jueves, 5 de mayo de 2011

SUTILEZA SATÁNICA

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. 2ª Corintios 11:3

“Debemos revelar a Cristo en todas nuestras relaciones con los demás. Mostraremos así que tenemos una conexión genuina con el Salvador. Dios debe recibir todo el honor y la gloria. Cuando Cristo aparezca, reconocerá a los que estén unidos con El mediante una fe viva. No se avergonzará de llamarlos hermanos. . .
El Señor es Dios, y no hay ningún otro fuera de El. Cuando Satanás puede hacer que su astucia fructifique en las mentes humanas, las influencias engañosas son recibidas como si procedieran del cielo. Si se da entrada a sus engaños, muchas almas serán entrampadas antes de percibir que tales cosas no proceden de Dios sino del enemigo de toda justicia. Puedo asegurarles que una de nuestras perplejidades será distinguir lo genuino de lo espurio. El engaño se introduce inadvertidamente así como se introdujo en las cortes celestiales.
Satanás trató de socavar la confianza de los ángeles en el gobierno de Dios. Ambicionaba el lugar ocupado por Cristo, con la convicción de que si él obtenía esa posición podría realizar un esfuerzo para lograr el lugar de Dios. Habilidosamente presentó sus sugerencias a los ángeles, y muchos las recibieron. Dejó estas insinuaciones en sus mentes para que se desarrollaran. Ellos, no tan cautelosos como su jefe, comenzaron a comunicar sus nuevas teorías. Satanás era el originador de las dudas que expresaban, pero las presentaba como las opiniones de un gran número de ángeles, y como tales, dignas de ser consideradas.
Satanás obra hoy con estratagemas engañosas para cautivar a los seres humanos mediante teorías falsas. La advertencia de que seamos cuidadosos a fin de no permitirle que se introduzca, llega a través del tiempo hasta nuestros días.
Que nadie se considere suficiente por haber sido usado como instrumento del Señor. Dios utiliza a los hombres, y los honra otorgándoles sabiduría por tanto tiempo como le sean fieles y no se atribuyan la gloria a sí mismos. Los que se retiran de las manos del Señor y se valoran a sí mismos como capaces de conducir la obra, no están guiados por el Espíritu de Dios sino por "otro espíritu". Satanás se introduce, y cambian de conductor. Y así entran la perversión y la sutileza del engaño de la serpiente (Manuscrito 37, del 1 de mayo de 1903)”.
Publicado en el libro Alza tus Ojos Página 133  

domingo, 1 de mayo de 2011

LAS SIETE FRASES MÁS GRANDIOSAS

 
Grande, magnífica oración
Brotó así de su corazón;
A los que horadaban sus pies
perdonaba aún muriendo:
PADRE PERDÓNALES PUES
NO SABEN QUE ESTÁN HACIENDO

Un ladrón arrepentido
en la cruz se ha convertido.
Reconoce su castigo
y después de una oración,
él escucha con atención:
ALLÁ TÚ ESTARÁS CONMIGO

Cristo quiere que María
tenga paz y compañía
cuando el dolor la taladre.
Y junto a Juan él le dijo:
MUJER, HE AHÍ A TU HIJO;
HIJO, HE AHÍ A TU MADRE.

Dios observa desde el cielo
hasta que coloca un velo.
No puede ver el pecado
que está cargando Jesús.
Dios mío clama en la cruz:
¿TÚ ME HAS ABANDONADO?

La cruz es tormento cruel
nadie se preocupa de Él.
Todo sufre por merced
sin que le tengan piedad.
Y en medio de su ansiedad
dice el Señor: TENGO SED.

La profecía ha cumplido.
Ved al Mesías herido.
Como cordero inmolado
ha cumplido su misión,
y expresa con emoción:
TODO ESTÁ YA CONSUMADO. 

Se oye su palabra final,
su vida, su ser terrenal
se está ya extinguiendo.
Claman sus labios humanos:
OH BUEN PADRE EN TUS MANOS 
MI ESPÍRITU ENCOMIENDO...

