viernes, 22 de octubre de 2010

MIA Y LAS MIGAS DE PAN

"Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora". Mateo 15:26-28
Hace un par de años entró a nuestras vidas una simpática y cariñosa perrita, dueña de una sensibilidad muy especial; se convirtió en la sombra de mi hija y en la mimada de toda la familia. Le pusimos por nombre "Mía".
Aunque tratamos de educarla lo mejor posible, adquirió con el tiempo una costumbre singular; su inexplicable pasión por las migas de pan.
Y no es que pase hambre, o que le falte el alimento. Simplemente, cuando advierte que hay migajas, pierde todo interés por cualquier otro alimento que le demos. Espera con paciencia que terminemos de comer, para hacerse cargo con todo entusiasmo de las migas que caen cuando se sacude el mantel, e incluso come las que les lanzamos en el patio a los pajaritos. No presta la más mínima atención a la abundante comida en su plato; las migas son su deleite, su pasión.
Este hábito curioso de mi perrita me hizo recordar el incidente de la mujer sirofenisa que buscó con persistencia el auxilio de Jesús.
Elena White comenta: "La mujer presentaba su caso con instancia y creciente fervor, postrándose a los pies de Cristo y clamando: "Señor, socórreme." Jesús, aparentando todavía rechazar sus súplicas, según el prejuicio despiadado de los judíos, contestó: "No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos"... Esta respuesta habría desanimado completamente a una suplicante menos ferviente. Pero la mujer vio que había llegado su oportunidad. Bajo la aparente negativa de Jesús, vio una compasión que él no podía ocultar. "Sí, Señor  mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores." Mientras que los hijos de la casa comen en la mesa del padre, los perros mismos no quedan sin alimento. Tienen derecho a las migajas que caen de la mesa abundantemente surtida. Así que mientras muchas bendiciones se daban a Israel, ¿no había también alguna para ella? Si era considerada como perro, ¿no tenía, como tal, derecho a una migaja de su gracia?" El Deseado de Todas las Gentes pag. 401
De este relato de la Biblia podemos extraer varias lecciones.
La primera de ellas es que todos tenemos el mismo derecho a las abundantes bendiciones de Dios. Tanto los que conocen la verdad como los que buscan al Señor sin conocerla plenamente, tienen acceso a la misma fuente de gracia y plenitud.
El que no hace acepción de personas y hace salir el sol y caer la lluvia sobre buenos y malos, no escatima sus bondades a quien las solicita. "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación". Santiago 1:17
No hay lugar, entonces, para el orgullo denominacional, tan caro para muchos. No existen los "adventistas de cuna" (en el sentido de tener algún privilegio por ello), ni debemos referirnos a los que no son de nuestra fe como "los de afuera".
Los discípulos no vieron en la mujer alguien digno de recibir nada del Salvador, pero Cristo la bendijo conforme a su fe. Cuidemos de parecernos a ellos, siendo exclusivistas.
Por otro lado, corremos el peligro de olvidar las abundantes bendiciones que el Señor tiene disponibles, para alimentarnos con "migajas".
No debemos conformarnos con:
  • Migajas de oración. Oramos poco y recibimos poco de las gracias celestiales que se alcanzan por la persistencia en la oración secreta, que es la llave que da acceso a todos los recursos del cielo. No seamos escasos en pedir, alabar y agradecer Recordemos la promesa: "y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. " Juan 14:13
  • Migajas de comunión. Para muchos, basta ir a la iglesia de vez en cuando; relacionarse con sus hermanos en la fe apenas un poco. Prefieren andar por la vida solos o en compañía de quienes no tienen su misma fe. Deberíamos imitar la actitud de David cuando dijo: "Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos." Salmos 84:10
  • Migajas de su palabra. La lectura de la Biblia no tiene nada de mágico, pero es el medio dispuesto por el cielo para la nutrición espiritual. Que podamos decir con el profeta: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" Jeremías 15:16
¿Qué resultados se obtienen de esta actitud descuidada y pobre? Solamente tendremos:
  • Migajas del Espíritu
  • Migajas de fe
  • Migajas de poder
Por último, Jesús alabó la fe de la mujer, que con una sorprendente humildad ignoró el rechazo de los discípulos y las palabras duras pronunciadas por los labios de Cristo.
Como el corredor que se aproxima a la meta, ella perdió de vista su ego y sus propios intereses en pos de la sanidad de su amada hija. Obtener la gracia estaba antes que su orgullo, y si no podía tenerlo todo, ansiaba al menos las migajas de la plenitud divina.
¿Te han tratado alguna vez de perro?
Jesús mismo había insultado a esta mujer, y sin embargo no hizo caso. Conozco muchas personas que cuando se sintieron maltratadas o insultadas por un hermano, se ofendieron y abandonaron la fe.
Cuando nuestro ego está por encima del deseo de alcanzar la gracia divina, nos encontramos en gravísimo peligro. Que su perseverante humildad, digna de un sincero y contrito hijo de Dios sea nuestro ejemplo a seguir.
¿Te conformas con migas habiendo un suculento banquete a tu disposición?
¿Es tu orgullo un obstáculo para recibir la plenitud del Espíritu?
No pierdas de vista que a pesar de lo que los hombres puedan hacer o decir, Él no ha cambiado. Todavía sigue siendo el mismo.
"Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús". 
Efesios 2:4-7

