domingo, 6 de septiembre de 2009

El tercer chasco II

En uno de los viajes que mi padre hacía a Buenos Aires nos llevó a mi hermano y a mí. Al recorrer los muchos kioscos de revistas que había allí, vimos una cosa que nos fascinó. Una serie de chascos (bromas). El más notable de ellos era un paquete de caramelos que eran dulces por fuera, pero sumamente amargos y desagradables por dentro, que hacían escupir a quien los probara durante horas...
Con malvado espíritu, compramos uno y nos propusimos "divertirnos" a costa de nuestros amigos. Hasta simulábamos probarlos para luego convidar y luego quedábamos a la espera del amargo resultado, riéndonos del pobre que resultaba víctima de nuestra "diversión".
Hoy entiendo que aquello no tenía nada de gracioso. Pero aquel maléfico entretenimiento de la infancia me recordó que las cosas no siempre son lo que aparentan. Que detrás de una experiencia dulce puede encontrarse una amarga conclusión; o por el contrario, que Dios puede sacar de una amarga experiencia la dulce sensación de su presencia en medio de la prueba.
Retomando la entrada anterior sobre los chascos, quisiera analizar ahora los dos puntos finales.
En primer lugar, el error y los preconceptos humanos que los causaron no invalidan la obra de Dios.
La iglesia primitiva se levantó y creció hasta abarcar el mundo a la sombra del "fracaso" de la cruz. La iglesia adventista creció también emergiendo de la frustrada esperanza de 1844. Como dice en la profecía de Apocalipsis 10:10 "Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre", en la providencia de Dios que prueba las almas, debían pasar por la amarga experiencia del chasco para no depender de nada más que el poder divino.
Respecto de si habrá otro chasco, hago referencia a lo dicho por la inspiración divina.
Jesús habló de esto en tres parábolas que se encuentran en Mateo 25, de las cuales quiero mencionar únicamente la de las diez vírgenes: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas". (Mat. 25:1,2).
Los discípulos de Jesús y los primeros adventistas soportaron chascos en sus expectativas a causa de conceptos equivocados referentes al reino de Dios y a la segunda venida del Señor. La parábola de las diez vírgenes prefigura estas dos situaciones. Si bien todas esperaban al esposo, solo cinco de ellas tenía la preparación necesaria.
La falsa seguridad de muchos será su perdición: "No debemos descansar en la idea de que porque somos miembros de la iglesia ya estamos salvos, mientras no damos evidencias de que nos estamos conformando a la imagen de Cristo, mientras nos aferrarnos de nuestros antiguos hábitos e introducimos en nuestra trama las hebras de las ideas y las costumbres del mundo..." ¡Maranata:El Señor Viene! Pág. 52
Las esperanzas humanas, las costumbres e interpretaciones populares y la falsa erudición pueden opacar la clara revelación de la Palabra de Dios.
Deberíamos ser cuidadosos de lo que creemos y aceptamos, si acaso esté teñido de lo mundanal.
Con toda seguridad los que esperan la conversión del mundo, el triunfo glorioso de la iglesia y un súbito arrebatamiento para ser librados de la tribulación verán sus esperanzas fallidas. Los que en su corazón desean que el acontecimiento de los siglos se demore un poco más para gozar de esta vida, verán la puerta de la gracia cerrada en sus narices. Seremos probados hasta lo sumo antes de ir a nuestro hogar celestial.
La cita continúa: "Las diez vírgenes están en guardia en el atardecer de la historia de la tierra. Todas pretenden ser cristianas. Todas han sido llamadas, tienen un nombre, una lámpara, y pretenden servir a Dios. Aparentemente todas aguardan su aparición. Pero cinco son deficientes. Cinco, sorprendidas y angustiadas, se encontrarán fuera del lugar del banquete... Somos representados ya sea por las vírgenes prudentes o por las insensatas. Hay muchos que no permanecen a los pies de Jesús para aprender de él. No conocen sus caminos; no están preparados para su venida. La espera del Señor es fingida. No han velado y orado con esa fe que obra por el amor y purifica el alma. Han vivido una vida descuidada. Han escuchado la verdad y han estado de acuerdo con ella, pero nunca la han incorporado a su vida práctica... El aceite de la gracia no ha alimentado sus lámparas, ni están preparadas para entrar en la cena de bodas del Cordero... " ¡Maranata:El Señor Viene! Pág. 52
Nadie alcanzará la vida eterna si descuida el aceite del Espírtu. Se estará derramando abundantemente a su alrededor y no lo advertirán.
Por ello, para muchos, vendrá un tercer chasco. Se nos exhorta: "No seáis como las vírgenes insensatas, que dan por sentado que las promesas del Señor les pertenecen, mientras no siguen las intimaciones de Cristo. Jesús nos enseña que la profesión de fe no vale nada. 'Si alguno quiere venir en pos de mí -dice él-, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame' (Mat. 16: 24). Cuando pasemos por la prueba refinadora de Dios, por su proceso purificador; cuando el fuego del crisol consuma la escoria y surja el oro fino de un carácter purificado, seguiremos diciendo, con Pablo: 'No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo... Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús' (Fil. 3: 12-14)". ¡Maranata: El Señor Viene! Pág. 52

