miércoles, 7 de diciembre de 2011

QUEDARSE DORMIDO

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”. 1ª Tesalonicenses 5:5,6
Recuerdo claramente aquella tarde cuando era apenas un niño y mientras jugábamos a pocas cuadras de mi hogar, vimos hacia el este un extraño resplandor rojizo que nos llamó la atención. Cuando fuimos a mirar, la usina eléctrica en que trabajaba mi padre estaba en llamas. Nuestra casa -ubicada junto a las instalaciones-, también corría peligro, porque en el lugar tenían una gran reserva de kerosén para hacer funcionar las máquinas. 
Los vecinos acudieron con rapidez, y formaron una línea hasta llegar al río (que estaba a unos 100 metros), trayendo baldes o cualquier otro recipiente que pudiera contener agua, y comenzaron a apagar las llamas. Cuando al fin llegaron los bomberos, el fuego ya se había extinguido.
Por todas partes había maderas y mampostería humeantes, restos calcinados, vidrios rotos y un olor muy desagradable. Tardarían varios meses en reemplazar lo quemado y arreglar lo que todavía servía; felizmente nadie perdió la vida en el siniestro.  
¿Qué había sucedido? El operario del turno de la tarde se había quedado dormido, sin percatarse de que un cortocircuito iniciaba un foco de incendio que creció más y más, hasta que alguien lo advirtió y dio la alarma.
Hay un gran peligro en quedarse dormido en el puesto del deber. Incontables accidentes han tenido consecuencias aún más trágicas que el que describo, por la negligencia o el cansancio de quienes debieran haber estado velando.
Quedarse dormido en sentido literal es algo que todos entendemos. Pero, ¿qué significa en términos espirituales?
En la lucha de la vida cristiana, quedarse dormido acarrea gran perjuicio para uno mismo y para los demás; puede incluso costarnos la vida eterna.
Veamos algunos casos ejemplares de soñolientos literales y espirituales:
  • Los que, como Eutico, duermen en la iglesia, se perderán grandes bendiciones.
  • Como Jonás, que dormía en medio de la tormenta, un “cristiano” descuidado o indiferente ante sus deberes descansa en una falsa seguridad y se halla en riesgo de ser arrojado al océano de la incredulidad.
  • Quienes confían demasiado en sí mismos, como Pedro, corren peligro de despertar a una muy amarga realidad, viéndose traidores y cobardes en la hora de la prueba.
  • Los que son negligentes en su devoción personal -tal como lo fueron los discípulos en la aciaga noche del Getsemaní-, se despabilarán solo para encontrarse ante el fracaso y la derrota.
  • Todos los que complazcan sus sentidos sin tener en cuenta a Dios, al igual que Sansón, se hallarán sin fuerzas para resistir los embates del enemigo.
  • Igual que las vírgenes imprudentes de la parábola, muchos carecen del aceite del Espíritu Santo, siendo arrullados por Satanás en un sueño que será mortal en sus consecuencias.
Necesitamos estar despiertos y trabajando para el Señor. Los peligros de dormirse espiritualmente escapan a todo cálculo y previsión humanos. 
Hay una ley espiritual implícita en este texto: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida”. Proverbios 24:10
Menos trabajamos para Él, menos fuerzas tendremos ¡Qué solemne!
Descuidar nuestra relación diaria con Dios, dejar de lado el servicio a nuestro prójimo o acallar nuestro testimonio de fe, causarán la pérdida de las fuerzas espirituales. Y al cansancio sigue siempre el sueño; al sueño seguirá, tristemente, un doloroso despertar.
La cita que sigue me conmovió mucho:
“La iglesia de Cristo puede ser adecuadamente comparada con un ejército. La vida de cada soldado es de esfuerzos, penalidades y peligros. Por doquiera hay enemigos vigilantes, dirigidos por el príncipe de los poderes de las tinieblas, que nunca duerme y nunca abandona su puesto. Siempre que un cristiano se descuida, este poderoso adversario ejecuta un súbito y violento ataque. A menos que los miembros de la iglesia sean activos y vigilantes, serán vencidos por las tácticas del enemigo.
¿Qué sucedería si la mitad de los soldados de un ejército se hallaran despreocupados o dormidos cuando se les ordenara que estuvieran en su puesto? El resultado sería la derrota, el cautiverio o la muerte. ¿Escaparía alguno de las manos del enemigo, si fueran tenidos por dignos de un indulto? No, rápidamente recibirían la sentencia de muerte. Y en la iglesia de Cristo el descuido o la infidelidad implican consecuencias mucho más importantes. Qué podría ser más terrible que un ejército de soldados cristianos somnolientos ¿Qué avance podrían hacer contra el mundo?...” (A Fin de Conocerle Página 154).
¿Seré yo infel a la causa del evangelio por quedarme dormido?
¡No lo permita el Señor!
Ruego que su venida nos encuentre despiertos y luchando en la primera línea de batalla.
Ahora es el tiempo, mientras es de día, pues Jesús advirtió: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar”. Juan 9:4

