sábado, 18 de febrero de 2012

¿ENTIENDES LO QUE LEES?

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él” Hechos 8:30,31.
Recuerdo a dos hermanos que asistían a la misma iglesia que yo. Se sentaban al frente en la hora del sermón para reírse de cierto predicador que hablaba un mal castellano mezclado con guaraní. Estos amigos míos tenían predilección por burlarse de él y solían contar las veces que se equivocaba al decir algo. Demás está decir que no prestaban la más mínima atención al mensaje del predicador.
No los puedo culpar, porque todos tenemos esa tendencia negativa a prestar atención a los detalles dejando de lado el mensaje central.
Es un error muy extendido, entre quienes nos llamamos cristianos, desmenuzar textos bíblicos para enfatizar una pequeña parte, y despreciando al mismo tiempo la enseñanza central de ese pasaje.
¿Cómo saldrías tú, si se te preguntara “entiendes lo que lees”?
La parábola del rico y Lázaro es un claro ejemplo del mal uso de las Escrituras. Se la ha utilizado hasta el cansancio para sostener cosas que el resto de la Biblia niega en forma rotunda y se ha comprendido mal su texto.
Veamos primero que dice: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”. Lucas 16:19-31
Las parábolas son narraciones que contienen elementos simbólicos, en ellas lo importante no son los detalles sino la enseñanza central, por lo cual no sirven para sentar doctrina.
Un principio muy importante de interpretación bíblica al respecto, es que cada parábola fue narrada para enseñar una verdad fundamental, y sus pormenores están allí para darle forma al relato. Es decir, que los detalles de una parábola no necesariamente tienen un significado literal, a menos que el contexto deje en claro que ese significado es parte integral de la intención original.
1- Lo que no intenta enseñar esta parábola:
  • No es su intención explicar el estado de los muertos.
  • No es una descripción del cielo y el infierno.
  • Tampoco intenta presentar un sistema de justificación.
El error de centrarse en los detalles nos llevaría a conclusiones disparatadas.
Por ejemplo, ¿todos los salvados estarán sentados en el regazo de Abraham? Sería un poco incómodo ¿verdad?
O la idea de que el cielo y el infierno están separados por algo así como una calle de distancia ¿Cómo podrían los redimidos gozar de las bienaventuranzas del cielo teniendo a la vista semejante tormento?
Pero lo peor de todo es que la idea de recompensa y castigo que aquí se presenta, no tiene relación con la justificación por la fe o con la gracia, para centrarse en la condición social de cada quién ¿Los pobres van al cielo y los ricos al infierno?
Con toda seguridad Jesús no enseñaba herejías. Este relato será más bien aprovechado si captamos su mensaje central.
2- Lo que sí enseña:
Consideremos el contexto y los destinatarios de esta parábola. Aunque la contó ante una audiencia variada, estaba destinada a los fariseos que confiaban en su condición de hijos de Abrahám más que en la justicia de Dios por la fe. Toda la esperanza de salvación que tenían se basaba en sus buenas obras y en el cumplimiento exterior de la ley. Ellos se burlaban del mensaje de Cristo y rechazaban los valores del reino de Dios.  
La parábola consiste de dos escenas: una representa esta vida (vers. 19-22); la otra, la vida futura (vers. 23-31). Como vemos, se ocupa mucho más en lo celestial que en lo terrenal. Y es así puesto que nuestra vida aquí es apenas una preparación para la vida futura e inmortal.
La parábola del mayordomo infiel (narrada en el mismo capítulo), presentaba el problema en forma positiva, es decir, desde el punto de vista de uno que había hecho los preparativos para el futuro. La parábola del rico y Lázaro presenta el mismo problema, pero desde el punto de vista negativo, es decir, destacando la actitud del que no hizo la preparación necesaria. El rico se equivocó al pensar que la salvación se basaba en ser descendiente de Abrahám y no en la preparación individual. Tal era el dilema de los fariseos.
El versículo 31 es la clave del relato, su moraleja. Afirma que si no prestamos atención al mensaje de las Escrituras, ninguna otra cosa podrá convencernos.
El asunto central es que la manera en que aprovechamos las oportunidades de esta vida determinará nuestra salvación y nuestro destino futuro.
Los fariseos eran muy celosos en cumplir todo tipo de leyes minuciosas, inventadas por ellos mismos, pero dejaban de lado lo más importante, al rechazar al Autor de la ley.
Es también notable que esta es la única parábola que presenta un personaje con nombre. Y no es casual. El pedido del rico era que alguien de entre los muertos le testificara a sus parientes para que no se perdieran, pero cuando se le remitió al testimonio de las Escrituras, su respuesta fue un enfático no.
Fue justamente Lázaro, un resucitado de entre los muertos quien les testificaría de la divinidad de Cristo, “pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús”. Juan 12:10,11
¡Qué tremenda obstinación! Al rechazar el mensaje, decidieron también acabar con el mensajero. Y así sucederá con todos los que prefieran sus opiniones acariciadas antes que un positivo “así dice el Señor”.
Es necesario que al leer la Biblia no nos espaciemos en los detalles sino en el propósito por el cual Dios nos la entregó: hallar salvación y consejo, consuelo y fe, esperanza y valor. No para tener un mero conocimiento intelectual, o para que tengamos una lista de deberes que cumplir. El intelectualismo, el formalismo y el legalismo jamás salvarán a nadie.
¿Entiendes lo que lees?

