sábado, 12 de septiembre de 2009

Una de las peores historias de la Biblia

Hay algunas historias que a criterio humano, no deberían formar parte del libro sagrado. Historias terriblemente sórdidas, sangrientas y desgraciadas, de una maldad increíble o de un desenfreno total. Al leerlas, uno se pregunta: -¿y esto por qué figura en la Escritura?-
Sin embargo están allí para enseñarnos lecciones valiosas. Ninguna carece de sentido o fue puesta para hacernos dudar del amor de Dios.
Comparto entonces lo que me resulta una de las peores historias de la Biblia, no por derramamiento de sangre o perversidad sexual, sino por ser una muestra de la total pérdida de referencias espirituales.
"En la región montañosa de Efraín había un hombre llamado Micaías, quien le dijo a su madre: —Con respecto a las mil cien monedas de plata que te robaron y sobre las cuales te oí pronunciar una maldición, yo tengo esa plata; yo te la robé. Su madre le dijo: —¡Que el Señor te bendiga, hijo mío! Cuando Micaías le devolvió a su madre las mil cien monedas de plata, ella dijo: —Solemnemente consagro mi plata al Señor para que mi hijo haga una imagen tallada y un ídolo de fundición. Ahora pues, te la devuelvo. Cuando él le devolvió la plata a su madre, ella tomó doscientas monedas de plata y se las dio a un platero, quien hizo con ellas una imagen tallada y un ídolo de fundición, que fueron puestos en la casa de Micaías. Este Micaías tenía un santuario. Hizo un efod y algunos ídolos domésticos, y consagró a uno de sus hijos como sacerdote. En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor. Un joven levita de Belén de Judá, que era forastero y de la tribu de Judá,salió de aquella ciudad en busca de algún otro lugar donde vivir.
En el curso de su viaje llegó a la casa de Micaías en la región
montañosa de Efraín
—¿De dónde vienes? —le preguntó Micaías. —Soy levita, de Belén de Judá —contestó él—, y estoy buscando un lugar donde vivir. —Vive conmigo —le propuso Micaías—, y sé mi padre y sacerdote; yo te daré diez monedas de plata al año, además de ropa y comida. El joven levita aceptó quedarse a vivir con él, y fue para Micaías como uno de sus hijos. Luego Micaías invistió al levita, y así el joven se convirtió en su sacerdote y vivió en su casa. Y Micaías dijo: 'Ahora sé que el Señor me hará prosperar, porque tengo a un levita como sacerdote'. ". Jueces 17:1-12 NVI
Pero la historia no acaba aquí. Un grupo armado de la tribu de Dan, compuesto por más de 600 hombres que buscaba un lugar "más fácil" para conquistar que el que se les había asignado, pasó por allí y viendo el santuario de Micaías y su sacerdote resolvieron despojarlo.
"Entrando, pues, aquéllos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros? Y ellos le respondieron: Calla... y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel? Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo".
Jueces 18:18-20
¡Hasta qué punto se puede perder la brújula moral!
Repetidamente el libro de Jueces repite que "cada uno hacía lo que le parecía mejor"; lo cual resultaba siempre en "mejorar" en el pecado, en mayor degradación y mayor apostasía.
Resumiendo:
  • Micaías le roba a su madre.
  • Devuelve lo robado porque era para un "buen" propósito.
  • Su madre lo bendice y fabrica con el dinero ídolos e imágenes.