martes, 6 de diciembre de 2011

REDIMAMOS EL TIEMPO

"Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andas, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos." Efesios 5: 14-16.
Vivimos en el período más solemne de la historia de este mundo. La suerte de las innumerables multitudes que pueblan la tierra está por decidirse . . . Necesitamos ser guiados por el Espíritu de Verdad . . .
Muchos se engañan con respecto a su verdadera condición ante Dios. Se felicitan por los actos reprensibles que no cometen, y se olvidan de enumerar las obras buenas y nobles que Dios requiere, pero que ellos descuidan de hacer. No basta que sean árboles en el huerto del Señor. Deben corresponder a lo que Dios espera de ellos, llevando frutos. Dios los hace responsables de todo el bien que podrían haber realizado, sostenidos por su gracia. En los libros del cielo sus nombres figuran entre los que ocupan inútilmente el suelo. Sin embargo, aun el caso de tales personas no es del todo desesperado. El Dios de paciencia y amor se empeña en atraer aún a los que han despreciado su gracia y desdeñado su misericordia. "Por lo cual se dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; . . . redimiendo el tiempo, porque los días son malos" (Efesios 5: 14-16).
Cuando llegue el tiempo de la prueba, los que hayan seguido la Palabra de Dios como regia de conducta, serán dados a conocer. En verano no hay diferencia notable entre los árboles de hojas perennes y los que las pierden; pero cuando vienen los vientos de invierno los primeros permanecen verdes en tanto que los otros pierden su follaje. Así puede también que no sea dado distinguir actualmente a los falsos creyentes de los verdaderos cristianos, pero pronto llegará el tiempo en que la diferencia saltará a la vista. Dejad que la oposición se levante, que el fanatismo y la intolerancia vuelvan a empuñar el cetro, que el espíritu de persecución se encienda, y entonces los tibios e hipócritas vacilarán y abandonarán la fe; pero el verdadero cristiano permanecerá firme como una roca, con más fe y esperanza que en días de prosperidad.
El salmista dice: "Tus testimonios son mi meditación". "De tus mandamientos he adquirido inteligencia: por tanto he aborrecido todo camino de mentira" (Salmos 119: 99, 104).
"Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría". "Porque él será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto" (Proverbios 3: 13; Jeremías 17: 8).- El Conflicto de los Siglos, págs. 659-660.
No por su nombre, sino por sus frutos, se determina el valor de un árbol (El Deseado de todas las gentes, pág. 82).
Extraído del libro Exaltad a Jesús Página 348