Fue el último sermón de Jesús
su púlpito fue aquella cruz.
Siete frases van sonando,
hoy grábalas diligente
en tu corazón y tu mente,
que Cristo nos sigue hablando. 
Adaptado de autor desconocido

jueves, 28 de abril de 2011

SIETE ACTITUDES QUE IMPIDEN VENCER

La vida cristiana es una lucha constante. Si mantuviéramos una actitud de confianza perfecta en el Señor, nuestra experiencia sería de constante progreso en la fe, pero...
¿Por qué siempre tiene que haber un pero..?
Por la misma analogía de la lucha que menciono, se puede ver que en nosotros se desarrolla un duro combate entre nuestra naturaleza caída y la gracia de Dios. Pelean contra el llamamiento divino nuestras tendencias adquiridas y cultivadas hacia el pecado; el viejo hombre se resiste a morir, y vez tras vez tiende trampas ocultas a los ojos de los que no velan con perseverancia.
El Enemigo de las almas intenta además -por todo medio posible-, cerrar el camino a la convicción a fin de que no seamos salvos. Procura cegarnos, desalentarnos, llenarnos de culpabilidad y duda. Infunde desconfianza, incredulidad, rebeldía, celos y descontento. Nos echa en cara nuestros fracasos y quiere hacernos creer que ya hemos ido más allá del alcance de la paciencia de nuestro amante Dios.
Por medio de la intemperancia, el orgullo, el egoísmo, la suficiencia propia, el amor al mundo o la vanidad, procura cerrar el corazón a la voz de Cristo.
Puede utilizar como instrumentos suyos tanto a sus demonios y a los hombres pecadores como a nuestros seres queridos y hermanos en la fe. Le sirven tanto las influencias externas como nuestros propios defectos de carácter para causar nuestra perdición.  
Esto último es especialmente efectivo, pues por más que podamos soportar las presiones externas, es muy fácil que nos tomen desprevenidos nuestros propios malos deseos.
Menciono a continuación siete de esas actitudes que son muy frecuentes entre el pueblo de Dios y que cierran el camino a la victoria. Lo hago con la esperanza de que tú y yo podamos huir de ellas, siguiendo el consejo del Señor cuando dijo: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”. 1ª Corintios 10:12
  1. Creerse mejor que los otros: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado”. Romanos 3:9
  2. Confiar en la propia sabiduría: “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos”. 1ª Corintios 3:19
  3. Ser incrédulos: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”. Hebreos 3:12
  4. Ser indiferentes: “Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios”. Mateo 22:4,5
  5. Ser inconstantes: “¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece “. Oseas 6:4
  6. Ser orgullosos: “Y envió Moisés a llamar a Datán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá”. Números 16:12
  7. Desconfiar de la misericordia divina: “Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos?” Isaías 64:5
La última pregunta puede y debe ser contestada con un enfático SÍ.
No necesitamos temer que Dios se canse de nosotros y nos abandone. Su paciencia, su amor, su gracia y su misericordia son inagotables y sólo encuentran un límite en nuestras propias malas elecciones.
Alcemos nuestros ojos hacia Jesús sin vacilación, confiando plenamente en el que es "poderoso para salvar"; él es la fuente de aguas vivas a quien podemos acudir con confianza para saciar nuestra sed de salvación.
Digamos con el profeta: “Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”. Isaías 12:1-6
Amén. Aleluya.

domingo, 24 de abril de 2011

CRISTO VIENE


¡Oíd, oíd, ya suena la trompeta;
aclamad, aclamad con frenesí:
la mies está madura y Cristo viene
a llenar el alfolí!

Escúchase en el fondo de las tumbas
el canto victorioso y triunfador
de las huestes de santos que durmieron
en la paz del Señor.

Los reinos de la tierra se han airado,
y pronto, ya muy pronto van a ser
los reinos del Señor, en donde Cristo
reinará con poder.

¡Mirad, mirad, ya viene el Rey de gloria
en medio de su corte angelical;
proclamad su inminente advenimiento
en un himno triunfal!

