lunes, 22 de noviembre de 2010

EL PUNTO DE VISTA DE DIOS I

Cuando todo parezca ir mal... No desesperes.
Cuando todo parezca ir mal, cuando las cosas no salen como uno quisiera, o incluso cuando salen como no deberían salir, es tiempo de retomar el punto de vista de Dios.
Específicamente hablando de la condición actual de la iglesia, podemos notar un agudo contraste entre lo que debería ser y lo que es.
Debería ser la luz del mundo y sal de la tierra; debería ser un refugio para los pecadores donde puedan encontrar perdón, paz y pureza; debería ser promotora de cambios en los corazones de los hombres y en la sociedad; debería ser su cuerpo santo, su esposa sin mancha, ni arruga ni cosa semejante.
Son muchos debería ¿verdad?
Duele decirlo, pero la iglesia a veces, en lugar de los altos ideales mencionados, resulta en un lugar de contiendas, celos y pequeñeces. Mas que un pedazo de cielo en la tierra, es un anticipo del infierno. En vez de exaltar a Cristo, resalta a los hombres pecadores. En vez de seguir al Cordero por dondequiera que va, termina siguiendo al líder carismático, al hábil predicador o al entretenido cantante "cristiano" de moda. En lugar de Su perfecta justicia, busca beber de cisternas rotas que no retienen agua. En vez de belleza y santidad, presenta al mundo caracteres no santificados y más parecidos a éste que a Cristo.
Quizá parezca duro lo que acabo de escribir, pero no es más que un pequeño baño de realidad humana.
La iglesia de hoy es Laodicea, desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda, a punto de ser vomitada de su boca. Cualquiera que mire objetivamente la situación actual de la iglesia (hablo de la tuya y la mía), puede ver que es amarga y desesperada; y puede también sentirse plenamente justificado en abandonarla.
Pero la perspectiva de Dios es distinta de la nuestra. El ve nuestras fallas, sí, pero no nos descarta por eso. Dirige a Laodicea la más tierna de las invitaciones de la que es capaz su misericordia.
Precisamente porque no ve las cosas como nosotros, sigue adelante con su plan de redención.
Vale como ejemplo de lo antes dicho lo que pasó durante la pasión de Jesús:
En el momento del juicio y la crucifixión de Cristo, las cosas estaban realmente mal desde el punto de vista humano. Para los discípulos era una catástrofe. Pero desde el punto de vista divino era la hora de la VICTORIA; así, con mayúsculas.
"Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo". Mateo 26:63,64
Cuando Caifás conminó a Jesús a confesar a su Padre, éste no pudo seguir callando. Con inmortales palabras dirigió la vista de sus torturadores hacia las realidades celestiales. Él no estaba allí como derrotado, estaba ante ellos como inocente Víctima, victorioso Rey e inminente Juez.
No estaban ante un pobre galileo atado con cadenas y blanco de las burlas e insultos; no era simplemente el objeto del más vil de los maltratos, era Dios en forma humana quien los miraba con ojos que penetraban hasta el alma.
