jueves, 5 de enero de 2012

LA LEY DE LA ADICIÓN

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Proverbios 4:18
Recuerdo perfectamente la primera vez que me senté frente a una computadora. Era una Commodore 64, toda una maravilla de aquellos tiempos; me parecía que no había límites a lo que podía hacer.
Pero luego vinieron las PC. Trabajé con la XT, la 286, la 386, hasta que compré una 486 ¡Lo máximo! 
Al menos eso creía yo...
Después llegaron las Pentium, y luego otras y otras, más y más potentes. Cada vez mayor poder de procesamiento, mayor capacidad y mayores posibildades.
¿Dónde quedó aquel ingenuo comienzo? 
Ya no me conformaría con volver a la Commodore 64, sabiendo que hay mucho más a mi alcance.
La vida cristiana es también una vida que debe crecer en poder, en virtud y en capacidad.
Cuando nos alumbró la luz por primera vez, comprendimos nuestra pecaminosidad. Si hubieramos quedado allí, solo seríamos pecadores con un tremendo sentido de culpa. La convicción necesito ser seguida por el deseo de reconciliación con el amoroso Dios a quien habían ofendido nuestros pecados. Y no podíamos quedarnos allí.
Entonces buscamos más: sincero arrepentimiento, perdón, gracia... Y luego más: justicia, santidad, virtud...
A medida que nos concedía lo que necesitábamos, el amor de Jesús nos empujaba a buscar todavía más. No nos resultaba suficiente el gozo de haber sido perdonados de nuestros pecados y hechos hijos de Dios con pleno derecho al cielo. Queríamos más.
Cuando comprendemos la experiencia cristiana como lo que realmente es, entendemos que es una vida de continuo crecimiento en la gracia, añadiendo a cada paso algo nuevo, tal como dijo el apóstol Pedro: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. 2ª Pedro 1:5-8
¿Qué más añadir?
A medida que agregamos virtudes cristianas, se despertará en nosotros el deseo de servicio. No estaremos ociosos y sin fruto. Arderá en nuestro corazón la simpatía hacia los que perecen en sus pecados. Comprenderemos nuestro deber de alcanzarles los rayos de luz que brillan sobre nuestros pasos. Desearemos comunicar a todos las alegres nuevas de la salvación.
Cuando actuamos así, estamos bebiendo de los manantiales de la salvación, que resultan en bendición para nosotros y para otros; se convierten en una fuente de refrescante agua que salta para vida eterna. Reflejamos así cada vez mejor el carácter de Cristo.
Y mientras nosotros sumamos, Dios multiplica. Él siempre concede mayores y mejores bendiciones a los que aspiran alcanzar una norma más elevada.
“He aquí una conducta en virtud de la cual se nos asegura que nunca caeremos. Los que están así trabajando según el plan de la adición para obtener las gracias de Cristo, tienen la seguridad de que Dios obrará según el plan de la multiplicación al concederles los dones de su Espíritu. . . Por la gracia divina, todos los que quieren pueden ascender los brillantes escalones que unen la tierra con el cielo, y por fin con alegría y gozo perpetuo entrarán por las puertas en la ciudad de Dios”. La edificación del carácter, págs. 122-125.
Cuando recorremos por la fe esa senda brillante, nos hacemos acreedores a la bendición que se halla en sus promesas: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2ª Pedro 1:10,11
¿Como van tus cuentas? ¿Estás sumando?