En fe y en gracia el santo pueblo aguarda
al victorioso Mártir de la cruz.
¡Desciende y ven, que ansiosos te esperamos!
¡Oh, ven, Señor Jesús!

Julio Macías Flores

sábado, 23 de abril de 2011

JESÚS Y LA AUTORIDAD VI

“Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;
Pues se inflama de pronto su ira.
Bienaventurados todos los que en él confían”. Salmos 2:12
Bien pueden acusarme de buscar textos extraños en la Biblia, pues el citado es uno de ellos.
La primera parte del versículo presenta una advertencia referente a no causar la ira del Hijo de Dios; ¿te imaginas a un Jesús rabioso?
Y la parte final consiste en una bienaventuranza ¿un tanto contradictorio, verdad?
Pero si leemos todo el Salmo 2, veremos que habla de los reyes (o cualquier autoridad) que se rebelan contra la supremacía de Dios. Desde el punto de vista divino, ver al ser humano levantándose contra su Creador es, además de doloroso, un completo y total despropósito.
En estos tiempos de intensa agitación internacional, el elemento unificador es el olvido de Dios. Nadie lo tiene en cuenta o invoca su auxilio para salir de esta situación (excepto algunos fanáticos religiosos).
Existe una adversión y rebeldía -implícita o explícita-, contra todo lo que sea o recuerde a Dios; su nombre, su iglesia, su autoridad, sus instituciones y ritos, sus leyes o sus símbolos. Es ya mayor pecado social ostentar una cruz en cualquier parte, que tener una conducta sexual aberrante. Se prohibe a los deportistas manifestar su fe o devoción cristiana, mientras casi nadie se opone a que tengan conductas egoístas y malintencionadas (en tanto sean exitosos).
Quiero cerrar esta serie sobre Jesús, el respeto y la autoridad, examinando los principios que surgen del encuentro del Señor con el procurador romano:
“Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone... Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César”. Juan 19:10-15   
  1. La autoridad viene de arriba. Deberían recordarlo los que están en autoridad, como Pilato. El creía que se hallaba en dominio de la situación por el hecho de que ostentaba poder; pero como lo descubrió en presencia del Salvador, su poder era apenas una modesta delegación de Roma, que a su vez recibía su poder desde lo alto.
  2. ¡He aquí a vuestro rey! Por más que el Señor estaba lastimado, abusado y sangrante, su porte digno y su calma ante los insultos y maltratos de la multitud lo recomendaban como el verdadero Rey de Israel. El contraste con las autoridades civiles era más que evidente.
  3. Rebelarse contra la autoridad divina es un pecado potenciado por la obstinación ciega de quienes la desconocen. El conocimiento de la verdad hace más grave su rechazo, por lo que estos hombres llenaron la medida de su culpabilidad al ir contra su propia conciencia.
  4. El respeto a la autoridad de Dios siempre está en conflicto con las ambiciones de poder de los hombres. El egoísmo no puede convivir con el respeto al señorío de Cristo. Cuando Pilato les presentó al Redentor como su rey, su corazón impenitente se negó a reconocerlo y eso fue su perdición.
  5. En ese conflicto, le toca a cada ser humano elegir de que lado va a estar. Si se somete a la autoridad divina o cede ante la presión de la autoridad civil. Los judíos que condenaron a Jesús eligieron como rey a un gobernante terrenal y despreciaron al Señor de la vida.
Pero recordemos que el texto inicial culminaba con una bienaventuranza. El mismo Rey que fue crucificado vendrá como Rey del Universo para asumir el mando de este descarriado planeta.
Termino donde empecé, en la obra de purificación que Dios desea hacer en el templo del alma, antes de purificar el mundo con fuego. La rebeldía contra su autoridad traerá frutos amargos. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” Romanos 1:18
Su venida hará estremecer de terror a todos los que despreciaron su soberanía; pero a quienes lo recibieron como su Salvador, su venida les será motivo de gran regocijo.
Te invito hoy a someterte a la potestad del Hijo
Bienaventurados todos los que en él confían”. Salmos 2:12