GRACIAS SEÑOR


Gracias Señor, por tu voz tan quieta
que se hace oír cuando el dolor aprieta
y es como ungüento de consuelo santo
que neutraliza mi cruel quebranto.

Gracias Señor, por tu amistad contínua
que me liberta de toda ruina
dándome fuerza para seguir
por el sendero del buen vivir.

Gracias Señor, porque tú existes
para los pobres, para los tristes,
para el humilde de corazón
que arrepentido busca el perdón.

En fin, Señor, gracias por todo
lo que eres, y por el modo
tan compasivo que hay en tí.
Yo soy tu hijo, ven, mora en mí. 

Autor anónimo

jueves, 21 de octubre de 2010

LA MAYOR EVIDENCIA DE CRISTIANISMO

"¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna". Salmos 133:1-3 NVI
El plan original de Dios para su iglesia es que sea tanto una escuela en la que aprendamos a conocer a Dios y el modo de vida del cielo, como un hospital en el que los heridos por el pecado puedan ser restaurados a una plena salud espiritual. La materia de estudio y la medicina para cada uno de los que allí acuden se encuentra en la Palabra de Dios.
La Biblia es el medio designado por el Señor para que podamos comprender su voluntad y alcanzar la renovación del alma; pero la comunión con nuestros hermanos es la forma en que encontramos, en medio de las fatigas de la vida, la "bendición y vida eterna".
El sincero afecto de quienes creen como nosotros, su franca y leal amistad, el compartir nuestras cargas y pesares con los que pasan idénticas vicisitudes, poder disfrutar juntos de la adoración ferviente y sincera, son goces que anticipan la patria celestial.
Cuando nuestras cargas parezcan aplastarnos, la iglesia debería ser nuestra ciudad de refugio y nuestros hermanos el bálsamo que calme nuestro dolor y cubra nuestras heridas. En los momentos en que disfrutamos de la bendición del Señor, también deberíamos encontrar allí quienes se alegren con nosotros, sin rastros de envidia o menosprecio.
¡Cuánto necesitamos de la comunión de nuestros hermanos!
En un mundo dividido por el egoísmo, el odio y la maldad, el amor fraternal es la mayor evidencia en favor del cristianismo.
Que podamos apoyarnos unos a otros, convivir en paz, mostrar abnegación y desprendimiento, alegrarnos con los que se alegran y llorar con los que lloran; en suma, en ser una famila unida y feliz, resultan mejores argumentos que cualesquiera otros que podamos presentar. El mayor logro de la iglesia debería resultar en vidas transformadas que puedan vivir en paz consigo mismas y con las demás.
Lamentablemente, no siempre resulta así...
El aceite de la armonía ha dejado en muchos casos de descender sobre quienes profesan ser hijos de Dios. Un espíritu agitado de denuncia, rebelión, murmuración, quejas y descontento, se ha posado sobre la iglesia, empañando las relaciones y convirtiendo en un infierno lo que debería ser un anticipo del cielo.
Quisiera compartir una aleccionadora cita relacionada con la historia de David cuando era fugitivo de Saúl:
"Todo fracaso de los hijos de Dios se debe a la falta de fe. Cuando las sombras rodean el alma, necesitamos luz y dirección, debemos mirar hacia el cielo; hay luz mas allá de las tinieblas. David no debió de desconfiar un solo momento de Dios. Tenía motivos para confiar en él: era el ungido del Señor, y en medio de los peligros había sido protegido por los ángeles de Dios; se le había armado de valor para que hiciera cosas maravillosas; y si tan sólo hubiera apartado su atención de la situación angustiosa en que se encontraba, y hubiera pensado en el poder y la majestad de Dios, habría estado en paz aun en medio de las sombras de muerte... "
