domingo, 30 de agosto de 2009

EL TERCER CHASCO

Como parte de nuestra historia adventista, oímos hablar del chasco de 1844, cuando un grupo de creyentes norteamericanos esperaba el regreso de Cristo para el 22 de octubre de ese año. Cuando la fecha pasó, miles vieron sus esperanzas hechas pedazos y lloraron sin parar. La mayoría abandonó su fe en el movimiento, pero algunos continuaron creyendo que la experiencia espiritual que habían tenido era verdadera y de origen celestial, solo que se habían equivocado al interpretar la profecía.
Es en este punto en el que se apoyan los detractores de la iglesia para burlarse, criticar o rechazar al adventismo como carente de verdad.
Pero, ¿quién está peor, el creyente sinceramente equivocado o el que se ríe de él?
Después de examinar la evidencia bíblica e histórica durante los últimos 30 años, así como escuchar las críticas a tan dramática experiencia vivida por los primeros adventistas, tengo algunas cosas en claro:
  • Tanto adventistas como detractores coinciden en que el hecho ocurrió en realidad. Es HISTORIA y no fábula.
  • La iglesia no hizo ningún intento de ocultar el asunto o disfrazarlo, como hace uno con un error que quiere tapar.
  • Los críticos del movimiento se caracterizan por manifestar un espíritu no cristiano; son ácidos, burlones, despreciativos, o tratan de rebajar el asunto a un simple aprovechamiento de la credulidad e ignorancia de otros.
  • La iglesia creció; no se diluyó como es de esperar de los que siguen una mentira (ver Hechos 5:38,39).
Concluyo (así como otros), que lo que sucedió en 1844 con nuestros pioneros fue dirigido por Dios y es análogo a la experiencia vivida por los doce discípulos que creían con sinceridad, aunque equivocadamente, en un reinado terrenal de Jesús en sus tiempos (ver Lucas 24:21) a pesar de las claras advertencias de Cristo.
Pero vieron chasqueadas sus esperanzas de gloria mundanal y en la cruz tuvieron que soportar una prueba abrumadora para su fe.
En ambos casos no falló el Señor sino las expectativas de los creyentes. Esto levanta algunas preguntas lógicas como estas:
  • ¿Por qué permitió Dios que los creyentes sinceros se equivocaran al respecto y no los corrigió?
  • ¿Puede levantarse la iglesia verdadera sobre un error de interpretación?
  • ¿Volverá a ocurrir un chasco similar?
En cuanto al primer interrogante, entiendo que sucedió en ambos casos para probar los corazones de los creyentes y separar de los fieles a los que no creían de verdad en el mensaje. La iglesia tiene que ser zarandeada para separar la paja del trigo. Además impulsó una sincera y ferviente búsqueda en las Escrituras para conocer en qué habían fallado.
"Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra de Dios no podía fallar; su interpretación de la profecía debía estar pues errada; ¿pero dónde estaba el error? ... Dios se propuso probar a su pueblo. Su mano cubrió el error cometido en el cálculo de los períodos proféticos. Los adventistas no descubrieron el error, ni fue descubierto tampoco por los más sabios de sus adversarios.... Pasó el tiempo de expectativa, y no apareció Cristo para libertar a su pueblo. Los que habían esperado a su Salvador con fe sincera, experimentaron un amargo desengaño. Sin embargo los designios de Dios se estaban cumpliendo: Dios estaba probando los corazones de los que profesaban estar esperando su aparición. Había muchos entre ellos que no habían sido movidos por un motivo más elevado que el miedo. Su profesión de fe no había mejorado sus corazones ni sus vidas. Cuando el acontecimiento esperado no se realizó, esas personas declararon que no estaban desengañadas; no habían creído nunca que Cristo vendría. Fueron de los primeros en ridiculizar el dolor de los verdaderos creyentes." El Conflicto de los Siglos pags. 373,403,410
Dentro del plan divino, que solo se maneja con el bien, la verdad y la justicia, sus propósitos son inmutables, pero los hombres son la variable inestable de la ecuación. La otra variable es la acción de Satanás con sus huestes de demonios que influyen sobre los hombres para echar a perder los propósitos de Dios. Entre estas tres voluntades se centra el conflicto entre el bien y el mal, con la buena noticia de que al final, Dios siempre lleva a cabo su voluntad de salvación y misericordia.
Hay, por otra parte, muchos ejemplos en la Biblia de personas elegidas por Dios que obraron contrariamente a sus designios. Va como ejemplo el caso de Sansón, que cometió error tras error, pero Dios los utilizó para salvación: "Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel". Jueces 14:4
Él no aprueba los errores de sus hijos, sino que les da libertad de elección al tiempo que obra con sabiduría infinita para hacer avanzar sus planes.
Finalmente, con alarmante frecuencia, mezclamos la clara revelación de los asuntos divinos con agradables teorías de invención propia que no nos permiten captar la expresa voluntad de Dios. Tal fue el caso de los discípulos y también el de los primeros adventistas.
Continuamos con el tema en otras entradas.