viernes, 17 de febrero de 2012

EL DIOS DE LAS MULTIPLICACIONES

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”. 2ª Corintios 9:8,10
El diablo y sus adherentes se ocupan de restar y dividir, los cristianos estamos para sumar, pero solamente Dios puede multiplicar.
La palabra multiplicar y sus derivadas aparecen más de un centenar de veces en la Biblia, tanto en contextos positivos como negativos; casi siempre como acciones provenientes de Dios.
En la misma creación el Señor ordenó que las aves y los peces se multiplicaran, y luego extendió esa facultad a Eva y Adán (ver Génesis 1:22 y 28). Mas tarde, cuando establece su pacto con Noé y sus hijos, les renueva la promesa de multiplicar su descendencia.
Al patriarca Abrahán, a Isaac, Jacob y a las doce tribus que salieron de éste, se les prometió reiteradamente que serían multiplicados más que las estrellas del cielo y que la arena del mar.
Pero nuestro maravilloso Dios sabe multiplicar mucho más que gente. En el desierto realizó milagros portentosos de multiplicación en favor de su pueblo que salía de Egipto.
  • Multiplica sus provisiones:
Trata de calcular cuantas codornices envió sobre los israelitas, cuanto maná cayó durante casi cuarenta años de peregrinación, o cuantos litros de agua salieron de la roca para abastecer a esa muchedumbre. Recuerda que eran alrededor de 600.000 hombres, sin contar mujeres, niños y ancianos. Un cálculo moderado estima en alrededor de 2.000.000 de personas aquella multitud.
Veamos solamente el maná. Un gomer por cabeza (2,20 litros) multiplicado por dos millones, multiplicado por 365 días, multiplicado por 38 años; ¡Da algo así como 562.628.000.000 de litros!
¡Increíble en verdad!
Dios multiplicó los alimentos en varias otras ocasiones: “Vino entonces un hombre... el cual trajo al varón de Dios...veinte panes de cebada. Y él dijo: Da a la gente para que coma. Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová”. 2ª Reyes 4:42-44
Recordemos además que Jesús alimentó a una multitud con cinco panes y dos peces, repitiendo luego el milagro ante unos cuatro mil hombres. Su poder no tiene límites numéricos.
  • Multiplica también sus promesas y su misericordia.
En 2ª Pedro 1:4, se habla de de sus promesas como "preciosas y grandísimas".
Toma un tiempo para contar las que están registradas en la Biblia (y consérvalas luego en tu memoria) ¡Son muchísimas!
Hay promesas de Dios para cada ocasión y circunstancia. Cualquiera sea nuestra experiencia, con seguridad hay una de la cual aferrarnos. Están todas allí para que nos gocemos en reclamarlas y ver su cumplimiento, a fin de que se multipliquen las acciones de gracias de sus siervos. Cada una lleva en sí la seguridad de que el Rey del Universo escuchará y atenderá a quienes las reclaman, "porque todas las promesas del Señor Jesús son en él, sí, y en el, Amén" (2ª Corintios 1:20)
  • Por último, Dios multiplicó su amor en la persona de Cristo.
Todo lo bueno que existe en este mundo proviene del Señor. El multiplica las fuerzas al cansado, multiplica los recursos a quienes dan fielmente sus diezmos, y provee en forma superabundante para su causa por los medios mas inesperados.
Piensa en la ofrenda de la viuda que dio sus dos blancas. Tan pequeña cantidad se multiplicó hasta el infinito cuando Jesús la hizo notar y quedó registrada en las Escrituras. 
Es imposible calcular cuántas personas han dado liberalmente de su dinero, inspiradas por el ejemplo de esta humilde mujer.  
En Jesús, la Divinidad multiplicó sus dones, derramando por intermedio de él todos los recursos del cielo.  De todas las pruebas de amor que pudieran haberse dado, en la persona del Salvador que dio su vida por nosotros, Dios llega hasta lo impensable.
Cuando él vive su vida en nosotros, cuando buscamos reflejar su imagen y experimentar su poder, se multiplican también nuestras posibilidades en maneras que no alcanzaremos jamás a entender. Nuestro vida se ve multiplicada por ese amor y no podemos hacer otra cosa que maravillarnos y alabar al gran Dios de las multiplicaciones.
La Biblia dice que debemos rogar “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”. Efesios 3:17-21
¿Tiene Dios algo que multiplicar en tu vida?

