sábado, 9 de abril de 2011

DESDE EL DOLOR

“Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción”. (Job 5:7)
¡Qué cosa terrible es el dolor!
Tal como lo dijo el patriarca Job, desde que nacemos a todos nos toca sufrir, esta es una verdad tan evidente como universal.
Nos toca sufrir por nuestros errores, por causa de otras personas, por las circunstancias; y aún peor, las más de las veces ni siquiera sabemos por que causa somos atormentados.
Para aquél que no conoce a Dios, se trata del mayor de los sinsentidos; una tamaña injusticia que se comete en su contra, como lo expresó el poeta:
“Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito cometí.”
(La vida es sueño - Calderón de la Barca)
Para el cristiano, en cambio, el dolor tiene su génesis en la aparición del pecado.
Desde que Adán pecó, el mal se aposentó en nuestro mundo y por ello nos hallamos rodeados de dolor propio y ajeno. 
Dolor que siempre resulta insoportable para quienes lo sufrimos, ya sea que se lo experimente por un tiempo prolongado o por un breve instante.
El mero hecho de vivir apartados de Dios es fuente de dolor, tal como lo manifestó el rey David, lamentando: “Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.” Salmos 31:10
Sufrimos también por la actitud de otras personas, que nos maltratan sin razón, por las enfermedades, por los accidentes, por catástrofes naturales o por desgracias ajenas.
No es la voluntad de Dios que suframos, pero a veces puede ser necesario a fin de expulsar de nuestro corazón algún ídolo acariciado, eliminar la mundanalidad y volver nuestros ojos a Dios.
El dolor, por otra parte, no constituye un obstáculo para el crecimiento. Las discapacidades, enfermedades y penas varias, han inspirado las más sublimes obras humanas y han sido fuente de aliento y superación para muchos otros.
Y en cuanto a la Biblia, ¿has pensado que si el Señor evitara dolor a sus hijos, gran parte de ella no se hubiera escrito jamás?
¿Donde estaría la historia del atribulado Job?
¿Se habrían escrito sin dolor la mayor parte de los Salmos?
¿Qué de la increíble vida de sufrimientos de Pablo?
Una nueva perspectiva se abre ante nuestros ojos, al ver como considera el cielo nuestros dolores si estos nos vienen por causa de nuestra fidelidad. Cuando sufrimos por causa del evangelio, somos privilegiados, pues participamos de los sufrimientos de Cristo por su iglesia:
  • “Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él”. 2º Timoteo 2:11,12
  • “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia”. Colosenses 1:24
El sufrir oposición, privaciones y persecución por causa del Señor no nos debería hacer quejosos sino felices pues Jesús mismo dijo:
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Mateo 5:10-12
Pero hay otra dimensión de sufrimiento. No existe, como en el caso de los terremotos una escala para medirlo, pues cada quien estima que sus penas son mayores que las de los otros.
 En mi opinión personal, no hay mayor dolor que el que siente el creyente por los seres queridos que se han apartado de la fe.
Tristeza que se funda en lo irremediable de su elección; angustia de pensar en que en la venida del Señor, ellos no estarán con nosotros.
Recordemos que fue precisamente eso lo que arrancó lágrimas de los ojos de Jesús. Lloró amargamente ante la vista de la ciudad amada, que pronto lo rechazaría y crucificaría: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” Lucas 13:34
Jeremías también lamentaba la destrucción de Jerusalén en estos términos:
“Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas,
Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma;
Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció”. Lamentaciones 1:16
La pérdida de nuestros amados es una victoria del enemigo ¿No deberíamos llorar por ello?
Hay un mundo hundido en terrible sufrimiento. Sus lamentos son escuchados por Dios, el toma nota de cada lágrima derramada. Los ángeles callan sus arpas ante cada alma que es arrebatada por el enemigo.
¿No lloras tú por su desgracia? ¿Harás algo en su favor?

