lunes, 29 de noviembre de 2010

¡PREPARAOS, PREPARAOS, PREPARAOS!

No quiero caer en lugares comunes, pero una de las diferencias entre los hombres y las mujeres es el concepto de estar listos. Un hombre está listo para salir en cuanto se vistió. Las mujeres (y las que son madres en especial), en cambio, están listas después de haber chequeado una lista más larga que la que necesita el transbordador espacial para despegar.
¡Perdónenme las damas! No es una ofensa, sino un elogio a su dedicación y cuidado de los detalles.
En el orden espiritual, estar listos implica otras cosas que haberse bañado, tener ropa limpia o la casa en orden.
Quiero invitarlos a considerar las preguntas de estas citas:
"Suponed que Cristo apareciera hoy en las nubes de los cielos, ¿quién. . . estaría listo para salir a su encuentro? Suponed que fuéramos trasladados al reino de los cielos tales como somos, ¿estaríamos preparados para unirnos con los santos de Dios, para vivir en armonía con la familia real, con los hijos del Rey celestial? ¿Qué preparación habéis hecho para el juicio? ¿Habéis hecho las paces con Dios? ¿Estáis colaborando con Dios? ¿Estáis tratando de ayudar a los que os rodean en vuestra casa, en vuestro vecindario, a aquellos con quienes os relacionáis y que no están guardando los mandamientos de Dios?. . . ¿Nos estamos preparando para salir al encuentro del Rey?. . . 
¡Maranata: El Señor Viene! Página 96
Pero, ¿por qué no podemos entrar así como somos?
Si fuera posible que se nos admitiera en el cielo tales como somos ¿cuántos de nosotros podríamos mirar a Dios? ¿Cuántos de nosotros tenemos el vestido de boda? ¿Cuántos de nosotros estamos sin mancha, ni arruga ni cosa semejante? ¿Cuántos de nosotros somos dignos de recibir la corona de vida?. . . El puesto no hace al hombre. Sólo serán dignos de recibir la corona de vida, inmarcesible, aquellos en cuyo interior se haya formado Cristo. 
Ibíd.
Aquí está el meollo de la cuestión. Para ser llevados a vivir en comunión con seres santos, debemos ser santos y sin mancha; el pecado no tiene que encontrar lugar en el corazón de aquellos que vivirán con Cristo por la eternidad.
¿Se ha formado Cristo en el corazón?
¿Le hemos consagrado todo lo que somos y tenemos?
¿Estamos buscando la perla de gran precio al costo que demanda, es decir, la vida entera?
Si la respuesta no es afirmativa, les invito a meditar juntos en lo que sigue:
Se me mostró al residuo en la tierra. El ángel les dijo: "¿Queréis huir de las siete postreras plagas?. . . En tal caso, debéis morir para poder vivir. ¡Preparaos, preparaos, preparaos! Debéis realizar mayores preparativos que los que habéis realizado. . . Sacrificadlo todo para Dios. Ponedlo todo sobre su altar: el yo, vuestras propiedades, todo, como sacrificio vivo. El entrar en la gloria lo exigirá todo.
Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria y con la gloria del Padre. . . Mientras los impíos huyan de su presencia, los seguidores de Cristo se regocijarán. . .Cristo ha sido un compañero diario y un amigo familiar para sus fieles seguidores. Estos han vivido en contacto íntimo, en constante comunión con Dios. Sobre ellos ha nacido la gloria del Señor. . . Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la refulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo; pues tienen el cielo en sus corazones. Si sois correctos con Dios hoy día, estaréis preparados en caso de que Cristo venga hoy".
Ibíd.
Estaremos preparados para su venida si decidimos hacer del cielo nuestro hogar hoy mismo.
¿Ya lo tenemos hoy en el corazón?