lunes, 13 de febrero de 2012

CRISTIANOS EN SERIO

“Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Juan 1:47,48
¿Qué había en Natanael (también llamado Bartolomé) para que mereciera semejante elogio de Cristo mismo?
Resulta evidente que Natanael estaba orando bajo la higuera; buscando conocer la voluntad del Señor, pidiendo luz y fortaleza. Es evidente además, que era un sincero creyente, un hombre de fe y oración, capaz de sobreponerse a sus prejuicios iniciales y aceptar a Jesús como el Mesías esperado.
Muchos hoy se llaman a si mismos cristianos. Pero hay pocos cristianos en serio. Y cristianos como Natanael, elogiados por su Maestro, todavía menos.
¿Cuáles son las cualidades propias de un cristiano en serio?
Quisiera proponer cinco características; la lista no es exhaustiva, pero estimo que es suficiente para analizarla y medirnos a nosotros mismos a la luz de estos pasajes.
1 - Vida nueva: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Romanos 8:9
Un cristiano en serio ha experimentado la convicción, la conversión y el nuevo nacimiento que son frutos de la obra del Espíritu en su vida. Si no ha nacido de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Y por ser recién nacido, es un proyecto inacabado que crecerá hasta alcanzar la plena estatura de la plenitud de Cristo. Es arcilla que el Alfarero Divino se deleita en moldear para transformarlo en vaso de honra.
2 - Amor: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:35
La suprema expresión del cristianismo es estar llenos de amor por las almas que perecen en el pecado. Tal como Pablo lo expresa en 1ª Corintios 13:2 “si no tengo amor nada soy”.
3 - Obediencia: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Juan 14:15
De la misma forma que un hijo demuestra su amor y respeto hacia sus padres obedeciéndoles, un cristiano en serio se deleitará en hacer la voluntad de su Señor. Es inconcebible que un hijo de Dios viva en oposición a cualquiera de sus mandamientos. 
Se diga lo que se diga, la obediencia es el fruto perfecto de una vida transformada y llena de amor. Todo lo demás es vano palabrerío y peligrosísima presunción.
4 - Servicio: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”. Juan 12:26
El que ha nacido de nuevo, que ama y obedece a Dios, encontrará su mayor placer en el servicio amante en favor de sus hermanos en la fe y también por los que viven en las tinieblas del error. En eso imitará a los ángeles del cielo, que se gozan en servirnos a nosotros.
5 - Pureza: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. 1ª Juan 3:2,3
La inevitable consecuencia de mirar a Jesús es reconocer la nobleza, la inocencia y la pureza de su carácter. Veremos su atractivo y desearemos ser como él.
Al intentar imitarle, descubriremos también lo lejos que estamos del blanco y nos esforzaremos en lograr la meta más alta que un ser humano pueda fijarse: alcanzar la semejanza con Cristo. 
Y cuando por la fe nos empeñemos en esa empresa, Dios nos concederá su gracia y su poder para que podamos reflejar la luz de su rostro. Llegaremos así a ser cristianos en serio.
La gloriosa visión del rostro de Cristo reflejado en nuestras vidas opacará todo los atractivos del mundo y podremos decir con el apóstol: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Gálatas 6:14-17