domingo, 1 de enero de 2012

ESTE ES EL DÍA

“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él.” Salmos 118:24
¿Vendrá Jesús en el 2.012...? ¿En este mes de enero...? ¿Podría venir hoy mismo...?
Llegó por fin el nuevo año. El tan mentado, esperado (y temido por algunos) año 2.012.
Se ha hecho mucho énfasis en esta fecha, y ha sido motivo de toda clase de especulaciones. Pero después de todo, es tan solo un día más de un año más. El comienzo de un nuevo ciclo que esta vez tiene 366 días (por ser bisiesto); una nueva órbita del planeta alrededor del sol. Solo eso.  
No obstante, a los seres humanos nos apasionan los ciclos. Le damos un sentido especial a estas fechas, ya se trate del año nuevo occidental, del año nuevo chino, o del nuevo año judío.
Nos gusta pensar en estos días como el comienzo de una nueva etapa, en la cual dejaremos atrás lo malo y tendremos una nueva experiencia; el fin de una era y el inicio de otra mejor, llena de augurios de felicidad. También la percibimos como una hoja en blanco, una nueva oportunidad para enderezar el rumbo. Eso es lo que se refleja en cada tarjeta de felicitación que enviamos o recibimos.
Otros, menos optimistas y más realistas lo ven como una amenaza. Un año plagado de catástrofes de todo tipo (ambientales, climáticas, económicas, sociales, etc.). El cine y las noticias se han hecho eco de todo eso.
Pero, ¿qué dice la Palabra de Dios?
Primero, dice claramente que no sabemos cuándo vendrá. Sus propósitos son independientes de las acciones humanas. Desde su majestuosa eternidad, el Señor lleva a cabo sus planes sin prisa y sin demora. Retornará en el día que determinó de antemano.
Sin embargo, tenemos las profecías para guiarnos en lo referente al tiempo de su venida. Todas ellas, más que hablar, gritan que Dios no se tardará más. Aunque algunos digan que ya pasaron demasiados años desde la promesa de su retorno, lo cierto es que Él vendrá. Y pronto.
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión?... Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: No se tardará más ninguna de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová el Señor“ Ezequiel 12:21,22,28
Podemos gozarnos en la completa seguridad de que el Dios que no miente prometió ejecutar su sentencia contra la tierra en justicia y con prontitud.
Por otro lado; si no es ahora, ¿cuándo?
Deberíamos esperar la venida de Cristo.
Deberíamos anhelar su pronto regreso.
Deberíamos clamar por él.
Ninguna otra cosa es más importante. Nada tiene mayor prioridad. Ruega a Dios que Jesús vuelva HOY mismo.
Si a nosotros nos va bien y el mundo sigue hundido en el pecado ¿de qué serviría?
Si por el contrario, nos va mal en este año, no nos desesperemos, porque pronto vendrá nuestro Salvador, para darnos la vida eterna.
¿Crees esto? ¿Pides cada día por su venida en gloria?
Aunque nuestros ruegos no serán nunca mayores que el intenso deseo del Señor de terminar de una vez para siempre con el problema del pecado. Está esperando que compartamos con celo ardiente, no solo la esperanza de que vuelva, sino una poderosa convicción.
Debemos querer con toda intensidad que venga ya.
Pidámosle que vuelva, y que vuelva pronto.
Abandonemos nuestros propios proyectos e intereses mundanos y centrémonos en Cristo, para mostrarle al mundo que de veras amamos su venida. Hablemos, trabajemos, testifiquemos y prediquemos acerca de ella. Dejemos de lado este año la complacencia egoísta, el amor por las cosas de este mundo, la búsqueda de placer terrenal, las dudas y el desánimo. No hay tiempo para eso.
Comparto contigo los pensamientos de una carta escrita por Elena de White a una persona vacilante en su fe: “Espero que no se desanime por ningún motivo. . . Dios quiere que sea libre, que crea, que tenga confianza y que deje de dudar. Quiera Dios ayudarla. . . Un nuevo año se abre ante nosotros. Sea éste un año feliz. . . Refúgiese en los brazos de Jesús y no se esfuerce por desprenderse de ellos. Crea en Dios, alábelo y siga adelante. Ya casi hemos llegado a casa.
El Señor viene. Levante la vista y regocíjese, porque su redención está cerca. Veo en Jesús a un Redentor compasivo y amante, que puede salvar hasta lo sumo a los que acuden a él. Deposite todo el peso de su ser en las promesas de Dios. Crea; tiene el privilegio de creer” (Carta 31, del 1º de enero de 1887). Cada Día con Dios pág. 9
¿Crees que Jesús vendrá, que el día de tu redención está cerca y que pronto iremos a casa?
Entonces sí que será un buen año. El año del retorno de nuestro querido Dios y Salvador Jesucristo. 

