viernes, 22 de mayo de 2009

EL CUIDADO DE DIOS POR SU IGLESIA


Publico esto sin comentarios de mi parte

CADA DÍA CON DIOS pag. 172


Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Rom. 16: 17.

En todas las épocas del mundo ha habido hombres que han creído que tenían una obra que hacer para el Señor sin tomar en cuenta para nada a los que el Señor ya estaba usando. Su aplicación de las Escrituras no es correcta pues las tuercen para que apoyen sus propias ideas. Cualesquiera sean las pretensiones de los que se apartan del cuerpo de la iglesia para proclamar teorías de su propia invención, están al servicio de Satanás para poner en marcha un nuevo procedimiento con el fin de desviar a las almas de la verdad para este tiempo.
Tengan cuidado de los que se levantan con la gran responsabilidad de denunciar a la iglesia. Los elegidos que están de pie para hacer frente a las tormentas de la oposición del mundo, y están levantando los pisoteados mandamientos de Dios para exaltarlos como santos y honorables, son ciertamente la luz del mundo. ¿Cómo se permiten juzgarlos estos mortales y llamar ramera a la iglesia, Babilonia, cueva de ladrones, habitación de toda ave sucia y aborrecible, morada de demonios, que da de beber a las naciones el vino de su fornicación, que se confedera con los reyes y grandes de la tierra, que se enriquece gracias a la abundancia de sus delicias, para proclamar que sus pecados han llegado hasta el cielo y que sus iniquidades han venido en memoria delante de Dios? ¿Es este el mensaje que le tenemos que dar a los adventistas del séptimo día? ¡Les digo que no! Dios no le ha confiado a nadie tal mensaje. Humillen esos hombres sus corazones delante de Dios, y con verdadera contrición arrepiéntanse por haberse puesto siquiera por un instante al lado del acusador de los hermanos que los acusa delante de Dios de día y de noche. . .
Les digo, mis hermanos, que el Señor tiene un cuerpo organizado por medio del cual obra. Puede haber más de media docena de Judas entre ellos; puede haber algún Pedro apresurado que al ser sometido a prueba sea capaz de negar a su Señor; puede haber personas como Juan, a quien Jesús amaba, pero con tal celo que pueden estar dispuestos a destruir vidas humanas clamando que descienda fuego del cielo para vengar un insulto dirigido a Cristo y a la verdad. Pero el gran Maestro trata de dar lecciones y de instruir para corregir estos males (Manuscrito 21, del 12 de junio de 1893).

