martes, 15 de febrero de 2011

FIDELIDAD EXTREMA (3 de 10)

ENOC, EL QUE CAMINÓ CON DIOS

“Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios”. (Hebreos 11:5 NVI)

La rutina puede ser cansadora. Lo saben muy bien los que trabajan en las sedentarias tareas modernas. Pero no hay nada más rutinario que las tareas del hogar. Día tras día, siempre lo mismo; hacer las compras, limpiar la casa, cocinar, lavar los platos, cortar el césped, atender los niños...
Y al día siguiente (no importa cuan bien hayamos hecho nuestro trabajo), todo vuelve a empezar: los platos volverán a estar sucios, los niños requerirán atención y el pasto volverá a crecer...
Docenas de cosas más -que ya hicimos ayer-, requerirán atención otra vez ¡Qué fastidio!
Hacer lo mismo durante años puede parecer aburrido o falto de incentivos; pero en el caso de este patriarca, no fue así.
Durante 365 años este santo varón se dedicó a una sola y extraordinaria tarea: caminar con Dios.
“Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años... Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”. Génesis 5:21-24
Dios se lo llevó, porque lo había observado durante tres siglos y medio y había notado su constante fidelidad.
Como ambos gozaban de su mutua compañía, lo sacó de este mundo de pecado y lo llevó con él. Esto implica que Enoc nunca murió.
Sigue viviendo, pero ahora en la presencia divina; a salvo para siempre de los problemas, el dolor, la degradación humana, la idolatría y la maldad que tuvo que enfrentar en su vida terrenal.
¿Cómo era la vida de Enoc?¿Qué lo hizo tan especial?
Me impresionó mucho el siguiente comentario: “El andar de Enoc con Dios no era en arrobamiento o en visión, sino en el cumplimiento de los deberes de su vida diaria. No se aisló de la gente convirtiéndose en ermitaño, pues tenía una obra que hacer para Dios en el mundo. En el seno de la familia y en sus relaciones con los hombres, como esposo o padre, como amigo o ciudadano, fue firme y constante siervo de Dios... Cuanto más intima era su unión con Dios, tanto más profundo era el sentido de su propia debilidad e imperfección”. Historia de los Patriarcas y Profetas Página 85  
Cumplir fielmente los deberes de la vida diaria, viviendo en constante santidad en medio de un mundo que se hundía en la corrupción y la idolatría no es poca cosa.
Pero su existencia fue más que rutina. La suya fue una vida que agradó a Dios.
Fue un verdadero misionero, seguidor de los pocos fieles que quedaban en la tierra, llamando al arrepentimiento a una generación que pronto perecería en el Diluvio.
Fue además un poderoso profeta, que anticipó el juicio y la destrucción de los malvados que seguirá a la Segunda Venida de Cristo: "He aquí el Señor es venido con sus santos millares, a hacer juicio contra todos, y a convencer a todos los impíos de entre ellos tocante a todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente." (Judas 14, 15.)
Es en el trato diario en donde se nota si andamos con Dios. Cada vez que entramos en contacto con otra alma deberíamos proyectar sobre ella los rayos de la luz del evangelio. Cada vez que nos relacionamos, deberíamos ser para los demás la sal de la tierra.
Cada acción, cada palabra y cada pensamiento nuestro, deberían reflejar la imagen del que nos rescató del abismo del pecado en que habíamos caído.
Siendo serviciales, amables, bondadosos, corteses y piadosos cada día. Teniendo en mente la gloria de Dios y sin más ambición que servir a nuestros semejantes, sin duda cumpliremos el propósito del Señor para nuestras vidas y seremos fuente de bendición para los demás.
Al igual que Enoc, al estar cada vez más cerca del cielo, nos daremos cuenta con mayor claridad de nuestra indignidad, de nuestra necesidad de gracia y perdón. Jesús nos parecerá cada vez más atractivo y el mundo más detestable. El bien nos resultará mas agradable a cada paso, y el pecado nos será cada vez más repulsivo.
El resultado de un andar semejante nos llevará a estar en la misma presencia de Cristo hoy mismo, para luego continuar morando con él por la eternidad sin fin.
¡Qué hermoso es caminar con Dios! ¿Y tú, quieres hacerlo también?