sábado, 27 de noviembre de 2010

EL PUNTO DE VISTA DE DIOS III

¡Está todo mal!
Esta expresión resuena en mis oídos a cada paso. La escucho repetidamente en la calle, la oigo de mis interesados, de mis alumnos, de mis allegados; incluso la pronuncié yo mismo muchas veces. Todo el mundo espera alguna salida, alguna esperanza, cada quien con mayor o menor grado de realismo o de ilusión. Los pesimistas la pregonan, los optimistas la resisten, y los que engañan a los crédulos la combaten.
¿Hay alguna esperanza de mejorar?
Les propongo comenzar por el punto de vista humano, para acabar con el punto de vista de Dios.
Después de mirar un poco los noticieros o de leer el diario de hoy, sin duda estarán de acuerdo conmigo en que el mundo marcha muy mal y que las cosas se pondrán peor en el futuro. Esto no es pesimismo sino sentido común.
Cualquiera bien informado puede ver además que las soluciones están lejos, que incluso las acciones más simples para mejorar las cosas no se llevarán a cabo, ya sea por falta de voluntad, por intereses creados o por puro egoísmo.
Los pronósticos para mañana son sombríos basados en lo que se evidencia en los acontecimientos actuales.
Pero lo que el común del mundo no percibe, son los efectos de la corriente subterránea impulsada por el enemigo de nuestras almas que busca entrampar a todos los habitantes de la tierra.
Poderosos engaños se levantan para hacer caer, si fuera posible, incluso a los escogidos. Trata de que los placeres y los afanes de la vida nos aparten de la fe y de la sencilla obediencia a su Palabra. Busca adormecernos con diversiones, huecas vanidades y basura de todo tipo, que obnubila nuestra mente.
La falsa seguridad de muchos, que duermen en la complacencia de los sentidos, será pronto confrontada con una dura y amarga realidad.
Mi escritora cristiana preferida escribió: "Los cristianos deben prepararse para lo que pronto ha de estallar sobre el mundo como sorpresa abrumadora, y deben hacerlo estudiando diligentemente la Palabra de Dios" Profetas y reyes, pág. 46
Y agrega: "Sólo los que hayan estudiado diligentemente las Escrituras y hayan recibido el amor de la verdad en sus corazones, serán protegidos de los poderosos engaños que cautivarán al mundo. Merced al testimonio bíblico descubrirán al engañador bajo su disfraz... ¿Se sienten los hijos de Dios actualmente bastante firmes en la Palabra divina para no ceder al testimonio de sus sentidos? ¿Se atendrán ellos en semejante crisis a la Biblia y a la Biblia sola?" El conflicto de los siglos, pág. 683
En las entradas anteriores vimos que Jesús, contra toda apariencia, se proclamó vencedor en el conflicto con las tinieblas que tuvo lugar durante su juicio, y que si bien parecemos pocos, en realidad somos mayoría. Esto debe proporcionar confianza y esperanza para las pruebas de los días finales.
¿Pero, como sobrevivir en el tiempo que falta?
En sus palabras de despedida, antes de ser crucificado, el Señor les dijo a sus discípulos:"Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo". Juan 16:16-22
Y agregó como corolario de su discurso las esperanzadoras palabras siguientes: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (vers. 33).
Siempre presentó como cercano el tiempo en que habría de venir al mundo, y lo comparó con una mujer que está de parto. El advenimiento de un niño al mundo está precedido de dolor y coronado por el gozo. No importa cuanto tiempo pase, el punto de vista del Señor es anticipar el gozo del encuentro; no concentrarse en los pasajeros sufrimientos.
Humanamente anticipamos para el futuro sufrimiento, no gozo.
Él anticipa gozo, no sufrimiento.
Pablo escribió refiriéndose a las luchas del cristiano: "porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria". 2 Corintios 4:17
¡Qué bueno es concentrarse en esas palabras: "leve tribulación momentánea".
  • Leve, porque no significa nada si se compara con los sufrimientos de Cristo.
  • Momentánea, porque sin duda pasará, para dar lugar al gozo que no acabará.
Nuestra tarea, mientras avanza la noche de calamidad para el mundo, es conocer al que nos puede dar la única salida, Aquél en quien están centradas las esperanzas de todos los que serán salvos al final: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado" Juan 17:3
¿Ansiedad por el futuro?
Desde el punto de vista de Dios falta "un poco", y el dolor, las pruebas y la tristeza de hoy durarán "un poco" más y luego acabarán para siempre.
Podemos exclamar con fe firme: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" Rom.8:35-39