jueves, 29 de diciembre de 2011

CONSERVANDO LA ESPERANZA

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida“. 2ª Timoteo 4:7,8
¡Qué hermosa conclusión para una vida de completa fidelidad son estas palabras de Pablo! 
Es admirable la fe y la seguridad que transmiten. El fiel siervo de Dios no tiene ninguna duda de que le esperaba una corona; corona que no recibiría por sus buenas obras, sino solamente por la fe en Cristo.
Durante su encarcelamiento final en Roma, con la certeza de que le esperaba la espada del verdugo y hallándose ante las puertas de la muerte, dirige esta tierna epístola a su hijo amado Timoteo a fin de asegurarse de que siguiera siendo fiel en su ministerio pastoral. Le da maravillosos consejos, junto a una serie de encargos y saludos personales que nos abren una ventana a la vida de la iglesia del primer siglo.
Entre las menciones que hace Pablo de sus amigos y colaboradores, se encuentran dos notas tristes:
Se lamenta “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica”. 2ª Timoteo 4:10
Siempre hemos considerado la iglesia de los tiempos apostólicos como la iglesia perfecta; la iglesia fiel, fervorosa y firme hasta la muerte, simbolizada por el caballo blanco que “salió venciendo y para vencer”. Sin embargo, los primeros cristianos no estuvieron libres de conflictos internos, divisiones, luchas por el poder y apostasía.
Demas había sido activo en el trabajo misionero, pero cedió ante el atractivo de una vida más cómoda, libre los peligros del radical compromiso que demanda el evangelio; se marchó entonces, abandonando a Pablo a su suerte. Pasó así a la historia bíblica como símbolo de los que prefieren el mundo y sus atractivos a pelear las batallas del Señor.
Pero vemos que no fue el único. Consigna también que “en mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta”. 2ª Timoteo 4:16
Luego de la feroz caza de cristianos instigada por Nerón, no habría sido cosa fácil declararse cristiano. Mucho menos presentarse como simpatizante o colaborador de un preso del calibre de Pablo. Les iba la vida en ello, así que no seamos ligeros para condenar su cobardía.
Pero la rudeza del conflicto no es excusa para retirarse.
Aunque el enemigo sea poderoso, tenemos un Salvador maravilloso que ha recibido “toda potestad... en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18) y la coloca a nuestra disposición. Tenemos sus promesas de socorro en la dificultad y la presencia de ángeles poderosos en fortaleza para ayudarnos. Podemos además disponer del ilimitado poder del Espíritu Santo a fin de testificar efectivamente. Se nos han colocado delante los más extraordinarios incentivos para la victoria ¿Qué más podríamos pedir?
La cita siguiente nos muestra la forma de encontrar ánimo y valor para la lucha cotidiana: “Si permitimos que nuestra mente se espacie más en Cristo y en el mundo celestial, encontraremos un poderoso estímulo y un sostén para luchar las batallas del Señor. El orgullo y el amor del mundo perderán su poder mientras contemplamos las glorias de aquella tierra mejor que tan pronto ha de ser nuestro hogar. Frente a la hermosura de Cristo, todas las atracciones terrenales parecerán de poco valor” (La Edificación del Carácter, pág. 120).
Nuestra parte consiste en apropiarnos de la fe, las promesas y el poder; en fijar los ojos en nuestro Salvador y perdernos en su contemplación. Abandonar la corriente impetuosa y fétida del mundo para gozar del remanso de la presencia de Jesús en nuestra vida.
Al finalizar este año, ¿cuál será tu registro?
¿Será como el de Pablo; triunfante y feliz?
¿O será como el de Demas, que amó más al mundo que a su Señor?
En el texto inicial se nos asegura que la corona no estaba reservada solo para Pablo, sino para todos aquellos que permanecen fieles, que aman y esperan con gozo la venida de nuestro Señor Jesucristo. Podemos estar incluídos tu y yo también, a menos que, como el infiel Demas, nos volvamos atrás.
Culmino aquí con una cita que fue la primera que registré en mi blog hace casi tres años, pero que no ha perdido en nada su candente actualidad:
“Cuando la religión de Cristo sea más despreciada, cuando su ley sea más menoscabada, entonces deberá ser más ardiente nuestro celo, y nuestro valor y firmeza más inquebrantables. El permanecer de pie en defensa de la verdad y Injusticia cuando la mayoría nos abandone, el pelear las batallas del Señor cuando los campeones sean pocos, ésta será nuestra prueba. En este tiempo, debemos obtener calor de la frialdad de los demás, valor de su cobardía, y lealtad de su traición” 2JT 31 (1882).
Que el Señor les conceda en su gracia un bendecido y victorioso año nuevo.


