viernes, 21 de octubre de 2011

OJOS DIVINOS, FÍSICOS Y ESPIRITUALES II

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”. Apocalipsis 3:18
Desde hace unos días vengo sufriendo una severa conjuntivitis, muy reacia a curarse. Mis ojos se irritaron, me arden y duelen, veo todo nublado, me molesta la luz, no puedo ir a trabajar porque es contagioso y para peor, apenas puedo hacer lo que más me gusta: leer y escribir.
Debo colocarme con regularidad gotas oftálmicas, inyecciones, compresas, etc. Aprendí por la vía difícil que la buena visión es un tesoro divino que no se debe descuidar.
Como a todos nuestros órganos, a los ojos no le prestamos atención hasta que empiezan a fallar o a tener problemas. Sin embargo su importancia supera a la de casi todos los demás. 
Esta maravillosa maquinaria que nuestro Creador nos entregó por duplicado, es una verdadera joya del diseño. La arquitectura del ojo es de una complejidad asombrosa, Su funcionamiento depende de la interacción feliz de sus partes y de una fabulosa combinación de reacciones químicas, físicas y mecánicas. El ojo humano, aunque inferior al de muchos animales, es todo un portento de diseño que deja mudos a los evolucionistas más acérrimos. No alcanzaría a hacerle justicia en lo más mínimo cualquier descripción que hiciese.
Pero son mucho más que aceitados mecanismos biológicos. Mediante ellos nos conectamos con la realidad del mundo que nos rodea. Percibimos las formas colores y distancias, apreciamos la belleza de un amanecer, gozamos de contemplar el rostro del ser amado...
Nuestros ojos son también espejos del alma, que reflejan nuestros sentimientos y estados de ánimo. Muestran felicidad o tristeza, aceptación o rechazo, paz o conflicto; con ellos derramamos lágrimas de alegría o de pesar. Evidencian también la condición moral en la que nos encontramos. Por eso Jesús dijo con acierto: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” Mateo 6:22,23
A diferencia de los ojos de Dios, que todo lo ven, los de los seres humanos pecadores se hallan muy limitados. Nuestra vista nos engaña con frecuencia - las ilusiones ópticas son muestra  de que nuestra vista no es totalmente de fiar-, y se estropea con el abuso o con el simple paso del tiempo.  
.En el ámbito espiritual, tener ojos no significa necesariamente ver. Podemos tener una visión física perfecta y al mismo tiempo ser completamente ciegos a la luz de la presencia de Dios.
Ejemplo de ello es la historia de Cleofas y su amigo que iban camino a Emaús. Al encontrarse con Jesús y conversar con él, “los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen... [y] Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron”. Lucas 24:16, 31
Por más que habían andado con él como tres años no lo identificaron como su Maestro. Necesitaron ser iluminados para poder darse cuenta de que se trataba del Salvador.
Reiteradamente vemos en las Escrituras lo imprescindible de la intervención divina para poder ver lo espiritual:
  • “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego”. .2 Reyes 6:17
  • “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley”. Salmos 119:18
  • “Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte”. Salmos 13:3
  • “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos”. Salmos 19:8
  • “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. 2 Corintios 4:6
¿Cómo están nuestros ojos espirituales? ¿Vemos bien?
Los que vivimos en los últimos días de la historia del planeta no podemos darnos el lujo de ser ciegos a los acontecimientos que explotan ante nosotros. Tampoco debemos permitir que de tanto contemplar lo que el mundo ofrece, nuestros ojos sufran de “conjuntivitis espiritual”.
Supliquemos a Dios que abra nuestros ojos. Necesitamos que resplandezca en el corazón la luz que brilla desde el rostro bendito de Cristo. Nos urge ser alumbrados para comprender cuales son los puntos importantes del gran conflicto entre el bien y el mal. Nos hace falta reconocer con claridad la situación de nuestra alma ante el trono de Dios.
Debemos captar la importancia de la ley divina y lo terrible del pecado, que requirieron la costosa ofrenda de la sangre preciosa de Jesús a fin de que podamos ser perdonados y salvados del pecado. De otra manera, seremos engañados y nos perderemos para siempre.
El reclamo del Señor al Israel de los días de Isaías no debería aplicarse a nosotros: “Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver.¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?” Isaías 42:18-20
Que al recibir el colirio celestial del Espíritu, podamos ver con claridad en medio de las tinieblas que hoy circundan la tierra. 
En la siguiente, la conclusión.