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ayuno

Entre las muchas prácticas que se siguen en cualquier ámbito laboral, hay algunas que me parecen sin sentido, pues las hacemos simplemente por la ¿razón? de que "hay que hacerlas", "están allí" o que "figuran en la planificación".
Tendemos a elevar algunas actividades accesorias a una categoría casi de "santidad", convirtiéndolas en indispensables. Incluso en el terreno espiritual suele suceder idéntica cosa. Una de ellas es la costumbre de resolver todo por medio de largas y tediosas reuniones, en donde generalmente lo que se debate y ocupa la mayor parte del tiempo no es el punto central en discusión.
Entre los israelitas, el ayuno era una actividad tan meritoria, que se dedicaban días especiales a él y que, como suele pasar con lo establecido, terminaron siendo una costumbre más. De esta forma, se despojó al ayuno - y a la oración, su inseparable compañera -, de su carácter de experiencia personal profunda y sincera con Dios para convertirlo en una formalidad. El siguiente paso en la retorcida lógica humana consiste en condenar a quien no sigue esa práctica "establecida".
La pregunta que hicieron los adversarios de Cristo entra en dicha categoría: "Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán".Lucas 5:33-35
Cuando la experiencia de fe se vuelve programa, corre peligro de volverse simplemente un hábito, una cuestión de mérito, un punto más en la lista de tareas a realizar.
No estoy en contra de la institucionalización del ayuno o de cualquier otra práctica, que son necesarias. Lo que creo es que corremos peligro de olvidar aquello que se quiere lograr, cuando nos quedamos con las formas y dejamos de lado el contenido; en este caso la búsqueda de la aprobación del Señor.
Los hebreos repetidamente olvidaron esto y Dios les advirtió con fuertes palabras por medio del profeta Isaías:
"Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar". Isaías 58:1-12
Pero veamos el lado positivo de esta renovadora práctica.
En cada ocasión en que debemos tomar decisiones, enfrentar dificultades o arrostrar peligros, el ayuno nos puede dar valiosa ayuda, mientras buscamos con humildad y consagración la protección y la aprobación divina
El siguiente incidente bíblico se encuentra en la historia de Israel entre los que volvieron del cautiverio con Esdras. Es una muestra de que el ayuno es poderoso cuando va acompañado de la actitud correcta. Dios bendice a quienes siguen sus mandatos.
"Los reuní junto al río que viene a Ahava, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví. Entonces despaché a Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, hombres principales, asimismo a Joiarib y a Elnatán, hombres doctos; y los envié a Iddo, jefe en el lugar llamado Casifia, y puse en boca de ellos las palabras que habían de hablar a Iddo, y a sus hermanos los sirvientes del templo en el lugar llamado Casifia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios. Y nos trajeron según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un varón entendido, de los hijos de Mahli hijo de Leví, hijo de Israel; a Serebías con sus hijos y sus hermanos, dieciocho; a Hasabías, y con él a Jesaías de los hijos de Merari, a sus hermanos y a sus hijos, veinte; y de los sirvientes del templo, a quienes David con los príncipes puso para el ministerio de los levitas, doscientos veinte sirvientes del templo, todos los cuales fueron designados por sus nombres. Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio". Esdras 8:15-23
Aquí aparecen varios elementos destacables:
  1. Esdras no quiso seguir adelante sin los levitas que ministraran al Señor. De la misma manera, no deberíamos avanzar en ninguna empresa sin habernos asegurado primeramente el favor y la compañía de nuestro Padre.
  2. Publicó ayuno para "solicitar de él camino derecho para nosotros". Aquí la búsqueda de la dirección y protección de Dios son prioridad, se hacen de todo corazón.
  3. Puso el honor de Dios por encima de las lógicas previsiones de seguridad que otro hubiera tomado. Tuvo "vergüenza" de demostrar ante el rey falta de fe en el poder de Dios.
El resultado final fue la respuesta positiva del Señor a tan decidida confianza de sus siervos.
Clamemos también nosotros con ayuno y oración como el publicano de la parábola: "Dios, se propicio a mí pecador".