"Por un momento la divinidad de Cristo fulguró a través de su aspecto humano. El sumo sacerdote vaciló bajo la mirada penetrante del Salvador. Esa mirada parecía leer sus pensamientos ocultos y entrar como fuego hasta su corazón. Nunca, en el resto de su vida, olvidó aquella mirada escrutadora del perseguido Hijo de Dios.  "Desde ahora --dijo Jesús,-- habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo." Con estas palabras, Cristo presentó el reverso de la escena que ocurría entonces. El, el Señor de la vida y la gloria, estaría sentado a la diestra de Dios. Sería el juez de toda la tierra, y su decisión sería inapelable. Entonces toda cosa secreta estaría expuesta a la luz del rostro de Dios, y se pronunciaría el juicio sobre todo hombre, según sus hechos". El Deseado de Todas las Gentes Página 707
Encontramos en esta maravillosa escena dos visiones en agudo contraste:
I- El punto de vista de la mayoría
  •  Los dirigentes judíos ahora se alegraban porque lo tenían en sus manos.
  •  Estaban seguros de su victoria y creían haberlo sometido.
  • Ellos veían al hombre vencido.
  •  Pilato y los soldados romanos veían a Jesús con lástima.
  •  Él había perdido la partida y no había dudas en cuanto a quién tenía la victoria.
  •  A la vista de los hombres, Jesús estaba vencido y pronto estaría muerto por su error de cálculo.
  •  Los judíos habían ganado, Cristo había perdido.
  •  Esa era desde el punto de vista humano la única 'realidad' .
II-  El punto de vista del Señor
  •  Entendía que estaban en juego cosas mucho mayores que ese mal juicio, invisibles ante los ojos humanos.
  •  El Señor era consciente de que se estaba librando una batalla entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la verdad y el error.
  •  Sabía además que había un vasto universo que los observaba, del cual los seres humanos no tenían idea.
  •  Para Jesús, esa visión cósmica era más importante que el conflicto visible.
  •  Jesús conocía su papel en ese conflicto y sabía quién era: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 
  • Él se veía como vencedor.
  • Siendo juzgado, era el Juez. Siendo condenado, condenaría a  sus jueces trayendo perdón y reconciliación a la raza humana.
  •  Anticipaba su victoria por la fe en las promesas de Dios.
  • Su aparente derrota era el único medio para extirpar el pecado del universo.
Desde el punto de vista de Dios, lo que para los hombres es fracaso, para él es victoria. Las pequeñas escaramuzas de hoy no deciden la suerte de una batalla, que fue librada triunfalmente en el Calvario al costo infinito de su preciosa sangre. Lo que parece que hará caer a su iglesia, no es más que el último e inútil esfuerzo del enemigo, que fue ya vencido en la cruz. "Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella [la iglesia]" (Mateo 16:18), dijo Jesús, y sin lugar a dudas cumplirá su promesa.
Cristo está a cargo; purificará su iglesia, vencerá a sus enemigos y traerá la vida eterna a sus fieles.
Puedes mirar con confianza hacia el futuro si ves las cosas como Dios las ve.

