miércoles, 15 de diciembre de 2010

CRISIS Y LIBERACIÓN

"Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos". Isaías 26:4
Cuando era estudiante secundario, se podían adquirir en las librerías unos pequeños libritos (los resúmenes "LERÚ"), que contenían un compendio de cada materia. Tanto los alumnos como los profesores los amábamos, porque eran una síntesis genial de pesados volúmenes de estudio. Nos daban una visión de conjunto y ahorraban tiempo de lectura. Hasta creo que los docentes preparaban sus clases con ellos.
Es que a todos nos agradan las síntesis; más todavía en esta época en que se valora tan poco la lectura y nadie quiere enfrentarse a largos y dificultosos textos.
Este breve pasaje de Isaías 26, con apenas 21 versículos, tiene el valor de ser un resumen de la lucha entre el bien y el mal, además de contener también el gérmen de la doctrina de la justificación por la fe y hermosas exhortaciones.
En tiempos de Isaías, los asirios eran una gran amenaza y los ejércitos de Senaquerib habían llegado a atacar la ciudad de Jerusalén. Los israelitas confiaban en las seguras murallas de su ciudad, pero únicamente el poder de Dios los había librado milagrosamente en esa ocasión. Se anima entonces al pueblo a celebrar la victoria con un cántico. No obstante, en un futuro cercano los ejércitos de Babilonia irrumpirían destruyendo la ciudad que los judíos consideraban inexpugnable. La verdad que necesitaban aprender es que la única y verdadera fortaleza se encuentra en el Señor.
En este hermoso pasaje bíblico podemos anticipar con gozo la protección que nos brinda el Señor; vislumbrar por fe la victoria de Cristo sobre las huestes satánicas y elevar un canto de alegre confianza.
"En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro. Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades. Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos". Isaías 26:1-4
Dios es nuestro poderoso refugio contra el ataque del enemigo, hoy al igual que en la antigüedad. Los justos, la gente guardadora de verdades, o la "que se mantiene fiel" (versión Nacar Colunga); recibirá como recompensa una perfecta paz que será su herencia en el reino de Dios; pero también debe ser la feliz experiencia de su pueblo ahora mismo. La perfecta sumisión a la voluntad de Dios trae consigo la bendición de la perfecta serenidad. El cristiano maduro está en paz con Dios, consigo mismo y con los demás, porque persevera en confiar en Jesús.
Después (en sentido escatológico), se presenta un contraste entre la suerte de la Jerusalén simbólica y la Babilonia simbólica. Una es un refugio seguro y la otra será destruida por los juicios de Dios; una representa seguridad para los justos, la otra la opresión del enemigo. Los juicios divinos que caen sobre los malos proclaman tanto su poder como su justicia, cumpliendo así el deseo de sus fieles.
"Porque derribó a los que moraban en lugar sublime; humilló a la ciudad exaltada, la humilló hasta la tierra, la derribó hasta el polvo. La hollará pie, los pies del afligido, los pasos de los menesterosos. El camino del justo es rectitud; tú, que eres recto, pesas el camino del justo. También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma. Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia".  Isaías 26:5-9
Por otra parte, estos castigos tienen un efecto negativo sobre los que resisten la voz de su misericordia. Los impíos no escucharán y serán arrasados. La impenitencia de los malos, a su vez, tiene como contraparte el arrepentimiento de los fieles, el cual dará paso a una abundante y gloriosa cosecha final.
"Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová. Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá. Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre. Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su recuerdo. Aumentaste el pueblo, oh Jehová, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los confines de la tierra".  Isaías 26:10-15
Por medio de la aflicción de la tribulación del tiempo del fin, Dios se propone separar la paja del trigo y dar a cada uno su recompensa. Tal como la angustia de Jacob junto al río Jaboc (ver Génesis 32), los que serán salvos estarán en riesgo cierto de ser exterminados; por eso buscarán la preciosa seguridad de estar en paz con el cielo. El conflicto será tan intenso que se invitará al pueblo de Dios a esconderse "en tanto que pasa la indignación". Su único refugio será la gracia y el perdón de Cristo; ninguna otra fortaleza de factura humana les servirá. Los que serán redimidos en esa ocasión reconocerán que no tienen mérito que reclamar, que sus obras o su justicia propia no tienen valor en absoluto. Se pinta al fin un cuadro de seguridad en el conflicto final, los justos son protegidos y los malos castigados
"Jehová, en la tribulación te buscaron; derramaron oración cuando los castigaste. Como la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento gime y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh Jehová. Concebimos, tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento; ninguna liberación hicimos en la tierra, ni cayeron los moradores del mundo. Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos. Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos". Isaías 26:16-21
¡Animo en el Señor!
Él es la Fortaleza de los Siglos, un seguro refugio para todo hijo suyo débil y temeroso.
Cantemos hoy alabanzas anticipando la maravillosa liberación que nos espera.