viernes, 1 de abril de 2011

SEÑALES V

“Pero yo, en verdad, quedaré satisfecho con mirarte cara a cara, ¡con verme ante ti cuando despierte!” 
Salmos 17:15 (Dios Habla Hoy)
Finalizando esta serie sobre las señales, quisiera hacer un resumen de lo abordado.
Existen una gran cantidad de señales con distintos propósitos, como señalé en entradas anteriores, pero el énfasis siempre estará puesto sobre las que tienen carácter escatológico; las relacionadas con el tiempo del fin.
De entre ellas, podemos distinguir a su vez dos clases diferentes, de acuerdo a quienes serían sus receptores.
Las primeras estaban destinadas tanto para creyentes como para no creyentes.
Se hallan desplegadas en el sermón profético de Mateo 24 y pasajes paralelos, entremezcladas en estrecho paralelismo con las señales de la destrucción de Jerusalén (70 DC).
Su propósito es despertar las conciencias adormecidos por el pecado.
A- Señales generales:
  • Convulsiones en la naturaleza.
  • Agitación política y social.
  • Corrupción generalizada.
  • Confusión en la esfera religiosa.
  • El avance del evangelio en paises no cristianos.
Estas son las más espectaculares y podemos verlas cumplirse ante nuestros ojos tan solo con enterarnos de las noticias del día.
Los sucesos actuales eximen de comentarios. La intensidad y frecuencia con que estas noticias nos avasallan nos advierte que el tiempo de gracia para este mundo se aproxima raudamente a su fin.
B- Señales específicas para los creyentes:
Tienen como propósito confirmar la fe de los hijos de Dios, así como prevenirlos contra los engaños y ataques del enemigo. No son tan fáciles de advertir como las otras, porque se deben discernir por medio de la fe. Ellas son:
  • Los engaños que afectarán las creencias y prácticas de la iglesia: “los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24: 3-5).
  • La apostasía o apartamiento de la verdad, coronada por el último engaño del Anticristo: “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo... os rogamos, hermanos...Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado” (2ª Tesalonicenses 2:1-3).
  • El espíritu laodicense, de indiferencia espiritual y transigencia con el mundo: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:15-17).
  • El avance del espiritismo dentro del cristianismo, con el fin de unir las iglesias bajo la bandera de Satanás: “Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13,14).
Pero el interés último del Señor, es que estas señales nos ayuden a preparar un carácter justo y puro, listo para ser trasladado al cielo. Para los creyentes, las señales indican que estamos cerca de casa, y que el reinado del mal pronto terminará. Solo deberían infundir temor en quienes no se han convertido de verdad.
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”. (Lucas 21:25-28)
¡Qué maravilloso día será aquel cuando cantaremos de gozo al ver a Jesús!
“Pero yo, en verdad, quedaré satisfecho con mirarte cara a cara, ¡con verme ante ti cuando despierte!” Salmos 17:15 (Dios Habla Hoy)
Las señales dicen que ya se acerca ese momento glorioso.

En presencia estar de Cristo,
ver su rostro ¿que será,
cuando al fin, en pleno gozo,
mi alma le contemplará?

Coro
Cara a cara espero verle
cuando venga en gloria y luz;
cara a cara allá en el cielo
he de ver a mi Jesús.

Sólo tras oscuro velo
hoy lo puedo aquí mirar,
pero pronto viene el día
que su gloria ha de mostrar.

¡Cuanto gozo habrá con Cristo
cuando no haya más dolor,
cuando cesen los peligros
al abrigo de su amor!

Cara a cara ¡cuán glorioso
ha de ser así vivir,
ver el rostro de quien quiso
nuestras almas redimir! 