martes, 18 de octubre de 2011

OJOS DIVINOS, FÍSICOS Y ESPIRITUALES

“Y... alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás... Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos...” Apocalipsis 4:6,8
Siempre me intrigó la visión de estos cuatro seres vivientes que parecen tan espantosos estando frente mismo del trono de Dios.
¡Llenos de ojos; delante, detrás, alrededor y por dentro...! Horrible, ¿verdad?
(Me queda la pregunta de cómo hizo Juan para ver que tenían ojos por dentro).
Pero yendo al punto, la visión entera es evidentemente simbólica y por lo tanto los aquí representados no serían monstruos de ciencia ficción, sino ángeles. En la visión de Ezequiel capítulo 1 aparecen personajes similares, a los que se llama “querubines”.
La multitud de ojos puede entenderse como símbolo de la inteligencia e incesante vigilancia de los seres celestiales, actuando como delegados del Todopoderoso.
Ahora bien, los ojos de Dios en las Escrituras están relacionados con al menos tres cosas:
  1. Representan su soberana omnipresencia y su total conocimiento.
Él todo lo ve y todo lo sabe al mismo tiempo: “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres”. Salmos 11:4
Y también: “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Hebreos 4:13
¿Qué sentimientos te provoca saber que Él te está viendo?
Para la gran mayoría de la humanidad esa escrutadora mirada es de temer. Para el pecador, la visión de un Dios santo es fuego consumidor, algo pavoroso.
Jesús glorificado aparece en Apocalipsis 2:18 como “el que tiene ojos como llama de fuego”. Nadie puede soportar el profundo escrutinio de ojos que son "muy limpios... para ver el mal" (Habacuc 1:13).
  1. Revelan también el agrado o desagrado que Dios manifiesta hacia las acciones y la conducta de los seres humanos.
Frecuentemente la aprobación divina se expresa con frases como esta: “pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”. Génesis 6:8
Hallar gracia ante los ojos de Dios es andar plenamente en armonía con su voluntad, habiendo sido limpiado del pecado, justificado y aprobado por Dios. No se trata simplemente de caerle bien. Nada menos que la morada interior del Espíritu en el corazón puede producir tal aceptación.
  1. Los ojos de Dios simbolizan, por último, su derecho y capacidad de hacer juicio.
Los individuos y las naciones son pesadas en la balanza del cielo de acuerdo a si han lo recto o lo malo “ante los ojos de Jehová”. Cuán distinta sería nuestra conducta si fuéramos conscientes de que estamos permanentemente ante su vista.
Pero los ojos de Dios tienen también una connotación positiva. Para los que le aman, la mirada del Señor es garantía de paz, seguridad y protección.
Como un padre o una madre que observa a sus hijos mientras juegan, nuestro buen Dios está siempre allí, vigilando para protegernos del mal y del peligro. No ignora las acechanzas del Diablo y pone todos sus recursos a nuestra disposición para que no caigamos en sus letales trampas.
Si el nos está mirando, podemos caminar confiadamente en medio de los peligros de la vida, sabiendo que estamos bajo el seguro cuidado del Todopoderoso Rey del Universo. “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”. Salmos 34:15
Su mirada resulta entonces una bendición incomparable. Que en este vastísimo cosmos, el gran Dios del cielo se fije en nosotros de manera tan íntima y personal; con tanta solicitud y ternura, debería alentar nuestra fe y despertar más y más amor hacia él.
Alabemos a Dios por tener sus ojos siempre apuntando hacia nosotros.
Seguiremos en la próxima entrada.