domingo, 30 de agosto de 2009

EL TERCER CHASCO

Como parte de nuestra historia adventista, oímos hablar del chasco de 1844, cuando un grupo de creyentes norteamericanos esperaba el regreso de Cristo para el 22 de octubre de ese año. Cuando la fecha pasó, miles vieron sus esperanzas hechas pedazos y lloraron sin parar. La mayoría abandonó su fe en el movimiento, pero algunos continuaron creyendo que la experiencia espiritual que habían tenido era verdadera y de origen celestial, solo que se habían equivocado al interpretar la profecía.
Es en este punto en el que se apoyan los detractores de la iglesia para burlarse, criticar o rechazar al adventismo como carente de verdad.
Pero, ¿quién está peor, el creyente sinceramente equivocado o el que se ríe de él?
Después de examinar la evidencia bíblica e histórica durante los últimos 30 años, así como escuchar las críticas a tan dramática experiencia vivida por los primeros adventistas, tengo algunas cosas en claro:
  • Tanto adventistas como detractores coinciden en que el hecho ocurrió en realidad. Es HISTORIA y no fábula.
  • La iglesia no hizo ningún intento de ocultar el asunto o disfrazarlo, como hace uno con un error que quiere tapar.
  • Los críticos del movimiento se caracterizan por manifestar un espíritu no cristiano; son ácidos, burlones, despreciativos, o tratan de rebajar el asunto a un simple aprovechamiento de la credulidad e ignorancia de otros.
  • La iglesia creció; no se diluyó como es de esperar de los que siguen una mentira (ver Hechos 5:38,39).
Concluyo (así como otros), que lo que sucedió en 1844 con nuestros pioneros fue dirigido por Dios y es análogo a la experiencia vivida por los doce discípulos que creían con sinceridad, aunque equivocadamente, en un reinado terrenal de Jesús en sus tiempos (ver Lucas 24:21) a pesar de las claras advertencias de Cristo.
Pero vieron chasqueadas sus esperanzas de gloria mundanal y en la cruz tuvieron que soportar una prueba abrumadora para su fe.
En ambos casos no falló el Señor sino las expectativas de los creyentes. Esto levanta algunas preguntas lógicas como estas:
  • ¿Por qué permitió Dios que los creyentes sinceros se equivocaran al respecto y no los corrigió?
  • ¿Puede levantarse la iglesia verdadera sobre un error de interpretación?
  • ¿Volverá a ocurrir un chasco similar?
En cuanto al primer interrogante, entiendo que sucedió en ambos casos para probar los corazones de los creyentes y separar de los fieles a los que no creían de verdad en el mensaje. La iglesia tiene que ser zarandeada para separar la paja del trigo. Además impulsó una sincera y ferviente búsqueda en las Escrituras para conocer en qué habían fallado.
"Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra de Dios no podía fallar; su interpretación de la profecía debía estar pues errada; ¿pero dónde estaba el error? ... Dios se propuso probar a su pueblo. Su mano cubrió el error cometido en el cálculo de los períodos proféticos. Los adventistas no descubrieron el error, ni fue descubierto tampoco por los más sabios de sus adversarios.... Pasó el tiempo de expectativa, y no apareció Cristo para libertar a su pueblo. Los que habían esperado a su Salvador con fe sincera, experimentaron un amargo desengaño. Sin embargo los designios de Dios se estaban cumpliendo: Dios estaba probando los corazones de los que profesaban estar esperando su aparición. Había muchos entre ellos que no habían sido movidos por un motivo más elevado que el miedo. Su profesión de fe no había mejorado sus corazones ni sus vidas. Cuando el acontecimiento esperado no se realizó, esas personas declararon que no estaban desengañadas; no habían creído nunca que Cristo vendría. Fueron de los primeros en ridiculizar el dolor de los verdaderos creyentes." El Conflicto de los Siglos pags. 373,403,410
Dentro del plan divino, que solo se maneja con el bien, la verdad y la justicia, sus propósitos son inmutables, pero los hombres son la variable inestable de la ecuación. La otra variable es la acción de Satanás con sus huestes de demonios que influyen sobre los hombres para echar a perder los propósitos de Dios. Entre estas tres voluntades se centra el conflicto entre el bien y el mal, con la buena noticia de que al final, Dios siempre lleva a cabo su voluntad de salvación y misericordia.
Hay, por otra parte, muchos ejemplos en la Biblia de personas elegidas por Dios que obraron contrariamente a sus designios. Va como ejemplo el caso de Sansón, que cometió error tras error, pero Dios los utilizó para salvación: "Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel". Jueces 14:4
Él no aprueba los errores de sus hijos, sino que les da libertad de elección al tiempo que obra con sabiduría infinita para hacer avanzar sus planes.
Finalmente, con alarmante frecuencia, mezclamos la clara revelación de los asuntos divinos con agradables teorías de invención propia que no nos permiten captar la expresa voluntad de Dios. Tal fue el caso de los discípulos y también el de los primeros adventistas.
Continuamos con el tema en otras entradas.

lunes, 24 de agosto de 2009

¿Olvidado? ¡Ni lo pienses!