martes, 27 de diciembre de 2011

APTOS PARA LA SALVACIÓN

"Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe". 1ª Juan 5: 4.
Dios conduce a su pueblo paso a paso. Coloca a sus seguidores en diferentes situaciones a fin de que se manifieste lo que hay en el corazón. Algunos soportan ciertas pruebas, pero fracasan en otras. A medida que se avanza en este proceso, el corazón es probado un poco más severamente. Si los que profesan ser hijos de Dios, encuentran que su corazón se opone a esta obra directa, deben convencerse de que tienen que hacer algo para vencer, si no quieren ser vomitados de la boca del Señor.
Dijo el ángel: "Dios irá probando cada vez más de cerca a cada uno de sus hijos". Algunos están dispuestos a aceptar un punto; pero cuando Dios los prueba en otro, lo rehuyen y retroceden, porque hiere directamente algún ídolo suyo. Así tienen oportunidad de ver lo que hay en su corazón que los aísla de Jesús. Hay algo que aprecian más que la verdad y su corazón no está preparado para recibir a Jesús. Los individuos son probados durante cierto tiempo para ver si quieren sacrificar sus ídolos y escuchar el consejo del Testigo fiel... Los que resisten en cada punto, que soportan cada prueba y vencen, a cualquier precio que sea, han escuchado el consejo del Testigo fiel y recibirán la lluvia tardía, y estarán preparados para la traslación.- Joyas de los testimonios, t. 1, pág. 65.
Dios prueba a su pueblo en este mundo. Este es el lugar donde hay que prepararse para comparecer ante él. Aquí, en este mundo, en estos últimos días, las personas pondrán en evidencia cuál es el poder que acepta sus corazones y controla sus acciones. Si es el poder de la verdad divina, conducirá a las buenas obras. Elevará al que lo recibe y lo transformará en una persona de corazón noble y generoso como su divino Señor. Pero si el corazón es controlado por los ángeles malignos, se demostrará en diversas maneras. El fruto consistirá en egoísmo, codicia, orgullo y pasiones bajas.
El corazón es engañoso más que todas las cosas, y desesperadamente perverso. Los maestros de religión no están dispuestos a examinarse cuidadosamente para ver si están en la fe; y es pavoroso descubrir que muchos se apoyan en una esperanza falsa... Parecen creer que una profesión de la verdad los salvará. Cuando subyuguen los pecados que Dios odia, Jesús vendrá y cenará con ellos y ellos con él. Entonces obtendrán fuerzas de parte de Jesús, y se desarrollarán con él y serán capaces de decir en santo triunfo: "Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 15: 57).- Testimonies, t. I, págs. 187,188.
Extraído del libro "Exaltad a Jesús" página 369