miércoles, 24 de noviembre de 2010

EL PUNTO DE VISTA DE DIOS II

"Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán".  Lucas 13:22,23
¿Son pocos los que se salvan?
Basta cotejar cualquier reunión de la iglesia, por multitudinaria que sea, con las convocaciones de un partido de futbol, un concierto de rock, un mítin político o una manifestación de protesta para ver que nuestros números resultan ridículamente pequeños en comparación con los que tienen otro tipo de intereses. Y ni hablar de los cultos de oración en algunos lugares, a los que apenas asisten cuatro o cinco.
Pero, tal vez alguien dirá que este es un muy mal ejemplo.
Bien, comparemos entonces la cantidad de los que desean gozar de la vida, con los que desean sacrificarse como misioneros; o tal vez, para dejar las cosas en casa, comparemos entre los cristianos: el número de los que pasan horas en comunión con el Señor versus el de los que tienen una devoción "a las apuradas" antes de salir al trabajo. Los que salen a misionar contra los que apenas "calientan" los bancos de la iglesia una vez por semana.
Esa sensación de ser pocos (y de poder poco), era sin dudas la que tenían los discípulos de Cristo cuando hicieron la pregunta del principio; después de todo eran nada más que doce y algunas mujeres. El grueso de sus seguidores había abandonado al maestro luego del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Las condiciones que Jesús había planteado acerca de seguirle les habían parecido muy duras y chocantes. Y cada día que pasaba se volvía más criticado y combatido por el partido gobernante y por los fariseos.
Parecía que su movimiento en vez de avanzar, retrocedía. La crisis se acercaba al aproximarse cada vez más a Jerusalén ¿Podría el Señor ser coronado rey, como ellos lo esperaban, en tan desfavorables condiciones? ¿Habría esperanzas en su futuro, o les aguardaba el fracaso?
Hay una historia en la Biblia que puede ayudarnos a mirar las cosas desde la perspectiva correcta, es decir desde el punto de vista de Dios:
"Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento. Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los sirios van allí. Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el fin de cuidarse. Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel? Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío, sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta. Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a prenderlo. Y le fue dicho: He aquí que él está en Dotán. Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad. Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo". 2º Reyes 6:8-17
La realidad es que... ¡Somos mayoría!
El siervo de Eliseo miró murallas afuera y vio el gran ejército de Siria que rodeaba la ciudad; miró murallas adentro y no vio posibilidades de defenderse. La situación parecía perdida sin remedio. Pero, eran solo apariencias; la realidad no consistía en lo que se veía con ojos humanos. El profeta, vislumbrando lo espiritual, dijo: "No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos".
No había nada que temer si se alcanzaba a percibir lo invisible. Los ejércitos del Dios del cielo en carros de fuego estaban allí para defenderlos.
Solamente había que abrir los ojos a lo celestial. Y esto es quizá lo más dificil de hacer, porque requiere de fe.
  • Dos tercios de los ángeles creados siguen estando a nuestro favor.
  • El resto del universo no caído (incontables mundos habitados, según creo yo), también simpatiza con nosotros.
  • El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo interceden y actúan para protegernos del ataque de Satanás, sostenernos en las pruebas y salvarnos al final.
El número aparente de los verdaderos seguidores de Cristo no importa. 
Somos mayoría. Recuérdalo..
Somos mayoría. Por eso, no nos desalentemos, no dudemos ni temamos por nuestra salvación; "porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos".
Somos mayoría. Podemos tener ahora mismo una inconmovible esperanza, si adoptamos el punto de vista de Dios acerca del número.