Se olvidaron de que existo... ¿Habrá alguien que se interese en mí?... Nadie me tiene en cuenta... Me siento solo y abandonado por todos...
Frases que se escuchan con frecuencia en nuestro cada vez más solitario y atribulado mundo.
Muchos exclaman como el salmista: "Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido". Salmo 25:16
Al paso que aumenta vertiginosamente la población mundial y se multiplican los medios y formas de comunicarse que acortan distancias, el ser humano se siente cada vez más alienado, solitario y aislado de los demás.
El pecado no solo separó al hombre de Dios, también nos ha separado unos de otros hundiéndonos en una vertiginosa e inevitable espiral de egoísmo, orgullo, envidia, celos y mezquindades. Se desconfía del otro, al punto de que el prójimo ya no es prójimo sino competidor, adversario, antagonista.
Las relaciones que debieran dar estabilidad a la sociedad son como cuerdas de arena, que no pueden mantener unidas a las familias, las amistades, las instituciones o los gobiernos.
Nos separamos cada vez más en tribus, naciones, etnias, castas, o grupos sociales; también por la raza, sexo, color, status, religión, cultura, apariencia, preferencias políticas, deportes, hábitos, costumbres y por cualquier otra razón imaginable (o hasta por algunas inimaginables).
Felizmente, la encarnación, vida y sacrificio de Jesús nos proveyó una salida, que continúa vigente para todos los que echen mano de ella.
Él no nos olvidó.
Estamos esculpidos en las cicatrices de las palmas de sus manos. Nos tiene junto a su corazón, porque pagó un alto precio por cada uno de nosotros.
Tampoco quiere que nos olvidemos unos a otros. Espera de sus seguidores que manifiesten la misma actitud hacia los demás.
La siguiente cita vale mucho: "Pero el amor de Cristo no se limita a una clase. Se identifica con cada hijo de la humanidad. A fin de que pudiésemos llegar a ser miembros de la familia celestial, se hizo miembro de la familia terrenal. Es Hijo del hombre, y así hermano de cada hijo e hija de Adán. Sus seguidores no se han de sentir separados del mundo que perece en derredor suyo. Son una parte de la trama y urdimbre de la humanidad; y el Cielo los mira como hermanos de los pecadores tanto como de los santos. Los que han caído, los que yerran y los pecaminosos, son abarcados por el amor de Cristo; y cada buena acción hecha para elevar a un alma caída, cada acto de misericordia, son aceptados como hechos a él. Los ángeles del cielo son enviados para servir a los que han de heredar la salvación. No sabemos ahora quiénes son; aún no se ha