domingo, 13 de febrero de 2011

FIDELIDAD EXTREMA (2 de 10)

RECABITAS, FIELES EN LOS PRINCIPIOS

“Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: Ve a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino”. (Jeremías 35:1,2)
Extraño encargo para un profeta, ¿verdad?
Pero la singular orden de Dios tenía un propósito, que se comprende mejor al conocer las circunstancias en que fue dada.  
“Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los recabitas;  y los llevé a la casa de Jehová... Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino. Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos; ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis. Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó”. Jeremías 35:3-8
¿Quiénes eran estas personas tan singulares?
El clan de los recabitas vivía fuera de Jerusalén, pero habían huido a la ciudad para protegerse de la invasión babilónica. Se nos dice que: “El progenitor de esta familia había sido Jonadab, quien vivió en tiempos de Jehú, rey de Samaria (841-814 a. C.), unos 240 años antes de esta fecha”. (Com. Bíblico Adventista Pág. 36 - ed. electrónica)
Es decir que continuaban siendo fieles al mandato de su antecesor ¡por más de dos siglos!
Si esta historia sucediera hoy mismo, quizás oiríamos a los miembros de nuestra familia - o de nuestra iglesia, para el caso - diciendo:
  • ¿Hasta cuando vamos a seguir con lo mismo..?
  • El viejo seguramente estaba chocho cuando aconsejó eso...
  • No hay que andar fijándose en pequeñeces de ese tipo...
  • Hay que adaptarse a los tiempos...
O algunas otras cosas por el estilo.
Nuestra sociedad posmoderna tildaría a ese grupo como fanáticos que se quedaron en el tiempo; una especie de cavernícolas bíblicos.
Sin embargo, Dios los honró, colocándolos como ejemplo de fidelidad ante el rebelde Israel de sus días: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? dice Jehová. Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído”. (vers. 13,14)
Obviamente, tal lealtad al mandato de su padre no llegó por casualidad. Cada miembro de la familia debía ser instruido en esos principios, cada madre, padre y miembro del clan debía conocerlos, enseñarlos  y ejemplificarlos, cada quien debía además incorporarlos a su vida en forma personal.
Lo mismo vale para hoy. Ningún desobediente alcanzará jamás la vida eterna, nadie que deseche algún mandamiento, por pequeño que parezca, puede pretender morar en el cielo, donde todo ser vive en continua y gozosa obediencia a los mandatos del Señor. Cualquier pretensión en ese sentido nos convierte automáticamente en mentirosos (1º Juan 2:4).
Obedecer no nos salva, pero nadie será salvo sin obediencia. La lealtad a sus mandamientos es la prueba suprema de que pertenecemos al pueblo de Dios. “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. (Apocalipsis 14:12)
Todos lo que atraviesen las puertas de perlas de la Nueva Jerusalén, entrarán a ella como vencedores, habiendo obedecido por medio de la fe  todo mandamiento conocido de Dios.
La fidelidad reclama obediencia, sin ella no puede existir. La obediencia nacida de la fe se constituye pues en el componente esencial para recibir las bendiciones divinas.
“Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos los días” (vers. 18,19)
Si de veras queremos estar en la presencia de Jesús para siempre, necesitamos considerar este factor como indispensable en nuestra experiencia con el Señor.
Es necesario entender que fuimos “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1º Pedro 1:2).  

viernes, 11 de febrero de 2011

FIDELIDAD EXTREMA (1 de 10)