jueves, 9 de diciembre de 2010

LA IGLESIA ¿INSTITUCIÓN DIVINA O INVENTO HUMANO?

"Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo". Gálatas 1:9-12
Hace algún tiempo compré una rosca de Pascua. La saqué de la heladera por la tarde y comimos algunas porciones con mi esposa en la merienda. Ella le sintió un gusto raro, y al observar lo que quedaba, advirtió que estaba llena de moho en la base. Al rato tuve que llevarla de urgencia al hospital (mi estómago fue más resistente pese a que yo comí más), por haberse intoxicado. Tuvieron que aplicarle suero y pasó un día internada y con mucho malestar.
¿Por qué pasó esto? Por mi incapacidad de notar lo que estaba corrompido. No advertí que la masa estaba verde por debajo ni sentí el amargo sabor de lo descompuesto.
¿No estará pasando lo mismo con la iglesia?
Si nos descuidamos, si nuestros sentidos espirituales están dormidos, podemos no ver lo podrido u olfatear lo descompuesto en ella. La consecuencia sería una intoxicación masiva con falsas doctrinas de hombres corruptos. Pero para advertirlo, tenemos que estar alertas.
Podemos también caer en el extremo opuesto de arrancar el trigo junto con la cizaña. Recordemos que esta obra nos fue prohibida por el Señor.
Continuando con el tema anterior, repaso los ítems faltantes de la entrada "¿CUERPO O CORPORACIÓN?"
5- No hay ninguna esperanza para la iglesia, a menos que se destruya TODA su estructura y se la cambie por una nueva.
6- Si la iglesia no es la transmisora de la verdad y la justicia, no cumple ninguna función.
7- Sería mejor en aras de la libertad humana, que ella no existiera.
8- Los diezmos y ofrendas no son prueba de fidelidad, porque van a engrosar las arcas de gente inescrupulosa.
9- La predicación del evangelio es en realidad un medio de reclutamiento de adeptos para dominarlos.
10- La victoria en este caso le pertenece a una maquinaria humana de dominación y no a Dios.
Creo firmemente que la iglesia, aunque necesitada de reformas, es de origen divino. Creo también, que no dejó librado el triunfo en la lucha contra el mal en manos de débiles mortales, sino que él mismo la dirige y la llevará a buen puerto.
Anteriormente afirmé que: "tal como en la figura del cuerpo, la iglesia es a la vez la obra de Dios y lo que hemos hecho de ella".
Si aceptamos la tesis de la "corporación" terminaríamos desconfiando de la obra que el Señor lleva a cabo por medio de hombres falibles. La predicación del evangelio y la fidelidad en los diezmos se reducirían a simples engañabobos. Satanás sería el vencedor, como siempre quiso.
La experiencia humana acerca de los movimientos reaccionarios, anarquistas y revolucionarios ha sido siempre que se destruye lo anterior para tener luego más de lo mismo. No quisiera ver esto en mi iglesia.
