sábado, 17 de marzo de 2012

CUANDO LLEGARÁ ESE DÍA



Cuando llegará ese día, Señor
Cuando llegará ese día.

Cuando estemos en tu reino, Señor
Y nos des la eterna vida

Aguardamos tu venida, Señor
Aguardamos tu venida.


Norma Isabel Ramirez de Grossklaus

viernes, 16 de marzo de 2012

EXPERTOS EN JESÚS


“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. 1ª Corintios 2:1,2
De cuando daba mis primeros pasos en la fe cristiana, recuerdo a un muchacho de mi edad, que decía que las hijas del pastor eran “expertas en oraciones”. Siendo tan novato como yo, había quedado impresionado que dos niñitas oraran con tanta seguridad y fervor.
Conocí también a personas que tenían un admirable conocimiento de la Biblia y de los asuntos de la iglesia; pero pocas veces me topé con verdaderos “expertos” en Cristo; personas que en todas las facetas de su ser reflejaran al Señor.
Existen muchísimos licenciados en teología, otros con Master, con doctorados, y así para arriba... Pueden haber personas muy calificadas en casi cada rama del saber eclesiástico: idiomas bíblicos, eclesiología, escatología, cristología y otras logías varias; pero un título no habilita a nadie como cristiano. Esta es una tesis que no necesito defender; la historia y los hechos lo avalan.
Entonces, ¿qué lo hace a uno experto en Jesús?
De los discípulos se relata: “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”. Hechos 11:26
Los llamaron así puesto que su tema de conversación era -una y otra vez-, nuestro Señor Jesucristo. Su vida, sus enseñanzas, sus milagros, su resurrección, su amor, su perdón libremente ofrecido, y por sobre todo, la promesa de su regreso, eran su recurrente tema. Deberían ser también el tema de supremo interés de quienes nos apellidamos de su nombre.
Como Pablo lo afirma en el versículo de cabecera, deberíamos subordinar todos nuestros intereses a Jesucristo y a este crucificado.
Tampoco basta con hablar de Jesús para ser cristianos. No alcanza con el solo conocimiento del amor de Dios manifestado en el don de su Hijo. En realidad, nunca podremos alcanzar a comprender plenamente este majestuoso tema.
“El amor de Cristo constituye nuestro cielo. Pero cuando procuramos hablar de este amor, el lenguaje nos falta. Pensamos en su vida sobre la tierra, en su sacrificio por nosotros; pensamos en su obra en los cielos como nuestro abogado, en las mansiones que está preparando para los que le aman; y no podemos menos que exclamar: “¡Qué altura y qué profundidad del amor de Cristo!” Al detenernos al pie de la cruz captamos una leve idea del amor de Dios, y decimos: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. 1 Juan 4:10.
Pero al contemplar a Jesús apenas estamos tocando el borde de un amor que es inmensurable. Su amor es como un vasto océano, sin fondo ni orillas”. The Review and Herald, 6 de mayo de 1902.
Es necesaria una experiencia de comunión diaria y constante con él. Tener una conexión viva y permanente con Cristo es lo que nos habilitará para ser idóneos y expertos en el Salvador.
Si bien la relación con Jesús está basada en su gracia -a la que nada podemos agregar ni quitar-, hay cuatro aspectos que resultan fundamentales en ella:
  • El estudio de las Sagradas Escrituras. Aunque el conocimiento no habilita, la falta de él ¡mucho menos! Un experto es aquel que “procura con diligencia presentar[se] a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. 2ª Timoteo 2:14
  • La oración se constituye al mismo tiempo en lugar de refugio y fuente de fortaleza para el creyente. De rodillas ante el Eterno recibimos todo lo necesario para enfrentar cada conflicto, cada tentación y cada necesidad.
  • La meditación. Es el arte de apropiarnos de los pensamientos de Dios. Es mantener en nuestra mente lo que hemos leído, escuchado o experimentado acerca de nuestro Señor. De esta forma, sus pensamientos llegan a ser los nuestros, sus intereses llegan a ser nuestros intereses y sus deseos se hacen nuestros; así es como llegamos a tener la mente de Cristo.
  • El testimonio. Si no tenemos nada que contar, es porque no hemos estado con Jesús. El resultado natural de la comunión será la comunicación. Al mismo tiempo, cuando hablamos a otros del gran motivo de nuestros afectos, estos crecerán y se afirmarán más y más en Cristo.
Dios necesita expertos ¿Quieres ser uno?