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL PUNTO DE VISTA DE DIOS I

Cuando todo parezca ir mal... No desesperes.
Cuando todo parezca ir mal, cuando las cosas no salen como uno quisiera, o incluso cuando salen como no deberían salir, es tiempo de retomar el punto de vista de Dios.
Específicamente hablando de la condición actual de la iglesia, podemos notar un agudo contraste entre lo que debería ser y lo que es.
Debería ser la luz del mundo y sal de la tierra; debería ser un refugio para los pecadores donde puedan encontrar perdón, paz y pureza; debería ser promotora de cambios en los corazones de los hombres y en la sociedad; debería ser su cuerpo santo, su esposa sin mancha, ni arruga ni cosa semejante.
Son muchos debería ¿verdad?
Duele decirlo, pero la iglesia a veces, en lugar de los altos ideales mencionados, resulta en un lugar de contiendas, celos y pequeñeces. Mas que un pedazo de cielo en la tierra, es un anticipo del infierno. En vez de exaltar a Cristo, resalta a los hombres pecadores. En vez de seguir al Cordero por dondequiera que va, termina siguiendo al líder carismático, al hábil predicador o al entretenido cantante "cristiano" de moda. En lugar de Su perfecta justicia, busca beber de cisternas rotas que no retienen agua. En vez de belleza y santidad, presenta al mundo caracteres no santificados y más parecidos a éste que a Cristo.
Quizá parezca duro lo que acabo de escribir, pero no es más que un pequeño baño de realidad humana.
La iglesia de hoy es Laodicea, desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda, a punto de ser vomitada de su boca. Cualquiera que mire objetivamente la situación actual de la iglesia (hablo de la tuya y la mía), puede ver que es amarga y desesperada; y puede también sentirse plenamente justificado en abandonarla.
Pero la perspectiva de Dios es distinta de la nuestra. El ve nuestras fallas, sí, pero no nos descarta por eso. Dirige a Laodicea la más tierna de las invitaciones de la que es capaz su misericordia.
Precisamente porque no ve las cosas como nosotros, sigue adelante con su plan de redención.
Vale como ejemplo de lo antes dicho lo que pasó durante la pasión de Jesús:
En el momento del juicio y la crucifixión de Cristo, las cosas estaban realmente mal desde el punto de vista humano. Para los discípulos era una catástrofe. Pero desde el punto de vista divino era la hora de la VICTORIA; así, con mayúsculas.
"Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo". Mateo 26:63,64
Cuando Caifás conminó a Jesús a confesar a su Padre, éste no pudo seguir callando. Con inmortales palabras dirigió la vista de sus torturadores hacia las realidades celestiales. Él no estaba allí como derrotado, estaba ante ellos como inocente Víctima, victorioso Rey e inminente Juez.
No estaban ante un pobre galileo atado con cadenas y blanco de las burlas e insultos; no era simplemente el objeto del más vil de los maltratos, era Dios en forma humana quien los miraba con ojos que penetraban hasta el alma.
"Por un momento la divinidad de Cristo fulguró a través de su aspecto humano. El sumo sacerdote vaciló bajo la mirada penetrante del Salvador. Esa mirada parecía leer sus pensamientos ocultos y entrar como fuego hasta su corazón. Nunca, en el resto de su vida, olvidó aquella mirada escrutadora del perseguido Hijo de Dios.  "Desde ahora --dijo Jesús,-- habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo." Con estas palabras, Cristo presentó el reverso de la escena que ocurría entonces. El, el Señor de la vida y la gloria, estaría sentado a la diestra de Dios. Sería el juez de toda la tierra, y su decisión sería inapelable. Entonces toda cosa secreta estaría expuesta a la luz del rostro de Dios, y se pronunciaría el juicio sobre todo hombre, según sus hechos". El Deseado de Todas las Gentes Página 707
Encontramos en esta maravillosa escena dos visiones en agudo contraste:
I- El punto de vista de la mayoría
  •  Los dirigentes judíos ahora se alegraban porque lo tenían en sus manos.
  •  Estaban seguros de su victoria y creían haberlo sometido.
  • Ellos veían al hombre vencido.
  •  Pilato y los soldados romanos veían a Jesús con lástima.
  •  Él había perdido la partida y no había dudas en cuanto a quién tenía la victoria.
  •  A la vista de los hombres, Jesús estaba vencido y pronto estaría muerto por su error de cálculo.
  •  Los judíos habían ganado, Cristo había perdido.
  •  Esa era desde el punto de vista humano la única 'realidad' .
II-  El punto de vista del Señor
  •  Entendía que estaban en juego cosas mucho mayores que ese mal juicio, invisibles ante los ojos humanos.
  •  El Señor era consciente de que se estaba librando una batalla entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la verdad y el error.
  •  Sabía además que había un vasto universo que los observaba, del cual los seres humanos no tenían idea.
  •  Para Jesús, esa visión cósmica era más importante que el conflicto visible.
  •  Jesús conocía su papel en ese conflicto y sabía quién era: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 
  • Él se veía como vencedor.
  • Siendo juzgado, era el Juez. Siendo condenado, condenaría a  sus jueces trayendo perdón y reconciliación a la raza humana.
  •  Anticipaba su victoria por la fe en las promesas de Dios.
  • Su aparente derrota era el único medio para extirpar el pecado del universo.
Desde el punto de vista de Dios, lo que para los hombres es fracaso, para él es victoria. Las pequeñas escaramuzas de hoy no deciden la suerte de una batalla, que fue librada triunfalmente en el Calvario al costo infinito de su preciosa sangre. Lo que parece que hará caer a su iglesia, no es más que el último e inútil esfuerzo del enemigo, que fue ya vencido en la cruz. "Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella [la iglesia]" (Mateo 16:18), dijo Jesús, y sin lugar a dudas cumplirá su promesa.
Cristo está a cargo; purificará su iglesia, vencerá a sus enemigos y traerá la vida eterna a sus fieles.
Puedes mirar con confianza hacia el futuro si ves las cosas como Dios las ve.