viernes, 14 de octubre de 2011

CRISTO NO VENDRÁ HOY

“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”. Habacuc 2:3
Con mucha tristeza y con gran dolor del corazón les escribo esto:
CRISTO NO VENDRÁ HOY. 
(Publicado un día antes).
En los últimos tiempos han menudeado los grupos y personas que anuncian la venida de Jesús para determinadas fechas de este año 2011.Primero fue el predicador Harold Camping, quien daba la fecha del "rapto de la iglesia"; ahora, un ministerio independiente llamado “La verdad eterna” lo anuncia para el 15 de Octubre; es decir, para hoy.
La tristeza que siento se debe a que no pueda compartir sus expectativas, porque no las hacen fundados en la segura palabra profética. Los que esperamos a nuestro Salvador no necesitamos depender de fechas ni regirnos por la excitación. 
Se nos ordenó humillar nuestro corazón y predicar su retorno, no salir a asustar a nadie ni a alentar falsas esperanzas. Su regreso nos debería encontrar trabajando arduamente por la salvación de otros y velando en oración.
Nada me gustaría más que anunciar a todos que Cristo viene hoy.  
Pero tal acontecimiento merece un crítico escrutinio del propio corazón que lleve a la entrega de todo aquello que nos une al mundo y nos separa de nuestro Dios. 
No existe nada que pueda superar la importancia de nuestra bienaventurada esperanza. Ningún otro anuncio puede llenar nuestro corazón de gozo perfecto y santa paz.
¿Y qué sucederá cuando venga?
El Señor vendrá a buscar a sus ovejas, a terminar con el poder del pecado y a llevarnos con él a las mansiones del cielo para vivir por la eternidad libres de todo el mal que hoy impera, sin lágrimas, sin dolor, sin tristeza, enfermedades, muerte o angustiosas despedidas ¿Qué sincero cristiano no desearía esto con todo el alma?
El dolor en el corazón, lo siento por la mayoría de las respuestas que provocó tal anuncio entre los cristianos: 
Incredulidad, burlas, insultos, groserías, descalificaciones, ironías, además de expresiones de soberbia y orgullo espiritual al tono de “tu eres un ignorante y yo soy el que tiene la verdad”. 
Lamentable.
Más lamentable todavía porque revela que muchos de los cristianos que participan en la web no conocen el verdadero espíritu de su Señor, que reprendía el pecado pero dejaba siempre a salvo el honor del pecador.
¿No deberían recordar las reiteradas veces que la Biblia condena esta actitud?
  • “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (Oseas 6:6).
  • “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13).
  • “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes” (Mateo 12:7).
¿No tendrían que haber mostrado el espíritu de Bernabé, quien trajo a la iglesia al cuestionado Pablo, ayudándolo a convertirse en el gran apóstol a los gentiles ¿No deberían dejar algo de espacio para la misericordia en todos los casos, por más desesperados que parezcan?
La Escritura aconseja como tratar con aquellos que están en el error (por lo menos a nuestro criterio). “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne”. Judas 20-23
De seguro no habrá un arrebatamiento, pues Cristo regresará a la vista de todos los seres humanos buenos y malos; no tendría objeto tampoco llevarse sus fieles por la trastienda y dejar el mundo en manos de Satanás; pues así él conseguiría lo que reclamaba desde el principio, y que ofreció a Cristo en el desierto de la tentación.
Tampoco vendrá para inaugurar un milenio de paz temporal. Su intención es “hacer nuevas todas las cosas”, no calzar un simple parche en la situación social y política.
Él vendrá, pero no para responder a las ideas preconcebidas de los evangélicos, protestantes, católicos ni aún de los adventistas (¿?). Lo hará en sus propios términos y en el tiempo que tiene designado desde la eternidad.
Vendrá -eso sí-, a buscar sus ovejas; las que están en el verdadero redil, y también las que todavía están fuera de él. 
Vendrá para que todo el universo pueda ser testigo de su victoria, para quitar toda duda sobre su justicia y erradicar el pecado por toda la eternidad.
Pero para ello necesita una iglesia que represente perfectamente su carácter de amor ante las más severas pruebas, con  la fe y la entrega de los mártires.
Una iglesia que arda de amor por las almas que Jesús compró al precio de su sangre bendita, “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. ” (Efesios 5:27)
Noble ideal que todavía no hemos alcanzado; por esto todavía seguimos aquí. 
Termino mis pensamientos con la cita que puse en primer lugar en mi blog: 
“Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos”.
Esperemos al Salvador con fe perfecta. Él vendrá muy pronto tal como lo prometió, aunque no venga hoy.
Yo así lo creo