  • Micaías le agrega elementos de culto y funda su propio santuario y consagra su propio sacerdote.
  • Recibe a un levita vagabundo que había abandonado su ciudad asignada y lo hace sacerdote.
  • Este se vende por unas monedas, ropa y comida.
  • ¡Entonces Micaías cree que Dios lo bendecirá por eso!
  • Un grupo de danitas planea apoderarse de Lais, una ciudad indefensa.
  • Piensan que sería bueno para ello contar con "respaldo religioso".
  • Los hombres de Dan roban sin culpa ni vergüenza lo que había en la casa de Micaías.
  • El sacerdote desagradecido "se alegra" de pasar a formar parte de una banda de ladrones.
Nadie pensó en hacer lo correcto, nadie buscó hacer lo bueno ni cuestionó el mal; no hay parámetros morales en ninguna parte del relato.
Solo contaban la conveniencia personal y la comodidad egoísta.
Ojo que estos, no hay que olvidarlo, eran el pueblo de Dios.
Cuando las tribus se establecieron en la tierra prometida, dejaron de depender del poder divino y se atuvieron a sus propios esfuerzos, fracasando por completo y cayendo en una espiral de indolencia, idolatría y mundanalidad que los llevó al borde de la aniquilación como nación.
¿Qué los llevó a esta condición? Porque es grave y casi sin esperanza.
La respuesta es simple. Olvidando a Dios.
¿Nos puede estar pasando lo mismo?
Cuando en nuestros planes Él no figura, cuando el yo es preponderante y únicamente buscamos la satisfacción de nuestros deseos, cuando el esfuerzo humano se halla en la base de lo que hacemos, por más que argumentemos y adornemos nuestras palabras, el resultado será nefasto e irá siempre en curva descendente hacia la destrucción.
Cuando tomamos nuestras decisiones sin tenerlo en cuenta, aunque creamos que estamos a su servicio, solo nos alejamos de Él. Y lo peor es que cuando lo hacemos, buscando insensatamente "cobertura espiritual", ¡hasta le pedimos que nos bendiga en nuestras empresas!
La senda de la perdición no se recorre a saltos, se avanza en ella dando un pequeño paso a la vez. Cuando adelantamos un solo pie en la dirección incorrecta, toda nuestra vida toma ese rumbo. Y a la elección sigue el inevitable resultado (ver Gálatas 6:7).
Debemos ser cuidadosos en lo que escogemos. Frecuentemente se oye decir entre el pueblo de Dios -¿qué importancia tiene esto o aquello?- sin advertir el relativismo moral que implica la afirmación, ni la dirección en que nos llevarán nuestras decisiones.
Me resulta también sin sentido la afirmación de algunos que dicen: "yo soy adventista/cristiano de cuna"; porque entiendo que llegamos a ser hijos de Dios por medio de una elección consciente, constante y madura en respuesta al llamado del Espíritu del Señor y no por abolengo.
Por nuestra propia seguridad no debemos confiar en lo que ya logramos ni llegar a ser una iglesia de tradiciones, más bien tenemos que ser una iglesia que revise constantemente su brújula espiritual y busque decididamente rendirse a Dios de corazón.
Cada generación del pueblo de Dios que se levanta debe revalidar sus credenciales. Cada joven, niño o adulto debe a cada paso decidir a quien servir individualmente para que el conjunto lo haga con éxito. Nuestro Salvador espera ansiosamente por ello.
Respondamos hoy afirmativamente a las palabras del himno:

¿Quién está por Cristo? ¿Quién le servirá?
A salvar a otros ¿quién le ayudará?
¿Quién dejando el mundo, contra el error
luchará por siempre al lado del Señor?

(Himnario Adventista Nº 363)

jueves, 10 de septiembre de 2009

CONSAGRACIÓN

Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Tirome con una flecha
enarbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su Creador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús

El temor de Dios

¿Paso de moda el temor de Dios?¿Ya no se debe hablar del tema?
Recuerdo a una señora amiga de mi mamá, que decía tener una gran intimidad con Dios, a quien llamaba, cariñosamente según ella, "el flaco" (lo pongo así con minúsculas). Me resultaba particularmente desagradable porque era casi despectivo...
Se enfatiza actualmente en casi todos los círculos religiosos la necesidad de tener una relación íntima y personal con el Señor, lo cual es correcto. Nunca alcanzaremos a resaltar con justicia su carácter de amor, su misericordia, su bondad, su tierna compasión por sus hijos.
Pero en nuestro mundo moderno, donde el hombre está cada vez más celoso de su propia importancia, esta tendencia se ha llevado a un extremo peligroso, de excesiva familiaridad, donde la Deidad se vuelve alguien igual a nosotros, rebajándola al nivel de un compinche o camarada.
De nuevo, para que quede bien establecido, Dios quiere nuestra amistad. La busca, la ruega y presenta sus mejores incentivos a quienes la acepten.
Pero no debemos olvidar que la amistad sin respeto no es verdadera amistad. Y nuestro Señor es definitivamente superior en poder y dignidad a los seres humanos, que somos simples criaturas suyas. En términos comparativos, ante su majestad somos meros gusanos (cf. Job 25).
Él es digno de todo el respeto, el homenaje, el honor y la reverencia que seamos capaces de tributarle. Lo que digo es que debemos recuperar la visión majestuosa de nuestro Dios que presentan las escrituras.
En la recapitulación de la entrega de los Diez Mandamientos que se hace en Deuteronomio, se detalla la reacción del pueblo de Israel a la manifestación de Su gloria: "Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí. Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos, y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos. Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva? Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos". Deuteronomio 5:22-27
Los israelitas se encontraron en medio de un espectáculo de luz y sonido casi volcánico, de la conmoción de los elementos y del poderoso sonido de la voz divina y esto los llenó de espanto. Lamentablemente de puro terror se enfocaron en su debilidad y no en el privilegio que les era concedido.
En su condición pecaminosa e irregenerada, los truenos sonaban más fuertes e imperativos que la voz de Dios. Pidieron que no les hablase más.
El Señor aceptó, no sin lamentar profundamente su decisión, diciendo por medio de Moisés: "Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está todo lo que han dicho. !Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas. Y tú quédate aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos y estatutos y decretos que les enseñarás, a fin de que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy por posesión. Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra. Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer". Deuteronomio 5:28-33
Podría decirse que la majestuosidad de Dios no se revela hoy en estos términos. Su potente voz no resuena a oídos humanos, ¿o sí?
Claro que nosotros no estuvimos al pie del monte Sinaí, pero eso no nos disculpa. Su poder y gloria no han disminuido, sino por el contrario. En Cristo, tenemos una revelación total de la gloria de Dios (ver 2º Cor. 4:6). El nuevo testamento pone en la adecuada perspectiva el temor y la reverencia que deben manifestar los creyentes del nuevo pacto, diciendo: "Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos". Hebreos 12:18-25
Nuestro mensaje es todavía más solemne que aquel que recibió el pueblo de Israel, porque contiene una suma mayor de la revelación divina. El monte de Sión escatológico resuena con mayor poder aun que el Sinaí. Además el llamado divino está teñido con la urgencia del tiempo del fin: "Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas". Apocalipsis 14:6,7
Sirvamos hoy a Dios con temor y reverencia.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El tercer chasco II