Himnario Adventista Nº 165 (Grant C. Tullar - Trad. V. Mendoza)

miércoles, 30 de marzo de 2011

SEÑALES IV

“Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?”. (Isaías 42:18-20)
Este texto siempre me inquietó. Porque no reprocha la disminución de los sentidos, no habla de verdaderos ciegos y sordos; sino de aquellos que teniendo la vista y la audición en condiciones no oyen ni ven las advertencias.
Tal como dice el refrán: ”no hay peor sordo que el que no quiere oír ni peor ciego que el que no quiere ver”.
¿A qué se debe este estado de cosas?
En primer lugar, quiero señalar que constituye una señal de los tiempos; quizá la más significativa para quienes esperamos el pronto regreso de Jesús.
Es la terrible condición del miembro de la iglesia profética de Laodicea, quién creyéndose rico y sin ninguna necesidad,  no sabe que es un “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. (Apocalipsis 3:17)
Cuando los fariseos le preguntaron a Jesús cuando vendría el reino de Dios que tanto él como Juan el Bautista habían anunciado (ver Lucas 17:20-37), no les dio señales referidas a terremotos, pestes, guerras, conmoción social u otras calamidades. Dirigió la atención a la condición de los hombres en los días de Noé; culminando su exposición con las tristes palabras: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8)
¿Cómo fueron los días previos al diluvio?
“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo... hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”. (Mateo 24:37-39)
Insisto en que no fue por falta de advertencias, sino por su incapacidad para responder a ellas que fueron destruidos los antediluvianos. No entendieron las señales externas (la predicación de Noé, la construcción del arca, los animales entrando), ni las señales internas -la condición extraordinariamente pecaminosa de su propio corazón-.
La falta de preparación constituyó para ellos un error fatal. No entendieron la solemnidad de la hora y perecieron en la destrucción.
Pero el mismo error está siendo cometido por la generación actual. Cristo advirtió: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. (Lucas 21:34)
La intemperancia  es peligrosa.
El exceso de trabajo, aturdirse con las cargas comunes de la vida, abusar de comer y beber, fueron los factores que impidieron una clara percepción de la verdad: “Satanás ve que no puede ejercer tanto poder sobre las mentes cuando el apetito se mantiene bajo control como cuando éste es complacido, por esto él trabaja constantemente para inducir a los seres humanos a la complacencia. Bajo la influencia de los alimentos no saludables, la conciencia está dominada por el estupor, la mente está oscurecida, y su susceptibilidad a las impresiones se halla coartada. Pero la culpa del transgresor no disminuye porque la conciencia ha sido violada hasta que se ha hecho insensible”. Consejos sobre el régimen alimenticio pag. 512
Lo que causó la perdición de los antediluvianos nos amenaza hoy, en esas y otras miles de formas, pues vivimos en una época de alienación.
Frente a la pantalla de una computadora, de un videojuego, del televisor o de otro tipo de dispositivo electrónico moderno, miles pierden contacto con la realidad y se sumergen en el inexistente “mundo virtual”.
Los deportes, la desmedida exigencia laboral, la perversión sexual, los juegos de azar, constituyen otras maneras de intemperancia que desgastan nuestras fuerzas, nos hacen perder el tiempo, tapan nuestros oídos y cargan nuestros ojos de sueño.
Todas estas cosas, algunas de las cuales incluso pueden ser buenas en cierta medida, conspiran contra la influencia convincente del Espíritu divino.
El abuso aún de lo bueno, la búsqueda frenética de placer y la complacencia de los sentidos, adormecen nuestra conciencia y nos hacen perder la fe.
Cierro con esta cita solemne que nos llama decididamente al reavivamiento y la reforma.
“La fe en la pronta venida de Cristo se está desvaneciendo. "Mi Señor se tarda en venir" (Mat. 24:48), es no sólo lo que se dice en el corazón, sino que se expresa en palabras y muy definidamente en las obras. En este tiempo de vigilia, el estupor anubla los sentidos del pueblo de Dios con respecto a las señales de los tiempos. La terrible iniquidad que tanto abunda requiere la mayor diligencia y el testimonio vivo para impedir que el pecado penetre en la iglesia. La fe ha estado disminuyendo en grado temible, y únicamente el ejercicio puede hacerla aumentar”. Joyas de los Testimonios Tomo 1 Páginas 330,331
Pide al Señor que te despierte y pon tu fe en acción.

