miércoles, 14 de diciembre de 2011

REDESCUBRIR NAVIDAD









Basta de luces y adornos,
que eso no es la Navidad;
Comilona y borrachera,
¡No! eso no es la Navidad.

Nada de lujo y comida,
que eso no es la Navidad.
¡Nada de fiestas fastuosas,
nunca eso fue Navidad!

Un niñito en el pesebre,
eso sí es la Navidad.
Hijo de Dios encarnado,
¡eso sí que es Navidad!

Sin lugar en la posada,
así pasó en Navidad.
Ignorado y despreciado,
así vivió la Navidad.

Muriendo en la cruz por todos,
el Hijo de la Navidad.
Venció el poder de la muerte,
después de aquella Navidad.

Descenderá de los cielos,
¿Será acaso en Navidad?
Cuando regrese a la Tierra
¡Al final será Navidad!

Willy Grossklaus


MEDITACIÓN DE NAVIDAD

 E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad:
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
Dios fue manifestado en carne,
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Justificado en el Espíritu,
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Visto de los ángeles,
Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo?
Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.
Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego.
Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
Predicado a los gentiles,
Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito:
¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
Creído en el mundo,
Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
Recibido arriba en gloria.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
El es el Rey de la gloria.
Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos

Maravillosa síntesis del Evangelio para meditar en esta Navidad.
(1 Timoteo 3:16 - Lucas 1:31-35 - Romanos 11:33,34 - Juan 1:14,18 - Romanos 3:23-26; 8:7-9 - Hebreos 1:5-8 - Romanos 10:13-15 - 1ª Juan 4:15-17 - Salmos 24:7-10 - Apocalipsis 5:11-13).

jueves, 8 de diciembre de 2011

CUATRO MENSAJES DE AYER PARA HOY

“En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh... siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.” Hageo 2:23
Revisando antiguas fotografías familiares, me puse a pensar en aquellas imágenes viejas y descoloridas; aunque añejas, todavía tienen un mensaje de plena actualidad para dar. 
Lo mismo sucede con las palabras de la Biblia, y de manera especial, con los mensajes de los profetas del Antiguo Testamento. 
El profeta Hageo (o Ageo) vivió en una época difícil para el pueblo de Israel. Después de haber sido liberados del cautivierio, los israelitas comenzaron a edificar un nuevo templo, pero se desanimaron y abandonaron la tarea. 
Cuando dejaron de trabajar en la casa de Dios y dedicaron su atención a sus propias casas y tierras, el Señor los castigó con una sequía e hizo fracasar todos sus planes. Durante más de un año fue descuidada completamente la reconstrucción del templo. Dios envía entonces a Zacarías y Hageo para animar a Zorobabel y al sacerdote Josué a que terminen la tarea.
Hageo, al parecer ya anciano, escribió cuatro mensajes penetrantes conteniendo reproches mezclados con palabras de aliento, que fueron relevantes para aquella generación. Pero también revisten una gran importancia para nosotros, el pueblo de Dios de la actualidad.
 l. El primer mensaje de Hageo, 1: 1-15.
Se reprende la indiferencia del pueblo: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto” (vs. 4-6).
Cada vez que descuidamos la tarea que nos encomendó el Señor para buscar nuestra propia prosperidad, su obra sufre retraso y perecen las almas de aquellos que dejamos de atender. 
Las consecuencias nunca dejarán de manifestarse; esa actitud siempre resultará en aridez espiritual y en una escasa cosecha de almas para su reino. Por ello el profeta agrega: “Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos” (vs. 10).
¿Estaremos acaso deteniendo la abundante y necesaria lluvia tardía de su Espíritu con nuestra actitud?
Lo bueno del asunto es que la reacción del pueblo frente al mensaje del profeta, que se deja ver en los versículos 12-15, fue altamente positiva: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (vs. 14).
II. El segundo mensaje de Hageo, 2: 1-9.
A los que lloraban la gloria del templo anterior, les dirige el siguiente mensaje: “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos”.
No debemos ser de los que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, ni lamentar que nuestras labores parezcan modestas o pobres en comparación con los milagros y maravillas mencionadas en las Escrituras. Lo espectacular no garantiza la presencia del Señor, sino un espíritu manso y humilde dispuesto a ser enseñado. Cuando nos damos de tal modo a su causa, lo que parecían pequeños comienzos se revelarán luego en grandes y rápidos progresos para su gloria. Así lo prometió a Zorobabel, que la magnificencia del nuevo templo sobrepasaría a la del templo anterior: “y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos” (2:7-9).
Cristo mismo vendría y santificaría ese templo con su presencia. Nada le daría más brillo, nada sería de mayor importancia, ni podría otorgarle esa clase de paz que solo Cristo da. Lo mismo puede decirse de nuestra vida y del templo de nuestro cuerpo.
III. El tercer mensaje de Hageo, 2: 10-19.
El profeta se concentra aquí en las condiciones para obtener la bendición prometida.
No alcanza con muestras de formalismo religioso, ni con un simple asentimiento intelectual para alcanzarla, es necesaria la obediencia a toda voluntad revelada por Dios: “Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo” (vs. 14).        
El pueblo ofrecía sacrificios, presentaba ofrendas, traía sus diezmos; pero nada de esto era suficiente porque sus motivaciones eran incorrectas. Sus esfuerzos, lejos de agradar al Señor, le resultaban abominables. Y todavía sigue siendo así; porque, aunque Dios disculpa la ignorancia sincera, no hace lo mismo con la ignorancia voluntaria. Es necesario recordar que no basta con conocer la voluntad divina; debemos obedecerla a fin de recibir sus bendiciones.
Se nos llama a examinar nuestros pasos y nuestras más íntimas motivaciones y se nos ofrece también la promesa: “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante... meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré” (vss. 18,19).
¡Maravilloso Dios tenemos, que no retiene sus bendiciones a los que le buscan con sinceridad!
IV. El cuarto mensaje de Hageo, 2: 20-23.
El libro cierra con un mensaje de esperanza. Cuando cumplimos la voluntad de Dios, él se encarga de los resultados y de eliminar toda oposición:“Habla a Zorobabel gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano” (vss. 21,22).
Nuestro enemigo, el Diablo, es un enemigo vencido. Todas sus fuerzas reunidas, sean angélicas o humanas, nunca podrán atravesar la protección de los ángeles que nos cuidan. 
El libro culmina con una promesa personal a Zorobabel, que también fue registrada para nosotros “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh... siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.” (vs.23).
¡Qué hermosa promesa! El "Deseado de todas las Gentes" vendrá. Está allí plenamente disponible para los que hacen de Dios lo primero, lo último y lo mejor de sus vidas.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