manifestado quiénes han de vencer y compartir la herencia de los santos en luz; pero los ángeles del cielo están recorriendo la longitud y la anchura de la tierra, tratando de consolar a los afligidos, proteger a los que corren peligro, ganar los corazones de los hombres para Cristo. No se descuida ni se pasa por alto a nadie. Dios no hace acepción de personas, y tiene igual cuidado por todas las almas que creó". El Deseado de Todas las Gentes págs. 638,639
No eres pasado por alto para tu Salvador.
Alábale por esto.
Pero recuerda que su solicitud por nosotros nos obliga a manifestar la misma actitud hacia nuestros semejantes.
Debemos ser considerados con los demás, que luchan con dificultades y angustias como las nuestras, y aún peores, convirtiéndonos en columnas para los que se sienten olvidados de Dios y del mundo, a quienes sus penas están a punto de aplastar.
Debemos colaborar con los esfuerzos de los ángeles, sin detenernos a pensar a quienes estamos sirviendo, y si son dignos o no de nuestro servicio.
La Biblia aconseja a los esclavos, pero vale para todos: "estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar". 1 Pedro 2:18.
También dice al respecto: "no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador". Tito 2:10
¿Tu actitud hacia los demás adorna la doctrina que recibiste de Dios nuestro Salvador?

Por qué yo estoy seguro que Cristo viene

¿Por qué yo estoy seguro que Cristo viene?

Lo anuncia sacudido este mundo en agonía.
Lo pide con angustia la naturaleza exhausta.
Lo gritan por doquiera las señales de los cielos.
Lo evidencia el avance de las enfermedades.
Lo vemos asomar en las catástrofes y la violencia sin sentido.
Lo deseamos cada vez que recibimos otra noticia de muerte y dolor.
Lo anhelan el sufriente, el hambriento, el pobre y el sometido.
Lo pide clamando la angustia existencial de las muchedumbres.
Lo solicitan, sintiéndose morir o en retirada, el amor y la fe.
Lo pregona el descaro de los burladores que rechazan su venida.
Lo necesita desesperadamente su iglesia dormida.
Lo demanda la justicia postergada desde la sangre de Abel.
Los ángeles están impacientes por su retorno.
Los mundos no caídos se encuentran en solemne expectativa.
Lo desea fervientemente mi alma, no para mañana, sino hoy mismo.
Clama conmigo:
"Sálvanos, Jehová Dios nuestro,
Y recógenos de entre las naciones,
Para que alabemos tu santo nombre,
Para que nos gloriemos en tus alabanzas.
Bendito Jehová Dios de Israel,
Desde la eternidad y hasta la eternidad;
Y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya."

Salmos 106: 47,48

¡Ven Señor Jesús!