sábado, 26 de marzo de 2011

SEÑALES III

“Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Juan 20:29-31)
En el caso de Tomás, se había impuesto una condición para creer. Su orgullo no podía soportar que otros hubieran visto al Señor resucitado y él no. Por lo tanto, decidió depender de evidencias que él mismo condicionó. Jesús tuvo compasión de su pobre discípulo y se reveló nuevamente, pero no dejó pasar la oportunidad para reprochar la incredulidad de éste.
El suave reproche del Maestro nos debería alcanzar a nosotros, puesto que también se nos pueden aplicar estas palabras: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Juan 4:48).
La fe no se debería basar en otro incentivo que el emanado de la autoridad de la Palabra de Dios. Esto debería ser suficiente.
El mismo hecho de que alguien necesite evidencia sobrenatural para cambiar su actitud, habla a las claras de una experiencia espiritual deficiente. No obstante, nuestro Señor que conoce nuestra condición, sabe lo que necesitamos. Las señales también fueron dadas para fortalecer nuestra débil fe e impulsarnos a la acción.
Él no quiere que nos desalentemos y ha puesto indicadores, huellas de su transitar en la historia para que no digamos como el antiguo Israel cuando era llevado al exilio: “No vemos ya nuestras señales; No hay más profeta, Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo. ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?” (Salmos 74:9,10)
No necesitamos las señales para tener fe. Debemos tener fe para interpretar las señales.
Las credenciales del ministerio apostólico (prodigios, sanidades y el don de lenguas, por ejemplo), fueron en su momento muy significativas y se constituyeron en herramientas poderosas de la evangelización de un mundo no tecnificado.
Con dolor digo lo que sigue: las señales que seguirían a los creyentes han sido pervertidas por Satanás y se convirtieron en medios publicitarios o simple exaltación propia. El don de lenguas, los milagros y las profecías se utilizan para llamar la atención no hacia Dios sino hacia el hombre. La consigna parece ser: “¡Vengan, pasen a ver lo que yo hago!” cual si fuera un circo. Se ensalza al predicador que tiene el “poder”, los hombres corren a él  y Dios es olvidado, o relegado a segundo plano.
Muy diferente fue la actitud de Cristo, quién después de cada milagro decía a los beneficiados que no se lo dijeran a nadie. Esta falsificación satánica de los dones del Espíritu es muy corriente y tiende a desmerecer sus verdaderas manifestaciones, que las hay, y muchas.
Son nada menos que el cumplimiento de la profecía sobre el avance del espiritismo: “Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso”. (Apocalipsis 16:13,14)
Las señales que predicen su venida, por otra parte, han estado activas desde hace varios siglos y pueden ser rastreadas fácilmente en la historia, tales como el día oscuro, la luna que se puso roja como sangre o la caída de las estrellas (ver Mateo 24:29).
Otras, las podemos ver delante de nuestros ojos: la degradación moral siempre creciente, la agitación política, las desigualdades sociales, el deterioro de la naturaleza, el aumento del crimen y la maldad, los cada vez más frecuentes y destructivos desastres naturales, el hambre y las pestes que golpean a una generación orgullosa de su progreso, pero que nada puede hacer para detenerlos.  
Finalmente, algunas señales apuntan al futuro. Nos hablan del triunfo final de la causa de Dios. Triunfo que será precedido por la acción desesperada de las fuerzas del mal.
Por eso debemos ser precavidos, como lo advierte la siguiente cita de sorprendente actualidad: “Quien haga de la operación de milagros la prueba de su fe, encontrará que Satanás puede, mediante una variedad de engaños, realizar maravillas que pasarán por milagros genuinos. . . Satanás es un obrero astuto, e introducirá engaños sutiles a fin de oscurecer y confundir la mente y desarraigar las doctrinas de la salvación. Aquellos que no acepten la Palabra de Dios literalmente, caerán en esa trampa. Habrá enfermos que sanarán delante de nosotros. Se realizarán milagros ante nuestra vista.
¿Estamos preparados para la prueba que nos aguarda cuando se manifiesten más plenamente los milagros mentirosos de Satanás? ¿No serán entrampadas y apresadas muchas almas? Al apartarse de los claros preceptos y mandamientos de Dios, y al prestar oído a las fábulas, la mente de muchos se está preparando para aceptar estos prodigios mentirosos. Todos debemos procurar armarnos ahora para la contienda en la cual pronto deberemos empeñarnos. La fe en la Palabra de Dios, estudiada con oración  y puesta en práctica, será nuestro escudo contra el poder de Satanás y nos hará vencedores por la sangre de Cristo”. ¡Maranata: El Señor Viene! Página 154
¿Cómo podremos distinguir los milagros mentirosos? Cristo nos dio su Palabra como defensa contra el enemigo. Hagamos de ella nuestra guía para no ser extraviados.
En las próximas entradas veremos cómo resistir a las falsas señales y cómo reconocer las verdaderas señales de su venida.