QUEDARSE DORMIDO

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”. 1ª Tesalonicenses 5:5,6
Recuerdo claramente aquella tarde cuando era apenas un niño y mientras jugábamos a pocas cuadras de mi hogar, vimos hacia el este un extraño resplandor rojizo que nos llamó la atención. Cuando fuimos a mirar, la usina eléctrica en que trabajaba mi padre estaba en llamas. Nuestra casa -ubicada junto a las instalaciones-, también corría peligro, porque en el lugar tenían una gran reserva de kerosén para hacer funcionar las máquinas. 
Los vecinos acudieron con rapidez, y formaron una línea hasta llegar al río (que estaba a unos 100 metros), trayendo baldes o cualquier otro recipiente que pudiera contener agua, y comenzaron a apagar las llamas. Cuando al fin llegaron los bomberos, el fuego ya se había extinguido.
Por todas partes había maderas y mampostería humeantes, restos calcinados, vidrios rotos y un olor muy desagradable. Tardarían varios meses en reemplazar lo quemado y arreglar lo que todavía servía; felizmente nadie perdió la vida en el siniestro.  
¿Qué había sucedido? El operario del turno de la tarde se había quedado dormido, sin percatarse de que un cortocircuito iniciaba un foco de incendio que creció más y más, hasta que alguien lo advirtió y dio la alarma.
Hay un gran peligro en quedarse dormido en el puesto del deber. Incontables accidentes han tenido consecuencias aún más trágicas que el que describo, por la negligencia o el cansancio de quienes debieran haber estado velando.
Quedarse dormido en sentido literal es algo que todos entendemos. Pero, ¿qué significa en términos espirituales?
En la lucha de la vida cristiana, quedarse dormido acarrea gran perjuicio para uno mismo y para los demás; puede incluso costarnos la vida eterna.
Veamos algunos casos ejemplares de soñolientos literales y espirituales:
  • Los que, como Eutico, duermen en la iglesia, se perderán grandes bendiciones.
  • Como Jonás, que dormía en medio de la tormenta, un “cristiano” descuidado o indiferente ante sus deberes descansa en una falsa seguridad y se halla en riesgo de ser arrojado al océano de la incredulidad.
  • Quienes confían demasiado en sí mismos, como Pedro, corren peligro de despertar a una muy amarga realidad, viéndose traidores y cobardes en la hora de la prueba.
  • Los que son negligentes en su devoción personal -tal como lo fueron los discípulos en la aciaga noche del Getsemaní-, se despabilarán solo para encontrarse ante el fracaso y la derrota.
  • Todos los que complazcan sus sentidos sin tener en cuenta a Dios, al igual que Sansón, se hallarán sin fuerzas para resistir los embates del enemigo.
  • Igual que las vírgenes imprudentes de la parábola, muchos carecen del aceite del Espíritu Santo, siendo arrullados por Satanás en un sueño que será mortal en sus consecuencias.
Necesitamos estar despiertos y trabajando para el Señor. Los peligros de dormirse espiritualmente escapan a todo cálculo y previsión humanos. 
Hay una ley espiritual implícita en este texto: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida”. Proverbios 24:10
Menos trabajamos para Él, menos fuerzas tendremos ¡Qué solemne!
Descuidar nuestra relación diaria con Dios, dejar de lado el servicio a nuestro prójimo o acallar nuestro testimonio de fe, causarán la pérdida de las fuerzas espirituales. Y al cansancio sigue siempre el sueño; al sueño seguirá, tristemente, un doloroso despertar.
La cita que sigue me conmovió mucho:
“La iglesia de Cristo puede ser adecuadamente comparada con un ejército. La vida de cada soldado es de esfuerzos, penalidades y peligros. Por doquiera hay enemigos vigilantes, dirigidos por el príncipe de los poderes de las tinieblas, que nunca duerme y nunca abandona su puesto. Siempre que un cristiano se descuida, este poderoso adversario ejecuta un súbito y violento ataque. A menos que los miembros de la iglesia sean activos y vigilantes, serán vencidos por las tácticas del enemigo.
¿Qué sucedería si la mitad de los soldados de un ejército se hallaran despreocupados o dormidos cuando se les ordenara que estuvieran en su puesto? El resultado sería la derrota, el cautiverio o la muerte. ¿Escaparía alguno de las manos del enemigo, si fueran tenidos por dignos de un indulto? No, rápidamente recibirían la sentencia de muerte. Y en la iglesia de Cristo el descuido o la infidelidad implican consecuencias mucho más importantes. Qué podría ser más terrible que un ejército de soldados cristianos somnolientos ¿Qué avance podrían hacer contra el mundo?...” (A Fin de Conocerle Página 154).
¿Seré yo infel a la causa del evangelio por quedarme dormido?
¡No lo permita el Señor!
Ruego que su venida nos encuentre despiertos y luchando en la primera línea de batalla.
Ahora es el tiempo, mientras es de día, pues Jesús advirtió: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar”. Juan 9:4