domingo, 11 de marzo de 2012

MAESTROS CIRUELA


 

“Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos... Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”. Mateo 23:8 y 10
Un antiguo dicho español reza: “El maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela”.
Se refiere a quien, no teniendo conocimientos suficientes -o quizá ninguno-, de una materia, se arroga la potestad de impartir enseñanzas sobre ella.
Y si esa actitud es dañina en el área educativa, en los dominios de la salud o en los medios de difusión, es tanto más catastrófica en el ámbito espiritual.
Hoy en día hay muchos “Maestros Ciruela” dando vueltas por la iglesia. De ellos puede decirse con propiedad que “tocan de oído”.
Presentan como importantes asuntos secundarios, pero que resultan atrayentes por oscuros y misteriosos. Se especializan en hablar de sociedades secretas y movimientos ocultos, que solo ellos advierten y los demás no. Denuncian el pecado, sin amar al pecador; exponen la apostasía, pero no el remedio para ella; condenan el mal, pero no dirigen las mentes hacia Aquel que puede librarnos, sino hacia ellos mismos.
Es que esa es su característica primordial; buscan provecho personal, llamando la atención hacia sí mismos y no hacia el Salvador.
Ya en los tiempos apostólicos, se hablaba de que “hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores... que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene”. Tito 1:10,11
Y también Pablo profetiza diciendo que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. 2 Timoteo 4:3
Es que la gente busca oír lo que quiere oír; se halla dispuesta a escuchar cualquier mentira con tal que sea agradable. Esto también es válido para muchos cristianos.
Sucede con los que quieren escuchar todo el tiempo algo novedoso y espectacular, que no se desarrollan adecuadamente. La Biblia afirma con tristeza de ellos: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. Hebreos 5:12
Este tipo de cuestiones sensacionalistas detiene el crecimiento espiritual, pues la mente se espacia en temas pequeños y pierde la capacidad de sondear los temas infinitos del amor de Cristo, la misericordia de Dios, su gracia redentora, la operación del Espíritu Santo en la restauración del alma, Su abarcante plan para salvarnos y restituirnos a la comunión de los seres celestiales; verdades que son pilares de nuestra fe. Estos  temas constituirán el estudio de los redimidos por la eternidad.  
Sin embargo, a muchos que no están verdaderamente preparados les encanta enseñar. Sin entender las cuestiones básicas de la fe, se lanzan a esparcir lo que consideran maravillosos conocimientos, que no son sino elementos de distracción proporcionados por el enemigo de las almas.
Se nos advierte acerca de esta actitud de “Maestros Ciruela” como de algo muy peligroso para nuestra vida espiritual: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. Santiago 3:1
No hallaremos provecho en sondear incesantemente las noticias en busca de sucesos extraordinarios que prueben esas minucias; tampoco nos aprovechará sentir temor o aprensión por causa de las diabólicas organizaciones que nos rodean.
La realidad, aunque invisible a los ojos, bien puede ser captada por nuestra razón. Tenemos un enemigo formidable que ha arrastrado a casi toda la humanidad por el camino de la perdición. La mayor parte de los que pueblan este planeta se halla bajo su dominio y son títeres de sus sofismas. Satanás es sumamente astuto para desviar nuestras mentes, haciendo que perdamos de vista lo esencial. Otra realidad -mucho mejor y más gloriosa-, es que el Diablo es un enemigo vencido. Jesús lo derrotó por completo en la cruz y aún vive para interceder por nosotros.
¿Cómo debemos hacer para evitar caer en el engaño de ser falsos maestros?
Necesitamos humillarnos ante Dios; colocarnos como alumnos en su escuela. Debemos sentarnos, como María de Betania, a los pies de Jesús con ánimo de ser enseñados; así escogeremos la mejor parte, que no nos será quitada.
Muchos corren de aquí para allá tratando de enseñar cosas que no comprenden en profundidad. A todos ellos les vendría mejor callarse y aprender de Uno que es nuestro Maestro; los demás somos todos hermanos y alumnos de una escuela que nunca cerrará.
Pero, no olvidemos que la gran comisión de Jesús nos llama a enseñar las verdades para este tiempo. Tenemos que ser maestros. Solo que la habilitación que el cielo da es del todo diferente. No depende de tener un conjunto de conocimientos, sino de tener algo que contar.
Las Escrituras cuentan de dos endemoniados que el Señor sanó en la región de Gadara. Estos hombres habían estado bajo el poder de Satanás por mucho tiempo, y su liberación fue milagrosa. Ellos quisieron quedarse con Cristo para aprender de él, pero ese privilegio les fue negado. Ya estaban listos para ser maestros ¿Qué enseñarían?
“Tan pronto como Jesús les señaló su deber, estuvieron listos para obedecer. No sólo hablaron de Jesús a sus familias y vecinos, sino que fueron por toda Decápolis, declarando por doquiera su poder salvador... Al hacer esta obra, podían recibir una bendición mayor que si, con el único fin de beneficiarse a sí mismos, hubieran permanecido en su presencia. Es trabajando en la difusión de las buenas nuevas de la salvación, como somos acercados al Salvador... No podían instruir a la gente como los discípulos que habían estado diariamente con Jesús. Pero llevaban en su persona la evidencia de que Jesús era el Mesías. Podían contar lo que sabían; lo que ellos mismos habían visto y oído y sentido del poder de Cristo”. El Deseado de Todas las Gentes, 304-307
Si en tu vida son patentes las evidencias de su gracia, del poder y la influencia santificadora del Espíritu, de gozo y paz rebosantes, que llevan a testificar con alegría, entonces estás listo para ser maestro.
¿Tienes hoy algo para enseñar al mundo?