jueves, 1 de diciembre de 2011

LA ETERNIDAD

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” Eclesiastés 3:11
Una de las maravillas europeas que todo turista que se precie debe visitar son sus espectaculares catedrales. Asombra ver esos tan antiguos como sólidos edificios, que inspiran gran reverencia y despiertan el asombro.
Muchos de ellos tardaron siglos en construirse, necesitando de grandes aportes de capital, costosos materiales, e ingente mano de obra (pocas veces voluntaria). Vieron la luz gracias al trabajo de miles de personas durante varias generaciones, hasta alcanzar su forma actual. Sin duda, todos sus arquitectos originales bajaron a la tumba sin ver acabados sus proyectos.
Y aunque sean majestuosas, las catedrales tampoco durarán para siempre.
¿Te animarías a comenzar una obra que sabes que no vas a terminar durante toda tu vida? ¿Emprenderías tal desafío?
El insignificante lapso de nuestra existencia nos obliga a ocuparnos en empresas menores. Hoy casi nadie estaría dispuesto a involucrarse en una obra que fuera a tardar varios siglos en llevarse a cabo; preferimos la inmediatez, con sus pobres resultados.
Pero los creyentes podemos tener otra perspectiva.
Dios dispone de la eternidad; para él, el tiempo no constituye un problema.
Al comienzo y al final de su epístola a Timoteo, Pablo hace referencia a esa cualidad que es única de Dios: “al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios... el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. 1ª Timoteo 1:17; 6:15,16
Porque Dios es eterno, tiene también:
  • Un trono eterno. “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre”. Salmos 45:6
  • Un evangelio eterno. “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo”. Apocalipsis 14:6
  • Un refugio eterno para sus fieles. “El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos”. Deuteronomio 33:27
El vive y vivirá para siempre. El mal que hoy nos atormenta un día pasará, pero él seguirá existiendo. Todo el sufrimiento y el dolor de este mundo, toda su agonía, odio y crueldad son pasajeros, pero Dios perdurará eternamente. El profeta Daniel vio con anticipación el momento en que Cristo, habiendo vencido, recibiría su reino: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”. Daniel 7:13,14
¡Un reino que nunca pasará!
Lo más maravilloso es que ofrece compartir con nosotros, pobres y mortales pecadores, ese reino y esa eternidad.
Cuando decimos el Padrenuestro, rogamos que “venga tu reino”. Nada más adecuado, pues cuando el reino de Dios sea instaurado en la tierra, recibiremos cuerpos inmortales  con los que podremos realizar todas las cosas que se nos ocurran (y las que ahora no se nos ocurren también).
“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos... los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque... cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1ª Corintios 15:51-55
No habrá prisas ni plazos de ejecución o vencimiento. Nadie tendrá apuro, ni quedaremos con las ganas de hacer tal o cual cosa. Una vida sin fin en la presencia de nuestro bendito Salvador se extenderá ante nosotros.
Me gustan los párrafos siguientes como conclusión de este artículo:
“Allí intelectos inmortales contemplarán con eterno deleite las maravillas del poder creador, los misterios del amor redentor. Allí no habrá enemigo cruel y engañador para tentar a que se olvide a Dios. Toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. La adquisición de conocimientos no cansará la inteligencia ni agotará las energías. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones; y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo.
Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos... Con indescriptible dicha los hijos de la tierra participan del gozo y de la sabiduría de los seres que no cayeron. Comparten los tesoros de conocimientos e inteligencia adquiridos durante siglos y siglos en la contemplación de las obras de Dios. Con visión clara consideran la magnificencia de la creación... El nombre del Creador se encuentra escrito en todas las cosas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, y en todas ellas se ostenta la riqueza de su poder.”El Conflicto de los Siglos pag. 677
¿No te entusiasma la eternidad? ¡A mí sí!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

PERFECCIÓN EN LA ESFERA HUMANA

"Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro padre que está en los cielos es perfecto" Mateo 5: 48.
Nuestro Salvador comprende perfectamente la naturaleza humana y nos dice a cada uno:" Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Así como Dios es perfecto en su esfera, así debe serlo el hombre en la suya. A quienes reciben a Cristo se dirigen estas palabras llenas de esperanza: "A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Ellas nos indican que no debemos conformarnos con nada que sea inferior a un carácter sobresaliente y elevado, formado a la semejanza divina. Cuando se posee un carácter tal, la vida, la fe, la pureza de la religión constituyen un ejemplo instructivo para los demás.
Pero se chasquearán los que esperan contemplar un cambio mágico en su carácter sin que haya un esfuerzo decidido de su parte para vencer el pecado. Mientras contemplemos a Jesús, no tendremos razón para temer ni para dudar de que Cristo es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a él. Pero podemos temer constantemente para que nuestra vieja naturaleza no gane otra vez la supremacía, no sea que el enemigo invente alguna trampa por la que seamos otra vez sus cautivos. Hemos de ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, pues Dios es el que obra en nosotros así el querer como el hacer su buena voluntad. Con nuestras facultades limitadas hemos de ser tan santos en nuestra esfera como Dios es santo en la suya. Hasta donde alcance nuestra capacidad, hemos de manifestar la verdad, el amor y la excelencia del carácter divino. Así como la cera recibe la impresión del sello, así el alma ha de recibir la impresión del Espíritu de Dios y ha de retener la imagen de Cristo.
Hemos de crecer diariamente en belleza espiritual. Fracasaremos con frecuencia en nuestros esfuerzos de imitar el modelo divino. Con frecuencia tendremos que prosternarnos para llorar a los pies de Jesús, debido a nuestras faltas y errores, pero no hemos de desanimarnos. Hemos de orar más fervientemente, creer más plenamente y tratar otra vez, con mayor firmeza, de crecer a la semejanza de nuestro Señor. Al desconfiar de nuestro propio poder, confiaremos en el poder de nuestro Redentor y daremos alabanza al Señor, quien es la salud de nuestro rostro y nuestro Dios.
(Extraído del libro ¡Maranata: El Señor Viene! Página 225).