miércoles, 20 de mayo de 2009

EL MÁS GRANDE DE TODOS LOS PECADOS II

Mi infancia y mi juventud transcurrieron entre motores. Primero en la vieja central eléctrica donde trabajaba mi padre y luego en el taller de rectificación de motores que estableció.
De todas las actividades del taller, siempre cautivó mi atención la soldadura.
Veía con frecuencia a los operarios usar con destreza los diferentes tipos de soldadura para unir partes metálicas que se habían roto o para cubrir agujeros y rajaduras. Parecía que todo tenía arreglo con un poco de soldadura.
Pero en el terreno espiritual, ¿hay alguna clase de soldadura? La respuesta no se halla en un simple sí o no.
Comencemos primero considerando el carácter de Dios y su relación con el mal.
"Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró". Éxodo 34:6-8
Él es un Padre amoroso, perdonador y misericordioso, pero también es un Dios que no pasa por alto nuestras faltas ni evita sus consecuencias. (ver las entradas: El problema del pecado I y II)
No deberíamos entonces minimizar el pecado ni ignorarlo, pues Dios no lo hace.
Cuando éste halla cabida en el corazón, produce efectos visibles e invisibles. Los visibles son los que generalmente ponderamos, juzgamos y condenamos, como el adulterio, la mentira, el homicidio, la intemperancia, etc.
Los invisibles (el orgullo, el egoísmo, la vanidad, los malos pensamientos, etc.), por su misma naturaleza, son mucho más peligrosos y más difíciles de desarraigar.
David comprendiendo esto, exclamó: "¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión". Salmos 19:12,13
El problema de Laodicea, no consiste en la tibieza, sino en que cree no necesitar nada y no se da cuenta de su real situación. El Testigo Fiel le dice:"y no sabes que eres desventurado, pobre, miserable, ciego y desnudo" - Apocalipsis 3:17
Como el arrogante fariseo de la parábola contada por Jesús, el laodicense da gracias por ser mejor que los demás, sin ver que está condenándose en su misma oración.
Esta condición de ignorancia voluntaria, lleva inevitablemente a la auto justificación.
Pero, ¿cómo cambiar sin sentir necesidad de cambio? (pues la iglesia necesita cambiar con urgencia, y mucho). Los remedios que se proporcionan a la iglesia de Laodicea son la clave:
"Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas." Apocalipsis 3:18
Todos estos bienes se compran de Dios "sin dinero y sin precio" (Isaías 55:1), las gracias celestiales no se consiguen por nuestros propios esfuerzos, sino de pura gracia.
Oro refinado en fuego: el amor y la fe son la áurea soldadura que el cielo utiliza. Pero lo que es de mayor valor no se alcanza en la comodidad o en la complacencia. Es en el fuego de las pruebas donde conseguiremos los dones que nos habilitarán para vencer en el tiempo final.
Vestiduras blancas: la justicia perfecta de Cristo es lo único que nos justificará en el juicio.
Colirio: la iluminación del Espíritu Santo nos permitirá ir a Dios buscando justicia y perdón.
Los laodicenses no están sin esperanza ni fuera del alcance de la gracia, pues recordemos que el Señor disciplina y reprende "a los que ama"
Laodicea es sin duda la iglesia del tiempo final, (pues no hay una octava iglesia en el Apocalipsis) y espera ansiosamente recibir sanidad. Tú y yo, los que decimos formar parte de ella debemos clamar por estos bienes prometidos por nuestro amoroso Testigo Celestial.
Cuando lo hagamos, el Rey de reyes vendrá a buscarnos.

sábado, 16 de mayo de 2009

EL MÁS GRANDE DE TODOS LOS PECADOS I

¿Cuál es el más grande de todos los pecados?
Según la encuesta que realicé en el blog, el mayor de los pecados es el orgullo, y no está mal, porque fue el primero que halló lugar en el corazón de un ser creado (Lucifer).
Un lector con conocimiento de la Biblia, por otra parte, me escribió que "es rechazar a Cristo y blasfemar contra el Espíritu Santo".
Jesús dijo en cierta ocasión, que el pecado contra el Espíritu Santo no les sería perdonado a los hombres. De veras es un asunto grave.
Pero trae a su vez la pregunta de cómo se comete dicho pecado.
Puede esto llegar a ser incluso desalentador para algunos creyentes, que con sensible conciencia, al contemplar sus reiteradas infidelidades, creen haber pecado imperdonablemente.
¿Se cansa Dios de perdonar? ¡NO! ¡Mil veces no!
Precisamente aquellos que tienen conciencia del pecado y se dan cuenta de sus faltas son los que están más al alcance del perdón.
Perdonar no es problema para Dios. La gracia de nuestro bondadoso Señor es ilimitada y suficiente para cubrir cualquier pecado. No hay límite de grado o cantidad para su perdón.
Más bien, aquellos que son incapaces de reconocer la gravedad de su situación, que no buscan el perdón, no aceptan la reprensión y que orgullosamente se creen superiores a los demás, están camino a rechazar definitivamente la suave voz del Espíritu.
Entonces, habiendo establecido esto, quiero abordar el tema de cuál es el peor de todos los pecados.
En la sociedad hay pecados más graves que otros. No es lo mismo un asesino que un mentiroso, ni un violador que un vanidoso. Nuestros parámetros se han vuelto relativos.
En nuestro competitivo mundo, incluso apreciamos a los que apasionadamente se llevan el mundo por delante, los agresivos y rápidos para contestar. Hasta la ironía, la mordacidad y el sarcasmo han sacado ya patente de grandeza, no sólo entre los incrédulos, sino dolorosamente también entre los creyentes.
Por otra parte, en nuestra pobre escala, donde figuramos siempre en primer lugar, consideramos en forma diferente nuestro pecado de aquel que cometen los demás contra mí.
Hasta en la iglesia tenemos una escala relativa de pecados contra los que reaccionamos de diferente manera. (¿Qué es acaso más frecuente, desfraternizar a una persona por adulterio o por ser orgulloso?)
Pero la valoración personal o la aceptación social de ciertas conductas no constituye guía segura de la voluntad de Dios. Ante el Señor no hay diferencia "por cuanto todos pecaron" - Romanos 3:23
Lejos estoy de afirmar que no debemos dar al pecado el nombre que le corresponde, o que la iglesia no deba disciplinar a los miembros. Hay claros y positivos mandatos bíblicos al respecto.
Solamente que aunque haya diferencia de pecados, cualquier pecado es mortal en sus efectos.
Si consideramos que el pecado es estar separados de Dios y obrar en rebeldía contra su Ley, el problema de la gravedad del pecado radica no en una escala, sino en qué lugar está alojado.
No es el mayor de todos los pecados el que la sociedad considera gravísimo. Tampoco el que los creyentes pueden considerar probado. Menos aún el pecado que ofende nuestro deforme yo.
Todas estas valoraciones están fuera de nosotros y son fáciles de realizar.
Hay una valoración infalible, la que hace Dios, y en ella, nos dice cuál es el pecado más ofensivo a su vista y de mayor riesgo para nosotros.
A riesgo de sonar obvio o evidente, quiero decir que el más grave de todos los pecados es el que se halla oculto en nuestro propio corazón.
Como un tumor inoperable alojado en nuestro cerebro, que se enquista y resiste con más persistencia que los tumores superficiales, el pecado es más difícil de erradicar cuando se aloja en el recóndito interior del ser humano, en su mente, sentimientos y convicciones.
Es el mejor escondite del mal, porque allí es más difícil de detectar y de desalojar.
Digamos hoy como el salmista: "Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. " Salmo 26:2
En la próxima entrada veremos como tratar con el pecado que se enquista en la mente y el corazón.

