miércoles, 29 de abril de 2009

LA BIBLIA

Hace muchos años, cuando cursaba el último año del secundario, tuve una compañera estadounidense de intercambio que hablaba un perfecto español. A pesar de ello, los modismos de nuestra región (con influencia del guaraní) , sumados a nuestra jerga adolescente, le desconcertaban en gran manera.
Para ayudarla, una de nuestras profesoras, con gran paciencia, se hizo a la tarea de explicar y traducir las expresiones pícaras que escuchaba de nuestra parte.
Sucede que nuestro bello idioma, siendo uno, tiene muchas variaciones locales debido a su mezcla con otras lenguas regionales y a su propia evolución; perpetuando así la historia de Babel.
Algo muy parecido sucede hoy con la Biblia, que siendo una sola, es proclamada por muchas denominaciones religiosas como la fuente de sus diferentes y discordantes credos.
Sus preciosas enseñanzas no son contradictorias ni ambiguas, ni fueron diseñadas por Dios para entrampar a nadie, ¿por qué entonces esta confusión?
No se debe a la Biblia misma, sino al ser humano pecador, no sometido a la revelación de Dios.
Ella es la luz de la verdad, que obra maravillas en el corazón de quienes la reciben, pero debemos ser moldeados por ella y no intentar ajustarla a nuestro molde.
¿Cómo beneficiarse entonces con su lectura?
Primero, recordemos que hay una bendición para quienes la toman en serio.
"Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca" Apocalipsis 1:3 (NVI)
¡Qué maravillosa promesa y qué maravilloso regalo divino encierran estas palabras!
En segundo lugar, tengamos presente que no puede ser interpretada a nuestro gusto. Siempre la Escritura se explica a sí misma por intervención del Intérprete Maestro, el Espíritu Santo.
Finalmente, su conjunto no debe ser jamás motivo de disputa sino de unidad en la fe.
Elena de White escribió: "Cuando se estudie, comprenda y obedezca la Palabra de Dios, una luz brillante se reflejará al mundo; nuevas verdades, recibidas y obedecidas, nos unirán a Jesús con poderosos vínculos. La Biblia y sólo la Biblia, ha de ser nuestro credo, el único vínculo de unión. Todos los que se inclinen ante esta Santa Palabra, estarán en armonía. Nuestros propios puntos de vista y nuestras ideas no deben dominar nuestros esfuerzos. El hombre es falible, pero la Palabra de Dios es infalible. En vez de discutir uno con otro, exalten los hombres al Señor. Hagamos frente a toda oposición como lo hizo nuestro Maestro, diciendo: "Escrito está". Levantemos el estandarte en el cual diga: La Biblia, nuestra norma de fe y disciplina" (The Review and Herald, 15 /12/1885).
¡Gracias Señor por tu palabra!

lunes, 27 de abril de 2009

LA UNIDAD

La iglesia ha sido comparada en la Biblia con un cuerpo, con un edificio, con un ejército o con una ciudad amurallada. Todas estas imágenes dan idea de estructura, organización y unidad de propósito.
La iglesia existe por orden divina, como columna y baluarte de la verdad, pero también en razón de la necesidad humana de dar y recibir simpatía y compañerismo mutuos.
Todos estamos conectados en una cadena de relaciones y nos afectamos unos a otros positiva o negativamente (ver la entrada Ningún hombre es una isla).
No quiere esto decir que todo lo que se haga o diga en la iglesia está bien. No debemos pretender infalibilidad ni en los hombres ni en la organización.
Ninguna cadena, sin embargo, es más fuerte que su eslabón más débil. Y lo más débil en el cuerpo es lo que se debe tratar con mayor cuidado y respeto.
Por eso la unidad de la iglesia es un factor importantísimo en el avance del reino de Dios. Este es un concepto fundamental que con triste frecuencia se pasa por alto en una sociedad individualista como la nuestra.
Pero la unidad, más que necesaria, es vital para mostrar al mundo que el plan de redención funciona, que los que han sido salvados por la gracia de Cristo pueden vivir tan armoniosamente en este mundo egoísta como lo harán después en el cielo.
Elena de White escribió:"Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos" (Hech. 20: 30). Esto se verá ciertamente entre el pueblo de Dios, y habrá quienes serán incapaces de percibir las verdades más admirables e importantes para este tiempo, verdades que son esenciales para su propia seguridad y salvación en tanto que los asuntos que comparados con ellas son como meros átomos, las cuestiones que escasamente tienen un grano de verdad, serán considerados intensamente y serán magnificados por el poder de Satanás para que parezcan tener la más grande importancia.
El Evangelismo pag. 431
¿Comprendemos claramente cuáles son las verdades para este tiempo?
Debemos preguntarnos además si sacrificaríamos todo por la verdad o sacrificaríamos a todos por "nuestra" verdad.
También la autora citada agrega:
"Algunos han sostenido que a medida que nos acercamos al fin del tiempo, cada hijo de Dios actuará independientemente de cualquier organización religiosa. Pero el Señor me ha indicado que en esta obra no es posible que cada hombre sea independiente. Las estrellas del cielo están todas bajo el imperio de la ley. Cada una influye sobre la otra para que haga la voluntad de Dios y el conjunto presta su obediencia común a la ley que controla su acción. Así también, para que la obra del Señor progrese en forma segura, sus hijos deben trabajar unidos... Si los hombres no quieren obrar en concierto en la magna y grandiosa obra para este tiempo, habrá confusión. .. Los que llevan el yugo de Cristo, no pueden tirar por separado, sino que obrarán con Cristo." Joyas de los Testimonios T. 3 pag. 406
Avancemos juntos. La hora lo impone.