CREADOS DE NUEVO

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". Romanos 12:2.
Cristo murió en la cruz para librar al mundo de perecer en el pecado, y en esta obra les solicita su colaboración. Ustedes deben ser sus manos ayudadoras. Con esfuerzos fervorosos e infatigables han de trabajar por la salvación de los perdidos. Recuerden que fueron sus pecados los que hicieron necesaria la cruz. Cuando aceptaron a Cristo como su Salvador ustedes prometieron unirse a él en llevar la cruz. Han echado su suerte con él para vida o muerte, y son parte integrante del gran plan de redención.
El poder transformador de la gracia de Cristo moldea a quien se entrega al servicio de Dios. Cuando se halla imbuido del Espíritu del Redentor, está dispuesto a negarse a sí mismo, listo para tomar su cruz y presto a realizar cualquier sacrificio por el Maestro. Ya no puede ser indiferente a las almas que perecen alrededor suyo. Se eleva por encima del autoservicio. Cristo lo ha transformado en una nueva criatura y el egoísmo no halla lugar en su vida. Comprende que cada aspecto de su existencia pertenece a Cristo, quien lo ha redimido de la esclavitud del pecado; que cada momento de su vida futura ha sido comprado con la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
¿Comprende usted tan cabalmente el sacrificio hecho en el Calvario, como para estar dispuesto a subordinar todo otro interés a la obra de salvar almas? La misma intensidad que caracterizaba el deseo de salvar a los pecadores en la vida del Salvador, se revelará también en la de sus verdaderos seguidores. Al cristiano no le interesa vivir para sí. Se deleita en consagrar todo lo que tiene y todo lo que es al servicio del Maestro. Lo motiva un deseo inexpresable de ganar almas para Cristo...
¿Cómo puedo glorificar mejor a Aquel a quien pertenezco por creación y redención? Esta es la pregunta que deberíamos hacernos. La persona verdaderamente convertida tratará de rescatar con ansiosa solicitud a los que se hallan todavía bajo el poder de Satanás; rehusará hacer nada que pudiera estorbarlo en su tarea. Si tiene hijos, se dará cuenta de que su obra debe comenzar en su propia familia. Para él, sus hijos son preciosos en gran manera. Al recordar que son los miembros más jóvenes de la familia del Señor, luchará denodadamente por colocarlos donde se hallen al lado del Señor. Se ha dedicado a servir, honrar y obedecer a Cristo; por lo tanto realizará esfuerzos pacientes e incansables con el fin de educar a sus hijos para que nunca sean hostiles hacia el Salvador.
Dios ha colocado sobre los padres y madres la tarea de salvar a sus hijos del poder del enemigo. Esa es su obra, y no debieran descuidarla por ninguna razón. Los padres que mantienen una conexión viviente con Cristo no descansarán hasta no ver a sus hijos a salvo en el redil. Considerarán que ésta es la responsabilidad de su vida.
Extraído del libro "Exaltad a Jesús", meditación para el 13 de Febrero