jueves, 13 de octubre de 2011

IMPUREZAS


“Quita las escorias de la plata, Y saldrá alhaja al fundidor”.Proverbios 25:4
Cuando era niño me fascinaba ver en nuestro taller como los operarios derretían al fuego el metal en la fragua para rellenar partes de motor. Años más tarde, yo mismo trabajé en la fragua del taller de herrería de mi suegro (¿Suena a muy antiguo, verdad?).
Las llamas que se levantaban al dar vuelta el ventilador, el olor del metal sometido al fuego hasta tomar un color rojizo; ver al hierro doblarse con facilidad en ese estado, o contemplar las barras de plomo derretirse como nieve al sol, constituían un muy atractivo espectáculo.
Hoy, sin embargo, este antiguo e indispensable implemento de herreros, soldadores y mecánicos, casi ha desparecido, de tal modo que muchos se preguntarán ¿qué es una fragua?
Es un fogón que se utiliza para forjar los metales, calentándolos a una temperatura en que sean maleables. También sirve para separar la impureza o escoria, que se consume antes de que el metal alcance su punto de fusión. Generalmente se hace de ladrillo o piedra, cubierto con chapas de metal y una parrilla, en la que se aviva el fuego pasando aire por medio de un fuelle manual o mecánico.
En la naturaleza, el hierro y los demás metales no se encuentran en estado puro, por lo que deben pasar por un proceso de purificación mediante fuego. En el ámbito espiritual sucede lo mismo. La naturaleza pecaminosa debe ser consumida por el fuego de la aflicción, las pruebas, la persecución y la renuncia voluntaria al yo.
La Escritura señala lo necesario de este proceso, “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1ª Pedro 1:7).
Si nos sometemos voluntariamente a la disciplina en los términos que el Señor ha dispuesto, no tenemos nada que temer. El no coloca basura en su horno, sino noble metal que espera refinar para que brille en su reino.
“Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata” Malaquías 3:2,3
La finalidad que busca es que todo el amor por este mundo y sus placeres, toda la ambición egoísta, todo mal sentimiento y deseo sean consumidos, para ser reemplazados por un carácter puro y santo como el de Cristo.
Todo nuestro orgullo y vanidad deben desaparecer para dar lugar a la semejanza divina que será implantada por el Espíritu en vidas previamente purificadas.
Pero, ¡cuantas veces hemos resistido la voluntad de nuestro divino Refinador!
“Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo; en vano fundió el fundidor, pues la escoria no se ha arrancado”. Jeremías 6:29
En demasiadas ocasiones nosotros mismos hemos estorbado la obra del Señor en nuestras vidas. La escoria del mal que el pecado adhirió a nuestras vidas debe ser consumida. Lo áspero e insensible del carácter debe ser derretido por la dulzura del amor de Dios, aunque a veces se presente bajo la forma de dificultades, enfermedades, severas pruebas o tribulaciones.
Cuando vienen los problemas, nos quejamos y nos sentimos lastimados y abandonados por el mismo Dios que procura salvarnos de las consecuencias de nuestras malas acciones -de nuestra intemperancia, codicia, egoísmo, orgullo o cualquier otro defecto de carácter-. Desea ver fuera de nuestra experiencia todo lo malo que con persistencia acariciamos y nos negamos a abandonar.
Por eso es bueno prestar atención al consejo de Pablo: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado”. Filipenses 2:12-16
Mi deseo ferviente es que tu y yo seamos librados de toda impureza por el fuego del Espíritu y lleguemos a ser finas alhajas de la corona de gloria del Redentor
¡Maranata!

miércoles, 5 de octubre de 2011

ÉL DA FUERZAS


Confía en el Señor cuando la noche
de la duda y el fracaso te circunden;
confía en su poder cuando te inunden
las olas del dolor y del reproche.

Resiste el vendaval a todo trance
la corona aguarda por delante;
enfréntate a él pues desafiante,
victoria ha de tener quien no se canse.

Insiste en tu puesto de batalla
soldado de la cruz con valentía;
de seguro pasando la agonía
de triunfo te espera una medalla.

Supera los obstáculos confiado
su gracia es suficiente para todo;
derrota no tendrá de ningún modo
aquel que tu poder ha invocado.

Trabaja con fervor por tu Señor
que muchos mueren ya sin tu mensaje;
del mundo no tendrás el homenaje
mas vida eterna aguarda al vencedor.

Obedece pues su ley así sin más
y dispuesto a dar la vida tu te halles;
persiste en amar y no desmayes
que en Cristo nuevas fuerzas hallarás.

Willy Grossklaus