sábado, 20 de noviembre de 2010

LLAMADOS

"Por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo... amados de Dios, llamados a ser santos". Romanos 1:5-7
Cuando era todavía un adolescente, en nuestro país había servicio militar obligatorio. Los números de orden, que eran sorteados en sesión especial de la Lotería Nacional en un día determinado del año, eran seguidos con atención por todos para saber si éramos convocados o no. Los "números bajos" se exceptuaban y los otros según sus cifras ascendentes determinaban el ingreso al ejército, la marina o la aeronáutica respectivamente.
Tiempo después tuve que presentarme a revisación médica para determinar mi llamado a realizar el servicio, que llamábamos familiarmente "la colimba". Por aquella época ser llamado implicaba para algunos una prueba de hombría, y para otros era un fastidio. En mi caso, quedé exceptuado por una afección cardíaca leve (que nunca me impidió hacer pesas o deportes).
Hay otro llamamiento que supera en expectativa al mencionado: el llamamiento celestial. Esta convocatoria es realizada por Dios mismo a sus criaturas caídas en el pecado, para formar parte de su familia.
El apóstol Pablo escribió "a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro" 1 Corintios 1:2
También el profeta Isaías pone en boca del Señor estas palabras: "Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice". Isaías 43:7
La divina convocatoria no tiene en cuenta la aptitud de los llamados, sino la del que llama; es decir, el Señor Jesucristo. Somos hechos idóneos para ser embajadores del evangelio por medio de la obra interna de la gracia. Para ser santos y glorificar su nombre, debemos ser primero transformados en nuevas criaturas, nacidas de lo alto. Esto solamente es posible por la acción regeneradora del Espíritu Santo
Para el creyente arrepentido y convertido, su modelo de vida, carácter y misión es Jesús. Se le invita a conocerlo, a imitarlo y a entrar en estrecha comunión con él.
El autor de Hebreos nos exhorta: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza". Hebreos 3:1-6
Aquí se contrasta a Jesús con Moisés, que cumplió con el llamado del Señor para sacar a su pueblo de Egipto y llevarlo a la tierra prometida. Pero Cristo es superior, porque nos llevará a nuestro hogar definitivo, la Tierra Nueva, libres por siempre del mal y del pecado ¡Aleluya!
¿A cuántos y a quienes se extiende ese llamado?
La Biblia afirma que es para todo ser humano, hombre o mujer, que habita o habitó en este pecaminoso mundo desde Adán en adelante. Pero reconoce que no todos responderán favorablemente a su convocatoria.
Hay tres respuestas básicas al llamado:
  • La mayoría desechará por completo el llamado y seguirán en sus pecados
  • Algunos le oirán y le seguirán un tiempo, pero al ser probados, fallarán en su compromiso y se perderán
  • Un pequeño remanente final oirá la voz del Pastor y le seguirá, encontrando vida eterna.
"Porque muchos son llamados, y pocos escogidos". Mateo 22:14
¿Qué involucra este privilegio de ser llamados por Dios?
Como mencionaba en la entrada anterior, un cristiano que participa del llamamiento celestial, vive de manera diferente porque es diferente. Su fe lo hace distinto, singular, apartado del mundo y del pecado.
Desde la cárcel, el apóstol a los gentiles recordaba a sus hermanos y a nosotros, que ser llamado implica una serie de compromisos: con la unidad en la fe, con mantener la armonía y el amor entre los creyentes y con cuidar de la pureza doctrinal de la iglesia.
"Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos".  Efesios 4:1-6
Al ser participantes del "llamamiento celestial", somos parte de la familia de Dios y herederos de las glorias celestiales; por lo cual debemos además formar parte de la gran misión de rescate que el Salvador consumó en la cruz. Nos toca el privilegio de hacer cuanto esté de nuestra parte para llevar almas a los pies de Jesús. Proclamar con poder la última invitación de misericordia a un mundo a punto de ser condenado para siempre.
¿Cuál es el resultado de ser llamado?
El anciano Pedro lo expresa con estas maravillosas palabras:
"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas". 1º Pedro 1:3-9
El Señor te llama: "Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña" Mateo 21:28
¿Cuál será tu respuesta?