LA VÍRGEN MARÍA, ENTREGA TOTAL

“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Lucas 1:38
¿Por qué colocar a María en el primer lugar en la lista de personajes de fidelidad extraordinaria? Lejos está de mí colocarla en un lugar de honor por alguna razón de orden místico, o porque vea en ella cualidades que la coloquen aparte de la humanidad. No se encuentra en la Biblia indicación alguna que nos permita hacerlo.
Simplemente merece encabezarla porque no hubo, no hay, ni habrá nadie como ella en todo el universo; tanto en los singulares privilegios que le fueron concedidos, como en su altísima responsabilidad.
El relato bíblico de la Anunciación es muy breve y comienza así:
“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta”. Lucas 1:26-29
Nada  menos que el ángel Gabriel estuvo encargado de llevar ese anuncio. El único ángel mencionado por nombre en las Escrituras. El más importante y poderoso mensajero divino llegó para dar la noticia a una jovencita de una perdida aldea de Galilea 
¡Y qué mensaje traía!
“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:30-35
¡Llevar a Dios hecho hombre en su vientre!
En nuestros días tendemos a menospreciar a los jóvenes; por lo general los vemos poco capacitados para llevar responsabilidades pesadas. Pero la virgen de Nazaret fue comisionada para concebir nada menos que al Redentor de la humanidad dentro de sí.
No se ha concedido a otro mortal  privilegio mayor ni más abrumador compromiso.
El Padre la eligió, el Espíritu Santo la cubrió con su sombra y Jesús se encarnó en ella. Misterio grande para el cual el mejor homenaje es nuestro silencio.
Pocas veces pensamos en la tremenda carga que tuvo a fin de educar a un niño que pudiera soportar la carga de la soledad, la incomprensión, el menosprecio y la oposición, permaneciendo firme sin apartarse de lo recto.
Educarlo para que fuera sin pecado, para que las tendencias hacia el mal no lo doblegaran, para que fuera grande en el conocimiento de las Escrituras, para ser un vencedor en el conflicto con Satanás, para que alcanzara alturas que ella misma no podría alcanzar.
Madre: ¿educas así a tu hijo?
Las alturas que alcanzó María fueron proporcionales a lo que le tocó sufrir. Sin duda fue despreciada cuando quedó embarazada antes de casarse, con seguridad fue rechazada por los demás que no entendían de otra cosa que la evidencia de sus sentidos. A Jesús mismo le refregarían por el rostro su origen tiempo después llamándolo “hijo de fornicación” (Juan 8:41)
Tuvo además que aceptar una cuota de dolor que pocas madres son llamadas a soportar y tuvo que elevarse por la fe en medio de las tinieblas de la crucifixión de su Hijo.
A sus lógicas dudas ante este anuncio -que no provenían de la incredulidad sino de la simple limitación humana de María-, se le ofrecieron pruebas de que para Dios no hay nada irrealizable:
“Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”. Lucas 1:36-38
En estas últimas palabras de la virgen (vers. 38), se encuentra el secreto de su elección como madre del Salvador del mundo.
Tan plenamente se rindió a la voluntad divina, vaciándose de sí misma, que su entrega nos llena de asombro y admiración.
Es necesario recordar que ella, al igual que nosotros, era apenas un ser humano. No poseía por derecho propio justicia ni méritos excepcionales. Dependia enteramente de la gracia al igual que cualquiera.
En el canto de gratitud que entonó luego, conocido como el Magnificat (cf. vers. 46 y 47), reconoce su necesidad de un salvador tanto como lo necesitamos tú o yo.
Sin embargo fue llena de la gracia de Dios, y se la llamó bienaventurada, porque estuvo dispuesta a obedecer la indicación del Señor por increíble que pareciera.
Desde el nacimiento de Cristo hasta su muerte, e incluso después de la resurrección, mantuvo su fidelidad intacta al mandato celestial.
De ella, junto a los demás discípulos reunidos en  el aposento alto se dice que “perseveraban unánimes en oración y ruego” (Hechos 1:14). No podría haber enseñado a Jesús las Escrituras si ella misma no hubiera sido una mujer de perseverante oración y diligente en el estudio de la Palabra de Dios.
Esta vida singular tiene varios ejemplos más para darnos. Fue un modelo de madre cristiana, verdadero prototipo de abnegación en las tareas humildes de la vida, un dechado de virtud, el mayor ejemplo de consagración a la voluntad de Dios. Haríamos bien en copiar sus extraordinarias cualidades.