domingo, 26 de abril de 2009

ANOCHE CUANDO DORMÍA

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un sol ardiente lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

viernes, 24 de abril de 2009

DIOS

En una entrada anterior (las dos liebres 23/03) se encuentra el germen de esta nueva sección, cuando hablaba del daño que pueden hacer las controversias teológicas, cuando no están suavizadas con el amor de Cristo.
Nada produce heridas más profundas en las relaciones humanas ni prolonga tanto una discusión, como cuando no se sabe de qué se está hablando.
En el caso de la naturaleza de Dios, cuando nos encontramos con su vastedad y misterio, el silencio es lo mejor. No obstante, hay momentos y situaciones en que es necesario sentar posición.
Actualmente no se pone en duda la existencia de Dios ni su poder, sino que se cuestiona su misma esencia y naturaleza. Los argumentos que se presentan son inquietantes, algunos sutiles y cautivadores, otros nacidos de la sola y ciega oposición.
La controversia sobre este tema lleva siglos. No soy teólogo ni es mi intención avivar su fuego.
Sin embargo en la actualidad se presentan con ánimo polémico enseñanzas sobre Él que confunden a los creyentes sinceros y producen contiendas y daños incalculables a su iglesia. Además, al hacerse públicas, traen vergüenza y hacen blanco de burlas a la Causa que amo.
Ante tanto bombardeo, poco importa quién salga herido. Eso no es bueno.
No es mi intención rebatir las posiciones de otros; simplemente quiero exponer, dentro de mis posibilidades y con la ayuda de lo alto, la clara y sencilla luz de la verdad. Quisiera en cuanto a la sana doctrina humildemente sentar mi posición de lo que creo que la Biblia afirma.
Como adventista, además, voy a apoyarme confiadamente en los escritos de Elena de White, los que considero inspirados por Dios y que no contradicen las Escrituras.
¿Qué dice realmente la Sagrada Escritura sobre cómo es Dios?
Sería incomprensible e inalcanzable para nosotros si no se hubiera revelado a Sí mismo en la Biblia. Felizmente, nos ha dado suficiente evidencia para que podamos conocerlo.
Hay cuatro cosas evidentemente presentadas en ella que diferencian al Señor de sus criaturas:
  • Su eternidad
  • Su omnipotencia
  • Su omnisciencia
  • Su omnipresencia
Nosotros no disponemos de ninguna de ellas. Nuestra vida es finita, las capacidades de que disponemos son pocas, nuestro conocimiento es limitado y nuestra capacidad de intervenir se reduce al lugar en que estamos.
Aún las cosas que podemos realizar, decir o pensar, no importa cuan grandes sean, son apenas las facultades que nos han sido prestadas por Él.
El hombre no es ni será nunca un "dios", eso es una mentira de Satanás gestada exitosamente en el Jardín del Edén. ¿Qué en cuanto a los ángeles?
Observemos el siguiente pasaje de Hebreos 1: 5-8
"Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo? Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino."
No, los ángeles tampoco pueden ser "dioses", esa es apenas una pretensión del Diablo.
Únicamente Él puede serlo, indiscutible e incomparable y lo declara enfáticamente:
"¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio".
Isaías 40: 25,26
Es el Único, el Primero y el Último, quién está sobre todo y sobre todos, digno de todo honor.
Por lógica y por revelación, queda claro entonces que la criatura no puede ser igual a su creador.
Dios es además un ser personal, la persona por excelencia, de la cual derivan todas las demás. No es una influencia ni una energía, tal como se puede ver en la creación de Adán y Eva, hechos a imagen y semejanza suya como seres personales y concretos.
Y es necesario que sea así, porque es un Dios de relaciones, de interacción, al cuál podemos conocer, venerar y por sobre todo amar ¿Cómo podríamos acaso, amar a una energía cósmica?
Por ello, también es un Dios complejo, donde coexisten tres personas en un único Dios. ¿Fácil de entender? No. Pero a esto dedicaré la siguiente entrada.
Nuestro poderoso y amante Señor es también la fuente que da y sustenta la vida, de la cual dependemos. Merece toda nuestra alabanza y adoración.
Digamos hoy con el salmista:
"Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones". Salmos 100

miércoles, 22 de abril de 2009

ECCE REX

Han pasado veinte siglos
por imperios y naciones
desde entonces han pasado
cien y cien generaciones,
y unos tronos y otros tronos
se suceden sin cesar.

De los hombres y los hechos
más gloriosos de la historia
en la tumba del olvido
ya se oculta la memoria
porque el tiempo es implacable
y es su oficio el enterrar.

Sólo un Hombre tiene firme
sobre el tiempo y el espacio
en el orbe su dominio,
y en el cielo su palacio,
de la ira de los hombres
los embates sin temer.

Es el Hombre que bajando
desde el cielo hasta la Tierra,
para hacer contra la culpa
y el infierno dura guerra,
del linaje humano riendo
el invicto Redentor.

Se hizo dueño de los mundos
y Señor de las naciones
soberano de las almas
sin soldados ni cañones,
implantando entre los hombres
el imperio del Amor.

De tu ira y de tu odio
en el necio paroxismo,
aunque unieras a tu guerra
las potencias del abismo,
y aún del rayo dispusieras
a tu antojo y voluntad,

Todavía ante este Hombre
que a los mundos pone leyes
se rindieran las coronas
y los cetros de los reyes,
su poder sería tu yugo
y su Ley tu autoridad.

¿No lo oyes? Aún resuena
la tremenda profecía
que un pretor de la Judea
simulando valentía,
de aquel pueblo sanguinario
pronunciara ante la grey:

¡Ahí tienes a tu Rey!
Y de lo alto y lo profundo
de un extremo hasta otro extremo
este Hombre es Rey del Mundo,
de los campos y las almas y los siglos,
¡ES EL REY!

Autor desconocido