lunes, 24 de agosto de 2009

¿Olvidado? ¡Ni lo pienses!

Se olvidaron de que existo... ¿Habrá alguien que se interese en mí?... Nadie me tiene en cuenta... Me siento solo y abandonado por todos...
Frases que se escuchan con frecuencia en nuestro cada vez más solitario y atribulado mundo.
Muchos exclaman como el salmista: "Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido". Salmo 25:16
Al paso que aumenta vertiginosamente la población mundial y se multiplican los medios y formas de comunicarse que acortan distancias, el ser humano se siente cada vez más alienado, solitario y aislado de los demás.
El pecado no solo separó al hombre de Dios, también nos ha separado unos de otros hundiéndonos en una vertiginosa e inevitable espiral de egoísmo, orgullo, envidia, celos y mezquindades. Se desconfía del otro, al punto de que el prójimo ya no es prójimo sino competidor, adversario, antagonista.
Las relaciones que debieran dar estabilidad a la sociedad son como cuerdas de arena, que no pueden mantener unidas a las familias, las amistades, las instituciones o los gobiernos.
Nos separamos cada vez más en tribus, naciones, etnias, castas, o grupos sociales; también por la raza, sexo, color, status, religión, cultura, apariencia, preferencias políticas, deportes, hábitos, costumbres y por cualquier otra razón imaginable (o hasta por algunas inimaginables).
Felizmente, la encarnación, vida y sacrificio de Jesús nos proveyó una salida, que continúa vigente para todos los que echen mano de ella.
Él no nos olvidó.
Estamos esculpidos en las cicatrices de las palmas de sus manos. Nos tiene junto a su corazón, porque pagó un alto precio por cada uno de nosotros.
Tampoco quiere que nos olvidemos unos a otros. Espera de sus seguidores que manifiesten la misma actitud hacia los demás.
La siguiente cita vale mucho: "Pero el amor de Cristo no se limita a una clase. Se identifica con cada hijo de la humanidad. A fin de que pudiésemos llegar a ser miembros de la familia celestial, se hizo miembro de la familia terrenal. Es Hijo del hombre, y así hermano de cada hijo e hija de Adán. Sus seguidores no se han de sentir separados del mundo que perece en derredor suyo. Son una parte de la trama y urdimbre de la humanidad; y el Cielo los mira como hermanos de los pecadores tanto como de los santos. Los que han caído, los que yerran y los pecaminosos, son abarcados por el amor de Cristo; y cada buena acción hecha para elevar a un alma caída, cada acto de misericordia, son aceptados como hechos a él. Los ángeles del cielo son enviados para servir a los que han de heredar la salvación. No sabemos ahora quiénes son; aún no se ha manifestado quiénes han de vencer y compartir la herencia de los santos en luz; pero los ángeles del cielo están recorriendo la longitud y la anchura de la tierra, tratando de consolar a los afligidos, proteger a los que corren peligro, ganar los corazones de los hombres para Cristo. No se descuida ni se pasa por alto a nadie. Dios no hace acepción de personas, y tiene igual cuidado por todas las almas que creó". El Deseado de Todas las Gentes págs. 638,639
No eres pasado por alto para tu Salvador.
Alábale por esto.
Pero recuerda que su solicitud por nosotros nos obliga a manifestar la misma actitud hacia nuestros semejantes.
Debemos ser considerados con los demás, que luchan con dificultades y angustias como las nuestras, y aún peores, convirtiéndonos en columnas para los que se sienten olvidados de Dios y del mundo, a quienes sus penas están a punto de aplastar.
Debemos colaborar con los esfuerzos de los ángeles, sin detenernos a pensar a quienes estamos sirviendo, y si son dignos o no de nuestro servicio.
La Biblia aconseja a los esclavos, pero vale para todos: "estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar". 1 Pedro 2:18.
También dice al respecto: "no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador". Tito 2:10
¿Tu actitud hacia los demás adorna la doctrina que recibiste de Dios nuestro Salvador?