miércoles, 7 de marzo de 2012

VENCER LA TENTACIÓN

“Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. Mateo 4:7.
En el desierto de la tentación Cristo se vio frente a las grandes y principales tentaciones que asaltan a los seres humanos. Allí se encontró, a solas, con el enemigo artero y sutil, y lo venció. La primera gran tentación tenía que ver con el apetito; la segunda, con la presunción; la tercera, con el amor al mundo. Satanás ha vencido a millones tentándolos a complacer el apetito. Mediante la gratificación del gusto, el sistema nervioso se altera y se debilita la fuerza del cerebro, haciendo imposible el pensamiento tranquilo y racional. La mente se desequilibra. Sus facultades más elevadas y nobles se pervierten para servir a la pasión animal, y no se toman en cuenta los intereses sagrados y eternos. Cuando Satanás ha logrado este objetivo, entonces puede acercarse con sus otras dos tentaciones principales y hallar cabida fácil. Sus múltiples tentaciones se derivan de estos tres grandes puntos principales. La presunción es una tentación común, y cuando Satanás asalta a los seres humanos con ella obtiene la victoria nueve veces de cada diez. Los que profesanser seguidores de Cristo y por su fe aseguran estar enrolados en la guerra contra todo lo que es de naturaleza pecaminosa, frecuentemente se sumergen sin pensarlo en tentaciones de las cuales se requeriría un milagro para sacarlos sin mancha. La meditación y la oración los habría preservado e inducido a evitar la posición crítica y peligrosa en la cual se colocaron al concederle a Satanás una ventaja sobre ellos. Las promesas de Dios no son para que las reclamemos irreflexivamente mientras nos apresuramos temerariamente a entrar en el peligro, violando las leyes de la naturaleza y descuidando la prudencia y el juicio con que Dios nos ha dotado. Esta clase de presunción es la más flagrante de todas.        
A Cristo le fueron ofrecidos los tronos y los reinos del mundo y la gloria de ellos, si tan sólo se postraba para adorar a Satanás. Los seres humanos nunca serán probados con tentaciones tan poderosas como las que asediaron a Cristo. Satanás se acercó con honores mundanales, riquezas y los placeres de esta vida, y se los presentó bajo la luz más atractiva con el fin de atraerlo y engañarlo. “Todo esto te daré—le dijo a Cristo—, si postrado me adorares”. Mateo 4:9. Cristo rechazó a su artero enemigo y salió victorioso... El ejemplo de Cristo se halla delante de nosotros. El venció a Satanás, y nos mostró cómo nosotros también podemos vencerlo. Cristo resistió a Satanás con las Escrituras. Podría haber echado mano de su propio poder divino, y hacer uso de sus propias palabras; pero dijo: “Escrito está”... Si las Sagradas Escrituras fueran estudiadas y obedecidas, los cristianos serían fortalecidos para enfrentar a su astuto enemigo...
Cuando la religión de Cristo gobierna el corazón, la conciencia la aprueba, y la paz y la felicidad reinan; se puede estar rodeado de perplejidades y problemas, pero hay luz en el alma. La sumisión, el amor y la gratitud hacia Dios mantienen la luz del sol en el corazón, aunque el día pueda verse completamente nublado.
Extraído del libro Exaltad a Jesús pag. 74