El cuerpo de Cristo es Su creación, no un invento humano. Pero aunque establecido divinamente, es profundamente afectado por lo que los hombres hacemos con él. 
La iglesia fue establecida por el Señor con un propósito santo; pero a veces los que debieran velar por ella son descuidados, indolentes o cortos de miras y causan dificultades. La belleza de la verdad se contamina con el orgullo, la suficiencia propia, el egoísmo y toda clase de males que surgen del corazón que no está anclado en Cristo. Basta una palabra irreflexiva o un instante de negligencia espiritual para causar la ruina de muchas almas. "Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien". Eclesiastés 9:18
En el incidente que sigue se ve un claro ejemplo de la inconsistencia humana en agudo contraste con el poder divino:
"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo". Mateo 16:13-20
Hasta aquí, todo va bien. Los discípulos confiesan su fe en Cristo como el Mesías prometido a Israel mediante la inspiración del Espíritu Santo. Pedro, como la voz cantante del grupo hace una grandiosa confesión y el Señor confirma en los doce el nacimiento, la misión y la victoria de su iglesia.
La iglesia está edificada sobre la roca que es Cristo mismo y sobre una confesión de fe en Jesús. Y esto es válido no solo para Pedro; es necesario que todos y cada uno de los cren en Él la vuelvan a hacer individualmente. El Señor es la roca de los siglos, que resistirá los embates del Hades, y todos los creyentes estarán seguros en él.
Unos pocos versículos más adelante, el cuadro cambia por completo: "Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!;  me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará". Mateo 16:21-25
¿Qué paso con la bienaventuranza, la revelación del Espíritu y las llaves del reino?
¿Dónde quedó la seguridad que antes tenía Pedro?
Felizmente, la vacilación, la cobardía o la infidelidad de los hombres no anula los planes y los propósitos que tiene para con nosotros.
Pablo no se equivoca cuando afirma: "antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso". Romanos 3:4
Aunque debemos estar alertas ante las señales de apostasía, no deberíamos dar cabida al pensamiento de que la iglesia ha fallado. Fallan los seres humanos porque son pecadores.
Tengamos cuidado además de no seguir ideas que puedan apartarnos de la sincera fidelidad al evangelio y terminar cambiando algo por nada. Considerar la iglesia como una institución puramente humana es negar que Dios tiene un pueblo aquí en la tierra y concederle la victoria al enemigo.
"Dios ha hecho de nosotros un pueblo para que sea su tesoro peculiar, propiedad suya. Ha determinado que su iglesia en la tierra permanezca perfectamente unida en el Espíritu y el consejo del Señor de los ejércitos hasta el fin del tiempo". (Carta 54. Escrita el 21 de enero de 1908).