lunes, 28 de noviembre de 2011

CINCO RESURRECCIONES

¿Cinco..? ¿En serio...? ¿Has sacado bien la cuenta?
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25
Él es el único que reclama para sí mismo el poder de devolver la vida. Y efectivamente dispone de tal poder, puesto que Cristo es también el Supremo Dador de la Vida. 
Dijo en cierta oportunidad: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar... Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. ” Juan 10:17,18; 5:21
La Biblia habla de varias resurrecciones, y según entiendo, podemos hablar de cinco de ellas.
1- Un grupo general de resurrecciones transitorias:
La resurrección del hijo de la viuda de Sarepta, el de la mujer sunamita, el hombre que resucitó al caer sobre el cadáver de Eliseo, la resurrección de Lázaro, junto a los distintos milagros de resurrección hechos por Cristo y por los apóstoles, pueden clasificarse como resurrecciones provisionales, puesto que todos estos volvieron a morir.
El objetivo del Señor en los casos citados era evidenciar su poder para devolver la vida a quienes creen en él y así confirmar sus promesas (ver Juan 3:16). Con todo, no era una solución definitiva al problema de la muerte. La vida eterna todavía aguarda a estos fieles.
2- La resurrección de los justos que ocurrirá al momento de la venida de Jesús:
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. Juan 5:28,29
Aquí se habla de dos grupos de resucitados, pero el Apocalipsis agrega que pasará un tiempo entre ambos: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar... y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección” Apocalipsis 20:4,5.
¿Cuándo ocurrirá esta primera resurrección general? Las Escrituras claramente la ubican en el momento del glorioso segundo advenimiento de nuestro Salvador: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. 1ª Tesalonicenses 4:16
Los justos vivos y los resucitados experimentarán entonces una instantánea transformación, recibiendo cuerpos nuevos e inmortales (ver 1ª Corintios 15). Los que participen de esta resurrección ya no sufrirán jamás los efectos del pecado ¡Alabemos al Señor por tan maravillosa promesa!
3- La resurrección especial de los que asesinaron al Señor:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”.  Apocalipsis 1:7
Existe una sola manera en que “los que le traspasaron” (Pilato, Herodes y todos los que participaron de su muerte), verán su retorno: que sean resucitados en ese momento. Esto ocurrirá en cumplimiento de la promesa de Cristo a sus verdugos “Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” Mateo 26:63,64
Tristemente, estos hombres malvados resucitarán pero serán aniquilados por el resplandor de su venida, y despertarán nuevamente luego del milenio, al momento del juicio final, para ser destruidos total y definitivamente (ver Apocalipsis 20:11-15).
4- La resurrección de los malvados, que tendrá lugar después del milenio:
“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años...Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra... a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.” Apocalipsis 20:5,7,8
Luego de los mil años ocurrirá la segunda resurrección general; los malvados volverán a la vida para hacerse cargo de sus pecados. El gran juicio ejecutivo de Dios los confrontará -junto a Satanás y sus ángeles-, con sus perversas acciones y su persistente rechazo del amor divino. Reconociendo su responsabilidad y la justicia de Dios en su sentencia, serán eliminados para siempre por el fuego que bajará del cielo. No se levantarán nunca más.
5- La resurrección espiritual:
¿No quisieras estar en los dos grupos anteriores, verdad?
Ningún ser humano en su condición pecaminosa puede recibir la vida eterna. Le es necesaria una total y completa renovación que se equipara con la resurrección. 
Antes de que podamos ser transformados físicamente, debemos ser renovados espiritualmente. “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” Efesios 2:1
Se nos llama a resucitar de ese grave estado espiritual. “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo”. Efesios 5:14
Esta resurrección es necesaria para recibir la vida eterna. Ya sea que hayamos muerto o estemos vivos al momento de su venida, necesitamos ser vivificados con la luz y el poder del Espíritu, ser recreados a imagen de nuestro Creador y resucitados de una vida alejada de Dios.
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25
¿Crees esto?