Cuando era un jovencito, en la relativa tranquilidad de su vida pastoril, sus hermanos y su familia le menospreciaban. Esto se vió cuando Samuel fue a ungirlo como rey y en el trato despectivo que le dieron en el incidente con Goliat. 
David se encontró más tarde en una situación precaria, sin más remedio que escapar de la ira del rey. Solo y desamparado, flaqueó en la fe. Pero al recibir a sus familiares en la cueva de Adulam, la luz brilló nuevamente en su alma. El apoyo de sus seres queridos afirmó y fortaleció su vacilante confianza.
La cita continúa así: "En las montañas de Judá, David buscó refugio de la persecución de Saúl... "Lo cual como oyeron sus hermanos y toda la casa de su padre, vinieron allí a él." En la cueva de Adulam, la familia se hallaba unida por la simpatía y el afecto. El hijo de Isaí podía producir melodías con la voz y con su arpa mientras cantaba: "!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno!" (Sal 133: 1.) Había probado las amarguras de la desconfianza de sus propios hermanos; y la armonía que había reemplazado la discordia llenaba de regocijo el corazón del desterrado". Patriarcas y Profetas Página 657, 658
No fueron simplemente de visita. En aquellos tiempos, cuando alguien caía en desgracia ante un rey, su familia también era exterminada. El peligro común unió entonces a David y sus hermanos. Cuando la casa de Isaí tuvo que compartir la suerte del héroe perseguido, enfrentando la persecución, la pérdida de sus bienes y el riesgo de perder la propia vida, sus lazos familiares se recompusieron y reinó entre ellos la armonía. Las diferencias pasaron a un segundo plano por la urgencia de la situación. Entonces la cueva se convirtió en un palacio.
¿Tendrá que pasarnos lo mismo?
¿Será que únicamente la persecución y la amenaza de muerte inminente nos unirán?
¿Necesitaremos perderlo todo para quedarnos con lo único importante?
¿Tendremos que estar mal para llevarnos bien?
¡Qué paradoja!
Aunque el tiempo de angustia que probará a cada alma está a las puertas, no debemos esperar a que llegue para amar a nuestros hermanos. No hay en el cielo lugar para los celos, la desunión, la desconfianza o las contiendas por el poder. No las deberíamos ver tampoco en la iglesia.
El mundo ya tiene bastante de eso. Es su espíritu, no el nuestro.
Jesús colocó el blanco de la testificación exitosa en el verdadero lugar cuando dijo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros". Juan 13:35
Lograremos el éxito en nuestra misión cuando el amor, que es el "modus vivendi" del cielo reine en nuestros corazones. Convenceremos a los demás, no con el poder de sonoros argumentos, sino por la callada e irresistible fuerza del afecto fraternal.
Tenemos que aprender a convivir en paz y armoniosamente para recibir "bendición y vida eterna".
Necesitamos hacer hoy un esfuerzo especial en favor de la concordia entre quienes pretendemos habitar las mansiones eternas, porque no habrá para cada uno una nube diferente, sino una única ciudad en la que viviremos todos juntos. 
Llenemos de alegría el corazón de nuestro Padre Celestial cumpliendo su mandamiento más notable: amarnos unos a otros.
"¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna". Salmos 133:1-3 NVI