Por qué yo estoy seguro que Cristo viene

¿Por qué yo estoy seguro que Cristo viene?

Lo anuncia sacudido este mundo en agonía.
Lo pide con angustia la naturaleza exhausta.
Lo gritan por doquiera las señales de los cielos.
Lo evidencia el avance de las enfermedades.
Lo vemos asomar en las catástrofes y la violencia sin sentido.
Lo deseamos cada vez que recibimos otra noticia de muerte y dolor.
Lo anhelan el sufriente, el hambriento, el pobre y el sometido.
Lo pide clamando la angustia existencial de las muchedumbres.
Lo solicitan, sintiéndose morir o en retirada, el amor y la fe.
Lo pregona el descaro de los burladores que rechazan su venida.
Lo necesita desesperadamente su iglesia dormida.
Lo demanda la justicia postergada desde la sangre de Abel.
Los ángeles están impacientes por su retorno.
Los mundos no caídos se encuentran en solemne expectativa.
Lo desea fervientemente mi alma, no para mañana, sino hoy mismo.
Clama conmigo:
"Sálvanos, Jehová Dios nuestro,
Y recógenos de entre las naciones,
Para que alabemos tu santo nombre,
Para que nos gloriemos en tus alabanzas.
Bendito Jehová Dios de Israel,
Desde la eternidad y hasta la eternidad;
Y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya."

Salmos 106: 47,48

¡Ven Señor Jesús!

PARÁBOLA LABORAL

El reino de los cielos es semejante a un Gerente que salió por la mañana a contratar empleados para su empresa. Les prometió grandes beneficios, bonificaciones especiales, vacaciones pagas y un maravilloso plan de retiro.
Habiendo convenido con ellos los detalles los envió a su empresa a trabajar y salió a realizar algunas gestiones.
Pero ellos sin hacer caso se ocuparon cada uno en sus propios asuntos...
Un buen número de ellos comenzó a faltar sin previo aviso y sin justificación.
Unos llegaban siempre tarde, cualquiera sea su horario de trabajo.
Otros entraban, firmaban la tarjeta y se dedicaban a conversar en los pasillos, dejando que el trabajo se acumulara.
Un selecto grupo se dedicaba a supervisar el trabajo ajeno y a criticarlo abiertamente (dejando también sin hacer el suyo propio).
Peor todavía, determinados empleados comenzaron a criticar duramente al dueño y a su empresa.
Los restantes aparentaban estar muy ocupados, pero procuraban realizar lo menos posible, con la mirada fija en el reloj.
Los pocos que trabajaban se encontraban recargados por la negligencia de los demás.
Muchos se preguntaban si en verdad valía la pena el trabajo que estaban haciendo.
Todos, absolutamente todos, comentaban de lo difícil que era trabajar en esa empresa y varios hacían en secreto planes de buscar otro trabajo más fácil.

Para aplicar a la iglesia:
Pregunta Nº 1: Cuando venga, pues, el Gerente, ¿qué hará con estos empleados?

Pregunta Nº 2: Si ya contestó la primera, esta es aún más importante ¿Qué deben hacer los empleados?