En uno de los viajes que mi padre hacía a Buenos Aires nos llevó a mi hermano y a mí. Al recorrer los muchos kioscos de revistas que había allí, vimos una cosa que nos fascinó. Una serie de chascos (bromas). El más notable de ellos era un paquete de caramelos que eran dulces por fuera, pero sumamente amargos y desagradables por dentro, que hacían escupir a quien los probara durante horas...
Con malvado espíritu, compramos uno y nos propusimos "divertirnos" a costa de nuestros amigos. Hasta simulábamos probarlos para luego convidar y luego quedábamos a la espera del amargo resultado, riéndonos del pobre que resultaba víctima de nuestra "diversión".
Hoy entiendo que aquello no tenía nada de gracioso. Pero aquel maléfico entretenimiento de la infancia me recordó que las cosas no siempre son lo que aparentan. Que detrás de una experiencia dulce puede encontrarse una amarga conclusión; o por el contrario, que Dios puede sacar de una amarga experiencia la dulce sensación de su presencia en medio de la prueba.
Retomando la entrada anterior sobre los chascos, quisiera analizar ahora los dos puntos finales.
En primer lugar, el error y los preconceptos humanos que los causaron no invalidan la obra de Dios.
La iglesia primitiva se levantó y creció hasta abarcar el mundo a la sombra del "fracaso" de la cruz. La iglesia adventista creció también emergiendo de la frustrada esperanza de 1844. Como dice en la profecía de Apocalipsis 10:10 "Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre", en la providencia de Dios que prueba las almas, debían pasar por la amarga experiencia del chasco para no depender de nada más que el poder divino.
Respecto de si habrá otro chasco, hago referencia a lo dicho por la inspiración divina.
Jesús habló de esto en tres parábolas que se encuentran en Mateo 25, de las cuales quiero mencionar únicamente la de las diez vírgenes: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas". (Mat. 25:1,2).
Los discípulos de Jesús y los primeros adventistas soportaron chascos en sus expectativas a causa de conceptos equivocados referentes al reino de Dios y a la segunda venida del Señor. La parábola de las diez vírgenes prefigura estas dos situaciones. Si bien todas esperaban al esposo, solo cinco de ellas tenía la preparación necesaria.
La falsa seguridad de muchos será su perdición: "No debemos descansar en la idea de que porque somos miembros de la iglesia ya estamos salvos, mientras no damos evidencias de que nos estamos conformando a la imagen de Cristo, mientras nos aferrarnos de nuestros antiguos hábitos e introducimos en nuestra trama las hebras de las ideas y las costumbres del mundo..." ¡Maranata:El Señor Viene! Pág. 52
Las esperanzas humanas, las costumbres e interpretaciones populares y la falsa erudición pueden opacar la clara revelación de la Palabra de Dios.
Deberíamos ser cuidadosos de lo que creemos y aceptamos, si acaso esté teñido de lo mundanal.
Con toda seguridad los que esperan la conversión del mundo, el triunfo glorioso de la iglesia y un súbito arrebatamiento para ser librados de la tribulación verán sus esperanzas fallidas. Los que en su corazón desean que el acontecimiento de los siglos se demore un poco más para gozar de esta vida, verán la puerta de la gracia cerrada en sus narices. Seremos probados hasta lo sumo antes de ir a nuestro hogar celestial.
La cita continúa: "Las diez vírgenes están en guardia en el atardecer de la historia de la tierra. Todas pretenden ser cristianas. Todas han sido llamadas, tienen un nombre, una lámpara, y pretenden servir a Dios. Aparentemente todas aguardan su aparición. Pero cinco son deficientes. Cinco, sorprendidas y angustiadas, se encontrarán fuera del lugar del banquete... Somos representados ya sea por las vírgenes prudentes o por las insensatas. Hay muchos que no permanecen a los pies de Jesús para aprender de él. No conocen sus caminos; no están preparados para su venida. La espera del Señor es fingida. No han velado y orado con esa fe que obra por el amor y purifica el alma. Han vivido una vida descuidada. Han escuchado la verdad y han estado de acuerdo con ella, pero nunca la han incorporado a su vida práctica... El aceite de la gracia no ha alimentado sus lámparas, ni están preparadas para entrar en la cena de bodas del Cordero... " ¡Maranata:El Señor Viene! Pág. 52
Nadie alcanzará la vida eterna si descuida el aceite del Espírtu. Se estará derramando abundantemente a su alrededor y no lo advertirán.
Por ello, para muchos, vendrá un tercer chasco. Se nos exhorta: "No seáis como las vírgenes insensatas, que dan por sentado que las promesas del Señor les pertenecen, mientras no siguen las intimaciones de Cristo. Jesús nos enseña que la profesión de fe no vale nada. 'Si alguno quiere venir en pos de mí -dice él-, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame' (Mat. 16: 24). Cuando pasemos por la prueba refinadora de Dios, por su proceso purificador; cuando el fuego del crisol consuma la escoria y surja el oro fino de un carácter purificado, seguiremos diciendo, con Pablo: 'No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo... Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús' (Fil. 3: 12-14)". ¡Maranata: El Señor Viene! Pág. 52