martes, 7 de diciembre de 2010

CUERPO O INDIVIDUALISMO

"De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular".  1º Corintios 12:26,27
Tengo 52 años, necesito usar anteojos, tengo una importante pérdida auditiva, mi vientre se abultó, mi cabello abandonó varias áreas de mi cabeza y se cubrió de canas; mi digestión ya no es tan buena, me canso más rápido y mis huesos se resisten a algunos esfuerzos que antes hacía con facilidad.
Aunque tengo mejor salud que muchos otros de mi edad, me doy cuenta que el vigoroso cuerpo de mi juventud está en franca declinación. Y dentro de unos años me fallará por completo...
- Tal vez debería abandonarlo...
- ¡¡¡UPS...!!!
- ¡No tengo otro cuerpo adonde ir...!
Como ven, encuentro que mi condición física es muy similar a la condición del cuerpo de Cristo.
La iglesia de hoy muestra signos alarmantes de decadencia; hay en ella descuido, mundanalidad, incredulidad, formalismo, luchas internas, celos, envidias, además de hombres corruptos y doctrinas de demonios que buscan infiltrarse.
Sin embargo es el cuerpo de Cristo; su deterioro no indica que deba descartarse, sino que necesita cuidado.
"Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos". Efesios 5:29,30
Tal como mi cuerpo, la iglesia es a la vez la obra de Dios y lo que hemos hecho de ella.
No soy responsable por el deterioro normal de mi cuerpo, resultado del pecado, pero sí soy el culpable de su funcionamiento negativo, ya sea por abuso o por descuido. 
En forma similar, cuando nos espanta la condición de la iglesia deberíamos preguntar qué hemos hecho para que se encuentre así, o para mejorarla...
Pero, a diferencia de mi cuerpo físico que un día cesará de funcionar, sin importar cuánto lo haya cuidado, el cuerpo de Cristo no perecerá sino que será gloriosamente renovado por el Señor. Dejará de ser la iglesia militante para transformarse en la iglesia triunfante.
El gran peligro de considerar a la iglesia una corporación (negocio) está en olvidar su condición de cuerpo, dada por Cristo mismo y registrado en su Palabra. Cuando una sociedad comercial no funciona bien, tal vez,  lo mejor es abandonarla y seguir cada uno por su lado. Pero esto no es aplicable a la iglesia.
Aunque la individualidad es valiosa y debe ser preservada, el individualismo no es el método elegido por Dios para la evangelización del mundo y la proclamación de su último mensaje de amonestación.
Elena White afirma:"Dios ha constituido a su iglesia en la tierra en un canal de luz, y por su medio comunica sus propósitos y su voluntad. El no dará a uno de sus siervos una experiencia independiente de la iglesia y contraria a la experiencia de ella. No da a conocer a un hombre su voluntad para toda la iglesia, mientras la iglesia ­-el cuerpo de Cristo­- sea dejada en tinieblas. En su providencia, coloca a sus siervos en estrecha relación con su iglesia, a fin de que tengan menos confianza en sí mismos y mayor confianza en otros a quienes él está guiando para hacer adelantar su obra". Los Hechos de los Apóstoles,  Página 163
En mi condición de soldado raso del evangelio, sin más compromisos que el que hice con mi Señor -de servirle-, creo que tengo algo para decir; aunque no necesito defender a la iglesia.