sábado, 16 de octubre de 2010

LEER LO QUE ESTÁ ESCRITO

"Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.  Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio". Tito 3:8-11
Desde que comencé a escribir, me propuse no participar en debates, sinó que intentaría destacar solamente lo positivo.
Abundan por el ciberespacio los burladores, los críticos de todo, los resentidos, los agresivos, los que aman confrontar, pelear y discutir. No quiero  ser uno de ellos.
Nada útil se saca de esto, nada complica más las cosas que discutir sin saber de que se habla, y sin detenerse a escuchar al otro.
Hay también muchos que tienen buenas intenciones, pero que gustan de polemizar por minucias sin sentido.
Aunque para enredar verdaderamente las cosas, están los teólogos (perdón, es broma...). No hablaba de los buenos teólogos ni de la sana teología, sino de aquellos que a lo largo de los siglos se han ocupado en oscurecer lo sencillo con infinidad de detalles e invenciones humanas; los que han ocupado el lugar de los rígidos fariseos de los tiempos de Cristo y fueron condenados por él.
Ninguno de estos ayudan al alma que está sedienta de las gracias de Cristo.
Expresado lo dicho, no puedo permanecer tampoco indiferente a los errores que circulan como si no existieran. Veo como mi deber tomar posición en algunos casos.
Nuestra fe cristiana se halla hoy dividida entre católicos, protestantes, ortodoxos, evangélicos, liberales, fundamentalistas... y la lista puede seguir.
Una de las principales causas de división, instigadas por Satanás mismo, ha sido la mala interpretación de las Escrituras. Numerosas contiendas se han levantado a lo largo de los siglos, obligando muchas veces a los "disidentes" a salir de la denominación que amaban.
Nos hemos escindido, separado, dividido, mutilado, descuartizado y anatematizado unos a otros en nombre del único Dios verdadero (que siempre resulta favorable a nuestra versión).
La Biblia ha sido malinterpretada y deformada para apoyar las doctrinas más diversas y contrarias entre sí. Concilios de eruditos se convocaron para dar legitimidad al error y suprimir la verdad y sus testigos, oscureciendo su claridad con negras tradiciones.
El resultado ha sido que muchos hoy sostienen que la Palabra de Dios es difícil de interpretar y que debe dejarse este asunto en manos de una élite de gente calificada.
Lo que olvidamos es que la revelación de Dios esta dirigida al hombre común.
Nuestro Dios es un Dios sencillo y su mensaje es sencillo de interpretar...  a menos, claro, que no se le quiera obedecer....
Solamente tenemos que leer lo que está escrito...
Hay dos problemas que impiden entender el texto de la Biblia.
  • Jesús le preguntó al confuso intérprete de la ley: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" Lucas 10:26
Dios requiere en primer lugar que al encontrarnos con su Palabra, leamos su mensaje, no lo que nosotros creamos que dice. No podemos abordarla con presuposiciones o ideas preconcebidas.
  • Además, incluso con la actitud correcta, podemos no entender lo que está escrito por falta de iluminación o de adecuada instrucción. Felipe le preguntó al eunuco: "Pero ¿entiendes lo que lees?" Hechos 8:30
Si, al igual que yo, no disponen de formación teológica, no deben desesperar. Es bueno tener conocimiento de los idiomas originales para enriquecer nuestro entendimiento, pero vale recordar que no es indispensable. Existen hoy muy buenas y fiables versiones en casi cada idioma que nos pueden ser de provecho.
Es necesario apenas un poco de conocimiento de las reglas del propio idioma, pues los traductores se sirvieron de dichas reglas y de las de la lengua original para volcar su versión.