sábado, 20 de noviembre de 2010

LLAMADOS

"Por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo... amados de Dios, llamados a ser santos". Romanos 1:5-7
Cuando era todavía un adolescente, en nuestro país había servicio militar obligatorio. Los números de orden, que eran sorteados en sesión especial de la Lotería Nacional en un día determinado del año, eran seguidos con atención por todos para saber si éramos convocados o no. Los "números bajos" se exceptuaban y los otros según sus cifras ascendentes determinaban el ingreso al ejército, la marina o la aeronáutica respectivamente.
Tiempo después tuve que presentarme a revisación médica para determinar mi llamado a realizar el servicio, que llamábamos familiarmente "la colimba". Por aquella época ser llamado implicaba para algunos una prueba de hombría, y para otros era un fastidio. En mi caso, quedé exceptuado por una afección cardíaca leve (que nunca me impidió hacer pesas o deportes).
Hay otro llamamiento que supera en expectativa al mencionado: el llamamiento celestial. Esta convocatoria es realizada por Dios mismo a sus criaturas caídas en el pecado, para formar parte de su familia.
El apóstol Pablo escribió "a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro" 1 Corintios 1:2
También el profeta Isaías pone en boca del Señor estas palabras: "Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice". Isaías 43:7
La divina convocatoria no tiene en cuenta la aptitud de los llamados, sino la del que llama; es decir, el Señor Jesucristo. Somos hechos idóneos para ser embajadores del evangelio por medio de la obra interna de la gracia. Para ser santos y glorificar su nombre, debemos ser primero transformados en nuevas criaturas, nacidas de lo alto. Esto solamente es posible por la acción regeneradora del Espíritu Santo
Para el creyente arrepentido y convertido, su modelo de vida, carácter y misión es Jesús. Se le invita a conocerlo, a imitarlo y a entrar en estrecha comunión con él.
El autor de Hebreos nos exhorta: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza". Hebreos 3:1-6
Aquí se contrasta a Jesús con Moisés, que cumplió con el llamado del Señor para sacar a su pueblo de Egipto y llevarlo a la tierra prometida. Pero Cristo es superior, porque nos llevará a nuestro hogar definitivo, la Tierra Nueva, libres por siempre del mal y del pecado ¡Aleluya!
¿A cuántos y a quienes se extiende ese llamado?
La Biblia afirma que es para todo ser humano, hombre o mujer, que habita o habitó en este pecaminoso mundo desde Adán en adelante. Pero reconoce que no todos responderán favorablemente a su convocatoria.
Hay tres respuestas básicas al llamado:
  • La mayoría desechará por completo el llamado y seguirán en sus pecados
  • Algunos le oirán y le seguirán un tiempo, pero al ser probados, fallarán en su compromiso y se perderán
  • Un pequeño remanente final oirá la voz del Pastor y le seguirá, encontrando vida eterna.
"Porque muchos son llamados, y pocos escogidos". Mateo 22:14
¿Qué involucra este privilegio de ser llamados por Dios?
Como mencionaba en la entrada anterior, un cristiano que participa del llamamiento celestial, vive de manera diferente porque es diferente. Su fe lo hace distinto, singular, apartado del mundo y del pecado.
Desde la cárcel, el apóstol a los gentiles recordaba a sus hermanos y a nosotros, que ser llamado implica una serie de compromisos: con la unidad en la fe, con mantener la armonía y el amor entre los creyentes y con cuidar de la pureza doctrinal de la iglesia.
"Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos".  Efesios 4:1-6
Al ser participantes del "llamamiento celestial", somos parte de la familia de Dios y herederos de las glorias celestiales; por lo cual debemos además formar parte de la gran misión de rescate que el Salvador consumó en la cruz. Nos toca el privilegio de hacer cuanto esté de nuestra parte para llevar almas a los pies de Jesús. Proclamar con poder la última invitación de misericordia a un mundo a punto de ser condenado para siempre.
¿Cuál es el resultado de ser llamado?
El anciano Pedro lo expresa con estas maravillosas palabras:
"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas". 1º Pedro 1:3-9
El Señor te llama: "Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña" Mateo 21:28
¿Cuál será tu respuesta?