lunes, 26 de diciembre de 2011

NO ES TAN MALO SER LAODICENSE


“Entonces respondió Secanías... y dijo a Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios... mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel”. Esdras 10:2
El mensaje a las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3, tiene una triple interpretación: literal, abarcante y profética.
En primer lugar, fue un mensaje dirigido a iglesias reales, que existían en los tiempos apostólicos. Esas siete iglesias estaban ubicadas en la provincia romana de Asia (hoy Turquía).
Además, y al igual que otros pasajes de la Biblia, estos mensajes tienen aplicación personal para cada creyente, y para la comunidad de creyentes a lo largo de la historia. Describen condiciones particulares existentes en cada iglesia que pueden aplicarse a distintas fases de la experiencia cristiana.
Por último, éstas representan en la profecía siete etapas de la iglesia, desde la época de Juan hasta la segunda venida de Cristo. Describen el cuidado del Señor por su remanente fiel de todas las edades.
La última de ellas es Laodicea, que significa “juicio del pueblo” o “un pueblo juzgado”. 
Es decir que representa a los cristianos del tiempo actual, que vivirán durante el juicio previo al advenimiento del Señor; quienes serán sellados para pasar por las pruebas finales, rechazarán la marca de la bestia y algunos de ellos tendrán el privilegio de ser  trasladados vivos al cielo al venir Jesús.
Veamos el mensaje que se le dirige:
“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Apocalipsis 3 14-22
Todos nosotros vivimos en la época de Laodicea,  y eso constituye buenas y malas noticias.
Primero hablemos de las malas. Es la única de las siete de las cuales no se dice nada positivo. Recibe el reproche más duro y fuerte de todas. Se la presenta ostentando una tibieza que da náuseas al Señor, arrogante, orgullosa e ignorante de su verdadera condición -desdichada, miserable,  pobre, ciega y desnuda-.
Careciendo de casi toda gracia espiritual, su situación no puede parecer más desfavorable ¿No pinta eso a las claras a la iglesia cristiana de hoy?
Ante tal diagnóstico, algunos optaron por rendirse ante la evidencia, diciendo en tono conformista -¡y bueno, somos Laodicea, qué se le va a hacer!
Otros han utilizado esto como ariete para golpear a la iglesia; exponen los males de sus miembros y de sus dirigentes como muestra de que la iglesia actual está en apostasía y que pronto Dios la desechará (si no lo ha hecho ya).
Pero estos críticos enfoques fallan en reconocer su verdadero mensaje, que contiene al menos siete buenas nuevas para los laodicenses.
  • Primera buena noticia: Jesús conoce a Laodicea.
El Testigo Fiel no falla en ver las deficiencias de su pueblo, pero las muestra para sanar. Aunque no ignora sus faltas, su más íntimo deseo es que pueda escapar de su tibieza
¡Gocémonos puesto que, aunque débiles y falibles, él nos reconoce como pueblo suyo!
  • Segunda buena noticia: Jesús tiene un mensaje para Laodicea.
El pueblo que vive en estos últimos días predica el mensaje del  "Evangelio eterno", -que incluye el mensaje del Juicio-, y que debe llegar a todos los moradores de la tierra ( Apoc.14:6,7). A la tibia Laodicea le toca la solemne tarea de amonestar al mundo acerca de los inminentes juicios de Dios.
¡Alegrémonos, porque Dios confió en nosotros para dar su mensaje!
  • Tercera buena noticia: Jesús tiene el remedio para Laodicea
Nuestro Salvador ofrece el oro refinado en fuego de la fe y el amor, las vestiduras blancas de su propia justicia y el colirio del Espíritu Santo a todos los que quieran aceptarlos, “sin dinero y sin precio”.
¡Tengamos fe y esperanza! Los mejores dones que el cielo pueda ofrecer están a nuestra disposición.
  • Cuarta buena noticia: Jesús ama a Laodicea
Las reprensiones y castigos tienen una buena razón. Somos sus hijos amados, a quienes él disciplina. Su iglesia es como la niña de sus ojos, adquirida al altísimo costo de su preciosa sangre.
¡Somos amados por Dios, qué maravilloso!
  • Quinta buena noticia: Jesús espera un cambio en Laodicea
El Señor espera vernos reaccionar; espera una reforma y un reavivamiento entre su pueblo. Quiere una iglesia sin mancha ni arruga ni cosa semejante, que pueda subsistir en el día final. Todos los recursos del cielo se invirtieron para ello, incluido el supremo don del Espíritu, que como lluvia tardía, espera descender con poder, para conducir al triunfo a todos los que lo deseen de corazón.
¡No desesperes, Jesús ya triunfó en tu lugar!
  • Sexta buena noticia: Jesús llama a Laodicea
Somos llamados a la cena de las bodas del Cordero, a sentarnos en su trono como vencedores. No tenemos un futuro incierto o miserable aguardando; por el contrario, las más brillantes luces del alba de la eternidad futura ya comienzan a brillar sobre nosotros.
¡Alabemos al Señor Jesucristo por ofrecernos tan alto destino!
  • Séptima buena noticia: Jesús espera la victoria de Laodicea
Todos los que pasen por las puertas de perlas de la Nueva Jerusalén entrarán en ella como vencedores. A los tibios, indecisos, frágiles, mundanos, egoístas y timoratos laodicenses se les recuerda que la victoria sobre el pecado es posible en Cristo. Más que posible, es un hecho que solo nuestra ceguera espiritual puede rechazar.
¡Demos gloria al Señor por permitirnos compartir su victoria!
¿No son estas muy buenas noticias para Laodicea? No es tan malo entonces ser laodicense.
Qué bueno que aún hay esperanza para Israel. Una maravillosa esperanza.