viernes, 19 de noviembre de 2010

NUESTRO MENSAJE DISTINTIVO

"Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres." Hechos 5:12-14
¿Cómo era la iglesia del primer siglo? ¿Qué hacía que la gente impía no se atreviera a juntarse con ellos y que hubiera tal espíritu de unidad?
En aquellos tiempos el evangelio progresó rápidamente sin necesidad de los medios masivos de comunicación que tenemos en la actualidad. 
Y fue así porque no los necesitaban. Su misión les resultaba tan clara, su testimonio era tan poderoso, su vida tan singular y su amor tan desbordante que se destacaban en todo aspecto del mundo secularizado que los rodeaba.
Es bueno recordar esto para tener una visión correcta de la iglesia. No es que ellos no tuvieran desavenencias o diferencias doctrinarias, sino que las superaban pues tenían muy en claro su lugar en los planes de Dios. Se sabían "llamados y elegidos y fieles" (Apocalipsis 17:14). Tenían un propósito y ese propósito consumía sus vidas. Ninguna cosa era más importante y vital que su mensaje, el evangelio de salvación.
Vale también esto para los que vivimos en el tiempo del fin. No fuimos llamados a ser "buenas personas", ni "una iglesia con las doctrinas correctas" o "una comunidad solidaria", aunque todas estas cosas tengan su lugar. Los cristianos de estos días no debemos caer en el error de los israelitas en tiempos de Samuel, que deseaban ser como las naciones de alrededor (ver 1º Samuel 8:5). Ni siquiera deberíamos pensar en buscar la aprobación del mundo, utilizando sus métodos o pareciéndonos a él para atraer miembros.
No; fuimos llamados a ser un movimiento que predica un mensaje atado al tiempo del fin. Nuestro propósito como iglesia y como individuos es ser singulares, diferentes.
En un mundo cada vez más masificado, en que los grupos sociales llenan el ciberespacio, la economía se globaliza en corporaciones gigantescas, los trabajadores se agrupan en gremios, los partidos políticos muestran su poder por medio de convocatorias multitudinarias, y en el que se han puesto de moda las "mega iglesias" con congregaciones inmensas, todavía debemos ser la "manada pequeña" que marcha a contramano del mundo.
Es que nuestro mensaje debería apartarnos del mundo, no por propia voluntad, sino porque un estilo de vida que tenga a Cristo como centro debiera inevitablemente diferenciarnos de los demás en motivación, intereses, hábitos, conversación y propósito.
En Jesús tenemos el ejemplo perfecto de estar en el mundo sin ser del mundo. Su amor atraía a los pecadores, pero su pureza mantenía a los mundanos y a los malvados fuera de su círculo. Sus palabras cautivaban a los que estaban dispuestos a arrepentirse, pero eran el hacha puesta a la raíz del árbol para los que conformaban la "generación de víboras" que luego lo crucificaría.
¿Cuál es pues nuestro mensaje distintivo?
Uno que tenga las características mencionadas. Y no hay otro mensaje tan vital, tan relevante ni tan oportuno para esta hora como el último mensaje registrado en las Escrituras, para ser dado al mundo:
"Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira;y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." Apocalipsis 14:6-12
Este mensaje revestido de solemnidad, urgencia y poder constituye la esencia de nuestra existencia como pueblo de Dios.
¿Se imaginan acaso a Noé predicando acerca de temas sociales, políticos, ecológicos, o cualquiera de los que hoy abundan en la predicación?
¿Fue el mensaje de Elías equilibrado, tranquilizador o prudente?
¿Acaso la gente seguía a Juan el Bautista por lo agradable de sus sermones?
Ahora mismo, sin necesidad de ser fanáticos, condenadores ni alarmistas, debemos volver a proclamar la palabra de Dios.
El evangelio eterno (pues no ha cambiado desde Adán), incluirá:
  • Un carácter universal, "a todo el mundo".
  • Un llamado a glorificar a Dios con nuestras vidas.
  • Un mensaje de juicio, aunque sea impopular.
  • La adoración al Creador en el día y en los términos que él desea.
  • El rechazo de las doctrinas de la Babilonia escatológica y la exaltación de la justificación por la fe
  • La negativa a aceptar otra marca que no sea el sello divino en nuestro carácter.
  • Un compromiso de obediencia a los mandamientos de Dios.
Un mensaje de tal calibre requiere de vidas que lo respalden.
Vidas transformadas por la gracia del Señor, que demuestren como los cristianos de los tiempos apostólicos de que lado están. Por esto, encarnaban un contraste tan grande con el mundo, que nadie que fuera falto de consagración se atrevía a juntarse con ellos.
Necesitamos ahora mismo esa completa consagración, que haga de nosotros vasos aptos para llevar el agua de vida a los que están muriendo en sus pecados. Nos hace falta buscar de todo corazón al Salvador para tener "la paciencia de los santos, [y ser de] los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." Apocalipsis 14:12