miércoles, 8 de febrero de 2012

COMO RESOLVÍA JESÚS SUS CONFLICTOS III

“Y enseñaba cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle. Y no hallaban nada que pudieran hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole”. Lucas 19:47,48
Mi yerno comenzó a estudiar la Biblia con unas personas que no creen en la divinidad de Cristo ni en la personalidad del Espíritu Santo.Cada vez que les presentaba un pasaje de las Escrituras, uno de estos hombres gritaba:
-¡Te refuto, te refuto...!
Demás está decir que no llegaron a ningún lado y que el estudio acabó.
Por su trato y costumbres libres de prejuicio, por lo singular de su mensaje y por sus innegables milagros, el Señor recibía incesantes críticas de sus opositores. Fue despreciado y condenado por los líderes de Israel, pero el común del pueblo le escuchaba de buena gana.
¿Por qué le escuchaban con tanto gusto? ¿Tal vez porque sus mensajes estaban destinados a cautivar los sentidos o a agradar a la audiencia?
Nada de eso. Jesús exponía la verdad sin disfraces; revelaba la “luz verdadera, que alumbra a todo hombre”; sin embargo, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”, porque su luz hería sus corazones egoístas y pecaminosos. (ver  Juan 1:9,11).
Aunque jamás se enojó u ofendió por los ataques de los que era objeto constante, supo contestar cada una de las objeciones de manera redentora.Nunca trató mal a ninguno de sus opositores, no los rebajó ni expuso abiertamente sus errores. 
Aunque expuso los engaños de Satanás y llamó al pecado por su nombre, siempre prefirió sanar corazones antes que escarmentar a sus acusadores.
Así definió él mismo su misión de misericordia: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”. Isaías 61:1
Lo mismo se espera de nosotros. No que discutamos, contendamos, nos enojemos y que lancemos anatemas sobre los que no creen como nosotros.
Nos toca más bien predicar al mundo las maravillosas promesas de la gracia y la salvación en Cristo, hablar de las virtudes y el amor de nuestro Maestro y del glorioso momento de su retorno. Incluso estamos obligados a presentar los impopulares temas de la temperancia y del juicio venidero, de la caída de Babilonia y de su condenación, pero imitando a Jesús en sus métodos de presentar el mensaje.
Y el apóstol Pablo insistió, escribiendo a Timoteo lo siguiente: “recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes”. 2ª Timoteo 2:14
¿Cómo respondía Jesús a quienes le cuestionaban?
Como ya afirmé, el Señor hablaba con autoridad. No discutía ni argumentaba, ni intentaba dejar en ridículo a sus adversarios para sostener su posición. Nadie jamás alcanzó la salvación por esa vía, tan a gusto de los polemistas.
Veamos sus métodos para enfrentarse a los contenciosos y algunos pasajes bíblicos a modo de ejemplo.
Recomiendo a mis lectores leer los cuatro evangelios, tomando nota de las veces que Cristo tuvo que enfrentar oposición y que hizo en cada caso ¡Sin duda que el estudio valdrá la pena!
1- Citando las escrituras. El mismo era la Palabra de Dios encarnada. Sabía los pasajes de memoria y los relacionaba de manera que desarmaba y enternecía a sus oyentes.
  • La pregunta sobre el divorcio (Mateo 19:3-6).
Aquí remitió el asunto a la autoridad del relato de los orígenes (hoy tan cuestionado) para zanjar la cuestión. El hombre y la mujer fueron creados para ser una sola carne. No usó una larga cadena de textos para probar lo que decía, sino uno solo, presentado en forma positiva y con toda autoridad.
2- Actuando sin mediar palabra. Los hechos son mejores que las palabras y resultan más contundentes y definitivos. Además, las palabras se pueden desoír, retorcer o malinterpretar; las acciones no.
  • Pregunta de los discípulos de Juan el Bautista (Lucas 7:18-23).
Ante la duda de su siervo Juan, el Salvador no respondió directamente (en verdad, nunca lo hacía). Dedicó el resto del día a hacer milagros de sanidad, luego les dijo que se fueran de vuelta y contaran lo que habían visto ¡Qué respuesta extraordinaria!
3- Por medio de una lección objetiva.
  • La moneda del tributo (Mateo 22:15-21)
Buscando entrampar a Jesús le presentaron un dilema; él lo resolvió de manera práctica y sencilla utilizando una moneda. La lección así presentada se graba en la mente en forma indeleble, a través de la experiencia y mediante el refuerzo visual.
4- Mediante parábolas.
  • El buen samaritano (Lucas 10:25-37)
iPortentosa sabiduría del Maestro de los maestros! Una simple historia, que se convirtió en la impulsora de miles y millones de obras de misericordia hacia los necesitados. Esta y todas sus parábolas han sido estudiadas por siglos; tanto las mentes más brillantes como las más sencillas las han explorado sin alcanzar jamás su profundidad y, al mismo tiempo, todas fueron beneficiadas por su lectura.
5- Utilizando la lógica.
  • El paralítico en Capernaúm (Marcos 2:1-12)
En una sorprendente lectura de los corazones incrédulos que presenciaban el milagro, preguntó con impecable y lapidaria lógica: “¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?” (vers. 9). De esta forma acalló a los quejosos, redimió al paralítico, honró la fe de sus amigos y dio un colosal testimonio del amor de Dios a todos los presentes. 
Este es nuestro Salvador. Toda gloria, alabanza y honor sean dados a su nombre. 
En todo aspecto de su lucha contra el mal, Jesús se mostró como un  “misericordioso y fiel sumo sacerdote”, soportándolo todo por amor a nosotros, siendo paciente, bondadoso y compasivo. Agradezcamos a Dios que “en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:17,18).