lunes, 17 de agosto de 2009

LAS DOS MARÍAS

"Estaban junto a la cruz de Jesús su madre... y María Magdalena". Juan 19:25
Al pie de la cruz se encontraron dos mujeres muy distintas, de vidas y caracteres contrastantes
¿Quiénes eran ellas?¿Qué las había reunido allí?
La primera de estas singulares mujeres era la bienaventurada virgen María, que constituye para todos los creyentes un verdadero ejemplo de santidad y pureza, la elegida de Dios para ser la madre del Salvador. La segunda era una mujer despreciada por la sociedad, caída en el pecado y vapuleada por Satanás. No obstante, a pesar de sus diferencias, ambas fueron grandemente privilegiadas por nuestro Señor Jesús.
Veamos en primer lugar el caso de la madre de Jesús:
"Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres". Lucas 1:26-28
No hubo ni habrá nadie que pueda igualarse a la jovencita de Nazaret en cuanto al singular privilegio recibido por ésta. Llegó a ser un caso único en el universo, pues siendo humana, mortal y limitada, llevó al Dios Encarnado en su vientre.
No se trata aquí de ponerla al nivel de la divinidad. Ni ella ni ninguno de los personajes de la Biblia se adjudicaron jamás el honor de ser adorados o de recibir la honra que sólo Dios merece. Pero aunque era pequeña en su propia opinión y ella misma necesitaba un Salvador,(cf. Lucas 1:47), fue elegida por el Padre y cubierta por el Espíritu Santo. No fue una elección descuidada o azarosa la que realizó la Divinidad. María fue llamada bendita, favorecida y bienaventurada, no por los hombres sino por Dios mismo.
¡Increíble amor del Señor que honra así al débil ser humano!
Tuvo que ser especial para educar a Cristo, soportar con él la carga de incomprensión, hostilidad y desprecio que éste llevaría durante toda su existencia terrenal y afrontar la terrible prueba de fe, -que como espada traspasaría su alma,- que significó su crucifixión.
La otra María, la Magdalena, entra en la historia de Jesús por vías completamente diferentes.
No fue alguien elegida por su pureza o su entrega incondicional al servicio del Señor. La suya fue una vida cuesta abajo en cualquiera de los sentidos posibles hasta que se encontró con Cristo.
"Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios". Marcos 16:9
Siempre me llamó la atención la mención de los siete demonios. ¿O sea que Jesús, en poco más de tres años de ministerio, tuvo que rescatarla siete veces de las garras de Satanás? Eso sería algo así como "endemoniarse" dos veces por año.
Cualquiera de nosotros se hubiera dado por vencido a la segunda o tercera vez que esto sucediera. No estamos dispuestos fácilmente los hombres a conceder tantas oportunidades al pecador, ni los pecadores a persistir en su búsqueda tras tantos fracasos. Escasos son, si hay algunos, que estén dispuestos a enfrentarse a la humillación, a la condena social y a las miradas reprobatorias de los "santos" que abundan en todas partes que parecen decir: "para qué molestarse contigo..."
Pero la Magdalena fue honrada precisamente por perseverar en buscar al Salvador a pesar de tantos y tan sonados fracasos a lo largo del camino. Su fe creció, no en la victoria, sino en la derrota, al ver el constante amor y la invariable aceptación que Cristo le mostraba. Su corazón se quebrantaba y se rendía ante la misericordia del Redentor, que le daba nuevas oportunidades en cada encuentro.
Elena de White identifica a esta singular dama con María de Betania, lo que agrega nuevas dimensiones a su figura.
Comenta lo siguiente: "Cuando a la vista humana su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vio los rasgos mejores de su carácter. El plan de la redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades, y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado". El Deseado de Todas las Gentes pag.568
¡Otra maravilla de la gracia divina!
María de Nazaret tuvo el privilegio de ser la madre del Señor y de verlo nacer. María Magdalena tuvo el privilegio de ungirlo para la sepultura y de ser la primera en verlo resucitado. Una calificada en las Escrituras como bienaventurada, la otra como pecadora. Ambas objeto del mismo maravilloso experimento de la gracia de Dios que se manifiesta "para salvación a todos los hombres" (Tito 2:11)
No importa entonces si nosotros nos tildamos de "santos" o de "pecadores" o si los demás lo hacen. Lo que verdaderamente importa es lo que Jesús puede hacer con quienes lo buscan.
¿Cuál es tu caso?
Ya sea que nuestra vida sea la de un cristiano "normal" o que hayamos fracasado más veces de las que triunfamos, estas mujeres ejemplares nos muestran que cuando nos sometemos al poder divino y experimentamos su gracia, llegamos a ser también enormemente privilegiados. El Salvador nos ve como podemos llegar a ser. Nota los mejores rasgos de nuestro carácter. Nos hace participantes de la naturaleza divina. Llegamos a ser hijos de Dios con pleno derecho a la redención y a la vida eterna.
¿Las posibilidades de Dios se realizarán en tu vida?