lunes, 15 de noviembre de 2010

LOS DOS CAMINOS

Igual y parecido no son lo mismo.
En nuestro mundo abundan las falsificaciones. Se venden de todo tipo de productos que tienen apariencia de calidad y sin embargo no son más que imitaciones baratas. Basta que salga algo original para que pululen los sustitutos de bajo precio. Por eso mismo tienen éxito y la gente los compra; por ser baratos.
En mi país, Argentina, hasta hemos inventado una palabra para describirlo: el vocablo "trucho", que significa algo que no es original o que es de baja calidad. 
En la historia de la iglesia desde Israel hasta nuestros días, también el diablo se ha especializado en vender baratijas. Hay imitaciones del verdadero camino, de la fe, de la iglesia, del don profético y sustitutos de la experiencia cristiana; en fin, ha imitado todo.
Veamos tres ejemplos que corresponden a Israel, los tiempos apostólicos y a la iglesia del tiempo del fin:
  1. "Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio." Isaías 4:1
  2. "Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero." Hechos 8:18-20
  3. "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo." Apocalipsis 3:15-17
La desvergüenza de querer llevar el nombre de Cristo sin tener su carácter ni su justicia; el desear los dones espirituales sin someterse al Espíritu; la autosuficiencia del pecador que cree que todo está bien cuando todo está mal, se reflejan aquí. Y a lo largo de los tiempos miles han caído en el error de querer comprar algo parecido a la fe verdadera, pero que demande menos esfuerzo de su parte.
Algo parecido al cristianismo no es cristianismo. Algo parecido a la salvación no salva. Ni el dinero, ni el prestigio ni las obras valen nada para alcanzar el status de hijos de Dios. Es apenas mercaderia barata que no pasará el examen de calidad del cielo.
Pero así como la mercancía de calidad es cara, la verdadera piedad cuesta todo lo que tenemos. Para adquirir las gracias celestiales debemos entregarlo todo. De otro modo, estamos equivocando el camino.
Comparto con mis lectores esta cita que estremece: "Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y anchuroso el camino que conduce a la destrucción y muchos son los que andan por él; pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y pocos lo encuentran." 
Estos caminos son distintos, están separados y van en direcciones opuestas. Uno conduce a la vida eterna y el otro a la muerte. Vi la distinción entre ambos caminos y también la distinción entre quienes por ellos andaban. Los caminos eran totalmente opuestos. Uno era ancho y llano; el otro áspero y estrecho. Así, quienes por ellos iban eran opuestos en carácter, conducta, porte y conversación.
Los que van por el camino estrecho hablan de la alegría y felicidad que les aguardan al fin de la jornada. Su aspecto es a menudo triste, pero a veces brilla con sagrado y santo gozo. No visten como los que van por el camino ancho ni hablan ni obran como ellos. Se les ha dado un modelo. Un "varón de dolores, experimentado en quebranto," les abrió el camino y por él anduvo. Sus seguidores ven sus huellas y al verlas se consuelan y animan. El llegó salvo al destino, y también ellos podrán llegar a salvo si siguen sus huellas.
En el camino ancho, todos piensan en si mismos, en su ropa y en los placeres del camino. Se entregan libremente a la hilaridad y algazara, sin pensar en el término de la jornada, donde les aguarda segura destrucción. Cada día se acercan más a su nefasta suerte; sin embargo, se apresuran locamente, cada vez con más rapidez. ¡Oh, cuán terrible me pareció aquel espectáculo!
Vi que muchos de los que iban por ese camino ancho llevaban escritas sobre sí estas palabras: "Muerto para el mundo. El fin de todas las cosas está cerca. Preparaos también." Su aspecto era el mismo que el de todos los demás frívolos seres que los rodeaban, excepto cierto aire de tristeza que se advertía en sus semblantes. Su conversación era igual a la de las alegres y atolondradas gentes que con ellos iban, aunque de vez en cuando se detenían a señalar con mucha satisfacción el letrero de sus vestidos, y exhortaban a los demás a que también se lo pusiesen en los suyos. Iban por el camino ancho, y sin embargo, decían pertenecer a la compañía que viajaba por el camino estrecho; pero sus compañeros les replicaban: "No hay distinción entre nosotros. Somos iguales. Vestimos, hablarnos y obramos de igual manera."
Joyas de los Testimonios Tomo 1 pags. 33,34
¿Compraste el artículo verdadero o tienes una falsificación? ¿Andas por la senda estrecha rumbo al cielo, o solo llevas un cartel y vas a la perdición?
Solemnes preguntas.
La respuesta es personal y debe darse ante Aquel que pesa los espíritus.

sábado, 13 de noviembre de 2010

¿HAS SUBIDO AL TREN?