Si alguien espera que haga un minucioso análisis sociológico o una poderosa refutación de lo que otro dijo, quedará decepcionado porque no es mi intención.  Expreso nada más que mi criterio al respecto. No puedo, ni es necesario, dar razones de alta teología o de gran nivel académico, puesto que si la experiencia del cristiano común no es suficiente para dar razón de su fe, ninguna otra cosa serviría. 
Repaso algunos puntos que escribí en la entrada anterior:
1- Si la Iglesia es una burocracia dominante y sometedora, se transformó en Babilonia y Dios no está dirigiéndola.
2- Todo aquel que confía en la iglesia es entonces un crédulo o es cómplice de la dominación.
3- El calificativo da por sentado que la organización de la iglesia es corrupta por completo.
4- La autoridad final no estaría en la iglesia como delegada de Dios sino en el criterio individual.
  • 1a) En lo referente al primer punto, sucede con la iglesia como con el cuerpo. Lo verdaderamente importante no sucede en los altos niveles. 
    • La vida del cuerpo se rige por lo que pasa a nivel molecular; no son los grandes órganos o sistemas los determinantes, sino los intercambios que suceden entre las moléculas individuales.
    • La vida de la iglesia se determina por lo que pasa en cada miembro y en cada congregación local. En la iglesia local tienen mucho mayor impacto las decisiones locales que las que vienen de los administradores regionales o nacionales. Se debe ver la dirección de Dios por la calidad de sus conversos y la profundidad de su experiencia religiosa.
  • 2a) El siguiente promueve el individualismo, en oposición a la búsqueda del consenso y del peso del criterio de los que han servido fervientemente al Señor por años.
  • 3a) El tercer ítem invita a desconfiar de todo y de todos, pero la abolición de la confianza deja como saldo la parálisis espiritual del conjunto.
  • 4a) El cuarto punto nos vuelve a la situación inicial: si el cuerpo no funciona, hay que descartarlo, pero, los que proponen  eso, ¿qué tienen para dar a cambio?
¿Qué cosa superior a lo que ya tenemos hemos de recibir?
¿Hay algún otro cuerpo que reemplace al cuerpo de Cristo?
¿Cambiaríamos la segura palabra profética por la opinión de algunos hombres?
La conclusión es evidente. Cambiaríamos TODO por NADA.
En un cuerpo saludable, la individualidad de cada miembro es reconocida y preservada con dedicación por el conjunto. Cuando estamos sanos, ni siquiera nos acordamos de que tenemos corazón, hígado, riñones o pulmones. Los echamos de ver cuando fallan o se enferman, es decir, cuando nos duelen o funcionann mal.
Los líderes sanos deberían ser igualmente anónimos. No necesitan notarse mientras la iglesia marcha bien. He trabajado en algunas iglesias perfectamente saludables en las que algunos miembros ¡ni siquiera conocían el nombre de su pastor local!
Todos los cuestionamientos al liderazgo surgen pues de una dirigencia afectada y/o de una membresía contagiada por la recurrente enfermedad del individualismo (fruto del pecado).
Cuando el cuerpo de la iglesia deja de actuar en concierto, cuando los miembros dejan de confiar el uno en el otro, cuando sólo se ve lo negativo y se desprecia lo positivo; entonces se halla en graves problemas.
El arrogante egoísmo que proclama "solo yo tengo razón" actúa igual que un cáncer devastador que termina por destruir el cuerpo.
La Biblia contiene esta solemne advertencia al respecto: 
"Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras". 2º Juan 1:8-11
No demos lugar al individualismo. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿CUERPO O CORPORACIÓN?

"Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular". 1º Corintios 12:27
En los últimos tiempos estuve leyendo publicaciones en las que se compara a la iglesia (en fuentes de varias denominaciones cristianas), con una "Corporación". De todas las que leí, me tocó profundamente una que se refería a la iglesia a la que pertenezco; motivo de un supuesto análisis sociológico.
El término "Corporación" tiene varias acepciones, pero ninguna en castellano está referida a la iglesia. En realidad es un vocablo tomado del idioma inglés (un barbarismo), con una connotación mercantil. Lo más aproximado que encontré es esta definición:

CORPORACIÓN: designación general que se da a las sociedades anónimas en los Estados Unidos. La corporación monopolista contemporánea sirve a la oligarquía financiera de principal instrumento para enriquecerse y dominar. Fuente http://es.mimi.hu/economia/corporacion.html

Al trasladar el concepto y comparar la iglesia con una "corporación oligárquica", se tiene como objetivo último descalificar, ya sea a la institución, a sus doctrinas o a sus dirigentes (aunque el autor del escrito hacía referencia a la organización como tal). Usa el  término en forma peyorativa e insultante. Presenta a la institución eclesiástica como una monstruosa máquina de engaño, que busca el poder y la riqueza sirviéndose de la credulidad de los ingenuos.
Para comenzar quiero decir que me dolió. Las críticas, acusaciones, ataques y diatribas, son atendibles desde la óptica de un pagano o de un incrédulo ¿Pero... en boca de quienes se dicen cristianos? Me cuesta digerirlo.
Es frecuente y cómodo aplicar este calificativo a otras denominaciones. Los "otros" (¡pobre gente!), están en el error, los "otros" son Babilonia, los "otros" son los sometidos; pero la salida fácil es generalmente la equivocada.
Ahora bien, reitero que si este tipo de comparaciones viene de enemigos de la iglesia, resentidos, cínicos, críticos de todo, fanáticos de las conspiraciones o de  ignorantes, pasemos por alto sus conceptos y sigamos adelante...
En cambio si vienen de sinceros y preocupados cristianos...
¿Qué tal si tuvieran razón? ¿Qué tal si soy yo el engañado?
¿A quién estoy sirviendo, al hombre o a Dios?
O peor todavía: ¿Significa que derrotó Satanás a la iglesia cristiana?
Las evidencias de males en la iglesia, por desagradables que parezcan, no se inventaron y no deben ser ignoradas, a riesgo de nuestras propias almas. Si la iglesia cristiana se volvió en su conjunto o en parte una CORPORACIÓN, estamos ante un peligro muy serio.
Después de leer y analizar el tema  llegué a las siguientes conclusiones:
1- Si la Iglesia es una burocracia dominante y sometedora, se transformó en Babilonia y Dios no está dirigiéndola.
2- Todo aquel que confía en la iglesia es entonces un crédulo o es cómplice de la dominación.
3- El calificativo da por sentado que la organización de la iglesia es corrupta por completo.
4- La autoridad final no estaría en la iglesia como delegada de Dios sino en el criterio individual.
5- No hay ninguna esperanza para la iglesia, a menos que se destruya TODA su estructura y se la cambie por una nueva.
6- Si la iglesia no es la transmisora de la verdad y la justicia, no cumple ninguna función.
7- Sería mejor en aras de la libertad humana, que ella no existiera.
8- Los diezmos y ofrendas no son prueba de fidelidad, porque van a engrosar las arcas de gente inescrupulosa.
9- La predicación del evangelio es en realidad un medio de reclutamiento de adeptos para dominarlos.
10- La victoria en este caso le pertenece a una maquinaria humana de dominación y no a Dios.
El desarrollo de estos conceptos me llevará más espacio del que dispongo, pero continuaré en las siguientes entradas.
Al llegar a este punto, quisiera dejar de lado mi "corazoncito adventista" y analizar el tema sin apasionamientos, pero no es fácil, pues atacan algo que amo. No obstante, les concederé el beneficio de la duda.
¿Dice algo la Biblia de esto?
De corporación, nada...
Aunque la Escritura presenta a la iglesia bajo diferentes símbolos, como por ejemplo, la llama "la esposa de Cristo", "edificio espiritual", "columna y baluarte de la verdad", "manada pequeña" etc.; el que más se le aproxima al calificativo de marras es el del "cuerpo":
"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo... y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos... Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?...  pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular".
1º Corintios 12:12-27
En un cuerpo, ninguna parte es dominante, sino dependiente. Los miembros más humildes son los que reciben más honra. Nadie ejerce supremacía, porque ésta le pertenece al Espíritu Santo. Se enfatiza la unidad, la cooperación, el mutuo acuerdo. Su objetivo no es perpetuarse, sino dar paso al Reino de Dios. Busca, no el poder, sino la salvación de la humanidad. La cabeza es Jesucristo, sus dones vienen de Dios, su autoridad es delegada y su capacidad depende de la interacción de sus partes. La idea del Señor al establecer la iglesia fue crear un espacio donde el amor, la bondad, la abnegación, la solidaridad, la comprensión y la paciencia pudieran ser ejercidas y practicadas por sus miembros. Que el mundo pudiera ver en la práctica de estas virtudes cómo es el carácter divino. Es a la vez su campo de entrenamiento para el cielo, su agencia misionera y la vindicadora de su justicia.
¿No es lo mismo, verdad?
Pero hablo del ideal, al cual no siempre alcanzamos... ¡No lo perdamos de vista por completo!
Seguimos en otra entrada.