viernes, 25 de marzo de 2011

SEÑALES II

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás”. (Mateo 16:1-4)
Hace algunos años me paró un policía en la calle para avisarme que una de las luces traseras de guiño no funcionaba. El tablero indicaba que funcionaba, así que yo hubiera doblado tranquilamente, sin saber que ponía en peligro a quien venía detrás de mi.
Cuando las señales no funcionan, estamos en problemas.
Durante su ministerio, Jesús dio sobradas pruebas de que su mensaje venía de Dios. Sin embargo, los dirigentes religiosos no estaban dispuestos a rendirse ante la evidencia. Su obstinación y ceguera se evidenció cuando el Señor multiplicó los panes y los peces ante una gran multitud. “Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” (Juan 6:30)
¡Había dado de comer a una enorme concurrencia con apenas una merienda donada por un niño, y aún había sobrado! 
¿Qué más hacía falta?
Sin embargo, el registro bíblico muestra que repetidamente rechazaron la evidencia de la razón y la de los sentidos, porque su corazón orgulloso no quería ceder.
Vez tras vez, milagro tras milagro, señal tras señal, fueron endureciéndose al llamado del Espíritu. Desoír la voz del Espíritu Santo significa perder la vida eterna; sellar la propia perdición.
Incluso después de la resurrección de Lázaro, se registra que: “a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él”. (Juan 12:37)
Pero esto no era nada nuevo. Ya en ocasión de su nacimiento, los ángeles, los pastores y los sabios de oriente, habían anunciado la llegada del Mesías largo tiempo esperado, y toda la ciudad de Jerusalén se inquietó con la noticia.
¡Pero ninguno de ellos fue a ver al Salvador anunciado!
Ello demuestra a las claras que en el terreno espiritual no basta con saber. 
Lo que conocemos debe impactar nuestras vidas y producir una transformación. Si esto no sucede, somos meros hipócritas, como los fariseos.
Los creyentes tenemos el privilegio de conocer las señales de la venida de Cristo. Nada de lo que sucede debería causarnos temor; por el contrario, son una invitación a levantar nuestras cabezas en gloriosa expectación del cumplimiento de nuestra esperanza.
Pero las señales también prueban lo que hay en cada corazón, porque están dirigidas a él.
En el texto inicial figura el reproche que Cristo hizo a los líderes religiosos de su tiempo por desconocer las señales de los tiempos.
Los fariseos se sentían orgullosos de cumplir con todas las minucias legales que habían inventado para complicarle la vida a los demás y a sí mismos. Proclamaban a son de trompetas su fidelidad a la Ley. Pero, en el fondo, no querían prestar atención a las señales que revelarían su incredulidad.
La Biblia afirma que hay diferentes tipos de señales: “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes”. (1 Corintios 14:22)
Algunas de las señales tienen como objetivo despertar la conciencia de los pecadores; otras sirven para confirmar la fe de los hijos de Dios. Pero ninguna de ellas convencerá a quien se resista a creer.
¿En qué categoría nos ubicamos tú y yo?
Las señales de los tiempos hoy hablan a tu corazón: ¿te despiertan?, ¿te ayudan a creer?, ¿o tal vez te dejan indiferente?
Quiera el Señor despertarnos, fortalecer nuestra fe y ayudarnos a permanecer velando.