"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna". 1º Juan 5:19,20
Cuando eramos niños, una de las cosas que más esperábamos mis amigos y yo, era la llegada de los parques de diversiones. En una época en que los entretenimientos eran contados, incluso el peor de ellos nos resultaba divertido. Nuestro mayor interés era subir al llamado "tren fantasma", en el que un pequeño convoy marchaba con rapidez por las vías de un lugar oscuro y lleno de sorpresas. Generalmente estaban poblados de calaveras, monstruos, y otras cosas bastante burdas que aparecían de repente. No es que nos diera miedo, sino que subíamos en él por el puro placer de la excitación. Gritábamos y hacíamos escándalo, más para asustar a las niñas que venían detrás que por temor a los fantoches que aparecían.
Pero hay otro tren, más peligroso, aunque mejor iluminado que los de mi infancia, en el que la humanidad entera se está subiendo. En sus primeros escritos, Elena de White relata lo siguiente:
"Se me mostró un tren de vagones que marchaban con la velocidad del rayo. El ángel me mandó que observara cuidadosamente. Fijé la vista en el tren. Parecía que en él iba el mundo entero. Después el ángel me mostró al jefe del tren, un hermoso e imponente personaje a quien todos los pasajeros admiraban y reverenciaban. Quedé perpleja y le pregunté a mi ángel acompañante quién era aquel jefe. Me respondió: "Es Satanás, disfrazado de ángel de luz. Ha cautivado al mundo. Este ha sido entregado a formidables engaños para creer en una mentira a fin de que se condene. Su agente, el que le sigue en categoría, es el maquinista, y otros agentes suyos están empleados en diversos cargos, según los va necesitando, y todos marchan con relampagueante velocidad a la perdición. Le pregunté al ángel si no había quedado nadie sin subir en el tren, y él me mandó que mirase en dirección opuesta, donde vi una pequeña compañía que caminaba por un sendero angosto. Todos parecían firmemente unidos por la verdad. Aquella pequeña compañía daba muestras de fatiga, como si hubiese pasado por muchas pruebas y conflictos. Parecía como si el sol acabara de levantarse detrás de una nube y brillara sobre sus rostros, dándoles aire de triunfo, cual si estuvieran próximos a ganar la victoria". Primeros Escritos pag. 263
¡Casi todo el mundo en poder del maligno! ¡Qué pensamiento terrible! Asusta más que cualquier tren fantasma.
¿Cuáles son algunos de esos engaños?
Jesús advirtió en su sermón profético de Mateo 24 que habría una obra de engaño (versículos 4, 11, 23-26). El mayor de todos estos engaños es hoy el espiritismo, derivado de la falsa doctrina de la inmortalidad del alma. A través de sus múltiples manifestaciones contribuye a la perdición de millones. Ya en el Edén el diablo  engaño a nuestros primeros padres con la idea de que no morirían, y todavía la gente lo sigue creyendo. (ver obra-maestra-del-engano.html)
Lo siguiente ha sido rebajar el relato de la creación a nivel de cuento para niños. Cuando dejamos de lado lo que la Biblia enseña sobre la creación, el paso lógico siguiente es desechar al Creador. De allí a rechazar toda la Revelación hay un corto paso.
El abundante error doctrinal, la falsificación de la gracia y de los dones del espíritu, que forman el vino de Babilonia, sirven de tropiezo a la gente y echan a perder el gusto por el dulce jugo de la verdad.
Así tenemos religión sin comunión, cristianismo sin Cristo y fervor sin entrega; ¿no es esto una tragedia?
El engaño del mundo, la búsqueda de placer y riquezas constituye la perdición de incontables seres humanos, que se hacen esclavos de una ambición que nunca será satisfecha y que los dejará vez tras vez en un vacío sin remedio.
Podría seguir, pero estoy seguro que el lector puede sin dificultad hacer su propia lista...
Me gustaría ahora enfocarme en los que no se han subido al tren. Los que forman esa "pequeña compañía" ¿Cómo lo lograron? ¿Cómo escaparon de la influencia de engaños tan poderosos?
Engaños que vienen del "inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia". 2º Tesalonicenses 2:9-12
La respuesta está allí mismo: "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra". (versículos 13-15).
Recordemos que Dios mismo nos llama a formar parte de su familia. Él nos eligió, nos salvó y nos santificó por medio de la verdad. Cristo llega a ser nuestro modelo y nuestro blanco.
Así como abandonar la verdad lleva a la perdición, recordar nuestra filiación nos lleva a "perfeccionar la santidad en el temor de Dios".
La cita siguiente es fuente de ánimo e inspiración para todo creyente: "Pero la adopción en la familia de Dios nos hace hijos y no esclavos. Cuando el amor de Cristo entra en el corazón, nos esforzamos por imitar el carácter de Cristo... Mientras más estudiamos la vida de Cristo dispuestos a obedecer, más semejantes a Cristo nos volvemos. El Espíritu Santo infunde claro entendimiento en el corazón de cada verdadero hacedor de la Palabra. Mientras más crucificamos las prácticas egoístas impartiendo nuestras bendiciones a otros y ejerciendo nuestras facultades recibidas de Dios, más se fortalecerán las gracias celestiales y aumentarán en nosotros. Creceremos en espiritualidad, en paciencia, en fortaleza, en humildad, en delicadeza... Los carros en un tren no sólo están conectados a la locomotora; recorren la misma vía. ¿A quién estamos siguiendo?" Dios nos cuida Página 139
¿A qué tren te has subido?