martes, 6 de diciembre de 2011

REDIMAMOS EL TIEMPO

"Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andas, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos." Efesios 5: 14-16.
Vivimos en el período más solemne de la historia de este mundo. La suerte de las innumerables multitudes que pueblan la tierra está por decidirse . . . Necesitamos ser guiados por el Espíritu de Verdad . . .
Muchos se engañan con respecto a su verdadera condición ante Dios. Se felicitan por los actos reprensibles que no cometen, y se olvidan de enumerar las obras buenas y nobles que Dios requiere, pero que ellos descuidan de hacer. No basta que sean árboles en el huerto del Señor. Deben corresponder a lo que Dios espera de ellos, llevando frutos. Dios los hace responsables de todo el bien que podrían haber realizado, sostenidos por su gracia. En los libros del cielo sus nombres figuran entre los que ocupan inútilmente el suelo. Sin embargo, aun el caso de tales personas no es del todo desesperado. El Dios de paciencia y amor se empeña en atraer aún a los que han despreciado su gracia y desdeñado su misericordia. "Por lo cual se dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; . . . redimiendo el tiempo, porque los días son malos" (Efesios 5: 14-16).
Cuando llegue el tiempo de la prueba, los que hayan seguido la Palabra de Dios como regia de conducta, serán dados a conocer. En verano no hay diferencia notable entre los árboles de hojas perennes y los que las pierden; pero cuando vienen los vientos de invierno los primeros permanecen verdes en tanto que los otros pierden su follaje. Así puede también que no sea dado distinguir actualmente a los falsos creyentes de los verdaderos cristianos, pero pronto llegará el tiempo en que la diferencia saltará a la vista. Dejad que la oposición se levante, que el fanatismo y la intolerancia vuelvan a empuñar el cetro, que el espíritu de persecución se encienda, y entonces los tibios e hipócritas vacilarán y abandonarán la fe; pero el verdadero cristiano permanecerá firme como una roca, con más fe y esperanza que en días de prosperidad.
El salmista dice: "Tus testimonios son mi meditación". "De tus mandamientos he adquirido inteligencia: por tanto he aborrecido todo camino de mentira" (Salmos 119: 99, 104).
"Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría". "Porque él será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto" (Proverbios 3: 13; Jeremías 17: 8).- El Conflicto de los Siglos, págs. 659-660.
No por su nombre, sino por sus frutos, se determina el valor de un árbol (El Deseado de todas las gentes, pág. 82).
Extraído del libro Exaltad a Jesús Página 348