También un buen diccionario puede servir de ayuda. Muchas personas tienen dificultades con el significado de las palabras; como aquella que comentando algo muy cómico decía: -yo me "destornillaba" de la risa - (la expresión correcta es desternillaba). O la otra, que leía que en la Tierra Nueva el Señor "enjuagará" (por enjugará) toda lágrima.
Hay palabras que tienen una sola acepción, en tanto que hay otras que admiten varios significados; a esto se lo denomina polisemia. Utilizamos además figuras retóricas* en el lenguaje corriente, que no tenemos dificultad en entenderlas en una conversación:
-Cuando alguien afirma que tiene mil cabezas de ganado, sabemos que no se refiere a que tiene solo las cabezas, sino a mil animales enteros (nombra el todo por la parte).
-Tampoco nadie entendería literalmente la expresión: "cada vez que abre la boca mete la pata"....
Por eso, es necesario leer lo que está escrito.
En cuanto al texto bíblico en particular podemos distinguir un lenguaje coloquial y de significación directa (el habitual de la narración), un lenguaje poético y uno profético; estos dos últimos se sirven de figuras y simbolos para comunicar su mensaje.
El texto del Génesis 1-3, por ejemplo, es coloquial, se trata de un relato, no una poesía ni profecía, que requiera la interpretación de sus símbolos.
Por ello, podemos tomar lo que dice al pie de la letra. No hay lugar para largos períodos de miles de años, la creación se realizó en una semana literal como lo exige la llana lectura del texto. El pecado comenzó con la desobediencia de la pareja original. No se trata de mitos ni leyendas (estos tienen sus propias convenciones que los diferencian de la narración).
En Job, entretanto, las preguntas de Dios están cargadas de poesía y nadie en su sano juicio debería entenderlas literalmente:
"¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?
Házmelo saber, si tienes inteligencia.
¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes?
¿O quién extendió sobre ella cordel?
¿Sobre qué están fundadas sus bases?
¿O quién puso su piedra angular...?
¿Quién encerró con puertas el mar,
Cuando se derramaba saliéndose de su seno,
Cuando puse yo nubes por vestidura suya,
Y por su faja oscuridad,
Y establecí sobre él mi decreto,
Le puse puertas y cerrojo..."
Job 38:4-10
Está claro que Dios hizo todo, pero... no se presenta aquí una descripción científica, puesto que el mar no tiene puertas ni vestido ni cinto ¿verdad?
Evitemos hacerle decir al texto lo que no tiene intenciones de decir, en un arrebato de literalismo. 
No obstante, una cosa es creer que el relato dice lo que dice, y otra muy diferente es entender la manera maravillosa en la que se realizaron esas simples declaraciones, pues hablamos del poder creador que hizo el universo de la nada.
Dios creó los cielos y la tierra, si ¿pero cómo?
Es allí donde nuestra comprensión se agota y nuestra razón debe inclinarse ante la revelación del Dios soberano. Debemos aceptar lo que dice su palabra ante nuestra incapacidad de explicar como sucedió. Lo mismo vale para los milagros o cualquier otro evento sobrenatural que ella registra.
Hay un gran peligro en una lectura especulativa de la revelación divina, por lo que haríamos bien en considerar el consejo de Pablo a Timoteo: "guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia la cual profesando algunos, se desviaron de la fe". 1º Timoteo 6:20,21
Solamente tenemos que leer lo que está escrito...
Permita el Salvador que tu y yo dejemos que la misma Palabra que hizo los cielos y la tierra hable hoy a nuestro corazón. Aceptemos su mensaje y vivamos sus enseñanzas.
Es todo lo que necesitamos.