miércoles, 9 de febrero de 2011

SEGUNDO ANIVERSARIO

Hace ya dos años que comencé esta actividad literaria, nueva e impensada para mí en sus comienzos.
En mi corazón solo cabe gratitud a nuestro buen Señor por todo lo realizado. 
He procurado colocar en el pobre vehículo de mis propias palabras lo que siento y lo que pienso acerca de la esperanza que llena mi corazón, de poder encontrarme con mi querido Señor Jesucristo. 
Si lo hecho ha resultado útil o no, prefiero dejarlo al juicio de la eternidad, cuando el fruto de todas las obras se revele en su verdadera magnitud..
Gracias también a cada amable lector que recorrió esta página; la que a partir de mi propia experiencia y pensamiento, desea ayudar a quienes esperan la Segunda Venida de Cristo a prepararse para ese glorioso evento, la suma de la esperanza cristiana. 
Gracias a todos los que comentaron mis artículos. He cumplido en publicar cada uno de ellos, tanto los elogiosos como los adversos, en el entendimiento de que la palabra final debe ser dicha por la autorizada voz del Espíritu Santo.
Con el deseo de que el amoroso Jesús siga siendo el verdadero Protagonista de esta página, me gozo en  desearles las bendiciones de lo alto a todos los que entran en este sitio..
Siempre es bueno recordar lo que Dios ha hecho en nuestro favor, y en cuanto nos sea posible, deberíamos ser agradecidos por todo aquello que nos permite vivir, hacer y compartir.
Me gustaría poner como broche final las palabras de mi salmo favorito, lleno del reconocimiento de sus bendiciones:
"Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca.
En Jehová se gloriará mi alma;
Lo oirán los mansos, y se alegrarán.
Engrandeced a Jehová conmigo,
Y exaltemos a una su nombre.
Busqué a Jehová, y él me oyó,
Y me libró de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó Jehová,
Y lo libró de todas sus angustias.
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen,
Y los defiende.
Gustad, y ved que es bueno Jehová;
Dichoso el hombre que confía en él.
Temed a Jehová, vosotros sus santos,
Pues nada falta a los que le temen.
Los leoncillos necesitan, y tienen hambre;
Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.
Venid, hijos, oídme;
El temor de Jehová os enseñaré.
¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.
Los ojos de Jehová están sobre los justos,
Y atentos sus oídos al clamor de ellos.
La ira de Jehová contra los que hacen mal,
Para cortar de la tierra la memoria de ellos.
Claman los justos, y Jehová oye,
Y los libra de todas sus angustias.
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
Y salva a los contritos de espíritu.
Muchas son las aflicciones del justo,
Pero de todas ellas le librará Jehová.
El guarda todos sus huesos;
Ni uno de ellos será quebrantado.
Matará al malo la maldad,
Y los que aborrecen al justo serán condenados.
 Jehová redime el alma de sus siervos,
Y no serán condenados cuantos en él confían".
Salmos 34

¿Te unes conmigo en la alabanza a nuestro buen Dios?
Como expresión final de gratitud quisiera yo también decir, al llegar a este segundo aniversario: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Salmos 103:1,2