viernes, 2 de marzo de 2012

LA RESURRECCIÓN, PRUEBA DE FE

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibieron, en el cual también perseveran; por el cual asimismo, si retienen la palabra que os he predicado, son salvos, si no creyeron en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. 1ª Corintios 15:1-4
La resurreción de los muertos es un tema inagotable y a la vez misterioso para nosotros, incapacitados -tal como estamos- de ver más allá de la muerte. 
Nos vendría bien un poco de estudio, para el cual he seguido, en líneas generales, el desarrollo que hace el Comentario Bíblico Adventista. Agrego aquí algunas citas que me impactaron y mis propios pensamientos sobre los mismos. Me gustaría recibir sus comentarios y sugerencias en relación a esta maravillosa doctrina de las Escrituras.
El capítulo 15 de 1ª Corintios es sin dudas “el” capítulo de la resurrección. El argumento que  Pablo sigue aquí sobre la resurrección se divide en cuatro tópicos:
  1. La prueba de que hay resurrección (vers. 1-34)
El apóstol, escribiendo a los corintios, enumera cuatro hechos que les había transmitido, los cuales presenta como prueba de la resurrección:
(a) Cristo murió por nuestros pecados
(b) Cristo fue sepultado
(c) Cristo fue resucitado
(d) Cristo apareció a los creyentes
Los dos sucesos iniciales eran públicamente notorios, nadie dudaba de su muerte y sepultura.  Del tercero había un buen número de testigos oculares, tanto creyentes como no creyentes. Finalmente, Cristo mismo se presentó ante más de quinientos discípulos en Galilea. Tal era la certeza que tenían del acontecimiento, que estaban dispuestos a morir por predicarlo.
Jesús es comparado aquí con “las primicias” (vs. 20). Dios les había indicado que presentaran la primera gavilla de la cosecha de cebada al sacerdote, quien la mecía ante el Señor como anticipo de la cosecha completa que seguiría. La gavilla mecida simbolizaba a Cristo como las "primicias" de la gran cosecha que ocurrirá cuando los justos muertos sean resucitados.
La cena pascual se comía el 14 de Nisán  y el 16 (dos días después) era el día en que se ofrecían las primicias. Notablemente, Cristo resucitó el mismo día cuando la gavilla mecida era presentada en el templo.
  1. La naturaleza de los cuerpos de los que serán resucitados (vers. 35-50)
El asunto siguiente es por todos, el más enigmático: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?... Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual” 1ª Corintios 15:35, 42-44
¿Cómo sería esto? Es tan imposible de explicar cómo la creación o la encarnación. Son todos asuntos que se deben aceptar por fe y no tratar de ir más allá de lo que está escrito.
Las analogías presentadas, sin embargo, dejan en claro que nuestros cuerpos luego de la resurrección serán completamente diferentes. Tendremos cuerpos perfectos e inmortales, con capacidades más allá de nuestra comprensión. Tendremos acceso al árbol de la vida y seguiremos creciendo hasta alcanzar la estatura de Adán. No habrá limitaciones ni ataduras de ningún tipo para los redimidos. No obstante, lo que sucederá a nuestros cuerpos no sucederá con nuestro carácter. Allí no habrá transformación milagrosa.