*Nota: Figuras de retórica utilizadas en la Biblia (lista breve a título demostrativo)
Aféresis - Alegoría -  Anáfora - Antítesis - Circunlocución - Elipsis - Eufemismo - Hipérbole - Metáfora - Oxímoron - Parábola - Paradoja - Personificación - Pleonasmo - Quiasmo - Recapitulación - Sarcasmo - Símil - Sinonimia - Yuxtaposición - Zeugma

lunes, 11 de octubre de 2010

EL PECADO, ¿TIENE ALGO POSITIVO?

"Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro". Romanos 5:20, 21
¿Tiene algo de positivo el pecado?
Respuesta: No, no, no y mil veces no.
No obstante, algunas personas al leer el texto del principio llegan a la conclusión de que el pecado fue necesario para que conozcamos la gracia y el perdón de Dios. Encuentran un saldo positivo en la aparición del mal, pues dicen que así pudimos experimentar su gracia redentora, lo que no habría sucedido en un universo perfecto y libre de pecado.
Esto es un engaño, porque el carácter y los propósitos de Dios son totalmente contrarios a este fenómeno, llamado en las Escrituras "el misterio de iniquidad". Él no tiene nada que ver con dicho misterio, puesto que:
  • El pecado es enemistad, pero Dios es amor.
  • El pecado es tinieblas, Dios es luz.
  • El pecado es error, Dios es la verdad.
  • El pecado es muerte, Dios es vida.
Podríamos seguir, pero es suficiente. No puede haber mayor contraste.
Sin embargo todavía queda la pregunta ¿cómo surgió?
Las siguientes citas son esclarecedoras al respecto:
Es imposible explicar el origen del pecado y dar razón de su existencia... Nada se enseña con mayor claridad en las Sagradas Escrituras que el hecho de que Dios no fue en nada responsable de la introducción del pecado... El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es algo misterioso e inexplicable; excusarlo equivaldría a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado... Es la manifestación exterior de un principio en pugna con la gran ley de amor que es el fundamento del gobierno divino (El Conflicto de los Siglos, págs. 546-547).
El pecado apareció en un universo perfecto... La razón de su principio o desarrollo nunca fue explicada, y no puede serlo, aun en el último gran día cuando el juez se sentará y se abrirán los libros... En aquel día será evidente para todos que no hay, ni nunca hubo, ninguna causa para el pecado. En la condenación final de Satanás y de sus ángeles y de todos los hombres que finalmente se hayan identificado con él como transgresores de la ley de Dios, toda boca quedará callada. Quedará muda la hueste de la rebelión, desde el primer gran rebelde hasta el último transgresor, Cuando se le pregunte por qué ha quebrantado la ley de Dios (Signs of the Times, 28-4-1890).
Para nuestras mentes racionales resulta extraña una consecuencia sin causa, un fenómeno sin explicación, algo que existe pero que no podemos definir. Queremos saber el orígen y significado de todo, hallar explicaciones para cada cosa. Por eso mismo, es frustrante que el terrible flagelo que quitó la paz y la armonia del universo de Dios sea inexplicable.
Pero aunque no podamos dar razón de su existencia, podemos ver sus efectos: dolor, tristeza, sufrimiento, alienación, conflictos, miseria, odio, angustia, locura, enfermedades, traición, enemistad...
Su corolario, la destrucción eterna de millones de seres creados y amados por Dios.
El abordaje del problema del pecado debe hacerse entonces por contraste.
  1. Así como las estrellas parecen brillar con mayor fuerza cuando la noche es más oscura, la luz de la misericordia y la bondad de Dios se hicieron más evidentes en su trato con el pecado. Las tinieblas no pueden lograr que las estrellas brillen más, sinó que las hacen más visibles a nuestros ojos. La inmutable gracia de nuestro Salvador existió siempre, pues forma parte de su carácter; la aparición del pecado solo manifestó lo que ya estaba allí, con mayor gloria todavía.
  2. Así como el niño enfermo percibe el amor de su madre por su incesante cuidado durante su padecimiento, podemos ver el amor divino en su constante providencia para librarnos del mal. Pero, tal como en el ejemplo, se trata de un amor que no nace con la ocasión sinó uno que se expresa con mayor claridad en la adversidad.
  3. Honramos a los héroes que dan su vida por salvar a otros, pero esa cualidad heroica no se formó debido a la necesidad, es anterior a ella. Del mismo modo, la decisión de Jesús de morir por nosotros para salvarnos del pecado fue anterior a su aparición, un milagro de su gracia que anticipó nuestra necesidad. Él es "el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8).
No existe el mal por algún acto u omisión del Señor. Existe por una decisión personal. Cuando Lucifer dio cabida a pensamientos equivocados y libremente eligió acariciarlos y engrandecerlos, se colocó en oposición al gobierno divino. Quien debía honrar a Dios se comenzó a honrar a sí mismo. La criatura locamente se convenció que podía llegar a ser como su Creador. La rebelión se gestó en un ser perfecto, y su simiente fructificó y arruinó la existencia de millones de ángeles y de seres humanos que se hundieron para siempre en la desgracia.
Todos los demás tropezamos con la misma piedra.
Si Cristo no hubiera accedido a convertirse en nuestro sustituto, ninguno de nosotros podría ser salvo jamás. Fue en la hora de mayor peligro para el universo que Dios actuó proveyendo el camino de salida para escapar de la condenación. Las acciones de la Deidad fueron simple consecuencia de su carácter misericordioso y amante. Su justicia, su gracia y su poder para redimir se hicieron evidentes, aunque eran preexistentes.
El pecado finalmente engrandeció el amor de Dios; esto no constituye una victoria de parte del  pecado, sino que resultó su mayor derrota.
No le adjudiquemos pues ningún mérito. En el día final, como dice la cita anterior, ningún pecador tendrá nada que decir a su favor. Todos los labios confesarán (incluso Satanás mismo), que Dios fue totalmente justo en su trato con el mal y sus seguidores.
Más bien, anticipemos ese día cuando su amargo reinado por fin terminará: "Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación". Isaías 25:8,9