viernes, 3 de diciembre de 2010

A SALVO EN LA ROCA

La situación de Israel cuando Isaías fue llamado al oficio profético era tal que Dios mismo advierte a su siervo que sus mensajes serían rechazados. Se presenta el caso del pueblo elegido casi como sin esperanza, y se le encargan al profeta una serie de mensajes de juicio tan terribles que éste queda anonadado; la desolación sería tan completa que parecería no haber más remedio para la condición caída de los judíos. Desoían llamado tras llamado, avanzando  con frenesí en la senda de su propia destrucción, completamente ciegos y sordos a lo espiritual.
La situación se describe con palabras de gran severidad: "Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa". Isaías 6:10-13
A la rebeldía y maldad de su pueblo seguirían inevitablemente la miseria, la destrucción y toda clase de calamidades, provocadas por las sucesivas invasiones de los asirios y babilonios, culminando en el cautiverio y la desaparición de Israel como nación independiente.
Pero los castigos divinos tienen un propósito redentor, durarían solo "hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo". Isaías 32:15-18
¿Qué remediaría la triste condición de esa nación tan insensata y pecadora?
En cuanto dependiera de los hombres,  la justicia, la paz y el reposo serían tan solo una buena idea que nunca se concretaría. La dirección que le habían imprimido a sus vidas se alejaba más y más de ellas. Por su propia cuenta no lo lograrían.
El profeta anticipa entonces el reinado de un rey justo que haría volver los corazones hacia el verdadero Dios. Si bien el buen rey Ezequías fue el cumplimiento parcial de estos mensajes, el último y verdadero Rey que pondría fin a este estado de cosas, no sería otro que nuestro buen Señor Jesucristo.
"He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablará rápida y claramente". Isaías 32:1-4
Como habitante de una tierra en donde suele hacer mucho calor (tanto que se dice que en Formosa solo hay dos estaciones: la del verano y la del ferrocarril, que ya no funciona), puedo entender muy bien la hermosa figura bíblica.
La enorme roca que sirve de protección contra el calor con su sombra y ampara de los fuertes vientos, es signo adecuado de la presencia de Cristo en el corazón. Él es nuestro divino Protector. Su amparo es indispensable y refrescante para los agobiados por las luchas de la vida. Sean cuales fueren nuestras dificultades, podemos confiar en que Jesús nos ama y que podemos encontrar asilo en sus brazos cuando los problemas parezcan aplastarnos.
Hay esperanza, incluso cuando el árbol de nuestra vida parezca un tocón seco, pues para Dios ese tronco es su valiosa "simiente santa".
Los sentidos ofuscados, las capacidades muertas, los sentimientos bondadosos, los afectos reprimidos y olvidados, todo revive junto a Cristo. El amante Salvador es nuestro "escondedero", aquel que nos proporciona refugio del asalto de nuestro enemigo mortal, Satanás. En sus manos heridas hay escondite para los que están cercados por el mal.
Esto debiera ser motivo de constante gozo para el cristiano que experimenta aflicciones. Todo cuanto es necesario para nuestra felicidad lo podemos encontrar en su aliviadora presencia.
Nos concede su Espíritu para que podamos caminar en novedad de vida, siendo transformados en nuevas criaturas. La segunda persona de la Divinidad es el agente regenerador por excelencia, que hace eficaz el sacrificio de la cruz y nos ayuda a obedecer por fe.
El Rey nos otorga además su justicia, convirtiéndonos en los "príncipes [que] presidirán en juicio". Los indignos seres humanos objetos de su gracia seremos convertidos en habitantes de pleno derecho en un universo sin pecado ¿No es algo demasiado maravilloso?
Hay amor, salvación, cuidado, protección, justicia, dignidad, compañía; todo esto se encuentra en Cristo y solamente en Cristo. Son sus dones de gracia para quienes los aceptan. Los brinda sin costo, aunque los consiguió a un precio elevadísimo, su propia vida inocente.
Tan grandioso es Jesús, su poder para redimir del pecado es tan asombroso, tan maravillosamente abarcante su obra en nuestro favor, que la eternidad no alcanzará para comprender la profundidad de su amor.
Cuando todo haya terminado y el mal no exista más, entonces "sólo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevara siempre las señales de su crucifixión. En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies se ve las únicas huellas de la obra cruel efectuada por el pecado. El profeta, al contemplar a Cristo en su gloria, dice "Su resplandor es como la luz, y salen de su mano rayos de luz; y allí mismo está el escondedero de su poder." En sus manos y su costado heridos, de donde manó la corriente purpurina que reconcilió al hombre con Dios -allí está la gloria del Salvador, "allí mismo está el escondedero de su poder-." "Poderoso para salvar" por el sacrificio de la redención, era por consiguiente fuerte para ejecutar la justicia para aquellos que despreciaron la misericordia de Dios. Y las marcas de su humillación son su mayor honor; a través de las edades eternas, las llagas de Calvario proclamarán su alabanza y declararán su poder." CS 732, 733.
Podemos confiar en nuestro poderoso Escondedero. Él quiere llevarnos a su reino para gozarse con nosotros por las edades sin fin.
No obstante, no necesitamos esperar llegar al cielo para alabarlo. Hagámoslo hoy mismo.