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ayuno

Entre las muchas prácticas que se siguen en cualquier ámbito laboral, hay algunas que me parecen sin sentido, pues las hacemos simplemente por la ¿razón? de que "hay que hacerlas", "están allí" o que "figuran en la planificación".
Tendemos a elevar algunas actividades accesorias a una categoría casi de "santidad", convirtiéndolas en indispensables. Incluso en el terreno espiritual suele suceder idéntica cosa. Una de ellas es la costumbre de resolver todo por medio de largas y tediosas reuniones, en donde generalmente lo que se debate y ocupa la mayor parte del tiempo no es el punto central en discusión.
Entre los israelitas, el ayuno era una actividad tan meritoria, que se dedicaban días especiales a él y que, como suele pasar con lo establecido, terminaron siendo una costumbre más. De esta forma, se despojó al ayuno - y a la oración, su inseparable compañera -, de su carácter de experiencia personal profunda y sincera con Dios para convertirlo en una formalidad. El siguiente paso en la retorcida lógica humana consiste en condenar a quien no sigue esa práctica "establecida".
La pregunta que hicieron los adversarios de Cristo entra en dicha categoría: "Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán".Lucas 5:33-35
Cuando la experiencia de fe se vuelve programa, corre peligro de volverse simplemente un hábito, una cuestión de mérito, un punto más en la lista de tareas a realizar.
No estoy en contra de la institucionalización del ayuno o de cualquier otra práctica, que son necesarias. Lo que creo es que corremos peligro de olvidar aquello que se quiere lograr, cuando nos quedamos con las formas y dejamos de lado el contenido; en este caso la búsqueda de la aprobación del Señor.
Los hebreos repetidamente olvidaron esto y Dios les advirtió con fuertes palabras por medio del profeta Isaías:
"Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar". Isaías 58:1-12
Pero veamos el lado positivo de esta renovadora práctica.
En cada ocasión en que debemos tomar decisiones, enfrentar dificultades o arrostrar peligros, el ayuno nos puede dar valiosa ayuda, mientras buscamos con humildad y consagración la protección y la aprobación divina
El siguiente incidente bíblico se encuentra en la historia de Israel entre los que volvieron del cautiverio con Esdras. Es una muestra de que el ayuno es poderoso cuando va acompañado de la actitud correcta. Dios bendice a quienes siguen sus mandatos.
"Los reuní junto al río que viene a Ahava, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví. Entonces despaché a Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, hombres principales, asimismo a Joiarib y a Elnatán, hombres doctos; y los envié a Iddo, jefe en el lugar llamado Casifia, y puse en boca de ellos las palabras que habían de hablar a Iddo, y a sus hermanos los sirvientes del templo en el lugar llamado Casifia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios. Y nos trajeron según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un varón entendido, de los hijos de Mahli hijo de Leví, hijo de Israel; a Serebías con sus hijos y sus hermanos, dieciocho; a Hasabías, y con él a Jesaías de los hijos de Merari, a sus hermanos y a sus hijos, veinte; y de los sirvientes del templo, a quienes David con los príncipes puso para el ministerio de los levitas, doscientos veinte sirvientes del templo, todos los cuales fueron designados por sus nombres. Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio". Esdras 8:15-23
Aquí aparecen varios elementos destacables:
  1. Esdras no quiso seguir adelante sin los levitas que ministraran al Señor. De la misma manera, no deberíamos avanzar en ninguna empresa sin habernos asegurado primeramente el favor y la compañía de nuestro Padre.
  2. Publicó ayuno para "solicitar de él camino derecho para nosotros". Aquí la búsqueda de la dirección y protección de Dios son prioridad, se hacen de todo corazón.
  3. Puso el honor de Dios por encima de las lógicas previsiones de seguridad que otro hubiera tomado. Tuvo "vergüenza" de demostrar ante el rey falta de fe en el poder de Dios.
El resultado final fue la respuesta positiva del Señor a tan decidida confianza de sus siervos.
Clamemos también nosotros con ayuno y oración como el publicano de la parábola: "Dios, se propicio a mí pecador".