sábado, 5 de febrero de 2011

ME ROBARON


Ayer fui robado. Fui víctima de un crimen MUY raro, aunque muy frecuente. Lo que más me duele de esto es que los que me robaron seguramente sean amigos y familiares; lo hicieron sin sentir remordimiento ni compasión ¡quizás crean que hacen bien en participar!
Y ni siquiera puedo dar aviso a la policía ni hacerles juicio, al no poder identificar a los culpables pues no estuve cuando el hecho se produjo.
El crimen sucedió de una manera singular: no me atacaron físicamente a mí ni a mis familiares (pero me sentí muy amenazado); no utilizaron armas ni me golpearon (aunque salí muy herido);tampoco tuve oportunidad de defenderme, porque esto se inició en mi ausencia.
Nadie salió tampoco a defenderme. Al contrario de lo que sucede en otros robos, en los que la gente simpatiza con la víctima, los que presenciaron mi desgracia parecieron solidarizarse con mis agresores, uniéndose a ellos en la vil tarea de dejarme vacío.
Fue un robo catastrófico por la magnitud de la pérdida que sufrí. Y no es que me hayan robado dinero ni objetos materiales.
No, no fue ninguna de las cosas que la gente considera "de valor".
Sin embargo me despojaron de cosas mucho más valiosas que no se hallaban en mi billetera: ensuciaron mi nombre, me robaron mi reputación, me dejaron sin la estima de los demás, me quitaron la tranquilidad, se llevaron la paz que tenía, me vaciaron de seguridad y rompieron la confianza que depositaba en los que me rodean.
Los efectos de esa felonía durarán por siempre, porque cuando uno es robado, y peor aún, robado por quienes ama, se instala en el alma una sensación de desconfianza e inseguridad que no se irá jamás.
Después de haber sido asaltado de esa manera, la relación con los demás ya no vuelve a ser la misma.
Les bastó para consumar este terrible delito, utilizar unas pocas palabras susurradas por lo bajo (¡sí, palabras!), infundadas habladurías, para dejarme sin lo más precioso que tenía. Un "chismecito" dicho al oído bastó para perpetrar el saqueo de mi honor y de mi prestigio en forma  irremediable.
Es que mi buen nombre es el único capital que puedo atesorar con seguridad para los años por delante ¡Ni eso me han dejado!
Al hablar mal de mí se llevaron todo y me dejaron en cambio una sensación de impotencia y de ira que no deseo tener.
Para colmo de horrores, los ladrones ni siquiera necesitan volver a asaltarme. Otros recogerán sus palabras para continuar lastimándome, sin que haya un momento en que el ataque pueda detenerse, porque mientras encuentren un oído que las oiga y un corazón que las acepte, las palabras seguirán de boca en boca renovando sus asaltos.
¿Qué dice la Biblia de esta clase de delitos?
En el Antiguo Testamento figura un mandato tan positivo como los Diez mandamientos acerca de esto, pues coloca el chisme al nivel del asesinato: "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová". Levítico 19:16
Acerca de los chismosos dice:
  • "El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos".
  • "Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas".
  • "Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda".
        (Proverbios 16:28; 18:8; 26:20 y 22)
Un chismoso quebranta la paz social, ofende y enturbia las relaciones entre hermanos y apaga la voz del Espíritu. Quienes lo escuchan, además, son atraídos en forma irresistible a reproducir su conducta atrayendo culpabilidad sobre sí. Porque el que oye las palabras del chismoso y las repite se convierte también en un delincuente.
Tal como lo dice un conocido refrán "es tan ladrón el que roba en la huerta como el que espera en la puerta".
Jesús enseñó acerca de esto en términos todavía más drásticos: "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda". Mateo 5:22-24
Por mi parte he decidido hacer lo único seguro y liberador en estos casos: esconderme.
Para evitar ceder al deseo de vengarme, al enojo o al resentimiento, para no reaccionar mal y pecar contra Dios y mi prójimo, para estar definitivamente a salvo de estos ataques, nada mejor que acudir al amparo que brinda el Señor: "En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas". Salmos 31:20
¡Qué bendición poder contar con su protección! ¡Qué seguridad se halla en su amorosa y plena aceptación!
No me convertiré yo mismo en delincuente por aceptar o repetir un comentario malicioso acerca de nadie. No lo permitiré.
Entiendo que la única conducta segura consiste en dejar el asunto en manos de Dios y seguir adelante sin decir nada, siguiendo el ejemplo de Jesús, "el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente". 1º Pedro 2:22,23
Si fuiste robado de esta manera (y casi seguro que es así), te invito hoy a hacer lo mismo.