viernes, 15 de mayo de 2009

EL HOMBRE SIN DIOS

Hoja seca que el viento arrebata;
errante cometa que cruza el azar;
leve espuma que empujan los vientos
y azota la mar;

ruiseñor que en el fondo del bosque
ni canta sus dichas ni llora el pesar;
paloma sin nido que muda aletea
cruzando el erial;

arpa muda que yace escondida
y al paso del alma no sabe vibrar;
ni llanto ni notas el amor que pasa
le puede arrancar.

Fuego fatuo que súbito brilla
alumbrando una tumba sin flor;
es cual ángel sin alas, caído,
el hombre sin Dios

Carlos Liñán

sábado, 9 de mayo de 2009

RELIGIÓN A MEDIDA

A la muerte de Salomón, su hijo Roboam fue incapaz de mantener el reino unido. Diez tribus pasaron, según fue profetizado, a manos de Jeroboam. Este hombre, en vez de recordar que Dios lo había honrado, pensó únicamente en cuidar sus propios intereses.
Tristemente la Biblia señala cual fue su decisión en asuntos espirituales:
"Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá , y me matarán a mí... Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne... y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso". 1º Reyes 12:26-33
Este incidente, poco tenido en cuenta, tuvo consecuencias devastadoras para el reino de Israel, para toda la región a corto y largo plazo e incluso tuvo derivaciones de alcance eterno.
En primer lugar, el haber inventado Jeroboam una religión "de su propio corazón", llevó a las 10 tribus del norte a la apostasía, a una sucesión de reyes cada vez más impíos y finalmente a la ruina y la disolución a manos de los crueles asirios.
A largo plazo, toda la región fue poblada por pueblos paganos que mezclaron su idolatría con la verdadera religión, en un confuso sincretismo (ver 2º Reyes 17:24-41). Estos se opusieron posteriormente al regreso y asentamiento de los exiliados de Babilonia, siendo fuente de numerosos conflictos. Más tarde todavía, en la época de Jesús, los samaritanos descendientes de aquellos siguieron siendo enemigos declarados de los judíos
Por último, es un dato no menor, diría que premeditado, que entre los sellados de las 12 tribus de Israel mencionadas en el Apocalipsis (Apoc. 7:4-8) no están las tribus de Dan y Efraín, .
Aunque la Biblia no lo aclara, pienso que no figuran porque en estas tribus prevaleció la idolatría y fue allí donde estaban ubicados los santuarios idólatras creados por Jeroboam
¡Qué lección para nuestros tiempos!
Quiera el Señor librarme a mí y a tí de ser Jeroboam modernos que diseñen una religión a su propia medida, apartándose de lo que Dios reveló claramente en su segura Palabra profética.