Notemos lo que se dice al respecto: “Si queréis ser santos en el cielo, primero debéis serlo en la tierra. Los rasgos de carácter que acariciáis en esta vida no cambiarán en virtud de la muerte o de la resurrección. Saldréis de la tumba con la misma disposición que manifestasteis en vuestro hogar y en la sociedad. Jesús no cambia el carácter en su venida. La obra de transformación debe hacerse ahora. Nuestra vida diaria determina nuestro destino. Debemos arrepentirnos de nuestros defectos de carácter y vencerlos mediante la gracia de Cristo, y debe formarse un carácter simétrico mientras estamos en este período de prueba, a fin de que seamos idóneos para las mansiones de arriba”.—Manuscript Releases 13:82 (1891).
  1. Que sucederá con los que estén vivos en la segunda venida de Cristo (vers. 51-54)
Lo que sigue es gloriosamente cierto, un verdadero aliciente para nuestra débil fe:
“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (vers. 51-55).
Todo rastro del pecado y de sus consecuencias desaparecerá. Toda deformidad, fealdad, decrepitud o fealdad serán transformadas en belleza que no se marchitará. La muerte, el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y las lágrimas de tristeza, serán desconocidas en el cielo
¡Alabemos al Señor por tan extraordinarias promesas!
  1. Las consecuencias de esta doctrina (vers. 55-58).
La oposición a la ley divina ha sido la causa de la introducción del mal en el universo. Pronto su poder sobre los seres creados llegará a su fin. Esto fue asegurado por la cruz y sellado por la resurrección de nuestro Salvador. Satanás está derrotado y pronto la victoria nos pertenecerá, “ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.  Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (vers. 56, 57).
¿Cómo será vivir sin pecado y sin muerte? ¿No es este un motivo más que suficiente para alabar a nuestro maravilloso y amante Señor?
“Si la recompensa prometida... no nos induce a dar la bienvenida a mayores privaciones y a soportar una abnegación más grande que las que soportan alegremente hombres mundanos que están procurando solamente una medalla terrenal, un laurel perecedero... somos indignos de la vida eterna. En el fervor y en la intensidad de nuestro celo, en la perseverancia, el valor, la energía, la abnegación y el sacrificio, deberíamos por lo menos sobrepasar a los que están dedicados a cualquier otra empresa, ya que el objetivo que estamos tratando de alcanzar es de un valor más elevado que el de ellos. El tesoro que estamos procurando es imperecedero, eterno, inmortal, sobremanera glorioso; mientras que el que procura el mundano dura sólo un día; se desvanece, perece y es tan efímero como la nube matutina”. Testimonios para la Iglesia tomo 2 pag. 43
Imperecedero, eterno, inmortal, glorioso... Se agotan los adjetivos para describir lo magnífico de alcanzar la resurrección, sin siquiera arañar la superficie de tan hermosa verdad. 
Teniendo tan grandes promesas, redoblemos nuestros esfuerzos en pos de hallar vida e inmortalidad.